Informe de la situación

Primer round…

Fernando López Romero

Corresponsal de Correspondencia de Prensa en Quito, 9-10-2019

Este 9 de octubre decenas de miles de indígenas, campesinos, obreros, maestros, jóvenes y mujeres, pisaron fuerte las calles de Quito para rechazar al gobierno de Lenin Moreno y exigir la derogatoria del paquetazo del 1 de octubre.

Marcharon codo a codo los militantes curtidos en muchas jornadas y millares de jóvenes que se incorporaban a la lucha luego de más de una década de pedagogía del miedo y del engaño. Sus miradas y sus rostros expresaban la determinación de mantener la lucha.

Desde la huelga general del Frente Unitario de Trabajadores de octubre de 1982, hace 37 años, no se había vivido una jornada de lucha como la de este día. Igual que entonces el rostro de la protesta era el rostro del pueblo trabajador. La inmensa mayoría venían de las barriadas populares, de los pueblos y ciudades de provincia y de las comunidades indígenas de los Andes y de la Selva.

Durante más de cuatro horas los gritos que se escucharon fueron contra el gobierno, contra el paquetazo y remarcando la lucha y la unidad del pueblo. A varias cuadras del Palacio de Carondelet, la sede del gobierno abandonada por Lenin Moreno desde el lunes cuando se trasladó a gobernar desde Guayaquil, enormes vallas y fuerzas antimotines de la policía y del ejército cerraban el paso, y arremetían contra la multitud con bombas lacrimógenas, tanquetas blindadas y cuerpos de motociclistas. El orden de la marcha era inquebrantable: rigurosa solidaridad para enfrentar la represión, apoyo a los más afectados por los gases, respeto total a los bienes ajenos sin una sola ventana rota ni persona alguna agredida.

La enorme marcha y la ocupación del centro histórico de Quito, son un plebiscito popular contra el gobierno de Moreno y una afirmación de la identidad popular y de clase del movimiento que lucha contra el ajuste neoliberal.

Las fuerza enfrentadas

En el otro lado de la barricada política, social y económica, el Gobierno de Lenin Moreno articula a un bloque que incluye a toda la derecha política y las cámaras empresariales, a las capas medias conservadoras y racistas, a los grandes medios de comunicación que han calumniado sistemáticamente al movimiento popular, y a las fuerzas represivas. Ese bloque permanece todavía intacto en el apoyo al gobierno y a las medidas fondomonetaristas, pero en su interior crece la tendencia para salir del conflicto mediante una negociación con el movimiento indígena y sindical, haciéndole concesiones económicas.

La masiva presencia del pueblo en las calles y el trabajo de los pequeños medios alternativos y de las redes de militantes sociales y de izquierda, han arrinconado al discurso mediático y reducido a sus niveles más bajos la credibilidad del Gobierno de Moreno, cada día más entregado a la derecha.

Del lado del campo popular, en la jornada de este día se ha fortalecido aún más la decisión de continuar la lucha, y sin duda se acrecentará su fuerza. Su propia presencia masiva, su radicalidad y voluntad de continuar en las calles, plazas y carreteras, constituyen ya una importante victoria.

La población entera mira con expectativa al movimiento, y crece la simpatía por su lucha.

Las perspectivas

La jornada de hoy puede constituirse en el punto de inflexión en esta batalla. El gobierno, que apostó a debilitar y aislar al movimiento a través de la represión y de las mentiras de los grandes medios, ha fracasado en ese propósito: la lucha social se va a mantener y se agota el tiempo político de Moreno para imponer el paquetazo fondomonetarista.

La Iglesia y las Naciones Unidas han iniciado los contactos para una salida negociada pero las dos partes mantienen todavía posiciones irreductibles.

El campo popular, rico en su diversidad y en su conciencia de clase, ha contado con una dirección que ha demostrado fortaleza en la convocatoria y la movilización, pero que se enfrenta a la prueba de darle continuidad a la lucha desatada en estas jornadas; y esa prueba pasará por su consecuencia con el movimiento y por la capacidad de unirse en torno a objetivos políticos comunes.

La enorme movilización de este día ha cerrado por ahora el camino para derrotar al movimiento por medio de la represión, masiva o selectiva. Los grandes capitalistas, que con una resistencia social muy debilitada han incrementado sus riquezas en la década correísta y en los dos años de Moreno, ahora se encuentran con una presencia social y política con la que no contaban.

Moreno y sus satélites, como Romo, Larrea y demás compinches y aspirantes al poder en futuras elecciones, están firmando su certificado de defunción política. La derecha y los grandes medios masivos también han partido aguas con el movimiento popular. Del otro lado, una nueva generación de luchadores sociales y de militantes puede llenar el espacio indispensable para construir colectivamente otro futuro posible, por fuera de la tutela de viejos o nuevos caudillos populistas o neoliberales.

Queda mucho por hacer. Está claro que cualquiera que sea el resultado de esta primera batalla, se trata solamente del primer round de una lucha, que después del fracaso populista del correísmo, resulta indispensable para reconstituir las fuerzas del campo popular, su programa autónomo y su autorganización.