Fuerzas Armadas uruguayas entrenan en combate urbano

La invasión extranjera y la lucha contra el terrorismo son las hipótesis principales, aunque las técnicas también se pueden usar contra el narcotráfico y las guerrillas.

Natalia Uval

La Diaria, 11-1-2020

Correspondencia de Prensa, 12-1-2020

Abrir un boquete, saber utilizar una ventana para disparar, usar los edificios para esconderse, entrenarse en el combate cuerpo a cuerpo y conocer las armas que funcionan mejor en las ciudades: fusiles, armas cortas, quizás morteros. En los batallones del Ejército uruguayo se entrena en combate urbano, y las hipótesis de conflicto que se manejan trascienden la posibilidad de una invasión extranjera: otro de los enemigos definidos es el “terrorismo”, según fuentes militares. En algunos batallones del interior del país, los superiores les dicen a los soldados que el enemigo a combatir es el narcotráfico, y que deben estar preparados para “salir” en cualquier momento a “eliminarlo”.

La urbanización creciente es un fenómeno mundial, y por lo tanto los ejércitos deben estar preparados para el combate urbano, argumenta en su introducción el “Manual de combate urbano” del Departamento de Defensa de Estados Unidos, uno de los textos de consulta de las Fuerzas Armadas (FFAA) uruguayas. El ministro de Defensa Nacional, José Bayardi, dijo a La Diaria que el entrenamiento de los militares uruguayos “no descarta la necesidad de la capacitación en ambientes urbanos”, porque después de la Primera Guerra Mundial lo habitual es que los escenarios bélicos involucren a las ciudades.

De todos modos, afirmó que “una cosa es la capacitación, y otra cosa es el uso que se le dé a la capacitación”. En ese sentido, aseguró que “no hay ningún escenario de combate urbano que corresponda a los militares, salvo el de invasión extranjera de nuestro país”. Bayardi recordó que en las misiones de paz sí se han dado hipótesis de combate urbano, pero en el territorio uruguayo las FFAA no pueden actuar para otros fines que no sean repeler una invasión extranjera, salvo autorización expresa del Poder Ejecutivo. El ministro agregó: “En primera instancia todos los temas de seguridad son propios del Ministerio del Interior. A partir de que pudiera llegarse a que haya que apoyar, complementar, bueno… habrá que tomar la decisión política de que puedan participar, pero hasta tanto no se tome la decisión política…”.

La legislación aprobada por los gobiernos del Frente Amplio (FA) en materia de defensa (Ley Marco de Defensa Nacional, 18.650; Decreto 105/014, de Política de Defensa Nacional, y Decreto 129/062, de Política Militar de Defensa) prevé distintos escenarios de actuación de las FFAA. La normativa en materia de política militar de defensa, elaborada durante la gestión de Eleuterio Fernández Huidobro al frente del ministerio, dispone que si bien esta política “determina la adecuada y eficaz preparación para enfrentar una agresión militar externa, su principal objetivo es preservar la paz de la República y de sus habitantes”. El decreto citado habilita a las FFAA a, “en tiempos de paz”, “prestar servicios o colaboración en actividades que por su especialidad, relevancia social o conveniencia pública les sean solicitadas”. Estas actividades pueden comprender “colaboración a la seguridad pública dentro de un marco específico”. Uno de los objetivos de la política militar de defensa será “realizar acciones militares de defensa y protección civil en apoyo a otros organismos del Estado, a fin de contribuir a preservar la vida e integridad de los habitantes de la República frente a la materialización de contingencias que así lo ameriten”.

