Restos hallados en el Batallón 13 pertenecen a Eduardo Bleier

El hallazgo de los restos del militante comunista Eduardo Bleier permite comenzar a trazar los diversos patrones represivos utilizados por la dictadura uruguaya, a partir de las formas en que los cuerpos recuperados fueron enterrados. La Fiscalía solicitará la reapertura de la indagatoria penal por su secuestro, pero esta vez para investigar su muerte.

Mauricio Pérez

Brecha, 11-10-2019

Correspondencia de Prensa, 15-10-2019

Eduardo Bleier falleció a causa de las torturas y los apremios físicos sufridos durante su detención en los centros clandestinos de la dictadura. Si bien sus restos óseos no registran lesiones perimortem, el contexto de su desaparición y su hallazgo permiten presumir que se trató de una muerte violenta, producida por terceros. Esa es la conclusión de las pericias forense y antropológica.

Los restos fueron hallados el 27 de agosto durante los trabajos de búsqueda de detenidos desaparecidos en predios militares. Estaban en la trinchera 3896, en los fondos del Batallón 13, a unos 80 centímetros de profundidad, en la margen del arroyo Miguelete, sobre una barranca, una zona anegable y de difícil acceso, detrás de la cancha de fútbol, a unos 100 metros del lugar donde, en 2005, fueron encontrados los restos de Fernando Miranda.

La identificación tardó en llegar poco más de un mes. El lunes 7 de octubre, el coordinador del Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia, Felipe Michelini, entregó a la justicia el informe del Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) con el resultado del examen de Adn: 99,99 por ciento de coincidencia con el perfil genético de Bleier. Esa tarde, Michelini notificó personalmente a los hijos del ex militante comunista. Al otro día, la jueza Isaura Tortora realizó la comunicación oficial a la familia. En audiencia, médicos legistas y antropólogos presentaron detalles sobre su muerte.

En este contexto, el fiscal especializado en crímenes de lesa humanidad Ricardo Perciballe solicitó a la justicia la reapertura de la indagatoria penal por su desaparición. Esa investigación se hará bajo la carátula “su muerte” y buscará determinar quiénes fueron los responsables del secuestro, las torturas y el homicidio del ex militante comunista. Varios militares serán citados a declarar (véase nota de Samuel Blixen). Para esto, el fiscal cuenta con los legajos de todos los militares que participaron en el Ocoa entre 1975 y 1976.

Bleier es el sexto desaparecido cuyos restos fueron recuperados en Uruguay desde el retorno de la democracia. El primero fue Roberto Gomensoro Josman, identificado en 2002, a partir de su cráneo, que hasta entonces había sido conservado en el domicilio de Emilio Laca, el médico forense que le hizo la autopsia en 1973. En noviembre de 2005, tras el comienzo de la búsqueda en predios militares, fue encontrado Ubagésner Chaves Sosa en una chacra de la Fuerza Aérea, cerca de la ciudad de Pando. Días después apareció Fernando Miranda en el Batallón 13. En 2011, en el Batallón 14, fueron encontrados los restos de Julio Castro. Y seis meses después, los de Ricardo Blanco Valiente.

Detención ilegal

Bleier tenía 47 años, era odontólogo, integraba el comité central del Pcu y estaba el frente de la secretaría de finanzas de ese sector político. Fue detenido a fines de octubre de 1975, en la vía pública. De acuerdo con el informe de la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente, fue trasladado al centro clandestino de detención conocido como la Casa de Punta Gorda (el Infierno Chico) y, posteriormente, al 300 Carlos (el Infierno Grande), ubicado en los fondos del Batallón 13.

Los testimonios de varios ex presos políticos –hoy testigos de su muerte– dan cuenta de que fue torturado en ambos lugares (véase en Brecha la nota de Sofía Kortysz). El informe de la Comisión para la Paz publicado en 2003 indica que falleció meses después de su detención, entre el 1 y el 5 de julio de 1976. Las pericias forenses y antropólogicas presentadas en la justicia avanzan sobre cuáles fueron las circunstancias de su muerte.

