Eoghan Gilmartin/Tommy Greene

Jacobin, 20-9-2019

Traducción de Viento Sur

Correspondencia de Prensa, 27-9-2019

Cincuenta años después del despliegue de las tropas británicas en las calles de Irlanda del Norte, el proceso de paz vuelve a estar en peligro. La agitación que rodea al Brexit ha aumentado las esperanzas de la unidad irlandesa, pero también corre el riesgo de un nuevo descenso a la violencia.

Una vez más, la crisis sobre el Brexit ha catapultado a Irlanda del Norte a los titulares de prensa. País de la única frontera terrestre del Reino Unido con la Unión Europea (UE), la necesidad de evitar los controles aduaneros de las mercancías que ingresan al resto de Irlanda ha sido un elemento clave en la agenda de negociaciones del Brexit con la UE, y el mayor obstáculo en los esfuerzos del Reino Unido para salir del bloque [europeo].

Esta dificultad también ha aumentado la influencia del ultraconservador Partido Democrático Unionista (DUP) de Irlanda del Norte en Westminster. El DUP, clave para apuntalar a los gobiernos conservadores desde 2017, se opone radicalmente a los controles aduaneros de los barcos que cruzan el Mar de Irlanda, la alternativa obvia a una dura frontera interior “irlandesa”. Si bien en las últimas semanas se ha hablado de que el DUP modera su posición, continúa atando las manos al gobierno.

Sin embargo, aun cuando el DUP ocupe un lugar central en Londres, las instituciones delegadas de Irlanda del Norte y el proceso de paz que comenzó con el Acuerdo del Viernes Santo de 1998 siguen en crisis. Pocos meses después de la votación del Brexit, se rompió el acuerdo de poder compartido entre comunidades, debido a que el DUP y el Sinn Féin se mostraron incapaces de formar un nuevo gobierno. Esto ha provocado un enfrentamiento de casi 1.000 días, en los que Irlanda del Norte no dispone de Ejecutivo.

Estas instituciones de poder compartido (conocidas como la Asamblea Stormont de Belfast) se crearon en 1998 como parte del esfuerzo para poner fin a los disturbios: tres décadas de violencia en las que murieron más de 3.500 personas. Algunos advierten que una frontera dura en Irlanda después del Brexit podría dar lugar a nuevos enfrentamientos.

Los disturbios dejaron una herida aún abierta en Irlanda. Ocurrieron a finales de la década de 1960, después de una campaña previa a favor de los derechos civiles inspirada en la lucha de comunidad afroamericana en Estados Unidos. El movimiento exigía una asignación no sectaria de viviendas y poner fin al fraude electoral así como el acceso justo de los católicos al empleo en el territorio dominado por los protestantes.

Eamonn McCann fue uno de los líderes clave en derechos civiles de aquellos años. Junto a figuras como Bernadette McAliskey Devlin, dirigió el movimiento que “generó la chispa que condujo a la conflagración”. Desde aquellos excitantes días McCann ha seguido siendo una figura clave en la política del Norte de Irlanda y en la izquierda irlandesa en general. Periodista y activista, McCann fue elegido miembro de la Asamblea de Stormont en 2016. En las elecciones municipales del Reino Unido en mayo, fue elegido concejal en Derry Foyle.

-E.G.: Parece que el Reino Unido se dirige hacia unas elecciones generales en noviembre, con la posibilidad de un Brexit sin acuerdo suspendida en el aire. ¿Qué significaría un no acuerdo para Irlanda del Norte?

E.M.: Bueno, un posible no acuerdo significa una frontera dura en la isla de Irlanda. Si tienes un sistema regulador diferente y se imponen aranceles al comercio entre el Reino Unido y la UE, necesitarás algún tipo de puesto fronterizo para controlar el tráfico y el flujo de mercancías en la frontera.

Ahora bien, si estableces puestos fronterizos, la gente disparará contra ellos, por supuesto. Las personas que dispararán contra ellos no representarán a una mayoría aquí en Derry o en cualquier otro lugar, pero ¿a cuánta gente se necesita para organizar y llevar a cabo una emboscada? Tal vez cuatro o cinco personas. Y una vez que se dispare a estas instalaciones, tendrán que ser defendidas por soldados, etc. La única alternativa sería un movimiento de masas que literalmente derribe los puestos fronterizos con sus propias manos.

