João Vitor Santos

IHU On-Line, 7-10-2019

Traducción de Correspondencia de Prensa, 9-10-2019

Vivimos en un régimen democrático en Brasil y por eso podemos decir que vivimos en un régimen de libertad e igualdad. ¿Correcto? Equivocado. La profesora Ana Penido, que investiga la formación y la actuación de los militares en el país, revela que la noción de democracia es, en la práctica, mucho más restringida e influye en la forma en que los militares entienden el concepto. “Es un concepto restringido de democracia, basado en sus aspectos formales, es decir, la celebración de elecciones, la organización de partidos, etc. Desafortunadamente, este concepto de democracia limitada también está presente en la sociedad”, señala. Para ella, el concepto completo de democracia es otro, que “prevé el conflicto de ideas, manifestaciones públicas y otras cosas que, desde su punto de vista, generan inestabilidad”.

Y, en un gobierno como el de Jair Bolsonaro, donde la presencia militar es mayor, estas perspectivas se acentúan. Así, Ana llama la atención sobre cómo, en la práctica, se configura -e incluso se refuerza- una especie de tutela militar sobre las demás instituciones de un Estado democrático.

Ana Amélia Penido Oliveira es licenciada en Ciencias Sociales por la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), tiene una maestría en Estudios Estratégicos de Defensa y Seguridad de la Universidad Federal Fluminense (UFF) y un doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal Paulista Júlio de Mesquita Filho. Actualmente, es investigadora en el Instituto Tricontinental y en la Universidade Estadual Paulista Júlio de Mesquita Filho. Entre sus publicaciones, destacamos: “As mudanças na guerra e na formação dos guerreiros” (In: Poder Aeroespacial e Estudos Interdisciplinares de Segurança e Defesa, 2014, Rio de Janeiro) y “Uma educação militar para a defesa do Brasil” (In: V Encontro Pedagógico do Ensino Superior Militar, 2013, Resende. Anais do V EPESM, 2013).

 

-IHU On-Line – ¿Cómo evalúa la relación entre civiles, militares y el Estado en Brasil hoy?

Ana Penido – Esta pregunta da lugar a muchas tesis doctorales. En resumen, creo que los militares mantienen una tutela sobre las instituciones del Estado brasileño y se organizan como una corporación, para la cual, con excepción del momento de disputa sobre los recursos presupuestarios, la relación cotidiana con los civiles varía entre la arrogancia de los que piensan que son mejores y el paternalismo de los que piensan que deben proteger a los débiles.

-IHU On-Line – ¿Qué proyecto de país está presente hoy en la ideología de las fuerzas armadas?

Ana Penido – No creo que exista esta visión general hoy en día, y ni siquiera creo que deba existir. Hay algunas preguntas más específicas que se han formulado durante décadas y que en ocasiones se afinan como si se tratara de un proyecto, como la formulación de que debido a nuestro tamaño, riqueza y población estamos “destinados” a ser grandes. O que es necesario poblar la Amazonía, como si no estuviera ya poblada, o incluso que carece de cohesión nacional. En la época del régimen burocrático-autoritario, incluso tenían proyectos de gobierno, como se desprende de las formulaciones de (Ernesto) Geisel (1) de empresas nacionales y grandes proyectos, como Proálcool y Nuclear. También hay iniciativas para construir escenarios estratégicos a largo plazo, lo que facilita la planificación.

Un proyecto de país es algo de otra magnitud, es una tarea eminentemente política, algo que no pertenece a una fuerza armada profesional, sino a partidos políticos y movimientos/grupos sociales. Pensar en un proyecto nacional es fundamental para resolver lo que algunos pensadores han estado llamando una crisis de destino. Pero un proyecto sólo existe como resultado del conflicto de ideas con otros sectores de la sociedad, capaces de producir síntesis, diferente de la afirmación cristalina de objetivos nacionales permanentes. También es el resultado de la correlación de fuerzas, es decir, de los segmentos que se están estableciendo para construir Brasil, y que no toman lo que es posible para su propio beneficio, a menudo viviendo incluso fuera del país. Además, en democracia, es importante que los grupos sometan sus proyectos al escrutinio colectivo, que sólo es posible a través de los partidos políticos.

