A l’encontre, 28-9-2019

Traducción de Ramón Sánchez Tabarés – Sin Permiso

Correspondencia de Prensa, 6-10-2019

Tradicionalmente, en la Feria Internacional de Tesalónica (FIT) [1], los gobiernos griegos presentan sus programas y perspectivas.

Este año, Kyriakos Mitsotakis [2] tuvo ese honor. El dirigente ultra liberal de Nueva Democracia gozaba por completo de la victoria política de su partido en las elecciones del 7 de julio de 2019. Nueva Democracia (ND), con el 39,8% de los votos, logró 158 diputados, alcanzando la mayoría de los 300 escaños del Parlamento y por tanto con la posibilidad de un gobierno monocolor (zafándose de la necesidad de coaligarse). Si bien la perspectiva de la derrota de SYRIZA y de Alexis Tsipras se había previsto mucho antes, el resultado era inimaginable hacía un año, cuando la mayoría de los analistas políticos habían previsto la victoria de Mitsotakis y de la derecha, no así una mayoría parlamentaria para ND. Esta cuestión se concretaba por el temor a una nueva etapa de inestabilidad política para el capitalismo griego, eventualmente derivada de las dificultades para formar un gobierno de coalición de ND con uno de los pequeños partidos, sobre todo con el Movimiento por el cambio -KINAL-, el pequeño partido (8,1%) de Fofi Gennimatas[3], supervivencia del PASOK de Andreas Papandreu, antaño todopoderoso y hoy hundido.

En las elecciones regionales  (26 de mayo y 2 de junio), igualmente ND ganó en 12 de las 13 regiones del país. La derecha es la ganadora inapelable de las contiendas electorales del fin del período de gobernación de SYRIZA. El acontecimiento fue acogido favorablemente por todas las fuerzas del sistema, que olvidaron rápidamente su escepticismo sobre las capacidades de dirección de Kyriakos Mitsotakis y la eficacia política de su partido. Recordemos que en los sondeos realizados durante el tumultuoso año de 2015, ND, en retroceso más moderado que el PASOK, había rozado el 14% de las intenciones de voto, manteniendo únicamente el núcleo duro de la derecha histórica. Pero hoy, todos los pilares del sistema saludan al unísono la “vuelta a la normalidad”. Un lector atento comprobará que lo que se aclama en la prensa burguesa “seria”, no es la derrota de Alexis Tsipras, -demostraremos más adelante que se esfuerza en mantener las perspectivas del grupo dirigente de SYRIZA-, sino sobre todo la derrota del gran movimiento obrero y popular de los años 2010-13, que llevó a la victoria política de SYRIZA en enero de 2015. Y en el proceso, al nacimiento de una fuerza popular que , en el referéndum del verano de 2015, reclamaba según el 62% de votos (por el NO) el fin inmediato de la austeridad y acabar con las contrarreformas neoliberales. La consigna presente de “vuelta a la normalidad” denuncia justamente la “locura” de una época en que las gentes del común había esperado poder ganar la batalla política.

El gobierno de derecha

Kyriakos Mitsotakis, cuando iba a acceder al gobierno, había empleado eslóganes duros y el lenguaje de una derecha revanchista. Trataba de transformar la derecha política previsible de SYRIZA, en una derrota estratégica del movimiento obrero y de la resistencia social, tratando de devaluar todas las ideas, los métodos e incluso los símbolos de las luchas populares. Altos responsables de ND, como los actuales ministros Adonis Georgiades y Makis Voridis, salidos del ala extremo-derecha del partido, habían anunciado públicamente el objetivo de un dominio político de la derecha de la misma amplitud que el instalado en Grecia después de la guerra civil de 1944-49.

