Corresponsal

San José/Costa Rica, 3-4-2019

 Correspondencia de Prensa,7-4-2019

  1. Hay que tener en cuenta que Ortega sabe que su Talón de Aquiles es la acelerada degradación económica. También sabe que las posibles sanciones establecidas por EEUU van agudizar más la situación económica.
  1. La continuación de la crisis sociopolítica tendrá un impacto económico potencialmente catastrófico sobre nuestro país, lo cual obliga a sus antiguos aliados a presionarlo para negociar una salida a la crisis.
  1. Por lo tanto, la tendencia es que el gobierno Ortega-Murillo será más débil, ya que ni Cuba ni Venezuela ni Rusia tienen la capacidad de contrarrestar el rápido deterioro económico ni neutralizar las sanciones norteamericanas y europeas.
  1. Conociendo su Talón de Aquiles y sabiendo que el deterioro económico y su debilidad estratégica van alimentar, más temprano que tarde, la posible segunda ola de protestas sociales.
  1. Para contrapesar sus debilidades, el régimen Ortega-Murillo decidió la estrategia de “estado policíaco”, que implica desplegar a los policías, paraestatales y paramilitares vestidos de policías, en todo el territorio para que detecten posibles brotes de protestas sociales. Es por eso que conocemos el despliegue parapolicial en todo el país.
  1. Al mismo tiempo, la estrategia del “estado policial” implica la represión selectiva a líderes locales, a creadores de opinión, a periodistas, a mujeres, etcétera; que se ha destacado en los últimos meses como líderes sociales ante la opinión pública nacional.
  1. El objetivo de su estrategia es someter a la población al silencio, a la inmovilidad social; crear miedo, terror, paralización social. Sabiendo que no tiene mucho tiempo para desarmar al movimiento social, por eso la agresividad de la represión.
  1. Todo lo anterior tiene un fin principal: el régimen Ortega-Murillo sabe que tiene que negociar una salida a la crisis, pero quiere negociar en posición de fuerza; es decir, sin movimiento social beligerante. Entonces, el régimen Ortega-Murillo participa en una negociación, preparándose como si fuera a la guerra.
  1. Hay que estar claro que el movimiento social se encuentra en una fase de reflujo, pero también estamos consiente que el movimiento de los ciudadanos puede iniciar una segunda ola de ascenso social con cualquier chispa inesperada; lo cual, el régimen, quiere evitarlo por medio de la represión indiscriminada con su estrategia de “estado policial”.
  1. En las negociaciones del INCAE, el régimen está maniobrando políticamente sin ninguna intención de liberar a todos los presos políticos. Como un esquizofrénico al borde de un precipicio, el régimen Ortega-Murillo sigue rechazando los garantes internacionales.
  1. Con su estrategia de “estado policial” quiere doblarles el brazo a los negociadores de la Alianza Cívica. El régimen quisiera transformar las negociaciones del INCAE en una conspiración contra las protestas social para salvar al sistema.
  1. Sin embargo, la mayoría de la población expresa su determinación a seguir manifestándose, a pesar de la represión, rechazando cualquier arreglo que deje a los actores del actual gobierno a las riendas del país.

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El comandante…¿se queda?

Poco queda ya, en el ejercicio del poder de Ortega, de la revolución que inspiró a los movimientos revolucionarios de toda América.

Carlos Dada *

El País, 6-4-2019 

Hace unos días, algún creativo colgó en Twitter una foto del presidente nicaragüense Daniel Ortega en un breve acto público. El hombre parece enfermo, con el rostro chupado, la media sonrisa casi de rictus, el cuerpo inclinado. El tuitero acompañó la foto con un genial pie: “El Coma-andante”.Nicaragua704 II

Dos cosas me llamaron la atención. Explico la primera: Ortega ha sido inevitablemente comparado, en los últimos años, con el dictador Anastasio Somoza, al que los sandinistas derrocaron en 1979. Pocos meses antes de su caída, Somoza hizo un viaje a Washington para unos exámenes médicos y por las calles de Managua corrieron rumores sobre su salud similares a los que ahora corren sobre Ortega por las redes sociales. El escritor García Márquez registró la frase del dictador Somoza que la foto me trajo a la memoria: “Los que especulan con mi salud que no se equivoquen. Otros la tienen peor”.

Un segundo intento de negociaciones entre el Gobierno orteguista y la llamada Alianza Cívica ha fracasado en Nicaragua. Ortega se negó a adelantar elecciones y a investigar los crímenes cometidos por sus fuerzas de seguridad. La contraparte decidió retirarse de la mesa. En realidad no tenía otra opción.