-IHU On-Line – ¿Cómo entender la formación del ejército brasileño a lo largo de la historia? Y, actualmente, ¿cómo articulan las academias la profesionalización y la educación en la educación militar?

Ana Penido – Sobre este aspecto más histórico, en mi tesis, enumeré algunas variables que conformarían lo que yo llamé “profesionalización a la brasileña”. Las transcribo aquí rápidamente, sin entrar en demasiada profundidad, recordando que se trata de una perspectiva temporal, que viene del siglo XIX.

  1. Fue una iniciativa militar y se enfrentó a la resistencia de los civiles;
  2. Fuerte retórica anticomunista;
  3. Fuerzas Armadas – Profesionales de las FFAA antes de otras burocracias estatales;
  4. Enfrentó una baja cultura política y falta de interés en la defensa;
  5. Adoptó un sistema escolar de internado;
  6. No tenía una élite civil con intereses nacionales;
  7. Sucedió junto con otras muchas intervenciones militares en la política;
  8. Sufrió una fuerte influencia externa, en orden de ocurrencia, siendo que las dos últimas ocurrieron en algún período de forma concomitante – Portugal (éramos una colonia), Alemania (antes de la guerra), Francia (después de la misión francesa), y los Estados Unidos;
  9. Se enfrentó a la polémica contenido versus forma, a reflexiones de positivismo -o, como algunos estudiosos lo llaman, a poner en lados opuestos “intelectuales” y “‘tarimbeiros’” (2);
  10. Funcionó como una fuerza modernizadora, incluida la base económica;
  11. Fuertemente basado en el personalismo;
  12. Formación para múltiples posibilidades de empleo externo e interno;
  13. Tenía un alto grado de autonomía, con los militares estableciendo sus propias directrices y sin participación civil;
  14. Bajo valor pedagógico;
  15. Vivió con un sentimiento conflictivo de inferioridad militar (orfandad) versus sentimiento de superioridad militar sobre los civiles (salvaguardia nacional).

Actualmente, hay que destacar que la educación es una dimensión del proceso de profesionalización, y los militares son muy cuidadosos con esta parte, ya que es la que garantiza su reproducción técnica y simbólica como corporación. Lo nuevo y lo viejo coexisten. Por ejemplo, se han modernizado mucho desde el punto de vista tecnológico, además de buscar ser reconocidos desde las reglas de la Coordinación para el Perfeccionamiento del Personal de la Educación Superior – Capas, pero quedan muchos puntos que históricamente he abordado, como una fuerte retórica anticomunista (hoy dirigida contra el Foro de São Paulo, los petistas u otro enemigo interno ocasional) y un sentimiento de superioridad en relación con el mundo civil.Brasil910 II

-IHU On-Line – ¿Cómo se lleva a cabo la formación política y las relaciones internacionales en las academias militares?

Ana Penido – Sé más por las enmiendas de las disciplinas, pero parecen tener las cuestiones teóricas tradicionales del área, con un enfoque en la formación y las instituciones del Estado en el caso de la disciplina de ciencias políticas y en las normas y organismos internacionales, incluyendo los derechos humanos, en el caso de la disciplina de las relaciones internacionales. También han ampliado el estudio de idiomas debido a la importancia que han adquirido las misiones de paz. Personalmente, a veces recordaba mis clases obligatorias de religión en la escuela secundaria, las cuales, independientemente de mi fe, me parecían poco aplicables en ese momento.

El tema aquí no está en el currículo explícito, sino en lo oculto, por así decirlo, en la formación en un sentido más amplio, y no sólo en la enseñanza de contenidos. Cuando miramos esta parte, queda claro que existe una visión tradicional de la geopolítica, que caracteriza el momento actual como una nueva guerra fría entre China y Estados Unidos, y la tarea brasileña de aliarse con su gran hermano de Occidente. De la misma manera, se percibe la perpetuación de la visión tutelar del Estado brasileño por parte de las FFAA, aunque es ponderable si esta visión es factible. Hay autores que piensan en el poder moderador, en una función tutelar, en un partido político militar o incluso en protagonistas no explícitos. En todas estas formulaciones, se señala cómo las fuerzas armadas brasileñas participan activamente en la política.