Durante los dos primeros meses del gobierno Mitsotakis, se lanzaron señales alarmantes. La policía, dirigida por el antiguo socialdemócrata Machali Chrisochoïdis, amigo de los servicios norteamericanos y muy bien calificado bajo el gobierno del PASOK por su contribución a la “lucha anti terrorista”, atacó y desmanteló las “ocupaciones” de los refugiados. Después, declaró la guerra para “aplicar el orden y la ley” en el barrio de Exarchia (en Atenas), lugar simbólico del activismo anarquista, la extrema izquierda y los movimientos juveniles. La ministra ultra-liberal de educación, Niki Kerameos, inauguró su mandato suprimiendo el “asilo”, la inviolabilidad de los recintos universitarios por la policía, una conquista del movimiento estudiantil contra la dictadura de los coroneles que ningún gobierno hasta ahora había osado conculcar. Cuadros dirigentes de ND y representantes del gobierno hablan de los refugiados y migrantes de manera totalmente insultante (desechos humanos) legitimando así acciones racistas. La Iglesia ortodoxa griega ha creado oficialmente una jornada de “duelo” por los “niños no nacidos”, inaugurando el rechazo al derecho al aborto legal y gratuito.

La lucha contra la represión, el racismo y la contraofensiva ideológica conservadora de la derecha supondrá una primera prueba para el movimiento popular, cuyo resultado se verá en los combates de este otoño.

Sin embargo, la historia de la lucha de clases en Grecia muestra que la represión por sí sola, no ha bastado nunca para asegurar la duración de un gobierno. El mejor ejemplo de ello es el del gobierno de Andantinos Mitsotakis cuando lanzó la ofensiva neoliberal de 1989 con el apoyo incondicional de todas las fuerzas del sistema, y fue finalmente derribado en 1993, a consecuencia del gran movimiento contra las privatizaciones y donde las ocupaciones o enfrentamientos dinámicos en Atenas, no solo estaban apoyados por la extrema izquierda o los anarquistas, sino también por los trabajadores bancarios, del transporte y de telecomunicaciones.

Kyriakos Mitsotakis, en la FIT de este año, se ha mostrado consciente  de los peligros a que ha de enfrentarse a medio plazo. Para sorpresa de la mayoría de los analistas de prensa, ¡ha empleado un lenguaje “centrista”! dejando así espacio para negociaciones políticas y, si fuese necesario, “consensos más amplios”. Está claro que el mensaje se dirigía tanto al KINAL (movimiento para el cambio) de Fofi Gennimatas, como a SYRIZA de Alexis Tsipras.

En el núcleo de esta opción hay el temor ante evoluciones futuras. Todo el mundo es consciente  de que el acuerdo de agosto de 2018, entre Tsipras y los acreedores de Grecia, el de una falsa “salida de los memorándums”, se basa en el escenario más optimista de la economía internacional. Preguntado en Tesalónica por las consecuencias de una recesión económica internacional, el ultra liberal Kyriakos Mitsotakis apartó de sus conjeturas tal eventualidad y hizo votos por…un viraje neokeynesiano de la UE, recordando a título de ejemplo la necesidad de moderar las medidas de austeridad de Alemania.

Desde luego, tras tales dudas, tras el lenguaje sosegado de búsqueda de un consenso, se perfilan todas las opciones inflexibles que la clase capitalista exige en estos momentos a Grecia:

– Mitsotakis ha anunciado la abolición inmediata de todas las restricciones en el ámbito de protección del entorno y de ordenación del territorio que podrían molestar a los inversores, incluso las obligaciones mínimas en términos de salud y seguridad de los trabajadores para cualquier empresa nueva. En el terreno de este haz de medidas, hay que señalar la “flexibilización” de los Convenios colectivos que permitan pagar a los trabajadores cualificados, en algunas regiones y sectores, el salario mínimo legal (650 Euros al mes) en vez del salario de convenio acordado para esas categorías.

