De salida

La derrota por paliza del presidente Macri con Alberto Fernández no sólo lo dejó casi fuera de carrera para las presidenciales de octubre, sino que produjo un tembladeral económico-financiero del que no logra salir. Las medidas anunciadas de apuro no convencen ni a empresarios ni a opositores.

Fabian Kovacik, desde Buenos Aires

Brecha, 16-8-2019

Correspondencia de Prensa, 17-8-2019

El presidente Mauricio Macri llamó al ganador de las elecciones primarias, Alberto Fernández, en la tarde del miércoles 14, y debió reconocer luego la posibilidad de una “eventual alternancia en el poder”. La tímida sugerencia de Macri adquiere un nuevo significado a la luz de lo dicho a Brecha por fuentes en la dirigencia del Frente de Todos, que afirman que los equipos técnicos del gobierno y del candidato kirchnerista ya acordaron reuniones periódicas de cara a una transición ordenada el 10 de diciembre.

La comunicación con Fernández se produjo a las 14.30 del miércoles, casi cuatro horas después del discurso grabado en la quinta presidencial de Olivos en el que el presidente anunció medidas económicas para intentar paliar la crisis desatada por la estampida del dólar en la mañana del lunes 12, cuando la divisa saltó de 46 pesos argentinos a 60, sin escalas. Sin embargo, como una muestra de su poder desgastado, Macri se enzarzó en un tira y afloja con los empresarios: anunció el congelamiento del precio de los combustibles, pero en primera instancia el reclamo de las petroleras lo llevó a posponer la publicación oficial de la medida hasta lograr un acuerdo con ellas. Finalmente, al cierre de esta edición, el gobierno decidió que aplicará la ley de abastecimientos –una norma de 1974– y congelaría por la fuerza el precio en pesos de naftas, gasoils y crudo.

También anunció un bono de 2 mil pesos extra para trabajadores registrados e informales durante los meses de setiembre y octubre, aumentos para las asignaciones universales por hijo, descuentos en el impuesto a las ganancias, una batería de moratorias y créditos para paliar la situación de las pymes y la convocatoria para el próximo 22 de agosto a una vieja herramienta reclamada por el peronismo y los sindicatos: el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, un ámbito que reúne a representantes de los trabajadores formales (sindicatos), cámaras empresarias y gobierno, a fin de discutir aumentos salariales.

A las 17.15, ante los medios de prensa, el ganador de la elección del domingo, Alberto Fernández, habló sobre los 15 minutos de diálogo telefónico con Macri. “Le propuse algunas ideas generales sobre la marcha de la economía, pero no es mi responsabilidad aconsejar al presidente, por respeto a su investidura”, aseguró Fernández, quien desde el momento en que se conocieron los resultados electorales mantuvo una actitud prescindente respecto de las acciones del gobierno. Los días siguientes a la elección desataron la crisis y la pesadilla del default de 2001 asomó en la memoria social. “Al 10 de diciembre hay que llegar, porque esa es la fecha del traspaso de mando”, sintetizó Fernández.

Triunfo aplastante

El viernes 9 de agosto, las últimas encuestas hechas públicas por las consultoras contratadas por el gobierno y algunos partidos de la oposición señalaban que Macri descontaba un punto de los cuatro que en promedio le venía sacando la fórmula Fernández-Fernández, del Frente de Todos (FT). Los resultados de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso), conocidos sobre la medianoche del domingo 11, dejaron al desnudo la farsa montada entre gobierno y encuestadoras. La fórmula presidencial del FT se quedó con el 47 por ciento de los votos, frente al 32 de Macri. Esos números fueron incluso superados en la disputa por la gobernación de la provincia de Buenos Aires, en la que Axel Kicillof y Verónica Magario (FT) obtuvieron el 52 por ciento de los votos, frente al 34 por ciento de la gobernadora María Eugenia Vidal, vista hasta el momento como el comodín en la manga del macrismo por su buena imagen en los sondeos.

El caudal de votos del FT implica que, de mantenerse la tendencia del domingo, en octubre esta formación política sumará diputados en las legislaturas provinciales donde ya gobierna el peronismo. Los únicos distritos en los que se impuso el macrismo, y su sello electoral Juntos por el Cambio, fueron la capital federal y la provincia de Córdoba; en los restantes 22 distritos se impuso la fórmula presidencial integrada por Alberto Fernández y Cristina Fernández. En su ascenso, arrastró consigo las listas de legisladores nacionales, lo que implica que si el peronismo repite estos resultados en dos meses y medio, tendría mayoría propia para sesionar en el Senado nacional y se mantendría como la primera minoría en la Cámara de Diputados por lo menos hasta 2021, cuando se renueve la mitad de la Cámara baja y un tercio de los 72 senadores nacionales.