-IHU On-Line – ¿Qué concepto de democracia y ciudadanía surge de la ideología de los militares de hoy?

Ana Penido – Creo que puedo hablar mejor del concepto de democracia. Aunque esto está siempre presente en los discursos, es un concepto restringido de democracia, basado en sus aspectos formales, es decir, la celebración de elecciones, la organización de partidos, etc. Lamentablemente, este concepto de democracia limitada también está presente en la sociedad. El sentido amplio de la formulación de Rousseau trataba de la participación social como el corazón de la democracia, como un medio para el desarrollo de las potencialidades humanas, individual y colectivamente, luchando contra una visión elitista en la que sólo una parte de la sociedad está capacitada para decidir por todos. Desafortunadamente, esta visión es poco rescatada. Es necesario recordar que la democracia prevé el conflicto de ideas, manifestaciones públicas y otras cosas que, desde su punto de vista, generan inestabilidad y, en general, a los militares les gustan los escenarios lo más previsibles posible.

La visión de la ciudadanía, que sostiene esta democracia, es también elitista. La ciudadanía está determinada por el mérito, con la visión de que quienes alcancen los puestos más altos, por el mérito y por sus propios estudios, sean ciudadanos mejor preparados para el ejercicio de la ciudadanía, especialmente la ciudadanía política.

-IHU On-Line – Usted investigó la Academia Militar de Agujas Negras – Aman. ¿Qué fue lo que más te sorprendió en este trabajo? ¿Cómo, basándose en su experiencia, entiende usted los movimientos de los militares de hoy en día?

Ana Penido – Lo que más me sorprendió fue, como dije, la mezcla de lo nuevo con lo viejo, de lo moderno y lo científico con concepciones casi místicas, como la del anticomunismo. Creo que tanto la salida de muchos militares hacia el gobierno, como el más reciente intento de destituir a la institución militar del gobierno se pueden ver desde allí. En las escuelas se forman fuertes lazos de solidaridad, que se mantienen a lo largo de toda la vida, aunque el presidente haya abandonado el cuartel. Algunos de sus compañeros de clase se han convertido en sus subordinados en el gobierno. Esto es coherente con la idea de que la familia militar está por encima de todo.

Por otro lado, se habla mucho de la profesionalización en el Ejército, que comienza en Aman, y lo básico para ello es no tener una institución politizada, por lo que se ha intentado demostrar que es algo diferente al gobierno. Se consideran buenos profesionales y piensan que fueron mal utilizados por gobiernos anteriores. Sin embargo, tenemos que reflexionar, porque si Aman está formando buenos gestores públicos, tenemos un problema, porque lo que necesita para formar son buenos profesionales para la defensa nacional. Finalmente, y quizás lo más importante, se planta en la escuela y luego madura durante la carrera la idea de que son más responsables del destino de la nación, más patriotas, más nacionalistas, que el pueblo brasileño en general. Esta idea es incoherente cuando uno piensa en la guerra moderna, además de estar en la fuente de nuestros problemas de relación civil-militar.

-IHU On-Line – ¿Cómo evalúa esta propuesta de gestión civil/militar en las escuelas públicas? ¿Cuáles son los límites y potencialidades de este proyecto?

Ana Penido – Evalúo que el proyecto es en realidad una forma de que el presidente (Bolsonaro) hable con su propia base, sin resolver el tema de la educación, que ha sido mal evaluado y sufriendo recortes presupuestarios, no sólo a nivel universitario. En primer lugar, las escuelas militares a nivel de bachillerato, a las que va dirigido el proyecto, presentan mejores resultados que las escuelas comunes, porque tienen un valor invertido por alumno muy superior a la media de las escuelas públicas. La educación en las escuelas federales también recibe más recursos y tiene mejores resultados que la red militar, es decir, si se adoptara la idea de “escuelas modelo”, algo bastante discutible, el estándar a seguir serían las escuelas federales o las escuelas de aplicación de las universidades, casi extintas. Cabe señalar que incluso los salarios de los maestros son diferentes, lo que los hace más dispuestos a participar en actividades durante el año escolar.