– Anuncio de una aceleración rápida de las privatizaciones, comenzando por la conclusión de la venta mediante subasta de un enorme terreno costero, en Elliniko, en Ática ll al grupo inmobiliario privado Latsis (la Fundación Latsis internacional tiene su sede en Ginebra); el atraco del aeropuerto de Atenas; la privatización de la sociedad pública Greek Petroleum, que controla una de las mayores refinerías del Mediterráneo; la privatización de la Compañía pública de gas natural. Y aún más, y esto no es un secreto para nadie, el proyecto de privatización de la gran sociedad pública de electricidad ya está en preparación, lo que ningún gobierno se había atrevido a hacer hasta ahora.

– En la cuestión escabrosa de la fiscalidad, Mitsotakis ha anunciado una reducción inmediata del impuesto sobre los beneficios empresariales, del 28% actual al 24% para el año corriente, y del 20% en 2020, así como de los dividendos del 10 al 5%. Es un regalo importante para los capitalistas, al mismo tiempo que las reducciones impositivas para los ciudadanos del común serán despreciables. Mitsotakis ha anunciado reducciones de los tipos impositivos de particulares de los 10.000 primeros euros de ingresos, ¡de los que 8.648 ya están exentos! Los tipos del IVA, el impuesto que grava el consumo popular, quedan sin cambios hasta el fin del período de cuatro años de su mandato.

En cuestión de la imposición inmobiliaria específica, llamada ENFIA, que grava fuertemente las cargas sobre la vivienda, es en donde ND quiere basar su alianza con la clase media. La reducción progresiva de la tasa ENFIA, el objetivo de reducirla finalmente al 30% de promedio, beneficiará a los propietarios a los propietarios de un valor elevado, en tanto que esta medida solo supondrá migajas para un gran número de hogares populares que habrán de enfrentarse al alza de precios de la electricidad.

– Finalmente, en lo que atañe a la cuestión crítica de la renegociación de los “excedentes presupuestarios” demasiado elevados, que estaban fijados anualmente en el 3,5% del PIB, acordados por Tsipras con los acreedores para el reembolso de la deuda pública. Mitsotakis se ha preocupado en volver a sus compromisos preelectorales. Ha pospuesto tratar la cuestión en un futuro indefinido, subrayando que tenía intención de ponerlo sobre la mesa solo después de un acuerdo con los acreedores y esperando que en este asunto contará con el apoyo…de Christine Lagarde, nueva jefa del BCE.

Sin sorpresas, tal programa fue muy bien acogido por la clase capitalista. La prensa hizo el diagnóstico de una salida razonada, exenta de las contradicciones ideológicas a las que estaba sometido Tsipras.

No obstante, tales comentarios no traslucen entusiasmo ni tampoco un optimismo respecto a una eventual “llegada del crecimiento”. Al día siguiente de los anuncios de la FIT, el diario To Vima, propiedad del oligarca, V. Marinakis (amigo de Mitsotakis) publicó un largo artículo de Nikos Christodoulakis, antiguo ministro de Finanzas del anterior gobierno social-liberal de Kostas Simitis (1996-2004), y que ya había ocupado carteras ministeriales desde 1981. El antiguo “zar” de la economía griega señaló que las “llagas” actuales de la economía griega no se tratan: la desinversión masiva, el muy elevado porcentaje de desempleo real, el significativo descenso de la demanda interior. En tales condiciones, escribe, únicamente un programa de inversión pública masiva sería susceptible de reforzar la marcha del país hacia el “crecimiento”. En cambio, esto queda excluido en tanto el objetivo “insensato” de excedentes presupuestarios en la cifra del 3,5%, determine la política fiscal y presupuestaria. Por otro lado, Nikos Christodoulakis, se burla del “optimismo” de Mitsotakis, subrayando que las únicas inversiones en las que estaría al día son proyectos  de producción de medicamentos opiáceos en Grecia (ahora que el sector está en crisis en Estados Unidos), así como algunos proyectos de “valorización” turística desenfrenada de las costas griegas, amenazando con destruir el último “valor” no comprometido aún por la crisis griega. Nikos Christodoulakis aun sugiere otra eventualidad nefasta: que la reducción del impuesto de capitales, asociada con menores controles de capital, pueda llevar a un nuevo ciclo de huida de capitales al exterior y no al aumento de las inversiones privadas. Desde su punto de vista, que no es el de la clase obrera, el social-liberal  Nikos Christodoulakis tiene opiniones más pertinentes que las de quienes aplauden a Mitsotakis.

