El aniversario del crimen contra la concejala brasileña Marielle Franco deja un tendal de dudas acerca del estado de la democracia brasileña. Los escasos avances en el esclarecimiento del caso apuntan de manera unánime a los grupos paramilitares de Rio de Janeiro, estrechamente vinculados a políticos tradicionales y a figuras prominentes del actual gobierno.

Marcelo Aguilar, desde San Pablo

Brecha, 22-3-2019

Correspondencia de Prensa, 24-3-2019

La noche del 14 de marzo de 2018, Marielle Franco, concejala negra de izquierda criada en la Favela da Maré –un gran complejo de barrios de la zona norte de Rio de Janeiro– salía del debate “Jóvenes negras moviendo las estructuras” cuando la mataron de cuatro balazos de fusil en el barrio Estácio, cercano al Sambódromo. Un auto Chevrolet Cobalt la siguió hasta que un hombre disparó desde la ventana abierta con una ametralladora HK MP5 calibre 9 milímetros, arma normalmente usada por las fuerzas especiales de la Policía de Rio de Janeiro, matando también a su chofer, Anderson Gomes.

Dos días después, se supo que las balas pertenecían al mismo lote que las usadas en la mayor masacre de San Pablo –la “Chacina de Osasco”– cuando en agosto de 2015 tres policías militares y un guardia civil mataron a más de veinte personas en el área metropolitana de la capital paulista, como venganza por la muerte de un policía días antes. Las balas pertenecían a la Policía Federal y se desconoce si fueron desviadas o robadas de la institución.

Desde entonces, el asesinato de Marielle tomó notoriedad mundial y su sonrisa ancha está tanto en los muros de los barrios latinos como en las capitales europeas. Dos días antes de que se cumpliera un año de su asesinato, la División de Homicidios de Rio –que resuelve sólo dos de cada diez asesinatos que investiga– procesó con prisión a los supuestos ejecutores del crimen. Pero hasta el momento no se sabe lo fundamental: quién lo encargó.

La pista paramilitar

Al comienzo de las investigaciones coordinadas por la División de Homicidios de la Policía Civil de Rio de Janeiro, el concejal carioca Marcello Siciliano fue señalado como uno de los principales sospechosos de mandar a matar a Marielle. La hipótesis surgió a partir de un testimonio del sargento de la Policía Militar Rodrigo Jorge Ferreira. Un mes después del asesinato, Ferreira afirmó al diario O Globo que los autores intelectuales del crimen eran Siciliano y Orlando de Curicica, preso desde 2017 acusado de comandar uno de los grupos paramilitares de la zona oeste de Rio de Janeiro, conocidos popularmente como “milicias”.

Esa versión fue ampliamente divulgada y era hasta hace poco el principal eje de investigación, tras ser titular de la edición del 9 de mayo de O Globo, parte de la mayor red monopólica de comunicación del país. Sin embargo, a fines de agosto de 2018, Curicica declaró ante el Ministerio Público Federal (Mpf) que un día después de la publicación del reportaje había sido presionado por la División de Homicidios carioca para asumir la autoría del crimen e involucrar a Siciliano como coautor.

En su declaración a la procuradora Caroline Maciel, del Mpf, Curicica afirmó además: “Lo que tengo para decir a nadie le gustaría escucharlo: existe hoy en Rio un batallón de asesinos actuando por dinero, la mayoría en infracción. La Comisaría de Homicidios y el jefe de la Policía Civil saben quiénes son, pero reciben dinero para no trabajar o direccionar las investigaciones, creando así una red de protección para que estos infractores maten a quien quieran”.

Para entonces, el propio O Globo ya estaba dando marcha atrás con una nota en la que relacionaba por primera vez a otro grupo miliciano, el Escritorio del Crimen, con el asesinato de Marielle. El reportaje contenía declaraciones del mayor de la Policía Militar Ronald Paulo Alves Pereira, quien había circulado por el local donde ocurrió el asesinato de Marielle minutos antes del crimen, de acuerdo al rastreo realizado por la Policía Civil en su celular. Pereira es acusado de dirigir el Escritorio del Crimen junto con el también capitán de la Policía Militar Adriano Magalhães da Nóbrega. En enero de este año, Pereira fue capturado por la Policía Civil, pero Nóbrega consiguió escapar y está prófugo.