Otro tema es el desvío de recursos del área de educación al área de defensa, lo que no resuelve el problema presupuestario de una u otra área. Un tercer punto es la previsión de contratación de soldados. En un país como el nuestro, con nuestras actuales tasas de desempleo, pensar en la posibilidad de que la gente acumule salarios es absurdo. El debate debería ser como crear frentes de empleo de emergencia para los que no tienen ninguno, y no conseguir un “extra” para los que mantienen la fidelidad política de los que ya tienen uno.

Un cuarto tema es la relación entre la escuela y la comunidad. A diferencia de las escuelas en general, el ejército tiene un público más homogéneo, proveniente de familias de militares, lo que también modifica la relación del padre (generalmente la madre) del estudiante con la escuela. Finalmente, quizás el más cruel, el proyecto vende una idea de moralizar las escuelas a través de la disciplina. Creo que debería ser obvio que un corte de pelo corto no es lo que “salvará a nuestra juventud de las drogas”, sea lo que sea que eso signifique.

-IHU On-Line – Durante parte del régimen militar, una de las señas de identidad del gobierno fue el nacionalismo y el proyecto de desarrollismo, en una apreciación del Estado. ¿Cómo aparecen -o desaparecen- estas dos marcas en el ejército actual?

Ana Penido – En este sentido, recomiendo que la gente lea la entrevista de Geisel publicada por CPDOC. Hay una visión clara de un modelo de desarrollo, especialmente cuando se observa la discusión sobre el petróleo. La idea del desarrollismo estaba ligada a la de la seguridad nacional, es decir, a la de poder, como país, aportar de forma autónoma los recursos más estratégicos para nuestra propia defensa, sin depender de elementos como los combustibles. Esa idea rara vez me parece que está presente. Hoy en día, la mayoría de los oficiales tienen afinidad por la lectura con la Fundación Getulio Vargas o Globonews, y por lo tanto han adoptado el neoliberalismo económico, como se pudo ver en el episodio de la venta de Embraer.

En relación con el nacionalismo, se trata de un debate muy complejo. Me parece que, muchas veces, se trata de un nacionalismo centrado en la cuestión del territorio y el dominio de las fronteras. Otras veces, me parece un nacionalismo declaratorio, sin sustancia. Esta cuestión merecería una investigación a fondo, pero un punto que plantearía es la formación guiada por la adopción de doctrinas y equipos de otros países. Para mí, es imposible pensar en el nacionalismo sin pensar en una inserción autónoma de nuestro país en el mundo, en la ciencia y la tecnología nacional, en el desarrollo autóctono. ¿Cuál es el punto, por ejemplo, de tener un submarino nuclear que hará que Shell sea seguro? El concepto de soberanía plantea un problema similar. Para resolver esto, tendríamos que avanzar muy colectivamente como pueblo, madurando nuestras raíces, y no buscando ser lo que otros son o peor, lo que ellos quieren que seamos.

-IHU On-Line – ¿Cómo afecta la experiencia de las fuerzas armadas brasileñas en Haití la formación y el desempeño del ejército brasileño? En su evaluación, ¿cuál es el balance de la participación brasileña en esta operación?

Ana Penido – La experiencia en Haití ha preparado a los militares para operar en entornos urbanos, con conflictos y pobreza. También se ha convertido en una fuente de prestigio y recursos para los individuos y para las FFAA. Fue la “posible guerra” para un país con el peso internacional de Brasil, que quería un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero que de hecho se convirtió en una fuente de prestigio y recursos para las FFAA y para los individuos. Es un escenario similar a las misiones de Garantía de la Ley y el Orden que tuvieron lugar en las comunidades de Río de Janeiro y en la más reciente intervención federal. Como ya ha señalado Villas Bôas, no ayudan, porque una vez que se desmovilizan los instrumentos de fuerza y coerción social, la situación vuelve a su gravedad.