Los huesos no tenían lesiones perimortem, es decir, no existía ninguna lesión asociada con la muerte. Sin embargo, el contexto en que se produjo la desaparición, el ocultamiento del cuerpo en un predio militar y las condiciones del hallazgo hacen que la muerte no pueda considerarse indeterminada. La conclusión es que se trató de “una muerte violenta, producida por terceros, en un contexto de tortura y apremios físicos”, informó Michelini, en una rueda de prensa.

El cuerpo de Bleier fue hallado sin ropa y con las manos atadas. Si bien no hay huesos fracturados, eso no es óbice de que haya habido golpes y apremios físicos que pudieran haber provocado lesiones internas importantes. La pericia concluye que pudo haber muerto por asfixia, sumersión, sofocación o por el efecto de la picana eléctrica. Se trata de métodos de tortura que dejan rastros en órganos y tejidos, pero no en los huesos.

Piratas

La detención de Bleier se produjo durante la denominada Operación Morgan, un operativo de persecución y represión contra la estructura orgánica del Pcu y la Ujc, aunque también incluyó detenciones de integrantes de otros grupos políticos. En esta operación se detuvo a unos 90 militantes comunistas. Nueve fueron desaparecidos: además de Bleier, Miranda y Chaves Sosa, Juan Manuel Brieba, Carlos Arévalo Arispe, Julio Gerardo Correa, Otermín Montes de Oca, Lorenzo Julio Escudero y Horacio Gelós Bonilla.

En mayo de 2018, el fiscal Perciballe solicitó el procesamiento con prisión de los militares José Gavazzo, Jorge “Pajarito” Silveira y Ernesto Ramas por los crímenes perpetrados durante ese operativo. En su dictamen, Perciballe detalló los tormentos sufridos por los detenidos y la utilización de varios centros clandestinos. Por estos crímenes, incluida la desaparición de Bleier, fue condenado, en 2010, el ex dictador Juan María Bordaberry.

El fiscal Perciballe presentó un escrito a la jueza Tortora para avanzar en la reapertura de la investigación penal por la muerte de Bleier. Allí solicitó que se ubicara el expediente 96‑10094/1985, que indaga la desaparición de Bleier y que fue archivado en noviembre de 1988, luego de que el ex presidente Julio María Sanguinetti considerara que el caso estaba amparado en la ley de caducidad. Se reabrió en 2011, tras el decreto firmado por José Mujica que excluyó todos los casos del amparo de esa norma, y volvió a archivarse poco después. Ese expediente, sin embargo, no figura en el registro de causas que se le entregó a Perciballe al asumir su cargo, por lo que se desconoce su ubicación. El fiscal halló el número de ficha tras buscar en los registros del Observatorio Luz Ibarburu.

Por eso, el fiscal solicitó que se hagan los trámites para encontrarlo y reabrir formalmente la investigación. En caso de que no sea posible, se extraerá un testimonio de lo actuado tras el hallazgo de los restos y el proceso de identificación, y se formará un nuevo expediente para averiguar quiénes son los responsables del homicidio. En cualquier caso, el expediente se tramitará bajo los preceptos del viejo Código del Proceso Penal (Cpp), dijeron fuentes judiciales a Brecha.

Patrones

La aparición de los restos de Bleier permite comenzar a definir algunos patrones represivos de la dictadura uruguaya. Desde hace años, se sabe que una de las características fue el aprisionamiento masivo de opositores políticos y la tortura en unidades militares; también el uso de cal para desaparecer los cuerpos (véase en Brecha la nota de Samuel Blixen). Pero este hallazgo permite visualizar otros rasgos de esa represión.

Uno de ellos refiere a los lugares y las formas de enterramiento. Los restos de Bleier fueron hallados en los fondos del Batallón 13, a metros del lugar donde fue enterrado Miranda. Ambos eran comunistas y fueron detenidos durante la Operación Morgan. Sus enterramientos tenían cosas en común: ambos tenían las manos atadas hacia adelante, ambos estaban desnudos, si bien Miranda tenía “un par de calcetines de material sintético de color oscuro calzados en los pies”.