El decreto menciona también, explícitamente, que el combate al terrorismo será uno de los objetivos de la política militar de defensa. Según las fuentes militares consultadas, Uruguay debe ponerse a tono con las medidas que están tomando otros países en relación con el terrorismo y debe prestar especial atención a eventuales ataques a objetivos no militares, como el sistema de potabilización de agua o la refinería de ANCAP. Las FFAA uruguayas se entrenan en técnicas de rescate de rehenes, grupos de asalto y grupos de apoyo (francotiradores). Si bien “el gran riesgo para Uruguay es convertirse en una base logística del terrorismo”, según las fuentes, los militares también se preparan ante la eventualidad de un ataque terrorista en el país. Argumentan que tener FFAA capacitadas en la materia operaría como un elemento de disuasión.

El entrenamiento en combate urbano sirve a los militares para otras hipótesis eventuales, como el combate al narcotráfico y a guerrillas de izquierda y de derecha, precisaron las fuentes. Para el experto en Defensa Julián González Guyer, se requiere autorización legislativa expresa para que las FFAA desempeñen esos roles.

Límites difusos entre policías y militares

González Guyer dijo a la diaria que a nivel mundial, y en particular en Estados Unidos, ha habido una tendencia hacia la conformación de “fuerzas multipropósito” –denominadas en algunos casos “fuerzas de operaciones especiales”–, en las que los límites entre lo policial y lo militar se difuminan. Las FFAA han dejado de concebirse sólo como cuerpos que repelen amenazas exteriores, para pasar a ser fuerzas que se dedican al combate al narcotráfico y el crimen organizado, a las operaciones de paz, a la atención de catástrofes. Si bien los militares desempeñan estas funciones desde hace décadas, en los últimos tiempos esta asignación de múltiples propósitos se ha ido “institucionalizando y legitimando”, indicó González Guyer. Los ejemplos más claros son las actuaciones de las FFAA en Colombia y México.

Estados Unidos “ha tenido una fuerte influencia” en este proceso y “preconiza esta doctrina”, afirma el experto. Las misiones de paz son ocasiones para desarrollar experiencias de combate urbano, que luego se van incorporando a la doctrina.

En un artículo denominado “Operaciones Especiales. Una respuesta multidimensional al problema de seguridad multidimensional de Latinoamérica”, publicado en 2017 por la Revista Profesional del Ejército de Estados Unidos, el mayor Cristián Lauriani, del Ejército de Chile, sostiene que el continente “sigue presentando altos índices de narcotráfico, crimen organizado, contrabando, terrorismo, trata de personas, ciberataques, reivindicaciones territoriales y pobreza extrema”. Destaca que en este contexto, el empleo de fuerzas militares “ha generado frutos en algunas áreas, por ejemplo en el proceso de pacificación en Colombia o en la neutralización de grupos delictuales en Centroamérica”.

Lauriani concluye que las fuerzas de operaciones especiales son “un mecanismo flexible, potente, polivalente y relativamente económico en comparación con otras fuerzas, para enfrentar los problemas de seguridad multidimensional que posee la región”, y evalúa que constituyen “un eficiente y eficaz mecanismo de gestión de crisis del Estado”. Estas fuerzas ejecutan operaciones de guerra no convencional, acción directa, contra terrorismo, contra narcóticos, operaciones de información, operaciones de paz y asistencia de seguridad, entre otras.

El rol del Comando Sur de Estados Unidos

En el mencionado artículo publicado en la Revista Profesional del Ejército de Estados Unidos, se destaca la importancia de las tareas de cooperación militar y policial entre los diversos países para fortalecer las capacidades de las fuerzas de operaciones especiales. Y se menciona un texto publicado en el sitio web del Comando Sur de Estados Unidos, que señala que las FFAA de ese país, “mediante la cooperación, contribuyen a la seguridad regional a través de un sostenido compromiso con la paz, que busca preservar la estabilidad, apoyar a sus aliados y cooperar en otros desafíos de seguridad”.