Pasaporte a octubre

Más allá de la disputa puntual entre Macri y Fernández, los resultados del domingo dejaron en carrera para las presidenciales del 27 de octubre solamente a seis fórmulas, de las diez que se presentaron. Consenso Federal, encabezado por Roberto Lavagna, el ex ministro de Economía de Néstor Kirch-ner, obtuvo el 8,6 por ciento de votos y quedó tercero. El Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad (Fit Unidad), que nuclea a la izquierda trotskista, con la fórmula Nicolás del Caño y Romina del Plá, obtuvo el cuarto lugar con el 2,86 por ciento; el Frente Nos, integrado por el ex militar carapintada Juan José Gómez Centurión y la legisladora antiabortista Cynthia Hotton, logró el 2,64 por ciento con base en la campaña “provida” y sus pañuelos celestes; el economista ultraliberal José Luis Espert y su compañero de fórmula, Luis Rosales, alcanzaron 2,19 por ciento de sufragios y entraron en sexto lugar. Afuera quedaron el Nuevo Mas, encabezado por Manuela Castañeira; el Partido Autonomista de José Romero Feris; el Frente Patriota del nazi criollo Alejandro Biondini; el Movimiento Vecinal, de Raúl Albarracín.

De haber segunda vuelta el 24 de noviembre, Espert y Gómez Centurión apoyarían a Macri, mientras que Lavagna es disputado por las dos primeras fuerzas políticas, sin que aún haya decidido sus preferencias. El Fit, como es costumbre, llamará a votar en blanco. Tanto los liderados por Lavagna como por Del Caño aspiran a integrar las filas del parlamento nacional y las legislaturas provinciales.

Corrida cambiaria

En la mañana del domingo 11, el portal El Cohete a la Luna, dirigido por el periodista Horacio Verbitsky, fue el único que anticipó un triunfo de Fernández “por encima de los diez puntos sobre Macri”. Y la nota, firmada por el propio Verbitsky, advertía sobre los posibles cimbronazos financieros del lunes.

Según el economista Arnaldo Bocco, ex director del Banco Central y uno de los economistas del FT, la corrida cambiaria del lunes 12 “fue consecuencia, por un lado, de las falencias del modelo económico macrista, que hizo caso omiso a los problemas en el sector externo, el desequilibrio fiscal y la falta de exportaciones, que permitirían generar dólares genuinos. Ahí el problema fue que los sectores agrícola-ganaderos retuvieron la liquidación por exportación. Y, por otro lado, la corrida ocurrió porque el gobierno decidió no intervenir, incluso teniendo herramientas para hacerlo en el Banco Central (Bcra)”.

Para Bocco, la elección del domingo fue lapidaria para Macri e imposible de dar vuelta en octubre. “Resta que el Bcra disponga una flotación cambiaria administrada hasta octubre para garantizar una transición ordenada en este escenario tan frágil”, dijo a Brecha. “Entre el viernes 9 y el lunes 12 hubo intereses oscuros de las finanzas y el empresariado en general que establecieron a sabiendas el escenario del lunes. Son maniobras que habrá que investigar con lupa”, sentenció. “Con todo, no veo un escenario de default si el gobierno actúa con cautela”,aseguró.

El diagnóstico opositor del descalabro financiero choca de frente, claro está, con el del oficialismo. El lunes, pese al resultado electoral, Macri había dirigido un discurso ante la prensa en el que se mostró agresivo e incomprendido. “El kirchnerismo es el que debe hacer una autocrítica para evitar estos problemas, porque el que se preocupa ante el resultado electoral es el mercado y reacciona como lo hizo hoy. Yo vengo advirtiendo esto hace tres años y medio: si se vota al pasado, pasan estas cosas”, señaló amenazante, como si sólo fuera un candidato en campaña. La lluvia de críticas cosechadas por sus palabras llevó incluso a que unos 500 intelectuales y artistas se pronunciaran contra “el terrorismo financiero” y a favor de “el respeto por la decisión de las urnas”, mediante una solicitada que circuló por redes sociales y páginas web, y que ya cosecha más de 45 mil adhesiones.