En ambos casos se trataba de enterramientos primarios, ambos en suelo natural. El cuerpo de Miranda se encontraba a 1,20 metros de profundidad, en una fosa alargada, cubierto de una estructura rectangular de hormigón. El de Bleier fue enterrado sobre el arroyo, en una fosa irregular, posiblemente cavada en forma intempestiva, en la noche. Esa irregularidad de la fosa era tan significativa que a los antropólogos les costó dilucidar en qué sentido estaba ubicado el cuerpo. Ambos casos tienen otra similitud: la pericia forense no pudo determinar la causa de muerte, pero señala el contexto de tortura durante el cautiverio. La partida de defunción de Miranda habla de “causa desconocida, problemas relacionados con su privación de libertad”.

Los casos de Julio Castro y Ricardo Blanco tienen otras particularidades.(1) Ambos fueron enterrados en el predio del Batallón 14, en las proximidades del arroyo Meireles, a unos 100 metros al sur de la vía férrea. La distancia entre las fosas era de entre 20 y 50 metros. La fosa de Castro fue excavada en una “roca descompuesta”. La de Blanco fue cavada con palas y elementos de percusión (picos) para perforar la roca de base.

Otra diferencia con los casos de Miranda y Bleier es la fecha de la desaparición: Castro fue detenido en 1977 y Blanco, en 1978. Pero también hay diferencias en la forma en que aparecieron los cuerpos: tanto Castro como Blanco estaban vestidos. Castro tenía la ropa intacta: saco, chaleco, camisa, medias, zapatos y plantares, e incluso tenía una moneda en el bolsillo de la camisa. Blanco también conservaba su vestimenta, un pantalón de tela y un calzoncillo tipo bóxer.

Ambos presentaban lesiones perimortem. En el caso de Blanco, la pericia detectó tres lesiones: una fractura contusa en el fémur derecho, una posible lesión contusa en la costilla derecha y una posible lesión por arma de fuego en el fémur izquierdo. Castro fue hallado con las manos atadas, presuntamente con alambre, y la pericia reveló una fractura de costilla y el impacto de al menos un proyectil en el cráneo, lo que revela la causa de muerte: fue ejecutado de un disparo.

Por último, el caso del ex militante comunista Ubagésner Chaves Sosa tiene otro detalle. Chaves Sosa también fue detenido en el contexto de la Operación Morgan, pero por personal de la Fuerza Aérea. Su cuerpo apareció en una chacra de Pando, también cubierto de cal. Pero le faltaban falanges de los pies y las manos, se presume que para que el cuerpo no pudiera ser identificado.

Nota 

1) “Investigaciones antropológicas sobre detenidos desaparecidos en la última dictadura cívico‑militar. Informe de actividades año 2011‑2012”.

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La búsqueda continúa

El Grupo de Investigación de Antropología Forense (Giaf) comenzó los trabajos de excavación en el Batallón 14, de Toledo, en la sala de empaque de los paracaídas. Una investigación con georradar (ground penetrating radar, Gpr, una técnica geofísica no destructiva) en esa zona detectó anomalías y posibles remociones en el suelo. El trabajo allí se extenderá por cinco días.

Sin embargo, el Giaf tiene previsto extender la intervención a otras áreas del Batallón 14. El objetivo es hacer un trabajo exhaustivo en todo el predio, particularmente en la zona próxima al arroyo Meireles, donde entre 2011 y 2012 fueron hallados los restos de Julio Castro y Ricardo Blanco Valiente, tras una nueva denuncia anónima sobre enterramientos clandestinos en ese lugar.

También se apunta a intervenir otras áreas que ya fueron inspeccionadas en las proximidades del polígono de tiro, la cantera y la zona donde en su momento se buscaron los restos de María Claudia García de Gelman. La decisión de intervenir este predio estará en manos del fiscal Ricardo Perciballe y la Institución Nacional de Derechos Humanos.