Para nosotros, aquí en Derry, la frontera no es algo abstracto. Desde donde estamos sentados, está a solo tres o cuatro millas de distancia. Si viajas al norte o al oeste, estarás en la República de Irlanda en cuestión de minutos. Y en caso de un Brexit sin acuerdo se han tomado muy pocas medidas al respecto. Se ha informado que traerán a 4.000 policías de Inglaterra, Escocia y Gales para patrullar la frontera. Una mierda. ¿Cuánto les van a pagar por abandonar sus hogares y defender la frontera?

No hay soluciones técnicas para esto. No se puede imponer una frontera estable.

 

-E. G.: ¿Piensas que el Brexit sin acuerdo hará de la unificación de Irlanda una perspectiva más realista? Últimamente ha vuelto a ser incluida en la agenda política gracias al Brexit, con el Sinn Féin exigiendo un referéndum sobre el tema; incluso miembros del gobierno conservador irlandés en el Sur se ven presionados para discutir esa posibilidad.

No lo sé; si surge la oportunidad de un referéndum sobre la unidad irlandesa, el Sinn Féin la aprovechará. Pero si piensan jugar esa carta, creo que se equivocan. Nadie sabe cómo se desarrollará el Brexit y, dada la creciente respetabilidad de Sinn Féin como partido de gobierno, no está claro cuánto arriesgarán presionando en esta dirección.

Además, dado que el Acuerdo del Viernes Santo establece el principio del consenso [mayoritario] 1/ sobre la posición constitucional del Norte, podríamos ver a los unionistas exigir que para ganar el referéndum no sea suficiente con una mayoría simple, sino que precise también de una mayoría de votos unionistas. Esto daría una capacidad de veto sobre la reunificación a cerca del 25 por ciento de la población.

Pero, en cualquier caso, creo que habría que verlo en un marco a diez años para cualquier posible reunificación y esto requeriría el voto de los “treinta y dos condados”: un referéndum en toda la isla de Irlanda. El papel de la izquierda aquí sería insistir en el contenido social en este debate, introduciéndolo a la agenda. Sin esto, la reunificación sería un objetivo bastante vacío.

Si te fijas en Derry en estos momentos y preguntas sobre el mayor problema que nos afecta, para la mitad de la población sería la reforma del bienestar, de las brutales medidas de austeridad impuestas bajo el gobierno conservador [británico]. Luego también tienes la estricta ley del aborto de Irlanda del Norte (contra la libre opción), el nivel de pobreza de esta ciudad [Derry cuenta con la tasa de pobreza infantil más alta que cualquier otra jurisdicción del Reino Unido], así como las preocupaciones medioambientales. Todo esto ha quedado aparcado de una agenda política obsesionada con el Brexit y los problemas constitucionales. Creo que debería ser al revés: tanto si nos quedemos en Europa como si nos vamos, o si logramos la unidad de Irlanda o no, tenemos que afianzar toda una serie de protecciones sociales y ambientales.

 

-T.G.: La crisis política de Irlanda del Norte no comenzó con el Brexit, aunque lo ha intensificado. ¿Puede explicar cómo ha pasado Irlanda del Norte del Acuerdo del Viernes Santo en 1998 a un punto en que el disfuncionamiento de los acuerdos institucionales ha conducido a un período de casi tres años (récord mundial) sin gobierno?

El día que se firmó el Acuerdo del Viernes Santo, me entrevistaron en el programa Newsnight de la BBC y algunas de las cosas que dije resultaron estar muy equivocadas. Sin embargo, una cosa que nos gustó a mi y a otros es lo que dijo Bernadette McAliskey Devlin [líder del movimiento por los derechos civiles] y que creo que está justificada; que el Acuerdo estaba “preprogramado para un bloqueo”. Pudimos comprobarlo al de pocas horas después de la firma del documento. Si lees el texto, fundamentalmente lo que hace es dividir a toda la población en un Campo naranja y un Campo verde [es decir, unionistas protestantes y nacionalistas católicos] y luego diseña una estructura que permita a los dos campos vivir más o menos pacíficamente uno al lado del otro, pero nunca para llegar a ser uno solo. La idea de convertirse en un único campo no está presente en el Acuerdo de Belfast.

