Patricia Fachin

Instituto Humanitas Unisinos, 14-7-2019

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa, 18-7-2019

El tráfico de estupefacientes acaba configurándose como una más de las actividades económicas que utilizan mano de obra de jóvenes y adolescentes, con el agravante de ser una actividad ilícita y de alto peligro. Impone al adolescente o al niño una carga de trabajo de seis a doce horas por día, y los expone a relaciones con policías, con el dueño de la “biqueira” y también con los clientes.

En la entrevista que sigue, Ana Paula detalla la encuesta que trató de conocer la realidad de esos niños y adolescentes reclutados para el tráfico de drogas en la ciudad de San Pablo. Esos niños dicen que “trampan na biqueira”, lo que revela que ellos comprenden esa actividad como un trabajo. (ndt: “Trampo na Biqueira”: es un término de lenguaje callejero, de uso popular, sinónimo de empleo en un local donde se comercializan las drogas, especialmente en las periferias urbanas pobres y en las favelas).

Ente tanto, señala como el narcotráfico sigue lógicas corrientes de precarización del trabajo en actividades lícitas del mundo contemporáneo. Por ejemplo, “los adolescentes reciben comisiones, como es típico de varios trabajos en el mercado formal. El trabajo es flexible, así, el adolescente que vende drogas en la ciudad de San Pablo puede flexibilizar su trabajo, llamar a otro adolescente para trabajar con él y los dos se reparten la comisión”. La encuesta habla de la realidad de esos jóvenes, de las situaciones de violación de sus derechos y de la marginalización de sus familias. Y de un trabajo “que posibilita autonomía, que rinde más desde el punto de vista financiero que los trabajos subalternos que sus padres, en general, practican”.

Ana Paula Galdeano Cruz es investigadora del Centro de Análisis y Planeamiento (Cebrap). Posee graduación por la Universidad de San Pablo (USP), maestría en Ciencia Política por la Universidad de Campinas (Unicamp) y doctorado en Ciencias Sociales por la misma institución. Realizó curso de doctorado en la University of California Berkeley (UC Berkeley) y posdoctorado en Sociología Urbana en el Centro de Estudios Metrópoli (CEM/Cebrap). Es coordinadora y autora de Tráfico de drogas, entre las peores formas de trabajo infantil: mercados, familias y red de protección social (Cebrap, San Pablo, 2018);  y Niños y Adolescentes con familiares encarcelados: relevamiento de impactos sociales, económicos y afectivos (Cebrap, San Pablo, 2018).

-IHU On-Line — Usted ha dicho que el tráfico de drogas es la peor forma de trabajo infantil. ¿Puede explicarnos esa idea?

Ana Paula Galdeano — En verdad, no soy yo quien dice que el tráfico de drogas es la peor forma de trabajo infantil. El Brasil firmó el decreto 6.481/2008 instituyendo la Listas de las Peores Formas de Trabajo Infantil, conocida como Lista TIP. Ese decreto reglamenta la convención 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y abre con una cita de la convención, que dice que el tráfico de drogas es una de las peores formas de trabajo infantil, así como la prostitución y el trabajo por deuda.

En el Brasil tenemos dos legislaciones, una ambigüedad jurídica. Tenemos el Estatuto del Niño y del Adolescente (ECA), que es el más aplicado, que dice que si el adolescente fuera detenido produciendo o vendiendo sustancias ilícitas, va a recibir como sanción una de las medidas socioeducativas que tenemos, que varían de la internación hasta la libertad asistida, pasando por la prestación de servicios a la comunidad y otras formas punitivas y educativas. Por el ECA, el autor de una infracción comete delito análogo al tráfico de drogas, que está tipificado en la política nacional de drogas. inserido en una de las peores formas de trabajo infantil.

-IHU On-Line — ¿Usted puede darnos un pantallazo acerca de la encuesta sobre el tema? ¿En qué regiones de San Pablo la encuesta fue desarrollada?