De momento, el objetivo es culminar los trabajos en el área cautelada del Batallón 13, donde recientemente fueron hallados los restos de Eduardo Bleier. Se trata de 12 hectáreas sobre las que se tenía la intención de trabajar en forma exhaustiva para despejar dudas sobre posibles enterramientos clandestinos (veáse “La búsqueda sin farándula”, Brecha, 19‑VII‑19).

El hallazgo del cuerpo de Bleier renovó la expectativa de intervenir el predio, en virtud de las similitudes de este caso con el de Fernando Miranda y la existencia de otros detenidos desaparecidos secuestrados en la misma época, en el mismo operativo, y recluidos en los mismos centros clandestinos de detención y tortura. El objetivo es intervenir toda esta zona antes de diciembre. En el Batallón 13 también existe la idea de ampliar el área de búsqueda.

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Patrón de enterramiento

Cal encima

Samuel Blixen

Brecha, 11-10-2019

Los asesinos del Sid y el Ocoa –los dos organismos militares que monopolizaron la represión del terrorismo de Estado durante la dictadura– no podían prever que el descubrimiento de la doble hélice a mediados de los cincuenta iba a desarrollar, cuando la seguridad nacional levantó vuelo, la técnica de la huella dactilar del Adn, que permite una identificación inapelable a partir de la información genética heredada, siempre que se disponga de la referencia de la línea directa de parentesco.

El tejido blando de un cadáver puede ofrecer evidencias incómodas (huellas de los dedos, cicatrices, marcas de nacimiento, rasgos y facciones), de modo que, para completar la desaparición, era necesaria una eliminación total. Los asesinos creyeron, equivocadamente, que cubriendo los cuerpos de sus víctimas con cal viva desintegrarían la materia blanda y el esqueleto. Cometieron un error: seguramente la cal quemó el tejido blando, pero impidió que la acción de los microorganismos degradara el Adn de los huesos. Con la cal, los asesinos ayudaron –no premeditadamente– a quienes excavan en busca de la verdad. Abandonados a la acción de los microorganismos, las larvas de insectos y los gusanos, muy probablemente los restos habrían perdido el secreto de su identidad; la cal conservó los huesos y, por tanto, el Adn, como no ocurrió con otros trozos óseos hallados junto con escombros y material de relleno, a los que no se les pudo extraer la huella genética.

Para la búsqueda de la verdad, la cal viva tiene otro significado. Su presencia, invariable en los cinco rescates de restos de militantes políticos desaparecidos, sugiere la existencia de un patrón, y es lícito suponer que todos los enterramientos clandestinos lo siguieron y que fue aplicado en distintas épocas y por diferentes responsables. La misma técnica de enterramiento aparece, entre mediados de 1975 y mediados de 1976, con desaparecidos confinados en el 300 Carlos, en el complejo militar del 13 de Infantería, y también con aquellos que desaparecieron en el correr de 1977, después de ser torturados en otros centros clandestinos (La Tablada, la Casona de Millán) y enterrados en el Batallón 14 de Infantería. Distintas épocas, distintas unidades militares y un mismo patrón.

Si asumimos que fue un método para borrar rastros, su ausencia es tan elocuente como su presencia. Salvo donde se produjeron los hallazgos de cinco cuerpos con las características aludidas, en el resto de la vasta extensión excavada en predios militares no apareció ninguna evidencia de cal en la tierra removida. Se puede inferir (como criterio general aunque no exclusivo) que donde no hay cal no hubo enterramientos. Anteriormente, de acuerdo al criterio utilizado por José López Mazz, se excavaron trincheras y se dejaron espacios intactos entre ellas; por eso ahora el equipo de arqueología forense se propone remover toda la extensión cautelada por la justicia e incluso lugares nuevos señalados por informaciones más recientes, en forma exhaustiva.