Si te fijas en la Sección Dos del Acuerdo, establece que cualquier electo que se registre para votar en el parlamento de Irlanda del Norte tiene que definirse a sí mismo como nacionalista, unionista u otro. Se necesita una mayoría dentro de cada campo para detener cualquier propuesta o medida legislativa que pueda considerarse perjudicial para cualquiera de las dos comunidades.

El texto en sí fue redactado principalmente por funcionarios de Londres y Dublín, con cierto grado de supervisión. Esta claro que nunca se les ocurrió que podría haber una situación en la que estos otros pudieran ser un bloque tan grande como el unionista o el nacionalista. Todo el acuerdo se basó en la continuidad de esta idea de una sociedad dividida, dividida por la historia y la ideología sectaria.

Recuerdo haber discutido en la calle en ese momento con el entonces líder del Partido Socialdemócrata del Trabajo (SDLP), Mark Durkan. Discutimos sobre estos puntos durante un buen rato y finalmente aceptó que el Acuerdo podría producir los efectos que le estaba mencionando. Pero su contraargumento fue que estas estructuras y acuerdos eran “políticamente biodegradables”. Durkan sostuvo que a medida que la gente trabaje junta y se vaya conociendo, las estructuras y acuerdos se irían marchitando. Bueno, casi nada de esto ha ocurrido, ¿no?

Existen, si te parece bien, dos almas en Irlanda del Norte. Ahora, cuando hablas, un número creciente de gente dice que ya no quieren identificarse con la guerra cultural naranja y verde y que quiere estar por encima de todo eso. Cada vez es más popular decirlo y ¡así es como gano votos! Es así, predicando este mensaje, como he sido elegido dos veces en los últimos años.

Pero no vamos a predicar a la gente la solidaridad de clase, y la gente de la agenda de la paz, en gran parte no politizada, no va a terminar con el sectarismo en Irlanda del Norte, ¡son demasiado moderados y amables! Eso tiene que llegar a partir del movimiento obrero y del movimiento por los derechos. Como digo, existen estas dos tradiciones compensadas en Irlanda del Norte. Esto de lo que estoy hablando tiene que surgir de este otro electorado, dando la bienvenida a los desertores de, por ejemplo, el Sinn Féin, o las y los jóvenes proveniente del PUL [protestantes, unionistas, leales] que no se sienten representados por el unionismo convencional y están decididos a buscar en otro lado. Y tiene que venir espontáneamente.

-T.G.: Bajo este sistema de gobierno delegado basado en líneas sectarias, el ultraconservador DUP y Sinn Féin llevan diez años juntos en el cargo como las fuerzas electorales dominantes en cada comunidad. Esta incómoda colaboración está marcada por enfrentamientos continuos y posiciones divergentes en torno a cuestiones simbólicas, pero al mismo tiempo aplican la austeridad impuesta por los conservadores [británicos]. Ahora bien, desde enero de 2017, el ejecutivo de Irlanda del Norte está suspendido después de que el Sinn Féin se retirara en respuesta a que la líder del DUP, Arlene Foster se viera implicada en el escándalo multimillonario dinero por cenizas. ¿Qué significa para Irlanda del Norte la ausencia de un gobierno delegado durante tanto tiempo?

Esto ha significado que la ausencia de este órgano intermedio por un período tan largo entre los ayuntamientos y Westminster, ha generado una parálisis completa. Por ejemplo, nadie sabe qué hacer con respecto a la educación o la política sanitaria porque no está claro quién tiene la autoridad para firmar el presupuesto. Los nuevos proyectos y recomendaciones políticas se posponen. Todo está paralizado y parece haber poco interés entre las partes para volver a un acuerdo a fin de compartir el poder. Así que parece que ahora estamos a la deriva hacia la reimposición de un gobierno directo desde Westminster.

 

-E.G.: El 31 de agosto fue el vigésimo quinto aniversario del cese el fuego del IRA, un momento crucial en el proceso de paz. ¿Cómo explicaría la trayectoria de Sinn Féin desde el Acuerdo del Viernes Santo?