De hecho, la cuestión más importante para mí a este respecto es que tenemos que entender que no todos los problemas se resuelven mediante la securización de las cuestiones y el uso de la fuerza. El ejército se utiliza aquí para combatir las drogas, los mosquitos, la pobreza y la sequía, es decir, una serie de cuestiones que no se resuelven por la fuerza, sino mediante políticas públicas como la salud, la seguridad, etc. Tal vez haya una discusión sobre los batallones de ingeniería, pero esa sería otra discusión. En general, ya sabían cómo actuar doctrinalmente contra el enemigo interno, y en este sentido Haití no tiene sentido teórico, aunque ofrece práctica. Por otro lado, aprendieron la importancia de los idiomas y crecieron en capacidad de interactuar con fuerzas de otros países.

-IHU On-Line – ¿Cuál es el perfil de los jóvenes que se incorporan a las fuerzas armadas? ¿Hasta qué punto se identifican estos jóvenes soldados con la ideología de los evangélicos, especialmente en relación con el gobierno de Bolsonaro?

Ana Penido – Hice este estudio más específico para el Ejército, pero el profesor Celso Castro también lo estaba haciendo para la Marina. No conozco ninguna investigación sobre aeronáutica. Como en el resto de la sociedad, ha habido una disminución en el número de cadetes católicos y un crecimiento en el número de cadetes evangélicos, que ahora son un tercio de los que se unen a Aman. Hay que tener en cuenta que una parte de estos resultados está relacionada con la representación del estado de Río de Janeiro (notoriamente evangélico) entre los cadetes que ingresan.

No sé cómo evaluar si la cuestión religiosa es la que más pesa en la identificación de los cadetes con el presidente. Creo que no, ya sea porque el presidente trabaja en el tema religioso mucho más como marketing político que como fe, o porque el ethos militar, un producto del espíritu del cuerpo, es más fuerte que el tema religioso, que a veces tiene orígenes familiares.

Pero esto da lugar a otro debate más serio. Nuestro eclecticismo religioso siempre ha significado que entre las hipótesis de conflicto dentro de Brasil y Brasil con otros estados, a diferencia de muchas naciones, las guerras religiosas no estaban en escena. Con la alineación automática de Brasil con Estados Unidos e incluso con Israel, combinada con el crecimiento de un neopentecostalismo más radical, incluso entre los militares, me pregunto si esta hipótesis ya no es tan descartable.

-IHU On-Line – ¿Llevar a los militares a las calles es una forma viable de combatir el crimen organizado? ¿Por qué?

Ana Penido – Es innegable la existencia de una crisis en el área de la seguridad pública, representada por los alarmantes datos de que sólo el 8% de los delitos cometidos son esclarecidos. Como en el caso de las fuerzas armadas, la influencia francesa y americana es notable. Tenemos dos policías, uno militar, inspirado por las fuerzas armadas, y el otro civil, con una base político-jurídica, y ambos tienen dificultades para entenderse, compartiendo una tradición de investigaciones basadas en pruebas de testigos y no en pruebas técnicas. Y la violencia “brasileña” es una mezcla de procedimientos arcaicos y modernos, es decir, métodos y equipos para investigaciones ultramodernas que a menudo se combinan con violaciones de los derechos humanos fundamentales, como la tortura.

Hay un fuerte sentimiento de ineficiencia, y parte de la población elige más violencia como forma de combatir la violencia, pero la crisis no se resuelve con la ecuación de más armas, más policía, más cárceles y más penas. En realidad, las respuestas a la izquierda (sólo con el cambio estructural de la desigualdad) y a la derecha (sólo con el endurecimiento penal) son insuficientes para resolver la violencia y la crisis de la seguridad pública.