La crisis e inestabilidad del capitalismo no han terminado. El destino del gobierno Mitsotakis se escribirá a tenor de la resistencia obrera y popular (un factor que nadie puede subestimar en Gracia), pero también por los desarrollos económicos internacionales y sus consecuencias sobre una economía local que todavía está gravemente enferma.

SYRIZA

Tan sorprendente como fue el acceso de ND a una mayoría parlamentaria suficiente, también lo fue que SYRIZA hubiese logrado el 31% de los sufragios.

El origen de este resultado hay que buscarlo en la gran rechazo a ND, de una gran parte de los trabajadores y de la población empobrecida, y en concreto por la familia Mitsotakis. En la época del poder del PASOK, su dirigente Andreas Papandreu empleaba el eslogan: “El pueblo no olvida lo que significa la derecha” para reforzar y perpetuar su hegemonía política. Si este eslogan contiene demagogia y confusión, traduce no obstante un experiencia histórica: los límites en el seno de la población griega, trazados durante el siglo pasado por dos largas dictaduras y una guerra civil.

Mucha personas pertenecientes incluso a los sectores del espacio radical politizado que no tienen nada que ver con el partido de Alexis Tsipras, votaron por SYRIZA, “tapándose la nariz” para oponerse a Mitsotakis. Pero aunque esto explica el mantenimiento de las fuerzas electorales de SYRIZA, eso no dice nada en absoluto respecto a sus perspectivas políticas. Pues la política actual de Mitsotakis sigue los surcos trazados por Tsipras, a saber, la imposición del tercer memorándum.

Bajo el gobierno de SYRIZA, la vida de los trabajadores y de las capas populares, no solo no mejoró, sino que empeoró como resultado del tercer memorándum. La parte de los asalariados y jubilados como porcentaje del PIB ha disminuido, contrariamente a la parte de los beneficios del capital; el salario real medio de la clase obrera ha disminuido pese al aumento del salario mínimo; y las remuneraciones de una parte creciente de los asalariados, tienden al salario mínimo y durante períodos más largos de su vida activa. El descenso del desempleo es un artificio, las estadísticas no incluyen a las centenas de miles de jóvenes forzados a emigrar y nada dice sobre el enorme aumento de los empleos precarios. Las privatizaciones se han “legitimado” como inevitables y por primera vez se han extendido a los llamados sectores estratégicos (puertos, aeropuertos, grandes infraestructuras públicas) evitadas hasta entonces en gran parte. El empleo en el sector público se ha reducido y precarizado, con todas las consecuencias dramáticas para el funcionamiento de las escuelas y hospitales públicos. La ley Georges Katrougalos [4]  ha sentado las bases para la privatización completa del sistema público de seguros.

Durante la administración Trump, ¡el gobierno de Tsipras ha sido el más pro americano de los gobiernos griegos desde la caída de los coroneles! Ha ampliado la nueva estrategia nacionalista griega en el Mediterráneo oriental; el “eje estratégico” con Israel y la dictadura egipcia; la revalorización técnica y estratégica de las bases militares norteamericanas en Grecia, y el despliegue de nuevos proyectos de armamento siguiendo los deseos del militarismo griego.

