A l’encontre, 30-1-2020

Traducción de Faustino Eguberri – Viento Sur

Correspondencia de Prensa, 1-2-2020

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio finalmente a conocer su “Plan de paz para Oriente Medio” el martes 28 de enero de 2020, en una conferencia de prensa en Washington, con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu a su lado.

El documento completo, titulado “De la paz a la prosperidad: una visión (perspectiva) para mejorar la vida de los pueblos palestino e israelí”, consta de 181 páginas, que incluye un plan político más “El Plan Económico Trump” (que Washington presentó previamente en julio de 2019 en una conferencia en Bahréin) y secciones sobre seguridad, pasos fronterizos, agua, refugiados y Gaza. El plan económico prevé la creación de un fondo de 50 mil millones de dólares para ayudar al relanzamiento de la economía palestina, con Jordania, Egipto e Israel recibiendo también partes de la ayuda financiera propuesta. Trump espera obtener el dinero de los Estados árabes, pero hasta el momento pocos son los fondos que se han prometido para implementar el plan de Bahréin.

El anuncio de Trump en Washington es visto como el componente político de lo que él y sus asesores llamaron el “acuerdo del siglo”. El plan crea un Estado palestino ficticio, desmilitarizado y sin ningún control sobre su propia seguridad, fronteras, recursos hídricos y política exterior, que cede la mayoría de estos temas a Israel. De hecho, semejante “Estado” tendría menos poder y control que los Bantustán creados por el África del Sur del apartheid en la década de 1970. Es seguro que Lucas Mangope o el general Oupa Gqozo, jefes de los Bantustán Bophutatswana y Ciskei, respectivamente, tenían más poder sobre los territorios que aparentemente controlaban que el “gobierno” del “Estado” palestino previsto por Trump.

Sí a las colonias

Según el plan, que se ha ido atrasando mucho tiempo, Estados Unidos reconocerá oficialmente las colonias judías de Israel en los territorios ocupados. Todas las colonias, que albergan a unos 600.000 colonos, son ilegales según el derecho internacional. El documento también es un estímulo para que Israel se apropie de tanta tierra palestina como quiera antes de que se implemente el plan.

Según el documento, “[Israel] no debe desmantelar ninguna colonia e incorporará la gran mayoría de las colonias israelíes en el territorio contiguo de Israel. Los enclaves israelíes ubicados dentro del territorio palestino contiguo formarán parte del Estado de Israel y estarán vinculados a él mediante un sistema de transporte eficaz”.

No al Estado palestino

Aunque el plan de Trump se refiera a una “solución realista de dos Estados” y a la creación de un Estado palestino, define a esta entidad como una serie de enclaves individuales conectados por túneles y puentes que comprende solo alrededor del 9% de lo que era Palestina bajo el mandato británico en 1947. También impone “limitaciones a ciertos poderes soberanos en las áreas palestinas” que privan a la nueva entidad de los poderes, derechos y deberes de un Estado normal. El mal definido “Estado” palestino también está condicionado por el cumplimiento de una serie de condiciones por parte de los líderes palestinos, incluido el rechazo del “terror”.

El documento señala que “el Estado de Israel, el Estado de Palestina y los países árabes trabajarán juntos para contrarrestar a Hezbolá, ISIS (Daesh), Hamas … y todos los demás grupos y organizaciones terroristas, así como otros grupos extremistas”. Está claro que “otros grupos extremistas” no se refieren al partido Likud de Netanyahu ni a la miríada de grupos de colonos judíos armados y violentos que atacan diariamente a los palestinos, su ganado, sus granjas y otras propiedades.

Al “Estado” no se le permitirá tener capacidades militares o paramilitares, y “no tendrá derecho a concluir acuerdos militares, de inteligencia o de seguridad con un Estado o una organización que afecte negativamente la seguridad del Estado de Israel, según lo decidido por el Estado de Israel”. El documento contiene una lista de instrumentos de seguridad que el “Estado” palestino no podrá tener, incluidas minas, ametralladoras pesadas e inteligencia militar. Y, en caso de que los palestinos violen cualquiera de estas prohibiciones, Israel “conservará el derecho de desmantelar y destruir cualquier instalación”. Israel también tendrá derecho a tomar todas las medidas necesarias para “garantizar que el Estado de Palestina permanezca desmilitarizado y no amenazador” para Israel.

Sí a Jerusalén como capital – para Israel

El plan califica a Israel de “un buen guardián de Jerusalén”, “a diferencia de muchos poderes precedentes que habían gobernado Jerusalén y destruido los lugares sagrados de otras religiones”. También felicita a Israel “por salvaguardar los sitios religiosos de todos y mantener un statu quo religioso”, ignorando por completo la realidad de la destrucción y los continuos ataques de Israel contra sitios religiosos cristianos y musulmanes en las últimas siete décadas.

Jerusalén, según el plan, se considera la capital “indivisible” de Israel, como ya declaró la administración Trump el 6 de diciembre de 2017. Sin embargo, el plan propone dar a las y los palestinos una soberanía limitada sobre algunos barrios adyacentes al muro del apartheid construido ilegalmente en la Jerusalén Este ocupada. “La capital soberana del Estado de Palestina debería estar en la parte de Jerusalén Este ubicada en todas las áreas al este y al norte de la barrera de seguridad existente, incluyendo Kafr Aqab, la parte oriental de Chuafat y Abu Dis”, dice el documento, y agrega que el ” Estado” palestino no tendrá control sobre ninguna parte de Jerusalén, en particular sobre la Ciudad Vieja de Jerusalén o los sitios religiosos importantes como la Mezquita Al-Aqsa o la Iglesia del Santo Sepulcro. En una concesión aparentemente generosa, sugiere que los barrios mencionados “podrían llamarse Al Quds u otro nombre determinado por el Estado de Palestina”. En lo esencial, las y los palestinos pueden tener su capital en Jerusalén, siempre y cuando su Jerusalén no esté en Jerusalén.