Bueno, ha sido una adaptación a las circunstancias cambiantes de las últimas dos décadas. Gente como Gerry Adams [el ex presidente del Sinn Féin] y Martin McGuinness [su diputado] se dieron cuenta de que la lucha armada no funcionaba desde la década de 1980, que no podía lograr una Irlanda unida. En su lugar, trataron de reformularla como una lucha por la igualdad para la comunidad nacionalista católica. Lo puedes ver en las oraciones junto a las tumbas de los miembros del IRA o en las conmemoraciones: tal o cual lucharon por la igualdad, por nuestros derechos. Pero el partido casi nunca pone el foco en el hecho de que estaban luchando por una Irlanda unida.Brexit Worries From The Irish Border

Esta adaptación ha tenido éxito en el sentido de que ahora es uno de los dos principales partidos en el Norte, junto con el DUP. Son, con mucho, el mayor partido nacionalista católico y, en términos electorales, casi monopolizan el bloque etnonacionalista en la Asamblea de Irlanda del Norte; por su parte, en el Sur se posicionaron como una fuerza antiausteridad tras el crash financiero. Estos diferentes papeles a ambos lados de la frontera han producido una especie de diferenciación, pero incluso en el Sur, la tendencia es hacia la respetabilidad.

El Sinn Féin es capaz de reinventarse porque también es un partido nacionalista en el sentido ideológico; es decir, pretenden representar a la nación en lugar de ser parte de ella. En la medida que hagas esto, puedes girar hacia la izquierda y hacia la derecha dependiendo de las circunstancias dominantes: puedes situarte en todas partes mientras puedas mantener unida la nación tal como tú la entiendes. La nación no tiene intereses de clase, no tiene un contenido de género ni ningún tipo de esencia heredada.

El Sinn Féin se reinventa constantemente. Son muy expertos en eso. Durante la reciente disputa en torno a la puesta en pie del impuestos sobre el agua en las viviendas, un elemento del régimen de austeridad en el sur de Irlanda, inicialmente el partido no estuvo a favor de la campaña por boicotear el pago; se opusieron a ella. Su cambio de posición se produjo después de las grandes manifestaciones en todo el país, incluso en la circunscripción de Gerry Adams, en Louth. En cuestión de horas, Adams dijo que dejaría de pagar su factura de agua que, por supuesto, ya había comenzado a pagar, como un “acto de solidaridad con los manifestantes”.

Lo mismo sucedió con el referéndum sobre el aborto en Irlanda del sur. El Sinn Féin no comenzó apoyando la campaña a favor de la Derogación, sino que rápidamente realizó un giro de 180º al sentir la presión en torno a la inconsistencia de su posición.

 

-T.G.: ¿Y en cuanto al futuro del DUP? ¿De dónde saca su atractivo electoral un partido que, al menos en apariencia, parece estar tan fuera de sintonía con la tendencia dominante de la sociedad irlandesa del Norte en una serie de cuestiones clave?

Parece que no hay síntomas de que su dirección lo reconozca, pero creo que el DUP las está pasando canutas. No tienen una base sólida, ni una red de miembros, sobre todo en las comunidades protestantes desfavorecidas, tampoco una infraestructura que funcione, lo que les lleva a tener que apoyarse tanto en la cuestión nacional y a ondear banderas.

Pero la vida cambia, Irlanda del Norte cambia. No es inmune a lo que está sucediendo en el mundo. El ahora famoso slogan “El Norte es el siguiente” en la campaña sobre el aborto en el Sur lo trajo a Dublín la hija del diputado del DUP Sir Jeffrey Donaldson. Eso te dice algo. El número de mujeres que se identifican como protestantes o unionistas y que forman parte de la campaña por el “derecho a decidir” sobre el aborto está creciendo. Estas mujeres están completamente en desacuerdo con la dirección del DUP en este y en otros temas clave como el medio ambiente, el matrimonio homosexual y el Brexit. El predominio electoral del DUP en Irlanda del Norte no puede continuar si esta tendencia avanza.

