Esquerda Online, 6-9-2019

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Traducción de Correspondencia de Prensa, 9-8-2019 

1- La crisis de la izquierda remite a una cuestión: ¿cuál debe ser la estrategia? La estrategia debe responder a la cuestión de las cuestiones: ¿cuál es el camino del poder? ¿Cómo abrir el camino para un gobierno de izquierda y, para hacer qué? Tres desafíos se colocan, La táctica, el proyecto y el programa. Es la discusión de las diferencias de programa y de proyecto que ilumina las diferencias sobre la táctica para derrotar a Bolsonaro, y no al revés.

2- El primer paso es la elección de la táctica para derrotar a Bolsonaro. No es simple. Hay en este momento tres tácticas en disputa en la oposición. La táctica quietista, la táctica de la ofensiva, y la táctica del frente único de la izquierda. La quietista opta por aguardar el calendario electoral, y prepararse para las elecciones municipales de 2020, y esperar el 2022 (elección presidencial). La ofensiva propone tomar, ahora y ya, acciones semi-insurreccionales, como la huelga general por el Fuera Bolsonaro. La del frente único plantea construir la resistencia de masas, acumular fuerzas, y preparar las condiciones para derribar a Bolsonaro en las calles o, si no fuera posible, derrotarlo en las elecciones.

3- La táctica quietista hace la apuesta que el terreno más seguro de disputa será la electoral. Es abrazada por aquellos que consideran que el eje del proyecto debe ser la defensa del régimen democrático-liberal de la Constitución de 1988, y solo un Frente de centro-izquierda podrá vencer en las elecciones de 2020 y en 2022. Ella responde al cálculo de que la táctica de derribar a Bolsonaro pone en riesgo al régimen. Algunos abrazan esa táctica, de quedarse quieto y esperar, porque temen que la situación podría abrirse por la radicalización de movilizaciones permanentes para interrumpir el mandato Bolsonaro. Otros porque temen la posible reacción violenta de Bolsonaro, y de sectores de las Fuerzas Armadas, si descubrieran que están acorralados. O sea, algunos tienen miedo de podría explotar un nuevo “Junio de 2013”, sólo que ahora contra Bolsonaro. Otros tienen miedo de un giro bonapartista autoritario de Bolsonaro, un autogolpe, con marchas verdes-amarillas en las calles, como en marzo/abril de 2015/16.  Pero todos están firmes contra el proyecto de un gobierno de izquierda como respuesta a los desastres provocados por Bolsonaro. Defienden la idea de un gobierno de centro-izquierda uniendo, finalmente, sectores del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) disidentes de João Dória (gobernador de San Pablo del PSDB) y sectores republicanos socialdemócratas del PT, que considere las aspiraciones de Ciro Gomes (Partido Democrático Trabalhista). Estos se reunieron en el TUCA (Teatro de la Universidad Católica) en San Pablo el lunes 2 de setiembre. Por eso no se escuchó Lula Libre en el TUCA. Porque defienden el régimen y no las libertades democráticas. No hay democracia por la mitad. No se puede hablar de libertades democráticas en Brasil sin defender Lula Libre. Por eso el PSOL (Partido Socialismo y Libertad) no estuvo presente.

4- La táctica de la ofensiva permanente sólo tienen coherencia intelectual para aquellos que ignoran el terrible impacto de las derrotas acumuladas por los trabajadores. No fue solamente derrotada la dirección del PT con el impeachment de Dilma Rousseff, la prisión de Lula y la elección de Bolsonaro contra Haddad. Esa es la dimensión superestructural del proceso. Infelizmente, se abrió una situación reaccionaria. La clase trabajadora sintió, también, duramente, el peso de las derrotas. Y en una relación social y política de fuerzas tan desfavorable, la táctica de la ofensiva, bajo su forma de convocar permanentemente a la huelga general, ignora que el día de la huelga general en junio fue muy parcial. Responsabilizar, exclusivamente, a las direcciones sindicales burocratizadas por la fragilidad del día nacional de huelga es un balance desenfocado de la realidad, y poco honesto, como saben todos los militantes serios que estuvieron comprometidos en su construcción.

5- La táctica del frente único de izquierda debe tener como proyecto la lucha por un gobierno de izquierda. La izquierda debe abrazar como premisa la movilización de los trabajadores y de sus aliados oprimidos para construir en las calles una muralla contra el gobierno Bolsonaro, y preparar las condiciones para un movimiento como fue el de Directas Ya (durante 1984-1985) contra la dictadura del general João Figueiredo. Pero sería desastroso para la izquierda convocar a las movilizaciones de oposición a Bolsonaro en las calles, para abrir el camino del centro-izquierda en las elecciones. La izquierda no puede perder su independencia política, Por tanto, precisamos discutir el proyecto. ¿Repetir la experiencia de los gobiernos Lula o Dilma? ¿Inspirarse en Uruguay, Bolivia, o Venezuela? ¿Nuestro proyecto debe ser la revolución brasilera?

6- Las dificultades son inmensas en función de la fragmentación, dispersión, y confusión política. Un buen punto de partida es reconocer que estamos ante una desorientación estratégica. La reorganización de la izquierda va a exigir una superación del cuadro actual. Algunos millares abrazan la causa feminista. Otros la causa del movimiento negro, o la causa LGBT, o ambiental. Están aquellos que luchan en los sindicatos por la defensa de los derechos amenazados, aquellos que resisten las privatizaciones. Hay un movimiento de estudiantes, la causa de la Universidad pública, o la salud pública. Están los activistas de los medios alternativos, y los organizadores de las marchas por la legalización de la marihuana. Estamos ante una hemorrágica pulverización. Pero son pocos los que militan en partidos y organizaciones políticas. ¿Por qué? Porque la vieja estrategia fue derrotada.

7- La estrategia conocida como proyecto democrático y popular se agotó. Cuando fue formulada, originalmente, consistía en llegar al poder con Lula a través de elecciones apoyado en la movilización de los trabajadores y el pueblo. Si serían respetados o no lo límites institucionales del régimen político que surgió de la Constitución de 1988, para iniciar un proceso de reformas progresivas, era algo indefinido. Cuando, cómo y por qué el PT en el gobierno o no con esa estrategia del V Encuentro de 1987, es un tema polémico interesante, pero hoy debe ser considerado un debate de tipo histórico. Imaginar que podría reditar la vieja estrategia, uniendo el Lula Libre con la fórmula Lula 2022 es una ingenuidad. La historia demostró, cruel e irrefutablemente, que no es posible con “paz y amor” transformar el Brasil. La clase dominante se plegó ante Bolsonaro.

8- La cuestión del programa, por tanto, es central para que una estrategia de un gobierno de izquierda sea, históricamente, posible. Ella nos remite al tema de la ruptura. No hay perspectiva de un gobierno de izquierda si no nos preparamos para ella. La lucha por reformas exigirá disposición revolucionaria.

Valerio Arcary es militante de Resistencia, tendencia interna del PSOL.