Final abierto

El mismo día, Macri convocó al ministro de Economía, Nicolás Dujovne, y al titular del Bcra, Guido Sandleris, para discutir cómo frenar la estampida del dólar. En el marco de su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el gobierno vende diariamente 60 millones de dólares para sostener el peso hasta las elecciones, pero el lunes a la tarde, cuando el billete verde tocaba los 60 pesos, el Bcra vendió otros 50 millones. Pese a las medidas tomadas este último martes y miércoles, la cotización del dólar no se inmutó y siguió su derrotero hasta cerrar a mitad de semana a 62 pesos, si bien el Bcra vendió en el mercado 248 millones de dólares. Mientras desde el oficialismo acusan de la inestabilidad económica a la oposición y a su mala fama en los mercados internacionales, desde el FT apuntan contra el gobierno: “Hasta el 10 de diciembre habrá fuerte inestabilidad en las distintas variables de la economía, porque ninguno de los actores económicos confía en este gobierno. Los exportadores especulan para liquidar divisas por exportación, los trabajadores seguirán alerta porque cualquier medida económica puede licuar su poder adquisitivo y los empresarios del sector industrial también entienden que los insumos para producir no tienen referencia con un dólar tan volátil”, opinó en diálogo con Brecha Claudio Lozano, economista de la Central de los Trabajadores Argentinos (Cta) y dirigente de Unidad Popular, uno de los 19 partidos que conforman el FT.

Las idas y vueltas de Macri no ayudan a generar esa confianza en los actores económicos. En 2003, Néstor Kirchner llegó a la presidencia luego de que Carlos Menem decidiera renunciar al balotaje. Aunque en el FT son los primeros en conjurar esa posibilidad, ya nada será como la previa al domingo. El presidente ya admitió tácitamente el fracaso de su proyecto, reconoció el cansancio social por sus políticas y su propio abatimiento por la contundencia de su derrota. En un solo día cambió su postura agresiva hacia los votantes por una de diálogo con su rival. El vértigo del desmadre financiero puede producir nuevas consecuencias económicas, pero también nuevas e inesperadas decisiones por parte de un presidente cuyo poder y legitimidad terminaron de licuarse en menos de dos días.

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Primeros pasos del ganador de las primarias

El candidato presidencial Alberto Fernández evitará pedir elecciones anticipadas o cogestionar la crisis económica con el actual jefe de Estado. El virtual próximo mandatario desea que Mauricio Macri termine su mandato para mostrar su apego al orden institucional. Sus próximas metas: aumentar el caudal de votos en octubre y terminar de definir el gabinete nacional.

Emiliano Guido, desde Buenos Aires

Brecha, 16-8-2019

Domingo de noche en el complejo Art Media C. El centro cultural de Ignacio Rosner –creador de Tecnópolis–, en el barrio porteño de Chacarita, fue el búnker elegido por los candidatos del Frente de Todos. El diputado nacional Eduardo de Pedro ya le había solicitado al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que la empresa Smartmatic no dilatara más los resultados. “Nuestras bocas de urna dan que ganamos por 47 por ciento a 33 por ciento. Si ustedes no dan la información, lo hacemos nosotros”, le advirtió entonces el dirigente de La Cámpora cuando ya habían pasado 40 minutos de las 21 horas, momento en que el gobierno se comprometió a oficializar los primeros números.

Las pantallas televisivas testimoniaban minutos después el inesperado, por lo apabullante, triunfo electoral del peronismo. Entonces, Alberto Fernández decide que es hora de salir a hablar. Sale de su oficina escoltado por un grupo compacto de personas. A pasos de él caminan su hijo Estanislao y la periodista Fabiola Yáñez, pareja de Fernández. A sus lados, el posible próximo presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa y el virtual nuevo gobernador bonaerense Axel Kicillof comienzan a vitorear exultantes: “Vamos a volver”.

El ex jefe de Gabinete acompaña el festejo y contagia al resto de las personas. Mientras tanto la ex jefa de Estado Cristina Fernández está en la provincia de Santa Cruz para alzar la mano de su hermana Alicia, quien ganó la elección provincial. La nueva coalición pamperonista –cuyo eslabón mayor es kirchnerista, pero que también anuda a sectores justicialistas muy críticos en su momento con Cristina– saborea una victoria en las urnas que ha sobrepasado las proyecciones más optimistas. Los últimos números del conteo indican –una vez registrada la carga de todas las urnas y descontados los votos en blanco– que Alberto Fernández ha sacado el 49 por ciento de los sufragios. Kicillof cosechó una cifra aun mayor en la provincia de Buenos Aires.