Pero la ausencia total de cal desmorona la historieta inventada por algunos oficiales y aceptada alegremente por los mayordomos de los militares (una expresión que extraigo de La leyenda insurgente, aunque Jorge Zabalza la aplica a los traidores de Artigas, los García de Zúñiga, los Rivera, los Ramírez). La ausencia de cal desmonta la versión de una Operación Zanahoria, según la cual los cuerpos enterrados fueron exhumados de sus lugares iniciales e incinerados y las cenizas arrojadas al mar. De ser así, la presencia de cal debería haber aparecido en la tierra removida, pero ello no ocurrió.

La versión de los desenterramientos fue estampada en el informe final de la Comisión para la Paz, algunos de cuyos miembros recién ahora se dan cuenta de que fueron engañados. Los cinco restos recuperados corresponden, todos ellos, a desaparecidos comprendidos en la supuesta Operación Zanahoria. De ello se deriva que quienes dijeron que todos los desaparecidos fueron exhumados mintieron y, por tanto, es muy posible que conozcan los lugares donde se hicieron los enterramientos. Los miembros de la Comisión para la Paz han mantenido el secreto de las identidades de los mentirosos, como lo mantuvo el informe del comando del Ejército sobre desaparecidos entregado al presidente Tabaré Vázquez en 2005.

Ese informe, que repite la versión de la Comisión para la Paz, hace una precisión en cuanto a Eduardo Bleier: rectifica el lugar del enterramiento (“sus restos fueron enterrados en el predio del Batallón 1 mecanizado número 13, y no en el Batallón 1 paracaidistas número 14, como lo establece el antes mencionado informe”), pero confirma la mentira: “… posteriormente fueron exhumados. Trasladados al predio del Batallón 1 de paracaidistas número 14 fueron cremados, siendo sus cenizas y restos esparcidos en la zona”.

El hallazgo de los restos de Bleier revela que se trata de un enterramiento primario y que el prisionero fue enterrado allí donde fue interrogado, torturado y asesinado. Ese detalle, válido también para el caso del primer desaparecido encontrado, Fernando Miranda, acota la lista de victimarios. Y se complementa con otros detalles significativos que se encuentran en el informe de 2005: Bleier fue detenido en la vía pública por el Sid y trasladado a la casa de Punta Gorda, en la rambla República de México, donde funcionó el primer centro clandestino de detención. Ese centro se llamó 300 Carlos R y fue al principio operado por el Sid. Según el informe, Bleier fue “posteriormente entregado al Ocoa y llevado a instalaciones del Servicio de Material y Armamento (Sma)”, es decir, al 300 Carlos.

Bleier fue uno de los primeros militantes comunistas víctimas de la Operación Morgan, que se desplegó a partir de octubre de 1975. Se desprende, entonces, que personal del Sid estuvo desde el comienzo involucrado en la represión del Pcu. Un documento de la inteligencia militar establece que el Departamento III del Sid, dirigido por el mayor José Gavazzo, debió ponerse a las órdenes del Ocoa para la Operación Morgan.

En el 300 Carlos, el galpón del Sma, la batuta estaba a cargo del Ocoa, dependiente de la División del Ejército I. Su jefe era el coronel Julio César González Arrondo, quien, según las declaraciones de Jorge Silveira (en la clave de la radio del Ocoa, Óscar Siete Sierras), asistía diariamente al 300 Carlos y supervisaba directamente los interrogatorios. Pero un personaje clave para determinar el destino final de los desaparecidos interrogados por el Ocoa es el entonces mayor (y hoy general retirado) Juan Alberto Lezama. Encargado de las “actividades de prisioneros de guerra en la División de Ejército I” como jefe de la División Informaciones, Lezama llevaba un registro detallado de los prisioneros y sus testimonios bajo tortura. “… trabaja intensamente en el procesamiento de los informes obtenidos en base a las investigaciones que dirige y efectúa”, consignaba su superior, el coronel González Arrondo. Lezama integraba el equipo de los India, el sector del Ocoa referido a Informaciones, pero también participaba en operativos, de los que habitualmente se encargaba el sector Óscar.