Una de las áreas de actuación del Escritorio del Crimen es Rio das Pedras, región por donde pasó el auto Cobalt que transportaba a los asesinos de Marielle. Localizada en la zona oeste de la ciudad, es una de las comunidades que vio nacer el fenómeno de las milicias en las décadas de 1980 y 1990.

De acuerdo con el delegado de la Policía Civil y doctor en ciencia política por la Universidad Federal Fluminense Orlando Zaccone, estos grupos surgieron en el enfrentamiento contra el tráfico de drogas, pero con el pasar de los años terminaron por ocupar el lugar de los propios traficantes: “Las milicias surgieron como continuación de grupos paramilitares que actuaban durante la época de la dictadura, pero en Rio de Janeiro se constituyeron de forma un poco diferente. Allí pasaron a trabajar con la ocupación territorial y la gestión de los negocios en el territorio”, apuntó Zaccone en diálogo con Brecha. “En el enfrentamiento contra el narcotráfico, los policías que luego integrarían las milicias observaron que el dominio armado del territorio no sólo permitía el control sobre el comercio de drogas: también sobre una serie de actividades económicas en las comunidades, entre ellas, la venta de gas, el transporte alternativo y el comercio clandestino de señales de televisión por cable”.

En 2008, diez años antes del asesinato de Marielle y con el objetivo de desenmascarar a estos grupos, se instaló la Comisión Parlamentaria de Investigación (Cpi) en la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro, conocida como “Cpi de las milicias”. Las investigaciones fueron coordinadas por el entonces diputado estadual Marcelo Freixo, del Partido Socialismo y Libertad (Psol), quien hoy es diputado federal. Como resultado, fueron acusadas 266 personas, incluidos siete políticos. En la Cpi trabajaba Marielle Franco, entonces asesora parlamentaria de Freixo.

Según Zaccone, el informe explicitó los vínculos que se habían establecido entre instituciones del Estado, políticos y milicianos: “Cuando los milicianos decidieron salir de la posición en que estaban –ocupando los territorios y apoyando a los políticos tradicionales– y pasaron a querer ocupar el espacio de esos políticos, se generó una reacción que posibilitó la creación de la Cpi”. Sin embargo, Zaccone manifestó que tras el envío a prisión de algunos milicianos que habían conseguido ser electos a cargos políticos, “más policías entraron a estos grupos. Hoy el dominio de territorios de Rio de Janeiro por parte de las milicias es mucho mayor”.

La sospecha del vínculo entre las milicias y la muerte de Marielle ganó más fuerza el 12 de marzo de este año, con el arresto de dos ex policías militares días antes de cumplirse un año del asesinato. Ronnie Lessa, de 48 años, es acusado de haber realizado los disparos contra la concejala, y Élcio Vieira de Queiroz, de 46 años, de haber participado del crimen como chofer del Cobalt.

Según el Ministerio Público hay fuertes indicios de que Lessa está vinculado a los grupos paramilitares. El mismo día en que fue preso, la Policía Civil encontró 117 fusiles M-16, cotizados en 3,5 millones de reales, en la casa de uno de sus amigos, en el barrio Méier, zona norte de Rio. Fue la mayor incautación de fusiles en la historia de la ciudad. Además, la Policía afirma que Lessa realizó diversas búsquedas en Google sobre la agenda de Marielle y otros activistas de derechos humanos, incluido Marcelo Freixo.

¿Quién dio la orden?