Las iniciativas del gobierno Tsipras abrieron la vía a Mitsotakis. Desalentando y frustrando masivamente a las fuerzas obreras y populares, esta política ha cerrado eficazmente la ventana a la esperanza histórica abierta en 2015, sin calcular que esto llevaría a una nueva victoria de la derecha. La derrota política del 7 de julio de 2019, es la continuidad de la del verano de 2015.

Grecia610 II
Alexis Tsipras

Todos estos elementos, más allá de su valor de interpretación de las causas que nos han llevado a la situación actual, determinan también los límites de la futura “oposición” política de Tsipras frente a la derecha. Las declaraciones de SYRIZA, realizadas inmediatamente después de los anuncios gubernamentales de la FIT, fueron un monumento de vergüenza política: SYRIZA acusó a Mitsotakis de ¡aprovechar los resultados positivos de la política de Tsipras y de “emplear los logros” de la era SYRIZA! ¿Cómo criticar la política de los “excedentes presupuestarios” que fueron posibles gracias a la firma de SYRIZA? ¿Cómo criticar la rebaja de impuestos al capital cuando fue el gobierno de Tsipras quien la inició? ¿Cómo dudar de la flexibilización de los contratos de trabajo que él mismo instituyó? ¿Cómo oponerse a las privatizaciones?

El proyecto político de Tsipras es el de conservar las fuerzas electorales esperando el desgaste político de Mitsotakis. En esta especulación se apoya el inicio del viraje social-liberal anunciado con el proyecto de una “Alianza progresista”.

El 26 de setiembre, Tsipras describió los rasgos de una nueva SYRIZA

Desde su próximo congreso, Syriza será un partido “nuevo”. Desde ahora, Alexis Tsipras habla de e-SYRIZA, el partido electrónico, señalando las bases para la construcción del nuevo  polo de bipartidismo, una alternativa del tipo “traje a medida” a Kyriakos Mitsotakis, que tiene como modelos ideológicos a Macron y Renzi.

En tal contexto, cualquier voz en el interior de SYRIZA, que se reclame “a la izquierda del grupo Tsipras” está abocada a una humillante derrota y marginación. El mecanismo de comunicación de Tsipras ataca ya públicamente a Panos Skourletis (secretario del partido), Nikos Voutsis (antiguo presidente del Parlamento), Nikolao Filis (antiguo Ministro de educación, dimitido de sus funciones a petición de la Iglesia) e incluso en ocasiones Euclide Tsakalotos (Ministro de Finanzas firmante del memorándum), presentado como una “tendencia de izquierda”. Pero todas estas personas no pertenecen a la izquierda radical, pues todos los militantes de esta corriente, de cualquier matiz, han dejado SYRIZA durante el otoño de 2015. Las personas que quedan en el interior son veteranos del movimiento euro comunista y partidarios de un reformismo “europeísta”, algunos de ellos molestos en dejarse aplastar dentro de una mutación plenamente socialdemócrata, en la época de la sumisión de la socialdemocracia al neoliberalismo. Los ataques contra estos “disidentes” se reproducen sin rebozo en los medios burgueses, lo que demuestra que el proyecto para un SYRIZA “nuevo, más abierto y ampliado” impuesto por el grupo Tsipras es apoyado por varias fuerzas del sistema neoliberal. Estas fuerzas le reconocen a Tsipras sus servicios, la instauración de la “paz social” y la imposición del tercer memorándum. También son conscientes de que Mitsotakis podría tener un revés político y entonces, sería útil un “consenso más amplio” para la estabilidad del sistema.

El reto está en las perspectivas de un nuevo “sistema bipartito” en vías de construcción. La ND de Mitsotakis implica siempre rechazo de un gran número de trabajadores y personas pobres (como prueban los resultados de las elecciones del 7 de julio en algunos barrios obreros), la nueva SYRIZA de Alexis Tsipras aún está lejos de la estabilidad y la determinación del viejo PASOK de Papandreu y de Simitis. Además, el capitalismo griego aún es débil y contempla con angustia la perspectiva de una nueva crisis internacional.

