Con motivo de la recepción dada por Emmanuel Macron al presidente ruso el 19 de agosto (en vísperas de la reunión del G7) en su residencia de verano, Catherine Coquio cofundadora del Comité Siria-Europa denuncia, mediante esta tribuna en Le Monde, una reunión que considera vergonzosa dado el papel activo que desempeña Rusia en el bombardeo contra personas civiles sirias.

Le Monde, 19-8-2019

Correspondencia de Prensa, 25-8-2019

Traducción de Alberto Nadal

Podemos preguntarnos sobre los efectos de la reunión entre Emmanuel Macron y Vladimir Putin en Brégançon. También podemos cuestionar los méritos de esta reunión entre dos presidentes ahora socios, a pesar de la interferencia rusa en las elecciones francesas y europeas, en un contexto de numerosos encarcelamientos en Rusia y mientras los crímenes contra la humanidad se encadenan en Siria, donde el ejército ruso juega el papel decisivo que conocemos desde hace cuatro años.

En lugar de la reducción prevista en Sochi (Rusia), los bombardeos se han reanudado en la provincia de Idlib, donde se han reagrupado más de 3 millones de personas sirias (un tercio de las cuales son niños y niñas), de las cuales 400,000 son personas desplazadas. Según la Red Siria de Derechos Humanos, 33 hospitales, 77 escuelas, 46 lugares de culto y 3 campos de refugiados fueron bombardeados en mayo y junio, matando a 518 personas, una cifra que lleva camino de duplicarse en la actualidad.

Hay bombardeos que se producen dos veces casi seguidas para liquidar a los equipos de rescate, que viven en el infierno en pueblos varias veces bombardeados. El 16 de agosto nos llegaron imágenes terroríficas desde Ariha (al sur de la provincia siria de Idlib): un hombre mostraba gritando el cuerpo destrozado de una mujer y su feto caído en el suelo. Esta carnicería no pretende liquidar a la oposición, sino destruir toda infraestructura y vida social y atacar cualquier forma de esperanza entre la población. Apuntar a la infancia (característica del régimen desde 2011) y eliminar cualquier oportunidad de educar y cuidar son los medios más seguros.

Más bombardeos mortales que nunca

Vistas estas atrocidades, ¿qué está haciendo Putin en Brégançon, después de Versalles y el Consejo de Europa? ¿No habría más bien que reunir a las democracias de la Unión Europea que todavía existen y declarar el embargo, el fin de los contratos, la congelación de activos? Durante la reunión entre Putin y Macron en San Petersburgo el 23 de mayo de 2018, se decidió una colaboración que consagraba un giro: Francia envió 50 toneladas de ayuda humanitaria a través de la fuerza aérea rusa a Guta (suburbio de Damasco), recuperada después de dos meses de bombardeo. Se suponía que la operación influía en el “expediente sirio” y ponía a prueba la voluntad de Rusia de estabilizar la región.

Un año después, los bombardeos son más mortales que nunca, Rusia continúa probando sus armas y, sobre todo, el umbral de tolerancia de la comunidad internacional, que parece ilimitado. Lo que está sucediendo en Idlib solo confirma, como se esperaba, la luz verde en que se había transformado la línea roja de los ataques químicos de 2013: aumento de la impunidad durante seis años. Después de prever el veto chino-ruso y dejar que la gestión turco-rusa del conflicto se desintegre, la ONU toma nota de la victoria de un régimen genocida e invita a los sirios a regresar a casa: la guerra ha terminado.

Pero además de que la guerra prosigue, ¿era la función de la ONU poner fin a un exterminio diciendo “¡Qué horror!”? ¿Deberíamos entregar a los ejércitos los datos geolocalizados de los objetivos para evitarlos, cuando conocemos los métodos de Putin en términos de guerra de tierra quemada? ¿Nos olvidamos de Grozny, incluso en la ONU? ¿Por qué la gente siria regresaría a donde la prisión o la muerte la está esperando y por qué se detendría el éxodo? ¿Por qué los cientos de niños y niñas de la calle que vieron a sus padres masacrados resistirían los llamamientos del nihilismo yihadista y de los equipos de Daesh (acrónimo árabe de la organización del Estado Islámico), que, según sabemos, está ganando terreno en Siria. ¡Qué sorpresa ! ¿No habíamos terminado?

Una guerra sin fin

La asombrosa indiferencia o ceguera que se manifiesta hacia la ciudadanía siria, como si viviera en otro planeta, tiene un nombre: la guerra contra Daesh y al-Qaida. Pero se sabe que el 29 de julio Assad liberó a terroristas de Daesh en Deraa (suroeste de Siria), como ya había hecho en 2011 liberando a los yihadistas. Si Bachar Al-Assad librara una guerra contra el terror esta guerra no habría causado el 90% de sus bajas entre la población civil y habría terminado hace mucho tiempo.

Recordemos que cinco meses después del levantamiento en Siria ya había 2.000 muertos y 1.200 prisioneros, cuando aún no existían ni el Ejército Libre, ni Daesh, ni Nosra, sino una población que exigía “libertad y dignidad”. Bachar lleva a cabo su propia yihad y no es sorprendente que se haya desatado contra los enemigos que tiene en común con Daesh: la gente que quería la democracia. La guerra que libra contra su población no tiene fin: “Assad para la eternidad”, “Bachar o quemamos el país”, dicen los lemas que cantan estos crímenes.

Nada se le ha ahorrado a la gente siria, ni siquiera las expulsiones de Turquía y Líbano por familias enteras enviadas a la muerte. Las revelaciones sobre Tadmor y Saidnaya y otros espantosos centros de tortura (100,000 desaparecidos) muestran la permanencia de la cultura de la crueldad. ¿Qué milagro habría hecho desaparecer esa cultura?Siria2508 Dos

Cuando el público sepa lo que ha sucedido en este país durante diez años, se producirá una asfixia moral, pero dado el estado de nuestras sociedades, no nos sentiremos obligados al “deber de la memoria”. ¿Cuándo veremos que esta carnicería consumada lleva al mundo a una nueva anomia? En vista de estas perspectivas, la reunión de Brégançon no solo será otro desaire para el presidente francés. Ya está en el capítulo de los episodios más vergonzosos de la historia de Francia, veinticinco años después de Ruanda.

– Catherine Coquio participó en la fundación en 2015 del Comité Siria-Europa. Este grupo de intelectuales está trabajando actualmente con el laboratorio Shakk en el EHESS en la escritura de la historia en el contexto de la revolución y la guerra en Siria. Se está preparando un Libro Negro de la represión en dicho país.