Ana Paula Galdeano — Esa encuesta fue coordinada por mí y producida por un colectivo de investigadores afiliados al Cebrap, más específicamente el núcleo de Etnografias Urbanas. Nosotros partimos de esa ambigüedad jurídica: ¿si el tráfico de drogas es una de las peores formas de trabajo infantil, en qué consiste este trabajo? ¿Cuánto ganan esos adolescentes? ¿Cuántas horas por día trabajan? ¿Cuáles son los peligros a que ellos están expuestos? Hasta porque en la Lista TIP hay más de 90 tipos de trabajo infantil en que el legislador va especificar los riesgos de esos tipos de trabajo y salud adolescente.

Entones, nosotros partimos de esa problemática e hicimos una encuesta cualitativa, cuantitativa y también por geo-procesamiento en regiones distintas de la ciudad de San Pablo: región Central, en el área de la plaza Sé, la región Norte, en la Vila Medeiros, y en la región de la Zona Este, en el distrito de Sapopemba.

-IHU On-Line — Sobre esa ambigüedad jurídica en el tratamiento de niños y adolescentes detenidos por la policía vendiendo drogas: ¿puede detallar esa perspectiva?

Ana Paula Galdeano — Tal vez valga especificar en lo que consiste el trabajo infantil en el tráfico de drogas. En primer lugar, trabajo infantil, en el tráfico de drogas, impone al adolescente o niño una carga de trabajo bastante extensa. Esos adolescentes trabajan de seis a doce horas por día. Se trata de un trabajo peligroso, porque el adolescente queda expuesto las relaciones con policías, con el dueño de la .“biqueira” (punto de venta de la droga) y también los clientes. Por tanto, existe una exposición del adolescente a un trabajo riesgoso, muchas nocturno.

Son adolescentes extremamente inteligentes, que deben hacer el cierre de caja diariamente. Si falta algún valor en el cierre de caja, él debe responder al dueño de la “biqueira”. Por tanto, también está expuesto a una serie de cobranzas. El adolescente que hace esa extensa carga horaria de trabajo no consigue frecuentar la escuela. Entonces, el trabajo infantil se caracteriza, muchas veces, por el distanciamiento que el adolescente trabajador viene teniendo en relación a los derechos. El adolescente y el niño tiene derecho a estudiar, tiene derecho a la salud, la cultura, el ocio, y el deporte, pero el adolescente que trabaja en el tráfico de drogas no consigue tener sus derechos garantidos.

Además de eso, esos adolescentes son expuestos a un tipo de trabajo altamente peligroso, que puede envolver violencia física, riesgos que pueden llevar hasta la muerte en algunos casos y exposición a arma de fuego, dependiendo del contexto en que actúan. El trabajo en el tráfico de drogas tiene especificidades que precisamos comprender.

-IHU On-Line — ¿Los niños y adolescente con los cuales usted tuvo contacto para su encuesta, se identifican como trabajadores? ¿Qué le relatan sobre ese trabajo?

Ana Paula Galdeano — Esos niños dicen que  “trampam” na “biqueira”, lo que muestra que ellos comprenden esa actividad como un trabajo. Es interesante percibir que la propia organización del trabajo en el tráfico guarda semejanzas con las características de la flexibilización en el mundo contemporáneo. Por ejemplo, los adolescentes reciben comisiones, como es típico de varios trabajos en el mercado formal. El trabajo de él es flexible, así, el adolescente que vende drogas en la ciudad de San Pablo puede flexibilizar su trabajo, llamar a otro adolescente para trabajar con él y los dos dividen la comisión. El propio nombre de ese local es llamado de “boca de fumar” o “biqueira”, y muchas veces es denominado por esos adolescentes como “lojinhas” (ndt: tienditas), lo que trae con mucha claridad, la idea de que se trata de un comercio.

Los adolescente dicen que este es un trabajo que posibilita autonomía, que rinde mucho más desde el punto de vista financiero que los trabajos subalternos, que sus padres en general practican. Algunas de las madres de esos adolescentes juntan latas, se dedican al trabajo de reciclaje, algunas son limpiadoras o empleadas domésticas, que, incluso trabajando en la misma casa tres veces por semana, no tienen contrato laboral, conforme preconiza la legislación. Entonces, esos adolescentes se recusan a seguir esa trayectoria generacional de trabajos subalternos. Y el trabajo en el tráfico posibilita autonomía en la medida en que permite, muchas veces, subir en la carrera, lo que no permiten en general los trabajos subalternos disponibles.

