La decisión de un sector de la Cta de volver al seno de la Cgt genera muchas expectativas en momentos en que el país se apresta a elegir un nuevo gobierno. Sin embargo, tras 27 años de divisiones en el movimiento obrero y de cambios en el mundo laboral, el sueño de la central única no será fácil de conquistar.

F Kovacic, desde Buenos Aires

Brecha, 11-10-2019

Correspondencia de Prensa, 12-10-2019

Los dirigentes del sector de la Central de Trabajadores de la Argentina conocido como Cta de los Trabajadores (Cta-T), encabezados por su secretario general, Hugo Yasky, votaron en su congreso del pasado jueves 3 por regresar al seno de la Confederación General del Trabajo (Cgt), con la que rompieron filas en 1992 durante el gobierno de Carlos Menem. Como espectadores, se sumaron al cónclave de la Cta-T el candidato presidencial del Frente de Todos (FT), Alberto Fernández, el diputado nacional Máximo Kirchner y la candidata a vicegobernadora bonaerense Verónica Magario, es decir, los referentes de la fuerza favorita para las elecciones del 27 de octubre. También estuvieron en las primeras butacas una facción disidente de la Cgt –encabezada por el líder de los camioneros, Hugo Moyano, el titular de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo, y referentes de la Unión Obrera Metalúrgica, nucleados en el Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fsmn)– y el secretario general de la Cta Autónoma, Pablo Micheli, quien confirmó a Brecha que aún no está en sus planes un acercamiento con la Cgt (véase recuadro). Las fotos del encuentro los mostraron exultantes y con rostros de gesta fundacional.

Yasky encabeza la Cta-T desde que en 2010 protagonizó con Micheli una disputa electoral que partió la Cta en dos. El Ministerio de Trabajo decidió prorrogar el mandato de Yasky al frente de la organización hasta unas elecciones definitorias que nunca llegaron. En 2014, el mismo Ministerio finalmente reconoció que la Cta estaba formalmente partida en dos: la Cta-T, en manos de Yasky, y la Cta Autónoma, en manos de Micheli. En 2018 otra interna dividió a su vez a la fracción Autónoma, a partir de un reclamo del estatal Hugo Godoy, quien pidió a la justicia invalidar las elecciones de la Central. Godoy obtuvo la razón, pero Micheli acudió a la Corte Suprema. El resultado es la atomización actual de la Cta en tres fracciones.

Unidad pese a todo

En palabras de los asistentes al acto de la Cta de Yasky la semana pasada, el deseo de unidad sindical es una aspiración indiscutida en tiempos de avance neoliberal. Alberto Fernández consideró el gesto del primer paso hacia la unidad sindical “tan importante como el de Cristina Fernández” cuando la ex mandataria le propuso encabezar la fórmula presidencial. El candidato del FT sabe de la necesidad de evitar un frente de conflicto con el sector sindical en un país dañado por cuatro años de macrismo. Durante su campaña, Fernández ha adelantado a los sindicatos y a los empresarios que “el país no necesita una reforma laboral que modifique leyes”. Esa idea la refrendó la semana pasada su referente económico, Matías Kulfas, durante un simposio económico de industriales, banqueros y funcionarios, organizado por el Grupo Clarín: “No hay nada que modificar en materia de leyes laborales”, sentenció Kulfas.

Por otro lado, Fernández pidió a los dirigentes gremiales y sociales “evitar las calles, las manifestaciones y los cortes de ruta”, durante una recorrida por Tucumán el pasado 12 de setiembre, donde, lanzado ya como favorito a ganar las elecciones, anunció la eventual convocatoria a un pacto social con gremios y empresarios para revertir la situación de desempleo y pobreza. Los movimientos sociales autónomos y aquellos ligados a la izquierda combativa, como el Polo Obrero y Barrios de Pie, le respondieron al día siguiente con una movilización y acampe en plena avenida 9 de Julio, frente al Ministerio de Desarrollo Social, en reclamo de bolsones de comida para comedores sociales.

Voluntades y formalidades

Actores clave en el proceso de reunificación sindical son los sectores de la Cgt críticos con la actual conducción de esa central. El llamado Fsmn reúne a los sindicatos del peaje, camioneros, bancarios, canillitas, metalúrgicos y una veintena de gremios menores. Desde la llegada al poder del macrismo, este sector disidente encabezó junto con las Cta de Yasky y Micheli marchas callejeras y concentraciones, además de adherirse a los cinco paros convocados por la propia Cgt. Si bien el principal referente de este grupo crítico, Hugo Moyano, ya anunció que no pretende postularse a otro mandato al frente de la histórica Central, a la que condujo entre 2004 y 2016, su palabra es una llave para el reingreso de la Cta al redil del que se apartó en los años noventa. Con todo, los deseos de unidad chocan por ahora con la mirada de otros dirigentes cegetistas.

El mismo día que la Cta-T anunciaba su deseo de reingreso, unos cincuenta miembros de la conducción cegetista se reunieron para despotricar contra Yasky y Alberto Fernández. Encabezados por el gastronómico Luis Barrionuevo, aliado del macrismo hasta las Paso, todos plantearon que la vuelta de los liderados por Yasky debería darse gremio por gremio y sin reclamar puestos de conducción. Los “gordos” de la Cgt no olvidan las acusaciones de connivencia que debieron soportar por su apoyo al menemismo y su proceso de privatización de empresas estatales, y por la cercanía que mantuvieron entonces y ahora con los oficialismos de turno. “Nos dijeron burócratas y corruptos, y ahora quieren volver”, lanzó Carlos Acuña, uno de los actuales secretarios generales de la Cgt, apoyado por Barrionuevo. A su turno, Omar Maturano, líder de los ferroviarios, reclamó a Alberto Fernández que no se entrometiera en las internas gremiales y exigió que bajo el próximo gobierno haya cargos para los dirigentes sindicales en la obra social de los jubilados, la Administración Nacional del Seguro Social y la Superintendencia de Seguros de Salud.