Yo, argentino

Por primera vez desde que se implementó el sistema de las Paso un gobierno nacional pierde en las urnas. Además, la derrota mayúscula del oficialismo coincide con un delicado presente económico. El balance de poder del sistema político argentino transita un territorio inexplorado. Surge, entonces, un debate público. ¿Quién debe monitorear la crisis? ¿Hay que acelerar el calendario electoral o establecer una coadministración para disminuir el vacío de poder político? Las reacciones pendulares del presidente Macri tensan aun más el escenario. El lunes culpa a la voluntad popular: da a entender que la estampida del dólar es la reacción natural de los mercados ante la posible vuelta del populismo. Dos días más tarde, luego de recibir críticas muy fuertes de algunos de sus ministros, abre un canal de diálogo con Fernández. El hombre más votado a nivel nacional atiende el llamado de Macri en su oficina de campaña en el barrio de San Telmo y se muestra cordial. Hablan durante 15 minutos, pero luego, de forma pública, subraya lo que viene diciendo desde el domingo de noche: “Yo voy a ayudar, pero el presidente es quien debe gobernar. Yo necesito que él gobierne y termine su mandato”.

Alberto Fernández ha dejado trascender que no quiere asumir responsabilidades de mando –parciales o totales– con el Poder Ejecutivo para morigerar los efectos de la debacle económica. Lo hace por dos motivos. En primer lugar, al mostrarse respetuoso de los tiempos institucionales, traslada el peso de la crisis a Macri y, en paralelo, esteriliza la recurrente crítica sobre la supuesta vocación del peronismo de no permitir que las administraciones rivales terminen su mandato. En segundo lugar, el Frente de Todos apunta a subir en octubre el techo electoral conseguido. Una mejor performance de Fernández le daría más legitimidad a la nueva administración, además de dotarla de más cuotas de poder legislativas y cargos ejecutivos provinciales.

Brecha habló con Francisco Durañona, intendente de la localidad bonaerense San Antonio de Areco y futuro senador provincial por el Frente de Todos, para conocer su lectura de los resultados electorales. En principio, Durañona estimó como un factor clave en el triunfo el hecho de que Alberto Fernández priorizara el debate económico en el tramo final de la campaña. Como ejemplo de esto, el jefe comunal recordó la promesa de otorgar remedios de forma gratuita a los jubilados, relegando la enorme caja que el Estado hoy eroga para sostener el rendimiento de los bonos financieros Leliq (letra de liquidez).

Cuando Fernández hizo ese anuncio, comenzó una trepada del dólar, que se acentuó mucho más tras los comicios. El intendente dejó entrever el siguiente razonamiento: si el Frente de Todos hubiera moderado su postura ante un patrón monetario ficticio, sostenido con el auxilio del Fmi, Macri se hubiera fortalecido. Ahora, con una presumible espiral inflacionaria desatada por el alza de la divisa, Durañona respalda la decisión de Fernández de no asumir responsabilidades de gestión de acá al 10 de diciembre. “Es momento de actuar con mucha seriedad y responsabilidad. Los que estamos a cargo de gestiones tenemos que hacer lo necesario para que el impacto de la crisis sea el mínimo posible. Macri tiene que terminar su mandato el 10 de diciembre. Yo creo que el resultado es irreversible, entonces tenemos que aprovechar estos meses para ir de a poco explicando con seriedad cuáles son las medidas que se van a tomar”, resaltó el jerarca peronista.

Gabinete en las sombras

Por último, aunque Fernández manifieste que es candidato, no presidente, en los hechos comienza a recibir consultas de influyentes actores políticos –desde embajadores hasta empresarios de primera línea, según detalló el periodista Gustavo Sylvestre en su programa por la señal televisiva C5N– para conocer sus planes de gobierno. Por el momento, Alberto Fernández insiste en dar definiciones generales, pero no detalla la letra chica de lo que será su modelo económico. Sin embargo, de su propia boca han salido algunas definiciones en temas sensibles: el líder del Frente de Todos pretende una mayor intervención del Estado en el control del movimiento de capitales y, a su vez, advirtió que no implementará un “cepo monetario”, como en su momento lo hizo Cristina Fernández.