Frente a este escenario, las fuerzas armadas, especialmente el ejército brasileño, se están empleando cada vez más en cuestiones de seguridad pública, aunque hoy en día la policía militar tiene un contingente tres veces mayor que las fuerzas armadas. Esta acción está prevista constitucionalmente, como un Instrumento de Garantía de la Ley y el Orden, aunque no necesariamente legítima. La policía y las fuerzas armadas pueden usar la fuerza, pero las corporaciones tienen (o deberían tener) objetivos, doctrinas, armas y educación absolutamente diferentes. En resumen, la policía debe preocuparse por los ciudadanos, mientras que las fuerzas armadas deben defender el país. La idea de un enemigo interno, combinada con la de una guerra contra el terrorismo, es explosiva y errónea.Brasil910 III

Es importante dejar claro que no emplear a las FFAA en los conflictos no significaría que se resolvería el problema de la violencia. Pero la entrada del ejército en el conflicto tampoco disminuye los índices de violencia (ni podría hacerlo), y hay varios efectos secundarios del proceso de “policiamiento” de las fuerzas armadas, a saber: la escala de importancia de las atribuciones de las fuerzas armadas que están siendo gradualmente desprofesionalizadas cambia; el Ejército se convierte en una fuerza auxiliar de la policía, los militares se emplean en el violento conflicto contra los compatriotas; las instituciones se debilitan y se vuelven más susceptibles a los discursos demagógicos; se producen reformulaciones doctrinales; los recursos previamente destinados a la defensa se re-asignan a la seguridad; crece la protección militar sobre el poder civil y el consecuente autoritarismo político; en resumen, un conjunto de cuestiones que ponen en riesgo la democracia y la soberanía brasileñas.

Sin embargo, es posible señalar tres cuestiones que mejorarían el desempeño de la policía, a saber: la inversión en la profesionalización, con una enseñanza acorde con las directrices de los derechos humanos; la mejora de la gestión, con un mayor control social; y la expansión del uso de la tecnología. También es posible discutir la necesidad de crear una guardia nacional, ya que la fuerza nacional de seguridad pública es institucionalmente frágil. Las fuerzas armadas son las principales responsables de la defensa de la nación contra las amenazas externas.

-IHU On-Line – ¿Qué piensas de los militares que forman parte del gobierno de Jair Bolsonaro? ¿Quiénes son ellos? ¿Qué papel desempeñan y cómo se llevó a cabo su formación?

Ana Penido – Repensé algunas cosas después de la renuncia del general Santos Cruz, por cierto, nuestro único soldado con experiencia en la guerra, y que no contaba con el apoyo de sus pares en el gobierno. Yo creía que habían entrado en masa con la idea de moralizar al gobierno y tutelar al presidente. Después de los primeros meses, vieron que ninguna de las dos cosas es posible. Los militares no son la fuerza principal del gobierno de Bolsonaro. Cuando es presionado, el presidente siempre se queda con la “familia”.

Creo que los que se quedaron, dispersos en varias funciones clave del gobierno, especialmente los de la reserva, son los que tienen afinidad ideológica con el gobierno, algunos incluso se han graduado juntos, aún durante el régimen militar, y no son sólo “técnicos que quieren prestar servicios a la nación”. Las ambiciones personales, ya sean políticas, de estatus o financieras, han ganado importancia. Y añadiría que el hecho de que haya tantos militares en el gobierno no ha hecho que el área de defensa sea valorada como una política pública.

-IHU On-Line – ¿Cómo entienden los militares de hoy la soberanía nacional basada en el caso del Amazonas? ¿Podemos afirmar que la agenda amazónica sigue siendo una de las pocas que trae unidad entre los militares y el resto del gobierno de Bolsonaro?