Posibles responsables

La lista de oficiales del Ejército vinculados con las desapariciones y los enterramientos es extensa:

Juan Alberto Lezama, Julio César González Arrondo, Ernesto Ramas, Jorge Silveira, Manuel Cordero, Mario Frachele, Homero González, Manuel Cola, Victorino Vázquez, Manuel Calvo, Henry Saralegui, Gilberto Vázquez, José Nino Gavazzo, Julio Tabárez, Rudyard Scioscia, Jorge Parisi, Omar Lacasa, Julio César Rodríguez Buratti, Ricardo Medina, Pedro Mato, Antranig Ohannessian y Rubely Pereyra.

La lista no es exhaustiva. Algunos están presos, otros fallecidos y algunos prófugos. Los sobrevivientes, tanto los notorios como los de bajo perfil, podrían aportar información vital sobre los desaparecidos. Algunos de ellos serán citados e interrogados por el fiscal que investiga crímenes de lesa humanidad Ricardo Perciballe, según anunció al informar que se reabriría la causa de Bleier, archivada en 2014.

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“No pueden callar la tierra”

Miles de personas homenajearon y despidieron los restos de Eduardo Bleier. La multitud pidió reforzar la búsqueda de desaparecidos.

Lucía Gandioli

La Diaria, 15-10-2019

Un retrato de Eduardo Bleier se destacaba en la fachada de la Universidad de la República (Udelar). A la izquierda, un cartel gritaba: ¡Presente! A la derecha, otro reclamaba: “Nunca más terrorismo de Estado”. A sus pies, una avenida 18 de Julio colmada. Ayer, una multitud se concentró allí a homenajear y despedir los restos de Bleier, militante del Partido Comunista del Uruguay (PCU) que fue secuestrado mientras caminaba por la calle el 29 de octubre de 1975, trasladado hasta el centro clandestino de detención que funcionaba en una casona en Punta Gorda y posteriormente al llamado 300 Carlos, ubicado en las inmediaciones del Batallón 13. Bleier falleció, en una fecha estimada entre el 1º y el 5 de julio de 1976, como consecuencia de los apremios físicos y torturas a los que lo sometieron los militares.Uruguay1510 II

Eran miles los rostros serios que observaban la fotografía desde abajo con los ojos llenos de una mezcla de tristeza y alivio. No faltaron las sonrisas ni las lágrimas. En el silencio se respiraba respeto y el firme reclamo por justicia y verdad. También rabia por las atrocidades cometidas durante la dictadura y el dolor por los que aún faltan. Esperaban a que llegaran las 12.00 y abrieran las puertas hacia la antesala del Paraninfo, donde, en una caja de madera solemne, resguardada e iluminada por ramos de flores, estaban los restos de Bleier, que fueron hallados en el ex Batallón 13 el 27 de agosto e identificados el 7 de octubre.

Una vez abierta la puerta, la multitud comenzó a moverse despacio para ingresar, pero la mayoría permaneció afuera. El presidente Tabaré Vázquez fue recibido por un largo aplauso e ingresó a la sede de la Facultad de Derecho acompañado de la fórmula presidencial del Frente Amplio (FA), Daniel Martínez y Graciela VIllar, que había llegado minutos antes. Dentro se encontraron con la familia Bleier y el coordinador del Grupo de Verdad y Justicia (GVJ), Felipe Michelini. Dispuestos en una especie de círculo, entonaron las estrofas del Himno Nacional.

“Nos encontramos esta mañana para honrar, homenajear y despedir los restos de quien fuera Eduardo Bleier, odontólogo de profesión, esposo, padre de cuatro hijos”, leyó Michelini. En una carta dirigida a todos los presentes y al propio Bleier, Michelini recordó su trayectoria, sus compromisos con el PCU y su lucha por la justicia. “La búsqueda [de desaparecidos] debe ser entendida como una causa sagrada de todos los uruguayos”, prosiguió el coordinador, y planteó que “no ha sido fácil conocer la verdad; perversamente no la dicen o mienten, pero no pueden hacer callar a la tierra”. “Eduardo, te buscamos siempre. Rosa [su esposa] y Elena [su hermana] movieron cielo y tierra para ubicar tu paradero. Bienvenido a casa, descansa en paz. Nunca te fuiste, siempre has estado y seguirás viviendo en tus nietos, en nuestro corazón y en nuestra lucha”, concluyó Michelini entre lágrimas.