Sobre el gabinete nacional de ministros de Fernández surgen algunas pistas de su conformación a partir de observar su círculo más cercano. El diputado Eduardo de Pedro podría ser su ministro del Interior. Como jefe de Gabinete muchos analistas señalan a Santiago Cafiero, nieto del histórico líder justicialista Antonio Cafiero y mano derecha de Fernández desde que lo secundó en la conformación del Grupo Callao, una usina de ideas que este fundó años atrás. Por último, hasta el momento, el probable ministro de Economía sería Matías Kulfas, quien fue gerente general del Banco Central y director del Banco Nación. Días atrás, Kulfas dijo a Brecha (véase “En Argentina hay que convocar a una concertación económica y social”, 26‑VII‑19) que “el cepo cambiario fue un error” y se manifestó a favor de pagar la deuda.

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La descomposición política de Mauricio Macri y el laberinto argentino

El domingo, Mauricio Macri no perdió solo una elección: perdió el poder. Mientras tanto, Alberto Fernández conquistó un poder real, pero todavía no posee el formal. El lunes hubo otra votación: la que hicieron los mercados haciendo disparar el precio del dólar y atacando la soberanía popular.

Fernando Rosso

Nueva Sociedad, agosto 2019

El contundente resultado de las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) en Argentina dejó al poder político en un limbo. La diferencia obtenida por la dupla constituida por Alberto Fernández y Cristina Fernández del Frente de Todos fue de una dimensión tan considerable (47% a 32%) que se transformó en un hecho irreversible. Convirtió la fórmula en el virtual nuevo gobierno que reemplazará a la devastada administración de Mauricio Macri. Sin embargo, el enredado sistema electoral local impide confirmar esta realidad y abre una inquietante paradoja: Macri perdió el poder político real y mantiene el poder formal, mientras que Alberto Fernández conquistó un poder real y no posee el formal. En las PASO, se seleccionan las candidaturas dentro de cada partido o coalición que van a participar en la elección general a realizarse en octubre. Pero los resultados dieron nacimiento «de hecho» a un nuevo gobierno. La dinámica institucional prevé que estos guarismos deben confirmarse dentro de dos meses y la asunción del poder puede efectivizarse recién en diciembre, es decir, dentro de cinco largos meses. En esta transición eterna (mucho más para los tiempos argentinos) las fuerzas siguen, además, en campaña electoral. Se configura una especie de «doble poder» por arriba o un vacío de poder sui generis, con una administración en retirada, que mantiene el control del Estado y del gobierno, y una fuerza que triunfó con contundencia sin la obligación de asumir inmediatamente. Se muestra la composición política futura sin que pueda hacerse el traspaso del mando en el presente. La situación es dramática, entre otras cosas, porque el domingo 11 de agosto Macri no perdió solo una elección: perdió el poder. El rey quedó desnudo.Argentina1708 II

Una de las mayores demostraciones de esta angustiante realidad para el oficialismo es el salto brusco de periodistas y referentes del establishment comunicacional que hasta ayer nomás estaban férreamente alineados con el gobierno. Son conductores televisivos que durante estos cuatro años adularon sin pudor al presidente y hoy despliegan con virulencia sus reclamos, columnistas que exigen un balance autocrítico y hablan del primer mandatario con una falta de respeto inédita o analistas que ventilan un clásico de clásicos de los momentos de extrema debilidad política: intrigas sobre el estado de salud física o mental del primer mandatario, su desconexión de la realidad o furia descontrolada. Hay que reconocer que la perplejidad general que causó la conferencia de prensa de Macri del lunes siguiente a las PASO, cuando culpó a «la gente» que votó por la oposición y la hizo responsable del caos financiero, abonó la tesis del desequilibrio psicológico o, en todo caso, hizo difícil diferenciarla de la anomia política. Quizá por aquella frase atribuida erróneamente a Albert Einstein que sentencia que «locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultado diferentes».

El cuestionamiento mediático no es un fenómeno solo de cabotaje: el periódico británico Financial Times informó que los inversores consideran que se acabó el tiempo de Macri, el diario estadounidense Bloomberg aseguró que minuto a minuto aumenta el temor al default argentino y el corresponsal del diario español El País en Argentina escribió que los resultados de las PASO «han creado un largo vacío de poder».