Ellos relatan también una serie de riesgos en la ocupación de la venta de drogas. Por ejemplo, existen por lo menos tres situaciones que identificamos de riesgos y peligros. La primera es llamada por los niños de “rescate”, que es el secuestro de adolescentes por parte de la policía para presionar al dueño de la  “biqueira” para pagar el “acuerdo”. Por lo menos en la ciudad de San Pablo, no existen  “biqueiras” funcionando sin el conocimiento de la policía y algunos policías exigen coimas a los dueños de esas “biqueiras”. Ni siempre se acuerda el valor del soborno a ser pago y, cuando no hay acuerdo, esos adolescentes quedan con sus cuerpos expuestos y sirven como moneda de cambio para que se llegue a un valor de pago. Los adolescentes -sus cuerpos- sirven como rescate en tales intermediaciones económicas entre el policía y el dueño de la “biqueira”.

Otro riesgo puede ser sintetizado en una frase dicha por ellos: “cuando el menino da pereza en la vigilancia de las mercaderías, ellos golpean”. El adolescente tiene que estar atento, él está allí para mirar y hacer comercio, vigilando la seguridad de la mercadería. Entonces, cuando la policía se apropia de las mercaderías porque el adolescente no estaba atento en su puesto de trabajo, es responsabilizado por esa pérdida, por esa desatención.

En ese caso, es amenazado, sufre presión psicológica, situación vejatoria y violencia física.

Y existe un tercer riesgo, que ellos llaman de “emboscada”, que tiene que ver con las operaciones policiales frecuentes que buscan hacerse de la droga y realizar detenciones. En ese momento, el adolescente también puede sufrir violencia física en la confrontación con la policía en los momentos de fuga, riesgo de muerte y medidas socioeducativas, que puede incluir internación o en medio abierto,

Esas tres situaciones -“rescate”, “pereza” y “emboscada”- son situaciones de riesgo en la ocupación del negocio de drogas. Cuando leemos la legislación y la Lista TIP, percibimos que la legislación abre con una cita de la Convención 182 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), diciendo que el tráfico de drogas es una de las peores formas de trabajo infantil. Percibimos, todavía, que el legislador tuvo mucha dificultad de colocar ese tipo de performance de trabajo infantil en el cuadro –son varios cuadros, entre ellos, tipos de actividades, situaciones de trabajo infantil de las más diversas-, pero no se consigue describir los riesgos que esa actividad trae para la salud del adolescente. Eso es lo que intentamos hacer en nuestra investigación.

-IHU On-Line — ¿Por qué razones, en su evaluación, niños y adolescentes buscan trabajo en el tráfico de drogas?

Ana Paula Galdeano — Estamos hablando aquí de niños y adolescentes pobres, que trabajan en las “biqueiras” y que viven en las periferias urbanas de las ciudades y grandes capitales del Brasil, en general en las grandes periferias urbanas. No es que los jóvenes de clase media no practiquen el tráfico de drogas, pero esos jóvenes no trabajan en las  “biqueiras”. Es diferente del niño o del joven de la periferia, porque los de clase media –esa es otra dimensión del trabajo- trabaja donde vive. Eso facilita toda forma de coerción, tanto del policía cuanto del dueño de la “biqueira”. Nuestra encuesta en el área de geo-procesamiento muestra que los adolescentes son detenidos muy cerca de sus lugares de vivienda.