Sí en Gaza como parte del estado palestino, si …

Sin una sola referencia en sus 181 páginas al brutal asedio israelí de 14 años a Gaza, y a los diversos ataques militares israelíes en el territorio durante ese período, el documento establece que el pueblo de Gaza “ha sufrido durante demasiado tiempo bajo el régimen represivo del Hamas”. Poco importa que Hamas fuera elegido democráticamente por las y los palestinos de Cisjordania y Gaza en 2006, pero que haya estado sometido, junto con dos millones de palestinos y palestinas, al cerco hermético israelí en la empobrecida Franja de Gaza.

Aunque las y los palestinos en Gaza han “sufrido durante demasiado tiempo”, para que la Franja de Gaza se incluya en un futuro “acuerdo de paz”, dicha franja tendría que ser desmilitarizada y quedar bajo el control de la Autoridad Palestina (AP) o cualquier otra parte que Israel decida reconocer.

No a las y los refugiados

Como se esperaba, el plan reitera el rechazo de Israel al derecho de las y los refugiados palestinos a regresar a sus hogares y a su país de conformidad con el derecho internacional. Estipula que no habrá derecho al retorno o a la integración de ninguna persona refugiada palestina en el Estado de Israel. Lo que se describe como el “problema de los refugiados” debería ser resuelto por los “hermanos árabes” de Palestina, que “tienen la responsabilidad moral de integrarlos en su país como los judíos han sido integrados en el Estado de Israel”. Incluso la posible “absorción” de las y los refugiados palestinos en “el Estado de Palestina” está sujeta a límites. El plan prevé la creación de un comité de “israelíes y palestinos” para garantizar que “los derechos de las personas refugiadas palestinas a emigrar al Estado de Palestina estén limitados de acuerdo con los acuerdos de seguridad acordados”.

El documento pide una “solución justa, equitativa y realista a la cuestión de las personas refugiadas palestinas”, pero luego la compara con “la cuestión de las personas refugiadas judías”, refiriéndose a las y los judíos que abandonaron los países musulmanes para establecerse en Israel, pidiendo también una “solución justa, equitativa y realista a las cuestiones relacionadas con las y los refugiados judíos”.

Sí a la seguridad – para Israel

La seguridad de Israel es un hilo conductor del documento, con un subtítulo que indica claramente “La primacía de la seguridad”. De hecho, Israel tendrá “la responsabilidad principal de la seguridad sobre el Estado de Palestina” y será responsable de “la seguridad en todos los puntos de paso internacionales hacia el Estado de Palestina”, lo que significa que el nuevo Estado no tendrá control sobre ninguna de sus fronteras. Israel “también continuará controlando el espacio aéreo y el espectro electromagnético (para la telefonía móvil) al oeste del río Jordán”.

Incluso los aspectos de las relaciones exteriores del “Estado” palestino, según el documento, serán responsabilidad de Israel. En el documento se afirma que “El Estado de Palestina no tendrá derecho a celebrar acuerdos militares, de inteligencia o de seguridad con ningún Estado u organización que pueda tener un impacto negativo en la seguridad del Estado de Israel, tal como es determinada por el Estado de Israel “.

Sí a más limpieza étnica

Otra parte inquietante del plan concierne a las comunidades palestinas de Israel que viven en un área llamada el “Triángulo”. Con respecto a estas comunidades, en Kafr Qara, Ar’ara, Baha al-Gharbiyye, Umm al-Fahm, Qalansawe, Tayibe, Kafr Qasim, Tira, Kafr Bara y Jaljulia, el documento “considera la posibilidad … de que las fronteras de Israel sean rediseñadas de tal forma que las comunidades del Triángulo formen parte del Estado de Palestina”. Por lo tanto, el objetivo es reubicar políticamente estas comunidades de alrededor de 350.000 personas, despojándolas de su ciudadanía israelí y arrojándolas al Bantustán palestino. El plan en realidad propone otra forma de ayudar a limpiar étnicamente a Israel de su población palestina.Palestina012 II

Conclusión

Las y los palestinos, aparentemente sin excepción, han rechazado el plan de Trump. Varios partidos políticos palestinos, el día antes de que se revelara el plan, expresaron su oposición unida al mismo. Esto no es sorprendente, dadas las disposiciones del documento. Sin embargo, la realidad es que, en muchos sentidos, el plan de Trump solo intenta legitimar el status quo. Gran parte de lo que el documento presenta como una “visión” (perspectiva) futura es ya la realidad palestina.

La pregunta ahora es cómo los grupos palestinos actualizarán su oposición como un proyecto de resistencia que se enfrente no solo al plan Trump, sino también a la ocupación israelí y al proyecto de anexión en su conjunto.

Análisis publicado por la AMEC Afro-Middle East Centre (Centro Afro-Medio Oriente) el 29 de enero de 2020, preparado en colaboración con Palestine Chronicle; traducido al francés por la redacción de A l´encontre.