El macrismo busca un milagro para lograr la reelección en octubre, pero los principales sondeos indican que lo que realmente está en juego es en qué condiciones volverá a la oposición. En paralelo, Alberto Fernández busca ahondar sus caudales de votos legislativo y distrital, y, de forma subrepticia, construir una voz propia dentro del Frente de Todos.

Emiliano Guido, desde Buenos Aires

Brecha, 20-9-2019

Correspondencia de Prensa, 20-9-2019

El segundo tramo de la campaña presidencial argentina comenzó antes del 7 de setiembre, la fecha oficial fijada por la justicia electoral para el reinicio de los spots y los actos proselitistas. De acuerdo con la firma D’Alessio/Berensztein, la imagen positiva de Alberto Fernández subió hasta el 46 por ciento y la de Macri bajó hasta el 37 por ciento. Los números más preocupantes para el oficialismo están relacionados con la mirada de los consultados sobre la marcha de la economía: ocho de cada diez argentinos consideran que están peor que un año atrás y siete de cada diez rechazan la gestión económica de Mauricio Macri. En el momento de avizorar cuál puede ser el resultado electoral concreto en octubre, la perspectiva es aun más amarga para el macrismo. Según Federico González, uno de los pocos encuestadores cuyos pronósticos sobre las Paso estuvieron cerca de corroborarse, Alberto Fernández puede cosechar un número de sufragios mayor que el conseguido por su propia compañera de fórmula, la ex presidenta y actual senadora Cristina Fernández, en los comicios de 2011, cuando cantó victoria con el 54 por ciento de los votos.

Ante este inédito panorama, surgen varias dudas. ¿Juntos por el Cambio tiene el horizonte puesto en octubre o su meta en la actual etapa de la campaña es empezar a construir el posmacrismo? ¿Alberto Fernández debe seguir usando el traje del candidato o plantarse como presidente virtual para ganar autoridad, no sólo ante los argentinos, sino dentro de la amplia casa justicialista?

Cuestión de identidad

Jorge Liotti, editor de la sección Política en el diario La Nación, aclaró a Brecha que en el propio gobierno hay más de una respuesta a la primera pregunta: “En el oficialismo hay discrepancias internas sobre lo que está en juego en la elección. Un sector del gobierno entiende que todavía hay chances de revertir el resultado de las Paso y en consecuencia plantea retornar a la estrategia de un combate franco contra el kirchnerismo. Sin embargo, el sector mayoritario de la Casa Rosada plantea priorizar la emergencia económica y, en todo caso, retomar la campaña más cerca de la convocatoria del 27 de octubre. En esa ala sí se empieza a hablar de un armado político posgobierno, y, en ese sentido, recalcan la importancia de retener la jefatura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, la provincia de Mendoza y ciertos municipios de la provincia de Buenos Aires”.

Por otro lado, Liotti intuye un posmacrismo en el que la marketinera amplitud de colores de sus afiches se va a trasladar con fuerza, ahora sí, a la mesa chica en la que se procesan las decisiones más sensibles: “La perdurabilidad del macrismo también va a estar sujeta al caudal de votos que consiga en octubre. Si Juntos por el Cambio evita el desastre de una crisis económica profunda y además elude descender del piso de votos conseguido en agosto, probablemente tenga chance de consolidarse como una opción opositora firme. Pero, seguramente, será con un formato distinto, con otros actores políticos y una conducción más heterogénea. A futuro, veo esa coalición con menos componentes del Pro ‘puro’ en su mesa de decisiones”.

El politólogo de la Universidad de Buenos Aires Nicolás Tereschuk advirtió a Brecha que el macrismo, en caso de volver a ser oposición, no se enfrentará a una tribuna vacía, ya que, entiende, Juntos por el Cambio ha cincelado una identidad política, la del antiperonismo, con una fuerte raigambre social en el país: “El no peronismo tiene una identidad y una base social claras. Habrá que ver si la coalición oficialista se mantiene políticamente unificada o si se divide tras una derrota, como ha ocurrido en otros momentos de la historia. Y esa situación va a depender, por un lado, de lo que suceda los próximos meses en economía y también de cómo le vaya al próximo gobierno”.

El vestuario de Alberto

¿Qué hará en las próximas semanas Alberto Fernández? Liotti estima que “transita un desfiladero político muy angosto”: “Cuando se pone el traje de candidato y azuza al gobierno, genera un efecto muy negativo en materia económica y financiera. Igual, no creo que abandone su rol opositor en el nuevo tramo de la campaña. No va a dejar de criticar al gobierno, incluso medidas como la reprogramación de la deuda y el control de capitales, en los que fue marcada su influencia sobre Macri para que el gobierno se animara a tomarlas”.

Por último, para el editor de La Nación, “todavía es muy prematuro para ver si está naciendo el albertismo. El esquema electoral del Frente de Todos es muy amplio: conviven en esa coalición sectores identificados con Alberto Fernández, pero también La Cámpora, Sergio Massa, los intendentes del conurbano bonaerense, los gobernadores. Es una alianza muy variopinta, que no ha terminado de fraguarse en su totalidad. Hoy todos están en el mismo barco por la expectativa del triunfo electoral, pero sólo cuando lleguen al gobierno, se terminará de dilucidar cómo se dará el reparto de cuotas de poder. Yo creo que va a haber desencantados; unos van a prevalecer sobre otros. Pero insisto: por ahora no hay esquemas de gobernabilidad armados a priori”.