El trabajo en las “biqueiras” es un trabajo que está disponible para esos niños y jóvenes, que no quieren reproducir el modelo generacional de sus padres en trabajos que no incorporan creatividad, ni una posibilidad de subir en la carrera social. Además de eso, las familias de esos niños y adolescentes están al margen de la sociedad salarial, ganan muy poco. También son familias que -conversando con los adolescentes percibimos eso muy claramente-, en muchos casos, tienen familiares presos. Ese es otro elemento: de los 14 niños y adolescentes que entrevistamos, 11 tienen familiares que pasaron por sistema penitenciario. O sea, las periferias urbanas son lugares donde esa cuestión de las presiones transborda en la vida de las personas, pues todos tienen un pariente que estuvo preso o un amigo cuyo padre o madre también fue preso. La prisión es un elemento común en la vida de esas personas, y una política absolutamente presente en la vida de ellas.

Esos niños procuran el tráfico de drogas porque les provee un pago muy superior, posibilita que puedan estar en un lugar del mundo de manera más “positiva”, un lugar meno subalterno. También es un trabajo que posibilita un ascenso en la carrera, pues, en muchos casos, aunque no siempre, el adolescente atento puede convertirse en vendedor o gerente, por ejemplo.

Al mismo tiempo, el trabajo en el tráfico de drogas tiene que ver con una serie de otras violaciones a los derechos del niño y del adolescente en la perspectiva de la protección integral. Entonces, son familias pobres, familias que tienen sus derechos social, en general, también violados. Por tanto, es toda una situación de infracción contra los derechos, como la escuela de mala calidad, falta de una buena alimentación, ausencia de cultura, deporte, ocio, una circulación muy limitada en la ciudad, los adolescentes que entrevistamos no salen de las periferias, quedan circulando en el mismo lugar. Luego, hay una serie de violaciones a los derechos, que deberían ser respondidos tanto por el Estado, como por la familia y por la sociedad, pero que están ausentes en la vida de esos niños. Mientras, el tráfico de drogas se coloca allí como una posibilidad muy cercana.

-IHU On-Line — ¿Los traficantes prefieren “trabajar” con niños y adolescentes?

Ana Paula Galdeano — Es difícil responder a esa pregunta porque no conversé con los dueños de las  “biqueiras”, los adolescentes que entrevistamos hacen de cuidadores o vendedores. Pero es muy probable que los dueños de “biqueiras” prefieran trabajar con niños y adolescentes, así como dueños de carbonerías, lavanderías y caña de azúcar. Muchos dueños de esos negocios prefieren trabajar con niños y adolescentes porque son una mano de obra barata.

Es importante recordar siempre que la explotación de la mano de obra infantil aocurre en varios ramos de actividad, no sólo en el Brasil, sino en el mundo entero. En la pesca, en la actividades extractivistas, en las minas, en el ramo de confección y en las ferias libres. El trabajo infantil está en varias actividades productivas y también en el tráfico de drogas.

-IHU On-Line — ¿Cómo ´las familias de esos niños se posicionan en relación al trabajo de sus hijos en el tráfico?

Ana Paula Galdeano — Esas familias se posicionan, como todas las demás, preocupadas con los suyos. Tenemos una trayectoria de familias, por lo menos en la ciudad de San Pablo, que tiene mucho que ver con la migración. Entonces, las familias pobres son aquellas cuyas generaciones vinieron de otros estados para ayudar a construir la ciudad en el comienzo de 1970, en periodos de desarrollo, y 1980. Son familias que fueron a vivir y que construyeron periferias urbanas en el momento en que los movimientos sociales era muy pujantes, familias que vinieron a trabajar en las fábricas, proletarias, que fueron a ocupar el suelo de fábrica.

Así, muchas de esas familias que se instalaron en las periferias urbanas son familias trabajadoras y que a lo largo de las generaciones sus hijos se fueron vinculando con el mundo del crimen, lo que fue creciendo a lo largo de las décadas. Otras familias llegaron a San Pablo y ocuparon regiones más precarias, desde el punto de vista del desarrollo urbano, así se instalaron en las favelas y jamás consiguieron salir, aunque fueran trabajadores, personas que trabajan en casas de familias, en el comercio, en los servicios.