En un nutrido grupo de WhatsApp que reúne a más de 250 CEO de las más importantes empresas que operan en el país y se denomina «Nuestra Voz», alguien planteó la necesidad de que el presidente dé un paso al costado y llame a respaldar en octubre a Roberto Lavagna (candidato que obtuvo 8% de los votos en las primarias). Varios empresarios salieron a aclarar que fue tan solo un rumor. Justamente del tipo de rumores que se filtran cuando se está en franco proceso de descomposición política.

Esta tensa coyuntura estimula una crisis que tiene como motor el colapso del modelo económico que estuvo en la base de la derrota de la coalición oficialista en las primarias. El país tiene una deuda que se acerca peligrosamente a 100% del PIB, una combinación fatal de fuerte recesión y alta inflación, y tasas de interés de referencia que ya superaron el 70%. No puede proyectarse ni siquiera una turbulenta «transición» adelantada como la que se produjo al final del gobierno del radical Raúl Alfonsín a fines de la década de 1980, cuando entregó el mando al peronista Carlos Menem antes de finalizar su mandato, pero luego de que el riojano fuera elegido presidente. Si quisiera llevarse adelante una salida de este tipo en el caso de la transición Macri/Fernández, debería activarse un mecanismo para el adelantamiento de las elecciones generales, lo que no haría más que precipitar las dificultades políticas, con efectos demoledores sobre la delicada situación de la economía. Es que la crisis económica argentina –como todas las de su género, pero más aún con un modelo neoliberal como el del macrismo, que tiene entre sus fundamentals la «confianza»– necesita de autoridad política para ser contenida. Precisamente eso es lo que perdió el gobierno de un saque en las primarias. La crisis azota en el contexto de un creciente vacío de autoridad y hace muy difícil que no termine en una hecatombe.

Para completar el combo, la doble función de presidente y candidato, en el caso de Macri, y de candidato y virtual presidente, en el caso de Fernández, empuja a la continuidad de la campaña. El actual presidente optó en un primer momento por explotar al extremo el único activo con el que cree que puede recuperar algo del terreno perdido: un antikirchnerimo rabioso, que no hace más que dinamitar cualquier utópico consenso que le permita mostrar mayor volumen político. Dos días después, retrocedió desordenadamente sobre sus pasos y anunció algunas medidas paliativas de un «populismo tardío» para colocar algo de dinero en los bolsillos de la gente, en el marco de un contexto recesivo e inflacionario.

Las consecuencias están a la vista: el peso se devaluó 25% al inicio de la semana, el riesgo país se disparó hasta superar los 1.700 puntos (récord en una década) y la inflación comenzó a notarse inmediatamente en las góndolas. Hubo comercios que dejaron de vender a la espera de nuevos precios y los pronósticos oficiales ya se resignan a una disparada de la inflación.

La inconsistencia política provocó que actuaran descarnadamente los factores reales de poder y dejaran al desnudo el carácter de la democracia. Como los resultados de las PASO no fueron los que deseaban quienes detentan el poder real, como sentencia ese terrible lugar común, el lunes «votaron los mercados». Un grupo ínfimo de personas disparó todo su poder de fuego porque no le agradó la decisión de cerca de 25 millones de ciudadanos que participaron de las elecciones para intentar tomar algún tipo de decisión soberana: una clase a cielo abierto sobre la naturaleza de una democracia de clase. En este caso, la extorsión ejercida sobre la decisión mayoritaria se manifiesta con el apoyo abierto del presidente de la Nación, que actuó más como delegado de «los mercados» ante el pueblo que como representación de la ciudadanía ante el mundo.

El ideal de la soberanía popular quedó tapado por el carácter despótico de una minoría con poder. Lo paradójico es que el poder de la calle (el único que se le puede oponer a la potencia del poder concentrado) está contenido. Los aparatos conservadores de los sindicatos y movimientos sociales que fueron garantes de la gobernabilidad de Macri y ahora están con el peronismo actúan para mantener la quietud en medio de un saqueo. Las aspiraciones e ilusiones en el cambio de gobierno operan también como factores de pasivización. La elección, contradictoriamente, fue un elemento desestabilizador y estabilizador al mismo tiempo. Pero la dinámica violenta de la crisis y el laberinto en el que se encuentra el país empujan a lo que es una hipótesis y a la vez una apuesta: que una vez más la disputa se traslade al terreno en el que siempre se produjeron los grandes cambios argentinos, el escenario de la movilización y la gramática de la multitud en las calles.