En tal contexto y con tales contradicciones están las pruebas a afrontar en un futuro cercano por las fuerzas de la izquierda radical para la necesaria reconstrucción.

La izquierda más allá de SYRIZA

Los desarrollos actuales sólo pueden tomar una dirección partiendo del fracaso de la izquierda “más allá de SYRIZA”.

Hay un hecho, grabado en los resultados de las elecciones de 7 de julio, de que la izquierda radical, en todas sus versiones, no está preparada para construir una alternativa creíble y aglutinadora frente a la deriva neoliberal austericida de SYRIZA y a la amenaza de la vuelta de la derecha.

Podemos encontrar justificaciones. Las condiciones sociales objetivas se han vuelto en concreto difíciles, dejando menos espacio para la acción política de los trabajadores y jóvenes. La frustración vinculada a la derrota de 2015 ha jugado un papel paralizante. Una vez más en la historia, los efectos paralizantes de la derrota han tenido un impacto negativo mayor sobre aquellos que se han alzado contra la orientación que ha producido la derrota, y que habían avisado contra tal deriva.

Pero el debate sobre las circunstancias atenuantes no tiene auténtica importancia. Hay que volverse hacia los problemas políticos que se perfilan, pues sólo orientando el debate en esa dirección será posible la reconstrucción.

Las elecciones del 7 de julio fueron para el KKE (Partido Comunista de Grecia) una extraña oportunidad política. Cientos de miles de personas estaban preparadas voluntariamente para abandonar SYRIZA. Por contra, a su izquierda no había una amenaza seria, sino que cientos de militantes de sensibilidades diferentes habían completado sus listas de candidatos. El resultado (5,3%) no respondió a las expectativas, a pesar de 10 años de crisis y de grandes luchas sociales. La obstinación en el inmovilismo revela el conservadurismo de su línea política: huida de cualquier iniciativa política justificándolo por condiciones todavía poco “maduras” y el sectarismo en sus métodos de acción; abandonando cualquier forma de unidad tanto en el movimiento como a escala de la izquierda política. Por primera vez desde hace años, las divergencias en el seno del KKE afloran en el debate público. Entre quienes insisten en la “resiliencia” del partido y aquellos que comienzan a poyar ciertas “aperturas” con la finalidad de reivindicar una influencia más amplia para el partido.

ANTARSYA, que había rechazado por segunda vez, después de las elecciones de 2015,  propuestas de cooperación política y electoral con la Unidad Popular (LAE) se hundió estrepitosamente obteniendo solo el 0,41% de votos. Dentro de esta coalición, las tendencias centrífugas aumentaron. Va a ser complicado evitar la divergencia entre quienes insisten en el carácter “frontal” de ANTARSYA, sobre todo el Partido socialista obrero (SEK), y quienes tratan una vía hacia “un nuevo Partido comunista”, sobre todo la Corriente de Nueva Izquierda (NAR), máxime si consideramos los conflictos y divisiones aparecidas a escala local y regional.

Unión Popular (LAE) ha sufrido una derrota aplastante , alcanzando únicamente el 0,28% de los votos en las elecciones nacionales, después del 0,6% logrado en las europeas. Es el final de un recorrido y de un proyecto inaugurado en 2015 por la escisión de SYRIZA y el surgimiento de la “plataforma de izquierda”. La componente interna más importante de LAE (la corriente de izquierda dirigida por Panagiotis Lafazanis, acosada por las dificultades políticas del período 2015-2019, ha vuelto a las tradiciones “frente-populistas” y a una visión centralista de los problemas organizativos y políticos con la personalidad del líder como eje central. Una visión heredada de los años de su constitución primigenia dentro del KKE. El problema esencial del “frente-populismo” en la actual coyuntura griega es su aproximación “amistosa” al nacionalismo griego integrado en una estrategia de supuesta lucha por “la independencia nacional”. Tal línea política ha fracasado. Fue condenada simultáneamente por la mayoría de quienes siguieron a LAE en 2015, y también  por quienes buscaban una alternativa después de su desencanto con SYRIZA.

