Colombia ya entró en el mundo moderno, no el de una economía fuerte y diversificada, de los derechos democráticos, ni el autoproclamado Estado Social de Derecho. No, ese no es el mundo moderno en que Colombia entra. El asesinato de María del Pilar Hurtado y el desgarrador video de su hijo corriendo y gritando mientras su cadáver yace a pocos metros, se volvió viral en las redes sociales.  ¡Bienvenida Colombia a la modernidad!  Las masacres y asesinatos ya tienen su toque moderno.

El Salmón, 23-6-2019

Correspondencia de Prensa, 27-6-2019

El asesinato de María del Pilar, es uno más en una larga lista. Dicen que suenan las alarmas y hasta la ONU ha expresado su preocupación por el regreso de la violencia y también de los falsos positivos. El periódico El Espectador publicó un artículo titulado Radiografía de un país que vuelve a la violencia[1], pero ¿cuán cierto es?  ¿Es cierto que el país regresa a la violencia o es el caso de que nunca dejó de ser violento y lo que experimentamos es un aumento de la violencia de siempre? El debate no es una cuestión semántica. Estamos ad portas a otro episodio de la falsificación de la historia del país. Existen muchos mitos propagados por los congresistas del Polo, y varias ONG que Uribe inventó las Convivir, no es cierto, las Convivir surgieron de un decreto firmado por el entonces, presidente Gaviria y su ministro de Defensa Rafael Pardo, luego Ministro para el Posconflicto en el gobierno de Santos, y el decreto lo ejecutó Samper. Uribe simplemente fue el más entusiasta acolito de una política sanguinaria del Partido Liberal. Otro mito es que Uribe es el único presidente untado por el narcotráfico, olvidando que la campaña presidencial de Samper fue financiada, en parte, por el Cartel de Cali.  En su defensa Samper dijo que todo fue a sus espaldas, algo parecido a la defensa de Uribe, que todos lo traicionaron.  También existe el mito que la guerra sucia comenzó con Uribe y no décadas antes cuando Uribe ni había nacido.

Ahora el mito es que el gobierno de Duque y Uribe es un gobierno violento donde asesinan a dirigentes sociales, a diferencia de los dos mandatos de Santos que eran gobiernos de un hombre de paz, donde se respetaba a los dirigentes sociales.  Vamos a ver si las cifras sostienen tal argumento o no. Primero valga aclarar que ni siquiera existen cifras uniformes sobre la violencia, según la fuente el número de dirigentes sociales asesinados varia, y hasta el número de excombatientes de las FARC asesinados también.  Para el propósito de este artículo vamos a usar las cifras de Somos Defensores, por ser uniformes y coherentes en el tiempo, aunque el mismo programa reconoce que sus informes pueden subestimar el número de muertos y existen cifras más altas manejadas por varias organizaciones sociales y derechos humanos.  De todas formas, nos sirven para indicar lo que pasa en el país.

Está claro que los asesinatos nunca pararon. De hecho, el año en que firmaron el  Acuerdo de La Habana mataron a 80 dirigentes y en el 2017, el último año completo de Santos otros 106 y el número de otras clases de agresiones, principalmente amenazas pero también desapariciones y detenciones, la cifra siempre ha sido alta.  Sólo se puede afirmar que la violencia regresó si uno considera que los 80 asesinatos en 2016 son poca cosa. No son, pero la verdad incómoda frente a un discurso de que Santos = Hombre de Paz y Bueno, Duque = Hombre de Guerra y Malo.  Pero no somos niños, no nos pueden pedir creer en explicaciones binarias tan simplistas ni que haya monstruos debajo de la cama.  Los monstruos si existen, pero caminan a plena luz del día en el Congreso, en el Estado Mayor del Ejército, y el Polo y Colombia Humana se reúnen con ellos y trabajan mancomunalmente con ellos en las instituciones y el partido de la FARC los alaba en sus discursos públicos, llamándolos aliados de la paz.  No existe un Estado bueno y otro malo, ni una diferencia de fondo entre Santos y Duque, en ambos gobiernos han matado a dirigentes sociales y Santos habría apretado a los farianos como lo hace Duque, inclusive, Santos habría sido el hombre ideal para extraditar a Santrich por gozar de una legitimidad entre las ONG, la mal llamada comunidad internacional y los otrora integrantes de la izquierda.

Tampoco son nuevos los asesinatos de los excombatientes, aunque claro vienen en aumento y por cuestiones más técnicas y cronológicas la mayoría corresponden al gobierno de Duque, aunque no todos. Santos también tiene sus manos manchadas con su sangre. Como reporta El Espectador:

Son 134 los exguerrilleros asesinados después de la firma de los acuerdos en noviembre de 2016, según el partido FARC. También se cuentan 11desapariciones forzadas y más de 35 familiares que han caído en medio de una ola de violencia que vive el país en varias regiones.[2]

Lo más triste de esto, que se veía venir, y varios se los advertimos desde el comienzo del proceso de paz que el Estado iba a seguir asesinando como lo siguen haciendo hoy en día en El Salvador y Guatemala. Las ONG no querían aceptarlo y durante un tiempo intentaron echar la culpa de todo al ELN. El hoy difunto jefe de Voz, el periódico del Partido Comunista, Carlos Lozano, cuando no estaba testificando en las cortes a favor de paramilitares, también intentaba echar la culpa de todo al ELN. Se les acabó ese discurso barato y falso, así ahora nos piden olvidar los últimos años y se habla de un regreso de la violencia, y la ven como una aberración dentro de un proceso de paz en vez de ser una parte integral, como lo fue en El Salvador y Guatemala y también como fue en los procesos de paz anteriores en Colombia. ¿Alguien sabe cuántos integrantes del M-19 fueron asesinados después de su desmovilización?  Nadie sabe, y a nadie le importa, como con el paso del tiempo a nadie le importará lo que está ocurriendo ahora en el país, y el video del hijo de María del Pilar, pasará a segundo plano en un país donde en nombre de la paz tenemos que fingir que la ola de violencia actual es nueva, en vez de ser simplemente más intensa.  Los monstruos se hacen pasar por angelitos.

* Gearóid Ó Loingsigh, investigador y autor de “Una mirada desde el sur”, que ha llevado a cabo varios estudios sobre la minería en Colombia. Escribe en el diario El Espectador de Bogotá.

Notas

[1] El Espectador (13/06/2019) Radiografía de un país que vuelve a la violencia https://www.elespectador.com/

[2] El Espectador (23/06/2019) El sicariato está acabando con la vida de los exguerrilleros https://www.elespectador.com/