Ana Penido – No sé si es una de las pocas, pero es una agenda que trae unidad al gobierno, después de todo, nada mejor para traer unidad que un enemigo, y con los meses, el argumento “el PT es el culpable” está perdiendo fuerza, porque se esperan resultados. Además, la discusión parece la misma que hace décadas. Muchos hablan de la importancia de “poblar” la región, de integrar con obras de infraestructura (puentes, presas hidroeléctricas…), de la dureza de nuestra legislación ambiental, de la necesidad de desarrollarnos económicamente para combatir la delincuencia, de explotar, incluso los minerales de las tierras indígenas, de combatir a las ONG que practican la biopiratería y de hacer creer a los indios que pueden ser una nación, criticando la demarcación de las tierras indígenas en las zonas fronterizas, especialmente el corredor de la Triple A. Lo que es nuevo es la preocupación por la fragmentación interna de Venezuela; la expansión china a través de Guyana y Surinam; y el sínodo Vaticano.

Estoy de acuerdo con algunos elementos, no estoy de acuerdo con otros, pero, sobre todo, me parece triste ver que damos las mismas respuestas a las preguntas identificadas hace décadas, y algunas de esas respuestas han sido probadas y no han dado buenos resultados. El interés externo en la Amazonía es obvio. Pero a mi entender, debería servir, en primer lugar, para proporcionar una buena vida a las personas que viven en ella. Tengo un artículo sobre este tema en el que se pide la necesidad de mantener, como se dice en el interior, un ojo en el gato y el otro en la cumbuca(3).

-IHU On-Line – ¿Le gustaría añadir algo?

Ana Penido – Necesitamos delimitar y definir mejor en qué deben emplearse nuestras fuerzas armadas, lo que está relacionado con la gran estrategia brasileña. Sin claridad en las tareas, es difícil monitorear su desempeño, controlar el presupuesto, evitar la autonomía, percibir si las actividades intermedias han conducido a resultados concretos en las actividades finales, si la capacitación es adecuada, entre otros temas. En el mundo de hoy, la tendencia es especializarse en el trabajo, y no hacer un poquito de cosas.

Un segundo tema que creo que debe ser objeto de atención de todo el pueblo brasileño es la posibilidad de que las fuerzas armadas pierdan el monopolio de la violencia estatal, ya sea por las milicias organizadas (fuerzas paramilitares) o por el aumento del poder de fuego de la Policía Militar. En el caso de los primeros (por cierto, aparte de la preocupación del Ministro de Justicia Sérgio Moro), no está claro cuánta influencia tienen en el poder público, con la posibilidad de incluso haberse infiltrado en las fuerzas armadas. En el segundo caso, el crecimiento de la potencia de fuego de los equipos, el tamaño del personal, e incluso propuestas como la del gobernador de Río de Janeiro para crear la posición de general en la policía encienden un botón de advertencia. Para los que piensan que con las fuerzas armadas, con la jerarquía y la disciplina es malo, créanme, es mucho, mucho peor sin ellas.

Finalmente, la advertencia que todo politólogo hace sobre esta participación en el gobierno y las posibilidades de romper la jerarquía es apropiada. “Cuando la política entra por una puerta, la jerarquía sale por la otra”, y la historia militar de nuestro presidente lo demuestra.

Notas

1) Ernesto Geisel (1907-1996), general del Ejército, fue el cuarto presidente de la dictadura militar instaurada luego del golpe de Estado de 1964, ejerciendo el cargo entre 1974 y 1979. Bajo su gestión se inició una tenue “apertura democrática” vigilada estrictamente. A su retiro, mantuvo una fuerte influencia en las fuerzas armadas durante los años 1980; para las elecciones de 1985, dio apoyo político al candidato de la alianza opositora que luego triunfó, Tancredo Neves (1910-1985), quién falleció antes de asumir el cargo de presidente. (Redacción Correspondencia de Prensa]

2) Sinónimo de bravura en combate, heroísmo, beligerancia.  Era un término peyorativo muy utilizado tiempo atrás por los oficiales formados en academias militares. En la época del Segundo Imperio los tarimbeiros eran oficiales que llegaban hasta cargos de la jerarquía por bravura, y heroísmo en combate, pero no tenían el “refinamiento intelectual” de los altos oficiales de carrera. (Redacción Correspondencia de Prensa).

3) Método de management capitalista y de autoayuda que tiende a “obtener resultados concretos con baja inversión”, teorizado en particular por Vicente Falconi en un libro editado en 2009.