Entonces, si yo estuviera en el DUP, estaría muy preocupado por [el parlamentario creacionista] Sammy Wilson y otros como él que denuncian el derechos al aborto en Westminster, haciendo el ridículo. También me preocuparía el informe sobre el enorme escándalo del dinero por cenizas que verá la luz el próximo mes. Arlene Foster [Líder del partido DUP] y algunos de sus asesores cercanos están bien fritos por su participación en el mismo. Cuando a todo eso se le agrega la imprevisibilidad del Brexit, que también llegará a un punto crítico al mismo tiempo, el DUP tiene mucho de que preocuparse, incluso a corto plazo.

Los Disturbios de hace cincuenta años

-E.G.: Usted fue presidente del Bloody Sunday Trust [Comisión por la verdad sobre el Domingo sangriento] y luchó durante décadas por una nueva investigación pública sobre la masacre de 1972, que vio a los paracaidistas británicos disparar a veintiocho civiles, matando a catorce, en una marcha por los derechos civiles en Derry. Sin embargo tras la publicación de los resultados de esta investigación, en 2010, ha escrito mucho sobre sus límites. En un artículo reciente, escribió que el Informe Saville “dio a conocer a los muertos de cualquier acto ilícito y esto debería ser bien recibido”: la posición oficial del ejército siempre había sido que primero habían sido tiroteados por hombres armados desde la manifestación. Sin embargo, al mismo tiempo, también argumenta que [el informe] “no llegó a admitir la verdad sobre el papel de los oficiales de mayor rango en el lugar”. Entre estos oficiales estaba Mike Jackson, que más tarde se convertiría en el jefe de las Fuerzas Armadas británicas, así como el jefe de las tropas de la OTAN en Bosnia. ¿Cuál fue el papel y la responsabilidad de estos oficiales?

Para empezar, nadie que viviera en Derry tiene ninguna duda sobre lo que ocurrió el domingo sangriento. Sabíamos que las víctimas estaban desarmadas. Vi lo que ocurrió: vi a gente asesinada a tiros y, por lo tanto, no necesité una investigación para saber si tenían o no un arma en la mano.

Dicho esto, cuando el día de la publicación del informe David Cameron se puso de pie en la Cámara de los Comunes y reconoció que los asesinatos fueron “injustificados e injustificables”, me dejé llevar, como cualquier otra persona. El discurso se transmitió en una pantalla grande en la plaza principal de Derry y hubo una sensación de júbilo entre la multitud por verse reconocida. Me tomó un par de días digerir el resumen del informe y darme cuenta de que algo no estaba bien y que tendría que leer el informe completo.

Asistí a 398 de los 404 días que duró la investigación y hubo una amplia evidencia de la participación directa de los oficiales tanto en la participación en los asesinatos como en el encubrimiento posterior.

En el caso de Mike Jackson, él fue el principal arquitecto de este encubrimiento. Una de las cosas que salieron a la luz durante la investigación fue el documento, de su puño y letra, denominado “lista de disparos” que fue la base para el relato oficial del Ejército británico sobre el Domingo Sangriento. Se trataba de un documento que Jackson había compilado en los momentos posteriores inmediatos, ya que los soldados especificaron en un mapa dónde estaban cuando abrieron fuego, dónde estaba su objetivo y qué hacía el objetivo para justificar el tiroteo.

Sin embargo, ninguno de los disparos descritos en el documento coincidía con los que realmente habían sido realizados; de hecho, algunas de las trayectorias descritas por los soldados hacía que las balas viajaban a través de los edificios para alcanzar sus objetivos.

En su testimonio inicial, Jackson no mencionó su participación en la elaboración de la lista. Pero cuando salió a la luz la versión manuscrita original, afirmó que se había olvidado por completo de haberlo hecho, pero que ahora se “acordaba vagamente”. Esto no era creíble. Por lo menos había pasado un par de horas seguidas después de la matanza conspirando con los soldados sobre el mapa acerca de dónde habían tenido lugar los asesinatos. Era un perjurio claro, además de ser cómplice después de los asesinatos, y debería haber sido acusado por ello.

La participación criminal directa de personas como Jackson no es especulativa y, sin embargo, Saville no encontró nada contra los altos mandos. Simplemente fue a por los soldados rasos, culpando a los de menor rango. Este es el resultado habitual en este tipo de investigaciones. Pero en el caso del Domingo Sangriento, se aseguró que David Cameron también pudiera afirmar en la Cámara de los Comunes que no quedaba ninguna mancha en el honor del ejército británico.