Más allá de las voluntades, también hay formalidades imprescindibles. Cuando se fundó la Cta en 1992 fue con una concepción distinta del modelo sindical tradicional. Eso quedó plasmado, por ejemplo, en sus estatutos, en los que se permite la afiliación directa del trabajador a la Central en lugar de al sindicato. La decisión respondía a la política económica del menemismo, con su pérdida de empleo formal y precarización laboral, lo que dio lugar ya en 1993 a la aparición de los piqueteros y a la consiguiente creación, bajo el paraguas de la Cta, del concepto de “trabajadores desocupados”. Para el menemismo significó la creación de trabajadores autónomos, monotributistas, que pagaban impuestos por trabajar ocasionalmente. La Cta los sumó reuniéndolos como movimientos sociales, lo que le permitió crecer como central sindical en un mundo donde mutaba el concepto de empleo formal.

Hoy diversos movimientos sociales que reclaman tierra y vivienda, como los organizados en la Corriente de Trabajadores de la Economía Popular, están afiliados a la Cta. La Cgt, en tanto, nuclea a sindicatos sustentados en el empleo formal de sus afiliados. El reclamo de la conducción cegetista para que sus otrora rivales se disuelvan y se reincorporen gremio por gremio garantizaría mantener el poder de los sindicatos más fuertes, pero las negociaciones están abiertas. Héctor Daer, otro de los tres secretarios generales de la Cgt y amigo personal de Alberto Fernández, ya advirtió de la importancia “de hacer los gestos necesarios para cobijar a todos los gremios bajo la Cgt”. La jugada es sindical, pero también política, en respuesta a las necesidades del FT para alejar al país cuanto antes de los años oscuros del neoliberalismo macrista.

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Con Hugo Yasky, de la Cta de los Trabajadores

Para enfrentar el modelo neoliberal

—¿Por qué volver a la Cgt, donde siguen en la dirección las mismas caras que en 1992 cuando ustedes se fueron en disidencia?

—Buscamos cerrar un ciclo de 30 años en el que algunos gremios nos fuimos de la Cgt por su aval a un modelo que no defendía a los trabajadores ni al pueblo. Hoy más que nunca necesitamos de la unidad para enfrentar este modelo neoliberal y asegurar una salida. Pensemos que en América Latina, salvo el caso del Pit-Cnt uruguayo, que es un espejo donde mirarnos, los movimientos sindicales se han ido atomizando cada vez más.

—La Cgt no parece esperarlos con los brazos abiertos. ¿Cómo sigue el trámite de unificación?

—Tenemos el apoyo de muchos sectores de la Cgt, como los camioneros, los bancarios, los trabajadores de la televisión, el Smata (metalmecánicos) y otros más que integran el Fsmn. Hay otro sector menos entusiasta que de todas maneras considera importante la unidad y un grupo minoritario que no está de acuerdo. Vienen tiempos de arduas negociaciones en los que el diálogo será importante.

—¿Hugo Moyano tiene la llave para la reincorporación de la Cta?

—No. No se trata de eso, sino de que todos los sectores entendamos la importancia de la unidad sindical en un mundo donde los derechos laborales y sociales sufren una ofensiva muy fuerte. En Brasil la reforma laboral le entró al movimiento obrero como cuchillo a la manteca. Eso debiera ser una advertencia para todos nosotros.

—¿Hubo presiones políticas del FT para este paso hacia la unidad?

—La presencia de Alberto Fernández en el acto fue un plus superlativo, pero no hubo presiones políticas.

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Con Pablo Micheli, de la Cta Autónoma

“Hay muchos en la Cgt que son empresarios”

—¿Comparte la decisión de la Cta-T de incorporarse a la Cgt?

—Es un hecho político muy importante porque lo votaron más de mil delegados de todo el país. Nos alegra.

—¿Por qué ustedes no toman la misma decisión?

—Veníamos hablando de la unidad con Yasky desde hace varios años, pero ellos ahora apuraron el tranco, un poco por presiones políticas del FT, un poco porque ya lo tenían pensado. Nosotros no vamos a dar ese paso hasta que nuestras bases no lo voten. Obviamente que la unidad es algo a alcanzar siempre. En ese sentido, el Pit-Cnt de Uruguay es un ejemplo y siempre lo observamos con atención.

—¿Ustedes apoyan la candidatura de Alberto Fernández a la presidencia?

—Queremos una Cta autónoma de los partidos políticos y de los gobiernos. Hoy apoyamos al FT porque creemos que hay que terminar con Macri y con la derecha. Pero seguimos creyendo que sólo la movilización social y de los trabajadores garantiza la democracia y nuestros derechos. Por eso seguimos cerca del Fsmn y en lucha. Aunque Fernández diga que no hace falta la reforma laboral, las cámaras empresarias reclaman eso desde que asumió Macri, y no tenemos que bajar la guardia.

—¿Ve a la Cgt dispuesta a aceptar la unidad?

—Hay muchos de sus dirigentes que no quieren la unidad porque no representan a los trabajadores. Son empresarios, como en el caso de Barrionuevo, Acuña o (el dirigente de mercantiles Armando) Cavalieri. Estuvieron siempre cerca del poder de turno sin importarles la suerte de los trabajadores.

—¿Y con la Cta encabezada por Godoy, iría a la unidad?

—Ellos son un sector antikirchnerista y por eso rompieron la unidad. Están más cerca del Frente de Izquierda que de la unidad con nosotros o con la Cgt.