Un ejemplo de dicha cooperación son los ejercicios militares Fuerzas Comando, organizados por el Comando Sur de Estados Unidos y países de la región, en los que Uruguay participa. En esta actividad compiten fuerzas especiales de las FFAA de la región en distintos ejercicios de combate urbano, puntería, capacidad física, despliegue en zona hostil y “abatimiento de objetivos”. La última edición se realizó en Chile, en junio de 2019, e incluyó, además de la competencia, un seminario en el que se analizaron las oportunidades para fortalecer alianzas entre las FFAA de los distintos países con el objetivo de “aumentar la seguridad regional”. Según difundió en aquel momento la Oficina de Asuntos Públicos del Comando de Operaciones Especiales Sur de Estados Unidos, tanto el ejercicio como el seminario “permiten destacar el compromiso permanente de las fuerzas de operaciones especiales del hemisferio occidental con la región, así como con el fortalecimiento de la cooperación regional, la confianza mutua, y su preparación e interoperabilidad”.

El Parlamento uruguayo aprobó la autorización para el último ejercicio de las Fuerzas Comando en mayo de 2019. En el proyecto de ley remitido al Parlamento por el Poder Ejecutivo se detalla el número de efectivos que participarán, el armamento que se utilizará, el lugar y la fecha en que se realizará la actividad, pero no se menciona que el ejercicio es organizado por el Comando Sur de Estados Unidos. “La mencionada competencia se desarrollará sobre la base de una serie de ejercicios y situaciones, donde se ejecutan en forma práctica destrezas individuales y colectivas propias de la especialidad, en la cual se trata de probar las capacidades tácticas y técnicas, así como también la resistencia psicológica y física de cada soldado, realizando diferentes pruebas que abarcan todos los aspectos necesarios a un entrenamiento de Fuerzas Especiales”, se limita a señalar el gobierno en los fundamentos enviados para la consideración de los legisladores.

Algunas jerarquías militares entienden que en los gobiernos del FA se han puesto obstáculos para que las FFAA realicen maniobras y ejercicios con sus pares de Estados Unidos, y en particular valoran negativamente la suspensión de la participación del país en las maniobras Unitas, decisión tomada en 2006, durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez. “Con el próximo gobierno va a ser más fácil”, arriesgó una fuente.

Bayardi, en cambio, niega que se hayan puesto limitantes por motivos político-ideológicos, y asegura que lo único que se rechazó fue la participación en las maniobras Unitas. “Nosotros hemos respondido positivamente a casi todas, si no a todas, las invitaciones a cursos de capacitación que nos han llegado. Las de Estados Unidos, las de Rusia, las de China. No hemos puesto limitantes, salvo que hubiera algún problema económico”, afirmó.

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Controlar la información

El “Manual de combate urbano” del Departamento de Defensa de Estados Unidos advierte que en escenarios de combate en ciudades, donde el accionar de los militares es más visible, es sumamente importante controlar el flujo de la información. Debe tenerse en cuenta que “bajo escrutinio de los medios, las acciones de un soldado pueden tener importantes consecuencias estratégicas”.

Y la Guardia Republicana también

En julio de 2015, el sitio web del Ministerio del Interior anunciaba la realización del “primer curso GROE (Guardia Republicana Operaciones Especiales)” dirigido a oficiales de la Policía Nacional de las jefaturas de Montevideo, Maldonado y Paysandú. El curso duró dos meses y medio y entrenó a los uniformados en acciones antidisturbios, combate urbano y combate rural, acciones de grupos pie a tierra, acciones de grupos a caballo y operaciones especiales con motocicletas.

Reglas para actuación de militares en la frontera

En diciembre de 2019, el Poder Ejecutivo reglamentó la ley aprobada en 2018 que habilita el patrullaje militar en zonas de frontera. Bayardi dijo a la diaria que en los próximos días estarán listas las “reglas de empeñamiento”, que constituirán el protocolo de actuación de los militares en materia de seguridad fronteriza. Se envió un texto borrador a la Fiscalía de Corte para que lo analice y se está esperando respuesta de ese organismo. Las reglas detallarán “qué cosas se pueden hacer en el marco de la ley y del decreto reglamentario y cómo se deben hacer”, explicó Bayardi, pero prefirió no dar más detalles.