La Alianza Cívica es un falso constructo. En ella están incluidos, pero no solo, representantes de los estudiantes y las organizaciones sociales y ciudadanas, los sectores que desde el inicio de las protestas, hace un año, han puesto la lucha, la toma de calles, los muertos y los presos políticos. Son los exiliados, los que han perdido su empleo o sus tierras, los que sufren aún, a diario, el acoso de policías y paramilitares en los alrededores de sus casas.

Pero también se sientan, del mismo lado de la mesa, representantes de las gremiales de la empresa privada que, a diferencia de los anteriores, tienen en su agenda una salida ordenada y, sobre todo, tranquila a la crisis, que les permita volver a la economía estable y a los negocios. Nada hay de malo en eso (y subrayo: en eso), pero evidentemente sus intereses, y sus condiciones, son de naturaleza distinta de las de estudiantes y organizaciones de la sociedad civil.

Ortega es un zorro de la política, como lo demuestran sus décadas conspirando para ejercer el poder. Aún conserva, sobre todo fuera de Nicaragua, el aura de caudillo revolucionario que resistió al imperialismo yanqui en la década de los ochentas, cuando Ronald Reagan armó y financió a un ejército contrarrevolucionario para terminar con el sandinismo.

El comandante secuestró las banderas y el discurso sandinistas. Pero además controla el ejército, el aparato burocrático, la policía, el tribunal electoral y los tres poderes del Estado. Poco queda ya, en su ejercicio del poder, de la revolución que inspiró a los movimientos revolucionarios de toda América Latina. Nada más lejano al hombre nuevo que este hombre viejo, afincado en un poder corrupto y represivo, de sistema económico neoliberal asistido por Venezuela y cómplice de grandes empresarios voraces y corruptos, que durante su última década dictaron las políticas económicas y se hicieron más ricos en uno de los países más pobres del continente.

Una negociación entre una Alianza de esta naturaleza, y un Gobierno centralizado en un viejo zorro, ya había fracasado antes de iniciar.

Los cursos básicos de negociación enseñan las condiciones para sentarse en una mesa: saber quién necesita más un acuerdo (esto es, la posición de poder) y llegar con una noción clara de cuál es el techo (lo máximo que uno aspira a conseguir y que uno está dispuesto a ceder) y el piso para alcanzar un acuerdo.

El comandante aceptó ya liberar a los presos políticos, más de 300 según las organizaciones de derechos humanos, y además se comprometió a respetar el derecho a la protesta. Como muestra de buena fe, ordenó la liberación de algunos prisioneros, lo que no le representa ningún costo. No hay entre ellos un líder político capaz de convertirse en bandera de la oposición o de convocar masas a su salida de la prisión. Los presos fueron concebidos como monedas de cambio del régimen. Ortega los encarceló para convertirlos después en una concesión.

La calle es otra cosa. Ha sido el principal desafío a su poder, a su control territorial. Los manifestantes paralizaron el país y desestabilizaron a su gobierno entre abril y junio del año pasado. Las pérdidas económicas fueron grandes. La calle hizo creer a los opositores que estaban haciendo su propia revolución desarmada. Nunca estuvo Ortega tan débil como entonces y mientras pueda evitará que eso vuelva a suceder. La semana pasada, apenas 24 horas después de su compromiso, pistoleros disparaban contra la primera protesta en Managua.

¿Pero qué están negociando?

Ortega no aceptará elecciones anticipadas ni árbitros internacionales ni investigación de las matanzas que una comisión de expertos independientes nombrada por la OEA calificó como crímenes de lesa humanidad. No lo hará mientras no tenga motivos para hacerlo: es decir, mientras encuentre otras salidas que no sean la de negociar su rendición.

No tiene oposición política, desmantelada gracias a las corruptelas de los liberales, la cooptación del órgano electoral, la represión y la falta de nuevos liderazgos. La verdadera oposición está en las fuerzas sociales: los movimientos campesinos y estudiantiles, hoy doblegados por la represión y casi todos escondidos, asesinados, presos o en el exilio. Desorganizados, debilitados, desarmados y sin la calle, su fuerza moral es suficiente para sentar a Ortega a negociar, pero insuficiente para hacerlo claudicar. No tienen tanta cintura y su techo y su piso son el mismo: la salida de Ortega. En el más puro ejercicio pragmático: ¿qué pasa si Ortega no acepta esta condición? ¿Por qué entonces habría de aceptarla?

El único miembro de la Alianza con poder real es la empresa privada. Con ellos negocia Ortega. Afectados por la crisis económica, los grandes empresarios pidieron estas negociaciones. A diferencia de hace un año, ahora, con 400 muertos y decenas de miles de exiliados, no pueden volver a los días dorados previos al 18 de abril de 2018, al modelo que tanto presumieron: lo político y lo social en manos del comandante, pero la economía la deciden los empresarios. Así caminaron una década juntos.