El presidente y la fórmula oficialista se retiraron sin hacer declaraciones. Vázquez únicamente manifestó que hacía suyas las palabras de Michelini. El candidato del FA publicó después en su cuenta de Twitter: “La democracia fue fracturada y también los derechos humanos. Los familiares y la sociedad siguieron buscando y hoy con dolor se confirma el ocultamiento. Querido Gerardo Bleier, somos miles los que estamos contigo, con una serena paz. Seguiremos la búsqueda por verdad y justicia”.

Javier Tassino, integrante de la organización Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, dijo a la prensa que con el hallazgo “dimos un paso importante”. “Es para nosotros muy significativo y conmovedor, se cruzan muchos sentimientos y nos inspira a seguir buscando”, agregó. Planteó la necesidad de “seguir desarrollando la memoria sin odio y sin rencores”, y de “profundizar la democracia”. “La democracia trae la paz, trae el beneficio para la gente y prosperidad”, expresó.

Tassino anunció que se iniciará una intervención en el ex centro de reclusión La Tablada, ubicado en Camino Melilla, que ya está autorizada por la Justicia. Manifestó que continúan los trabajos de búsqueda en el Batallón de Infantería Paracaidista 14, en Toledo, que comenzaron el miércoles 9 de octubre. Además, siguen las excavaciones en el Batallón 13, que se vieron interrumpidas el fin de semana por las intensas lluvias.

En diálogo con la prensa, el ministro de Defensa Nacional, José Bayardi, confirmó que por el momento no hay novedades sobre las excavaciones en el Batallón 14. El ministro dijo que “por suerte” se le ha podido dar respuesta a una familia, pero “quedan todavía un número muy importante de familias” que buscan a sus familiares. “Ese debería ser un compromiso del conjunto de la sociedad”, agregó. Según dijo, hallar los restos no hubiera sido posible de no ser por los gobiernos del FA. Además, sostuvo que es una “canallada incalificable” que dirigentes políticos de la oposición vinculen este hecho con una estrategia política. “Los que están sosteniendo esto no sólo no hicieron nada, sino que, en algún caso, hasta ocultaron. Estoy refiriéndome a Cabildo Abierto y particularmente a [Guido] Manini [Rios]”.

Además de Bayardi, estuvieron presentes el ex presidente José Mujica, la vicepresidenta Lucía Topolansky, los ex precandidatos Óscar Andrade, Carolina Cosse y Mario Bergara, el presidente del FA, Javier Miranda, entre otros dirigentes de la coalición de izquierda. También asistieron integrantes de movimientos sociales y la central obrera PIT-CNT. Además de Martínez, asistió el candidato del Partido Independiente, Pablo Mieres, junto a su compañera de fórmula, Mónica Bottero.

“Aparte de la monstruosidad atrás de esto, lo que más duele es la mentira”, dijo Mujica a la prensa antes de retirarse del homenaje. “Siempre faltan cosas por hacer, hay mucho secreto. Yo estoy convencido de que hay pactos de silencio. Se dice que hay gente del gobierno porque la gente se manijea, no entienden lo que es el funcionamiento de una corporación”, sentenció el ex presidente, según recogió Teledoce. El ex presidente aseguró que el gobierno jamás alimentó un pacto de silencio y sostuvo que este se establece entre generales, lo que explica que los pocos datos que llegan provienen de ex soldados.

Diez minutos antes de las 15.00, la puerta de la Udelar se cerró, y minutos después la multitud se abrió para ver pasar el cortejo que trasladaba los restos de Bleier entre un aplauso sostenido durante un buen rato. En un lapso de silencio, Gerardo Bleier gritó: “Gracias a todos compañeros”, y se despidió para trasladarse con su familia al sepelio. Los restos de Bleier descansan ahora junto a los de su esposa.