A pesar de estos avances, sigue en la incertidumbre la autoría intelectual del crimen de la concejala. De acuerdo con un fragmento –divulgado por el portal Uol– de la investigación de la Policía Federal sobre el posible accionar de infiltrados en la División de Homicidios, entre los nuevos sospechosos de ser uno de los autores intelectuales del asesinato está el ex diputado estadual Domingos Brazão, del Movimiento Democrático Brasileño. Las nuevas autoridades al frente del caso sospechan que Brazão fraguó junto con el sargento Rodrigo Jorge Ferreira la denuncia contra el concejal Marcelo Siciliano, hasta ahora el principal acusado. Brazão y Siciliano son históricos adversarios políticos y ambos son investigados por vínculos con las milicias.

Según un reportaje de la revista Piauí, ambos políticos se disputan las comarcas electorales que se extienden por la zona oeste de Rio y totalizan 527 mil electores. El año pasado, tras la acusación que lo involucró en el caso de Marielle, Siciliano se vio obligado a desistir de disputar el cargo de diputado federal por Rio. Eso dejó el camino libre para que Chiquinho Brazão, hermano de Domingos, se eligiera como representante en el Congreso Nacional por el partido Avante.

Esta madeja de caminos y teorías sobre los posibles móviles del crimen de Marielle deja todavía varias puertas abiertas, que no necesariamente se resumen en mezquinas disputas por el poder local. Zaccone abre otra puerta: “Puede ser que el interés político (en el asesinato de Marielle) no sea del ámbito local, que supere también la cuestión de la milicia, y nos hable sobre algo mucho mayor, relacionado con la permanencia, aunque formal, de la democracia en Brasil. En el momento en que Marielle murió, existía un gran debate sobre los destinos de la crisis política, y se debatía si tendríamos o no elecciones, con una intervención militar federal vigente en Rio de Janeiro”.

Esa intervención fue firmada por el entonces presidente Michel Temer el 16 de febrero de 2018, como una “medida extrema” para “combatir al crimen organizado y a las cuadrillas que se han apoderado de la ciudad”. Sin embargo, según el Observatorio de la Intervención, del Centro de Estudios de Seguridad y Ciudadanía de la Universidad Cándido Mendes, luego de diez meses el operativo militar no produjo resultados efectivos: “En vez de modernizar, reformar o cambiar, fueron llevadas al extremo políticas que Rio de Janeiro ya conocía: el abordaje de la violencia y la criminalidad a partir de una lógica de guerra basada en el uso de tropas de combate, ocupaciones de favelas y grandes operaciones. Ese modelo gastado hizo que finalizada la intervención la ciudad continúe enfrentando los mismos problemas de siempre”. Marielle fue asesinada a casi un mes de la llegada de los militares, mientras se desempeñaba como relatora de la Comisión Parlamentaria de la Cámara Municipal de Rio que los fiscalizaba.

Plan Alto

Parte de la derecha brasileña más reaccionaria, sobre todo la alineada con el actual gobierno, reivindica la muerte de Marielle. En un acto en la campaña electoral, dos diputados del partido del actual presidente, Jair Bolsonaro, quebraron una placa de calle con el nombre de Marielle, y uno de ellos, Rodrigo Amorim, gritó: “Vamos a acabar con esos vagabundos. Se acabó el Psol, se acabó el Pcdob (Partido Comunista de Brasil), se acabó toda esa mierda. Ahora es Bolsonaro”. El actual gobernador de Rio de Janeiro, Wilson Witzel, estaba en el mismo estrado y apoyó los dichos de Amorim. El discurso de odio contra la izquierda es una de las banderas del nuevo gobierno. El nuevo mandatario ya había anunciado por videoconferencia, en un acto en la Avenida Paulista,“esos rojos marginales serán barridos de nuestra patria”. En el estado de Acre, en la Amazonia, dijo que iba a “ametrallar a toda esa petralhada”, nombre con el que se denomina de forma despectiva a los petistas.