Este fracaso general crea en todos los casos condiciones nuevas. La reconstrucción de la izquierda radical implica ante todo una relación nueva con los movimientos de resistencia social, en los lugares de trabajo, en el movimiento antifascista-anti racista, en el movimiento feminista, en las acciones contra el extractivismo y la amenaza de la crisis climática; así como, en la movilización contra la represión, etc. La reconstrucción consiste en reunir fuerzas en torno a un marco político radicalmente de izquierdas, y al mismo tiempo de unidad concreta, incisiva… En tal sentido la reconstrucción se vincula al reforzamiento de una visión unitaria de acción y funcionamiento. Esta visión parece aceptarse por un amplio sector de militantes. Una tendencia que se ha expresado por las organizaciones radicales de izquierda que, hace algunas semanas, han expresado públicamente sus intenciones, en un texto común firmado por DEA (Izquierda obrera internacionalista), ARAN (Reconstrucción de la izquierda, “Confrontación”, “Encuentro” [5]

La reconstrucción de la izquierda radical en Grecia necesitará tiempo y precisará de esfuerzos conscientes y organizados; pero se trata de un asunto que comporta auténticos recursos militantes (quizás más importantes que en otros países de Europa), un potencial que ha acumulado una experiencia preciosa durante los últimos años.

Esto nos permite esperar que, en un próximo futuro, podamos enviar mensajes optimistas a nuestros camaradas a escala internacional.

– Antonis Davanellos, periodista, sindicalista y miembro de Izquierda Obrera Internacionalista (DEA), organización que rompió con Syriza tras la firma del tercer memorándum para constituir la coalición Unidad Popular (LAE).

Notas

[1]  Es un foro de empresarios, políticos e invitados internacionales organizado cada mes de setiembre en Tesalónica sobre desarrollo económico, político y geopolítico.

[2]  La familia Mitsotakis es una de las grandes «familias» políticas en Grecia. Konstantinos Mitsotakis, el  padre del Primer ministro actual, era miembro de la Unión del Centro, al que había abandonado en 1965 para unirse a las intrigas políticas del rey. Según el PASOK, esta “traición” preparaba la imposición de la dictadura en 1967. Después de 1977, Mitsotakis volvió a la derecha y se convirtió en jefe del ala neoliberal de ND. Kyriakos Mitsotakis era un cuadro de tipo medio en los gobiernos de derecha. Se convirtió en jefe de ND en 2015, cuando la victoria de SYRIZA supuso la expulsión de la extrema derecha de Antonis Samaras y del ala de la “derecha popular» de Kostas Karamanlis.

[3] Hija de Yorgos Gennimatas, cuadro histórico del PASOK. Está hoy a la cabeza de un pequeño partido socialdemócrata inestable, el KINAL – Movimiento para el cambio – que representa la continuación del PASOK aunque se le considera ampliamente como un partido “en transición”. Una mayoría de la antigua dirección del PASOK ya se ha pasado a SYRIZA, una minoría de antiguos ministros se han unido a ND.

[4]  Georgios Katrougalos, antiguo dirigente del KKE, fue ministro de Trabajo con SYRIZA. Instigador de una ley profundamente neoliberal sobre las jubilaciones. Después de la protesta general, pasó a ser viceministro de Asuntos Exteriores. Hoy forma parte del círculo de dirigentes en torno a Tsipras.

[5]  DEA y ARAN actuaron en LAE. «Confrontación» viene de ANTARSYA. Se trata principalmente del ala juvenil de una escisión anticapitalista proveniente de NAR. «Encuentro» se compone de militantes de la izquierda radical que dejaron SYRIZA en 2015 y que nunca formaron parte de LAE.