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Ana Paula Galdeano

Muchas veces, esas familias no consiguen acompañar el desarrollo de sus hijos,  que recorren largas distancias hasta su local de trabajo, pero que se preocupan por sus niños. Las mujeres con las cuales nos relacionamos, madres de esos niños y adolescentes, son trabajadoras que se preocupan por sus hijos. El sentido común, imagina a esas familias pobres como carentes de lazos afectivos profundos, lo que es un error bastante común y grosero. Los lazos son fuertes, aunque muchas veces la precariedad sea inmensa, sea por cuestiones de alcoholismo de los miembros de la familia, sea por la cuestión de la violencia doméstica, muy presente. Las precariedades son muy grandes, pero los lazos afectivos son fuertes y la preocupación con respecto a sus hijos también.

Nunca es fácil para una madre saber que su hijo está comprometido con el tráfico de drogas, por más precaria que sea la condición de la madre. Incluso si ella acepta, eventualmente, el dinero del adolescente para pagar sus necesidades diarias, siempre sigue muy preocupada.

-IHU On-Line — ¿Cómo las redes de protección social actúan junto a esos jóvenes y familias?

Ana Paula Galdeano — El sistema de derechos de protección social, la red de protección social, está garantida por legislaciones importantes como el Estatuto del Niño y del Adolescente, además de otras resoluciones que amparan la garantía de derechos del niño y del adolescente y de sus familias. Desde el punto de vista legislativo y normativo, nosotros tenemos avances. Mientras, existe una gran dificultad para garantir los derechos de esos niños y jóvenes.

En primer lugar, porque esa área está marcada por el principio fundamental de intersectorial, que dice respecto a la idea de garantizar derecho del niño y del adolescente y depende de una articulación entre sectores de políticas públicas. O sea, no existe una única cartera que vaya a garantir los derechos de la niñez, pues es preciso que salud, educación, asistencia social y consejo tutelar sean actuantes para garantizar eso derechos. Decimos que esa política está marcada por la atomización institucional, se precisa de una sola institución que pueda hacer la articulación.

Uno de los grandes problemas que tenemos en relación al llamado “adolescente en conflicto con la ley”, es que ese adolescente es visto por el sentido común, por la sociedad en general, y también por el profesional de algunas de las redes de protección social, como “bandiditos”, son adolescentes que no son vistos como sujetos de derecho. Por ejemplo, en las escuelas y liceos de San Pablo, esos adolescentes autores de infracciones son llamado de “alumno LA”, un alumno que no es deseado y está lejos de ser un alumno padrón, es alguien transgresor, que no se queda sentado, es un alumno que exige metodologías muy distantes de la tradicionmal. Son adolescentes que imponen desafíos bastante grandes.

Además, existe un problema cultural, porque mientras la Asistencia Social ve a ese adolescente como un sujeto de derechos violados, la educación ve a ese adolescente como indeseable, como “alumno LA”, aquel que obstaculiza el estudio. Entonces, son visiones conflictivas respeto al mismo sujeto en situación de vulnerabilidad. En la ciudad de San Pablo, tenemos por lo menos un plan municipal de atención socioeducativa que prevé una serie de medidas de articulación institucional, después en un ámbito de las regiones administrativas de la ciudad. Es un plan muy bien elaborado, pero que nunca salió del papel, pues no existe un plan de atención socioeducativo sancionado en la ciudad de San Pablo.

En la mayoría de los municipios brasileros, que hace el trabajo son los Centros de Referencia Especializados de Asistencia Social (CREAS). Pero aquí en la ciudad de San Pablo, quien trabaja con esos adolescentes en conflicto con la ley son los servicios de medidas socioeducativas, que son organizaciones sociales que tienen convenios con el municipio. Esos profesionales tienen grandes dificultades de trabajar de manera intersectorial, por la propia lógica de la red de protección social.

Un educador social de un adolescente, por ejemplo, tiene que golpear la puerta de la salud, de la educación, tiene que pelear por un lugar de estudio de ese adolescente, tiene que tramitar el documento de ese menino. Y se encuentra con enormes dificultades, porque ya dijimos que se trata de adolescentes con problemas para frecuentar la educación, porque consideran que es chata, y los profesionales de la educación no quieren a esos adolescentes.