En este sentido, la antropóloga y profesora del Departamento de Seguridad Pública de la Universidad Federal Fluminense Jacqueline Muniz afirma que “Marielle era una ‘matable’”, que “a pesar de ser una política era parte del grupo de los ‘matables’ en Brasil: negros, pobres, oriundos de la periferia y Lgbt”. Para Muniz, “el atentado político criminal contra Marielle atentó contra la democracia, contra nuestras garantías individuales y colectivas, y mostró que cada una de nosotras puede estar mañana en la fila de un asesinato por motivos políticos”. Pero los vínculos entre los bolsonaristas y la violencia van mucho más allá de la construcción y defensa de un ecosistema del odio.

Flávio Bolsonaro, hijo del presidente y senador federal de Brasil, homenajeó en 2004 al ahora detenido mayor Ronald Paulo Alves, uno de los sospechoso de liderar el Escritorio del Crimen y probable ejecutor del asesinato de Marielle. En tanto, el prófugo Adriano Magalhães da Nóbrega, ex capitán del Batallón de Operaciones Policiales Especiales, fue condecorado a iniciativa de Bolsonaro hijo con el mayor galardón de la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro, la medalla Tiradentes. En ese entonces Nóbrega estaba preso, condenado por otro asesinato. Pero los vínculos no terminan con los homenajes. Según reveló el diario O Globo, la madre y la esposa del miliciano trabajaron como asesoras de Flávio Bolsonaro.

Muniz contó a Brecha que en Brasil es común que las condecoraciones actúen como blindaje para evitar que policías vinculados a crímenes sean investigados. Sobre la relación entre el clan Bolsonaro y las milicias, explicó: “Esta es una cuestión extremadamente delicada, porque estos personajes que hoy están en el poder trataron primero de legalizar las milicias, de darle una fachada de legalidad a una estructura que en realidad es una forma de privatización del poder de la Policía”. Agregó que estos grupos paramilitares “son peores que las bandas armadas ligadas al narcotráfico, porque vienen de dentro del propio Estado, manejan informaciones privilegiadas y están en posiciones estratégicas. Pueden sabotear cualquier esfuerzo relativo a la seguridad pública”.

Sobre el presidente Jair Bolsonaro, al que entiende más ligado a lo policial que a lo castrense, la académica afirmó que “convive con grupos policiales, muchos de ellos con una doble vida institucional. Individuos que hacen changas, que transitan por el limbo entre lo legal y lo ilegal. Mano de obra policial popular barata, al servicio de prácticas clandestinas”. Muniz dice que es la figura de Marielle “quien va a explicitar las relaciones peligrosas de este gobierno”,y aventuró que es “quien va a hundir al presidente”. El impacto del crimen de la concejala, afirma, es todavía “inconmensurable”.

Semilla de resistencia

“Yo creo que las balas disparadas contra Marielle fueron disparadas contra toda la población negra, Lgbt, y todas las mujeres que se sintieron una vez más violentadas por ese Estado que siempre fue truculento y esos gobernantes que nunca nos representaron”, dijo a Brecha Mónica Benício, la compañera de Marielle, también originaria de la Favela da Maré. Benício relató que ambas compartían mucha complicidad, y conseguían equilibrar el trajín de la vida pública de concejala con la dedicación a hacer del hogar un lugar acogedor. Arquitecta de formación, después del asesinato de su compañera se volcó de lleno a la actividad política, y actualmente asesora a la bancada del Psol en Brasilia. “La ejecución (de Marielle) fue un mensaje claro a la población negra y a la población Lgbt, quienes siempre ocuparon las páginas de sangre de los diarios; a las mujeres, que siempre conocieron la violencia de muy cerca; a los favelados, que nunca tuvieron voz en los espacios de poder. Fue un intento de silenciar todo eso”, afirmó Benício, quien agregó que “no tener respuestas a un año de uno de los crímenes políticos con mayor repercusión en el mundo no es solamente doloroso, sino vergonzoso”. Sin embargo, aclaró: “La justicia para Marielle no se cierra con el final del proceso judicial, sino cuando construyamos una sociedad más justa e igualitaria, que es por lo que ella luchaba”.