Anticapitalistas, 27 de julio 2019

Correspondencia de Prensa, 30-7-2019

La investidura de Pedro Sánchez ha fracasado y con ella lo ha hecho la táctica de Podemos que fiaba todas sus bazas a entrar en el gobierno como supuesto garante de las políticas sociales. El PSOE ha intentado una doble jugada: contener a la derecha ofreciéndose como estabilizador de la gobernabilidad “razonable” para los intereses del capital y el régimen de 1978. A la vez ha tratado de estafar, subordinar y anular a su izquierda, integrándola en un proyecto ajeno a los intereses de la mayoría social. Sánchez se ha graduado como trilero parlamentario. Unidas Podemos ha cometido errores muy importantes en su intento de entrar por la puerta de servicio en un gobierno: ni todas las renuncias realizadas han bastado a la voracidad social liberal.

Ante la fortaleza mostrada por el conjunto de las tres derechas agresivas y amenazantes respecto a lo que se suponían conquistas sociales y culturales consolidadas y en ausencia de avances del movimiento popular en la calle y en las urnas, una parte significativa del pueblo de izquierdas creyó ver, comprensiblemente, en un gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos la solución a sus temores. Pero ni ha sido así ni podía serlo. Por ello, tras el triste espectáculo parlamentario y el fracaso táctico, conviene reflexionar y extraer lecciones de lo ocurrido para no generar de nuevo falsas ilusiones (y caer en trampas) en los inminentes pasos siguientes.

El discurso del gobierno de coalición ha dejado de lado tres cuestiones que hay que retomar. En primer lugar, establecer las demandas esenciales en este momento para defender los intereses de la mayoría social. En segundo lugar, tener clara la naturaleza del partido socialista y, por tanto, qué se puede esperar del mismo sin que exista una fuerte presión y exigencia desde la izquierda. Y, finalmente, valorar la correlación de fuerzas electoral y social existente entre el PSOE y la izquierda para evitar la subordinación de esta.

Los objetivos de la izquierda en este momento son tres: 1) impedir que gobierne la derecha -asunto no descartable en el horizonte de la no deseable convocatoria electoral de otoño, ante la cual el PSOE muestra un irresponsable exceso de confianza-; 2) conseguir mejoras inmediatas para la gente trabajadora y los sectores populares; y 3) trazar un horizonte ecosocialista y feminista en el que encuadrar cada paso táctico, o lo que es lo mismo, ofrecer un proyecto de sociedad justa, democrática, igualitaria y sostenible. Todo ello necesita de una estrategia de la cual la mera táctica gobernista carece.

En el plano de las demandas inmediatas irrenunciables por ser imprescindibles para revertir la situación de postración popular y la correlación de fuerzas existente (social, económica y política), cabe destacar 20 medidas de emergencia democrática, social y ambiental:

  1. Movilizar todos los recursos económicos y establecer el marco legal y cultural adecuado para combatir las violencias machistas dentro y fuera de la pareja o de la expareja.
  2. Impulso inmediato de medidas unilaterales sin esperar a acuerdos internacionales para evitar la emisión de gases de efecto invernadero en la industria, el transporte, la agricultura y los servicios;
  3. Poner fin a la política represiva sobre las aspiraciones democráticas del pueblo catalán.
  4. Posibilitar el referéndum vinculante que reclama la mayoría de la sociedad catalana.
  5. Derogar la ley mordaza que supone un grave riesgo para nuestras libertades, y acabar con cualquier mecanismo que atente contra los derechos de las personas migrantes como los Centros de Internamiento de Extranjeros.
  6. Exhumar al franquismo de las instituciones y juzgar a sus crímenes y criminales.
  7. Derogar las dos reformas laborales que lastran los derechos sociales y sindicales.
  8. Potenciar la enseñanza y escolarización pública y poner fin a la financiación de la concertada.
  9. Aumentar el gasto e inversión en la enseñanza universitaria pública.
  10. Situar como prioridad el apoyo a la investigación.
  11. Blindar las pensiones y equiparar las contributivas y no contributivas.
  12. Subida inmediata del SMI.
  13. Asegurar que ninguna percepción sea por pensión, prestación por desempleo o salarial es inferior a 1.200 euros.
  14. Aumentar los salarios de las y los empleados de la función pública para que recuperen el nivel de los ingresos perdido a causa de las medidas austeritarias e impulsar la contratación pública masiva que permita asegurar los servicios públicos.
  15. Acabar con la precariedad y el modelo de contratación que la ampara.
  16. Adoptar las medidas necesarias para asegurar la igualdad salarial de mujeres y hombres y evitar las trampas a la igualdad real mediante la legislación que permita detectar y penalizar los fraudes en la misma redacción sobre categorías de los convenios, en los mecanismos para la asignación de funciones y en los ascensos.
  17. Establecer una ruta de subida general de los salarios resultado de la combinación entre la acción parlamentaria y la sindical.
  18. Regular precios del alquiler y aprobar las propuestas de la PAH.
  19. Prohibir los despidos en las empresas con beneficios.
  20. Modificar el artículo 135 de la Constitución para dar prioridad al gasto social y la inversión pública.

Todas ellas son cuestiones razonables, factibles y necesarias, lo que implica dotar de medios financieros al gobierno mediante una reforma fiscal progresiva que grave las rentas altas y patrimonios; así como los beneficios de las grandes empresas y de los bancos; a la par que haciendo caso omiso de las imposiciones de Bruselas sobre el déficit fiscal.

Con altanería, los dirigentes del PSOE han chantajeado a la izquierda y han prometido al electorado en las campañas lo que luego no han cumplido. Ni en setiembre ni después, si hubiera nueva convocatoria de elecciones, la izquierda debe repetir la vieja táctica fracasada determinada por el empeño de formar gobierno a toda costa con el Partido Socialista. Entrar en un gobierno liderado por el PSOE es atarse de pies y manos a un partido que ha demostrado que lo que realmente hace es descafeinar los deseos de cambio populares. El PSOE es hoy uno de los garantes del régimen político monárquico de 1978 y de los Tratados antisociales de la Unión Europea, aspectos ambos que determinan la orientación estratégica de su acción gubernamental. La izquierda necesita independencia política para trazar un camino propio con capacidad de condicionar la acción gubernamental e impulsar una alternativa propia de futuro. Seguir insistiendo en una táctica fallida, seguir con la mente puesta en un acuerdo sobre la formación de un gobierno mediante el reparto de ministerios, sería incurrir de nuevo en una estrategia fracasada y nociva para la mayoría social y desde luego para el propio futuro de la izquierda política.

Si el PSOE quiere gobernar en minoría con el permiso temporal de la izquierda sin que la misma se vea comprometida y silenciada por las imposiciones de la estancia en un gobierno que no es el suyo, debe ganarse los votos de las fuerzas transformadoras cumpliendo con esos requerimientos. Por ello nuestra posición ha sido y es negociar desde la izquierda un acuerdo programático de investidura que proponemos esté basado en las demandas arriba planteadas a cambio de permitir el gobierno de Sánchez y pasar a la oposición, condicionar con los votos la acción legislativa y gubernamental, organizar y movilizar a la sociedad y levantar pacientemente la alternativa a la hegemonía social liberal.