Por ejemplo, en el Joven Aprendiz, es rarísimo que un adolescente con medida socioeducativa pueda conseguir un sitio. Eso porque otros adolescentes pobres de las periferias no están en la misma situación. Pero, al mismo tiempo, hay experiencias muy interesantes en Brasil, Marabá-Pará y en Maranhão, donde legislaciones están siendo realizadas para que adolescentes en situación de medida socioeducativa y de vulnerabilidad puedan ingresar en programas de Jóvenes Aprendices.

Es erróneo pensar que en el Brasil el adolescente no puede trabajar. En verdad, tenemos una legislación que dice que el joven puede trabajar a partir de los 14 años, desde que él esté en una situación de aprendizaje. Eso exige una combinación entre frecuencia escolar y participación en una institución de formación profesional, como el SENAC (Servicio Nacional de Aprendizaje Comercial) y otros, cuando el adolescente trabaja medio tiempo en esa perspectiva de aprendizaje y al mismo tiempo frecuenta el estudio. No es que el adolescente no pueda trabajar en el Brasil, puede hacerlo en condiciones específicas, con carnet laboral, con salario designado por ley y todo el resto.

Enfrentamos problemas en muchas áreas, como en la educación,la profesionalización, la cultura, el deporte o el esparcimiento -que continúan con un desfasaje enorme en las periferias urbanas- y en la salud también. Existe, de hecho, un problema relacionado con el consumo de sustancias adictivas: por ejemplo, en San Pablo, identificamos que varios adolescentes murieron por consumo de “lanza-perfume”, pues esos meninos son cobayos de sustancias sobre las que nadie sabe qué contienen. El menino huele el “lanza-perfume”, sale corriendo y tiene un ataque cardíaco.

En la encuesta aparece la asociación más fuerte entre la asistencia social y la salud, que trabajan de manera más articulada, pues los profesionales del Sistema Único de Salud (SUS) ya actúan de forma intersectorial dentro de las Unidades Básicas de Salud y del programa Salud de la Familia, están más acostumbrados a trabajar con el área de la infancia y la adolescencia.

Con relación a la escuela, las asociaciones más frecuentes son con la policía. Por ejemplo, si hay un problema en la escuela “llama al 190” o “llama a la guardia metropolitana”. Es el criterio aplicado por los profesionales de la red de protección social, mientras que los profesionales de la educación apenas usan ese recurso.

Otro problema tiene que ver con nuestra política de drogas, que es justamente una política que va a encerrar a quienes están en la base de la pirámide del tráfico de drogas, que son los menores de edad, también algunos mayores de edad. Por eso, tenemos que repensar nuestra política de drogas. ¿Qué estamos haciendo? Encarcelando dependientes químicos, quien trafica para comprar drogas, personas que son tratadas en los presidios como narcotraficantes, pero que en realidad son usuarios. O, todavía, individuos que están en la base de una red inmensa que traspasa fronteras, lavado de dinero y tráfico de armas. Entonces, tenemos la necesidad de repensar nuestra política de drogas.

¿Qué está produciendo nuestra política de drogas? Es una política de drogas que produce una población que será tratada en las cárceles y en los pequeños traficantes, con eso, tenemos cuadruplicación del número de personas presas en el Brasil. Es importante recordar que, en el estado de San Pablo, el tráfico de drogas es el segundo acto infractor que más encierra niños y adolescentes, el primero es el robo. ¿Qué acontecería se prendiésemos tanta gente por el tráfico de drogas? ¿Cuál sería la consecuencia de eso en los presidios? ¿Y, más todavía: cuál sería la consecuencia de eso en las propias periferias urbanas? ¿Cuál sería la consecuencia de eso para los niños y adolescentes que son hijos de presos? Es esto que necesitamos pensar de manera más profunda. .

-IHU On-Line — Cómo el Brasil podría enfrentar el trabajo infantil en el tráfico de drogas? ¿Qué tipo de política pública sería necesaria en tal sentido?

Ana Paula Galdeano — Cuando llamo la atención sobre nuestra política de drogas, estoy llamando la atención sobre esto: ¿qué ocurriría si nosotros cambiásemos nuestra política de drogas?