 

-E.G.: Hasta el presente solo ha habido un soldado, conocido como el Soldado F, acusado por el Domingo Sangriento, pero ahora mismo hay unos 200 ex soldados y policías bajo investigación por acciones criminales durante los Disturbios.

Sí, el pasado no ha concluido aún. No podemos, sin más, dibujar una línea debajo de él y seguir adelante, eso no va a suceder. Hay decenas de miles de personas en este país que viven con el horror de los Disturbios. Esto incluye a aquella gente cuyos familiares fueron asesinados en las masacres del IRA. Por ejemplo, los diez trabajadores protestantes asesinados en Kingsmill. El IRA detuvo su autobús, los alineó en una fila y les disparó. O el bombardeo de Enniskillen en 1987.

Muchas personas están traumatizadas. El nivel de consumo de ansiolíticos y antidepresivos en las áreas de Derry, en Bogside y Brandywell es enorme.

Liam Wray, cuyo hermano fue asesinado por el Soldado F el Domingo sangriento, me preguntó una vez: “¿Alguna vez te has preguntado qué piensan aquellos que perdieron a un miembro de su familia en un altercado cuando nos ven manifestarnos por televisión?” Todos han olvidado lo que les ocurrió a sus seres queridos y se ven obligados a tragar toda la cobertura informativa que recibimos y todos los tópicos de los políticos sobre el Domingo Sangriento. Debe de ser devastador.

-T.G.: El mes pasado se cumplió el cincuenta aniversario del despliegue de tropas británicas en las calles de Irlanda del Norte, después de tres días de enfrentamientos entre manifestantes y policías que dejaron diez muertos. Se considera que en gran medida este evento marcó el comienzo de los disturbios. Usted dijo recientemente que el Sinn Féin está tratando de colonizar esta historia para justificar la ruta que tomó posteriormente el IRA Provisional, y que en 1969 había alternativas a la lucha armada. ¿Puede explicar esto?

Sí, en 1969 había alternativas, pero nosotros, en el Movimiento de Derechos Civiles, habríamos tenido que luchar mucho más contra la deriva hacia el nacionalismo. En ese momento argumenté que para encontrar el camino a seguir teníamos que fijarnos en la tradición del movimiento obrero y no en la tradición nacionalista. En los primeros años del Movimiento por los Derechos Civiles, muchos sindicalistas participaron y marcharon con nosotros. Pero el movimiento sindical oficial nunca se sumó al carro porque los líderes tenían miedo de este tumultuoso movimiento en las calles. También le preocupaba [que respaldando las exigencias de vivienda y el derecho de voto para los católicos] se enemistaran con la afiliación protestante.

Esta fue una oportunidad perdida. Desde los años 1968 a 1972, que fueron los años clave en los que se estableció el modelo para el futuro, hubo una oportunidad para presentar una respuesta de izquierdas, para enmarcar nuestra lucha en términos de clase y formar parte del movimiento internacional por los derechos civiles que existía entonces. Pero con el Domingo Sangriento este tipo de argumentos no tenía ningún sentido, no tenía sentido para los jóvenes en Derry que habían presenciado los asesinatos cometidos por los soldados británicos.

Sin embargo, también hay que recordar que en ningún momento el republicanismo armado obtuvo más que un apoyo minoritario entre los católicos aquí en el Norte. Nunca hubo una mayoría de católicos a favor de la lucha armada. Por ejemplo, el bastión católico de clase trabajadora de West Belfast no eligió a un republicano irlandés hasta Gerry Adams en 1983. Antes de eso, solo podías ser elegido si estabas vinculado al movimiento obrero.

A pesar de todo lo que ha cambiado desde 1968-9, sigo creyendo que la única alternativa viable al callejón sin salida del sectarismo es una política construida en base a la solidaridad de la clase trabajadora.

Nota

1/ El acuerdo de viernes santo estableció la regla de la “doble mayoría” (cross-community principle) para las decisiones principales de la Asamblea: esto es, que han de ser aprobadas tanto por la mayoría de los representantes de la comunidad republicana-católica como de la unionista-protestante.