Empresarios que nunca han sido democráticos hoy se sientan en la mesa de negociaciones con un discurso democrático.

Quieren tranquilidad y orden para sus negocios, con Ortega o sin Ortega. Con democracia o sin ella. Saben que el proyecto ya no es sostenible, pero no están dispuestos a empujar el final. Lo han retrasado durante todo un año: inventan pretextos para no irse al paro general, alimentan mesas de negociaciones, juegan con dios y con el diablo. Políticamente esperan alguna alternativa a Ortega. Pero aún no la ven. Su ventaja de posición está en la economía: Ortega, sin el apoyo venezolano y con las pérdidas de la crisis, se está quedando sin fondos. Esta, y la condena internacional, son hoy las mayores fracturas del régimen.

Los estudiantes y las organizaciones de la sociedad civil están en la peor de las condiciones: no tienen más posición de poder que su credibilidad, su movilización masiva con los riesgos que implica y su probada disposición a llegar a las consecuencias que hagan falta. Su paradójico drama es que no pueden hacer esta transición con los empresarios, pero tampoco sin ellos. Saben que la nueva Nicaragua no será sin el final de la represión, la salida de Ortega y la convocatoria a elecciones libres y anticipadas. Pero Daniel Ortega tiene otros planes.

Vuelvo a la fotografía de “El Coma-andante”: Lo segundo que me llamó la atención es que, alrededor de Ortega, dos guardaespaldas vestidos de civil vigilan. El rostro alerta. En la cabeza llevan una gorra roja y la siguiente frase: Daniel 2021. Otros, acaso piensa Ortega, están peor de salud.

* Periodista salvadoreño de origen griego y palestino. Fundador y director del periódico digital El Faro: https://www.elfaro.net/

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Madres de Abril rechazan intento orteguista de amnistía

Sostienen que la dictadura está incapacitada para establecer la verdad de la masacre e impartir justicia, y exigen regreso de la CIDH.

Confidencial, 6-4-2019

La Asociación Madres de Abril, que representa a familiares de los asesinados por la dictadura orteguista, rechazó de forma tajante la pretensión oficialista de imponer a la Policía y la “Comisión Porras”, como supuestos investigadores de los crímenes de la masacre contra la rebelión ciudadana.

Las madres y familiares de las víctimas de la matanza sostienen que el régimen está incapacitado para establecer la verdad de la masacre e impartir justicia, y exigen el regreso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuyas misiones fueron expulsadas por la dictadura, previo al informe que confirmó que sus crímenes de lesa humanidad.Nicaragua704 III

La Asociación aseguró que no avalará ninguna amnistía que dé impunidad a la dictadura, a la cual responsabilizan por los 325 asesinatos confirmados.

Indignación y dolor

Liseth Dávila, vicepresidenta de la Asociación y madre del adolescente asesinado Álvaro Conrado, expresó su rechazo “con indignación y dolor” a la propuesta oficialista sobre verdad, justicia, reparación y no repetición.

La Asociación considera que la dictadura está descalificada, al pretender que la justicia sea impartida por la Policía y las instituciones que han sido instrumentos de la represión. Además, cuestionó la capacidad e imparcialidad de la denominada Comisión de la Verdad, Justicia y Paz, juramentada por el presidente de la Asamblea orteguista, Gustavo Porras.

Las Madres de Abril también desautorizaron “a cualquier persona que realice una pantomima cómo acuerdo sobre justicia por la sangre derramada”.

“En el tema de justicia, nadie puede hablar por nosotras. Nosotras somos las víctimas directas. No necesitamos intermediarios, porque las del luto y dolor somos nosotras”, reclamó Dávila.

Policía prohíbe otra marcha

Para este sábado, la Unidad Nacional Azul y Blanco, de la cual es miembro la Asociación, convocó a una marcha para exigir justicia, democracia y libertad.

Por sexta ocasión, la Policía negó el permiso para una movilización. Esta vez, alegó que la Unidad Nacional no tiene personalidad jurídica “y no puede adquirir derechos”. En consecuencia, dijo, “no tiene legitimidad para realizar concentraciones, manifestaciones o movilizaciones públicas”.

La Unidad Nacional, integrada por más de 70 organizaciones de la sociedad civil y expresiones ciudadanas autoconvocadas, argumentó que los derechos a la movilización y expresión son constitucionales —y no requieren ninguna personalidad jurídica—. Además, recordó que su respeto está contemplado en los acuerdos firmados en la mesa de negociación entre la dictadura y la Alianza Cívica, que también es miembro de la Unidad Nacional.