El mejor aliado del poder frente a los chalecos amarillos es la extrema derecha, cuya acción antisemita y racista echa por tierra las exigencias democráticas y sociales del movimiento. La responsabilidad de las izquierdas es, por tanto, decisiva para evitar ese enfrentamiento mortífero. Ahora bien, a fuerza de divisiones y de precauciones, las izquierdas podrían faltar a la cita.

Eddy Plenel *

Mediapart, 23-12-2018

https://www.mediapart.fr

Traducción de Ruben Navarro, Correspondencia de Prensa, 29-12-2018

Las tentativas de la extrema derecha antisemita, racista y xenófoba de anexar y de desviar el movimiento de los chalecos amarillos anuncia la ruina de sus exigencias democráticas y sociales iniciales. Ninguna indulgencia con respecto a esas tentativas. La extrema derecha es el partido de la desigualdad natural, basada en la jerarquía entre humanidades, orígenes, condiciones, culturas, religiones, sexos y géneros. La extrema derecha es el enemigo de aquello que es el motor inicial de la furia de las rotondas francesas: un planteamiento radical de igualdad frente a la injusticia fiscal y contra el enajenamiento político.

La caza del chivo expiatorio –el judío, el árabe, el musulmán, el extranjero, el migrante, el homosexual, el otro, el diferente o disidente- no procuró nunca la felicidad del pueblo sino su desesperanza. Solo permite abrir la ruta a las fuerzas autoritarias que utilizan el veneno de la “identidad” para defender la perpetuidad de las injusticias sociales y de las desigualdades económicas. Desde su nacimiento ideológico a fines del siglo XIX, en pleno corazón de nuestras modernidades industriales y tecnológicas, el racismo es el arma recurrente de las dominaciones tambaleantes, en peligro, para aniquilar la reivindicación social y la esperanza democrática.

Algunos incidentes -en particular la violenta expresión antisemita del sábado 22 de diciembre en Montmartre, perpetuada por un grupo de chalecos amarillos de extrema derecha- contribuyen a que esta interrogante, lejos de ser puramente teórica, sea eminentemente práctica para el futuro de un movimiento que se encuentra al mismo tiempo en movimiento y en suspenso. Ya lo dijimos: su historia no está escrita de antemano y su traducción política menos aún. Inédita, imprevista e imprevisible como lo son todas las revueltas populares espontáneas, fuera de todo marco existente y de toda organización constituida, ese surgimiento de un pueblo golpeado hasta hoy de invisibilidad y de desprecio puede tanto elevarse como perderse.

El poder ha sido sacudido por el miedo de los posesores frente a la ira incontrolable. De ello da prueba el mantenimiento del orden con una violencia nunca vista desde 1968. El poder apuesta al agotamiento del movimiento y convierte a la extrema derecha en su mejor aliado. Mientras que los reportajes muestran una realidad de los chalecos amarillos muy diferente y mucho más compleja y diversa, más cercana de las causas de la emancipación que de la caza al chivo expiatorio (1), todo está orquestado mediática y políticamente para aprovechar el más ínfimo incidente racista con el objetivo de desacreditar el movimiento. Lo efímero es analizado a la lupa a costas de la investigación periodística; la información continua de algunos medios se transforma en arma enceguecedora masiva que solo muestra aquello que acredita los miedos y los prejuicios.

A la morgue de clases contra la que los chalecos amarillos se levantaron, frente al poder de arriba que se considera “demasiado inteligente, demasiado sutil” (2) para ser entendido por los de abajo, se agrega una descalificación moral: no solo este pueblo no entiende ni oye nada sino que, además es, desde un punto de vista político, horrible y monstruoso. La cantinela de “las clases laboriosas, clases peligrosas” (3) que unía a los burgueses del siglo XIX, que se emancipaban de los escombros del Antiguo Régimen, aparece de nuevo. Desde este punto de vista, los chalecos amarillos son catalogados en el mismo archivo que los jóvenes de los barrios populares, si nos acordamos de los epítetos contra esos nuevos “bárbaros” que acompañaron el “estado de excepción” decretado –por primera vez después la guerra de Argelia- en ocasión de las revueltas juveniles de 2005.

Es inevitable la intervención de la extrema derecha dentro del movimiento de los chalecos amarillos en un país que, históricamente, la vio nacer en el “affaire Dreyfus” y en el que, sobre todo, se ha instalado para quedarse en el paisaje electoral desde hace treinta y ocho años (2,2 millones de votos en las elecciones europeas de 1984). En cambio, no es inevitable que la extrema derecha imponga su agenda ideológica al movimiento y es sobre este punto que la responsabilidad de las izquierdas, que la diversidad de familias de ideas (partidos, sindicatos, asociaciones, etc.) nacidas en los largos combates por una República democrática y social –siempre inacabados, siempre por empezar de nuevo- aparece comprometida. Y lo menos que se puede decir es que, por ahora, estas izquierdas no han ido a la cita.

La actitud de las principales organizaciones implicadas se balancea entre pasividad y seguidismo. Pasividad por parte de quienes, en lugar de salir a enfrentar a la extrema derecha en el terreno, se mantienen a una distancia prudente de un movimiento que no dirigen ni controlan. Seguidismo de quienes, en lugar de asumir una pedagogía antifascista clara y firme, relativizan con cierta complacencia ciertos desvíos que no deberían merecer ninguna excusa. En el mismo momento en que muchos militantes sindicales o políticos se unen espontáneamente al levantamiento de los chalecos amarillos –como lo ha informado el Club participativo de Mediapart- sus organizaciones respectivas, sus dirigentes, se quedan sumidas en la confusión.

Si la situación actual persiste, el riesgo de que la extrema derecha sea la principal ganadora de esta crisis es muy grande. Esto le daría aún más posibilidades de disputar un poder que, en 2017, logró hacerse elegir en nombre de un rechazo a la extrema derecha. El riesgo es mayor aún si las divisiones partidarias incomprensibles continúan en un momento crucial para todas y todos quienes que se reivindican de una izquierda democrática, social y ecológica. Lo que está en juego no es tanto las elecciones europeas que se avecinan y para las cuales los dados parecen estar echados ya que cada fuerza de izquierda corre por carriles separados. Lo que está en juego concretamente y de manera urgente es lo que ocurre, lo que se juega en el terreno, en las rotondas y en los otros lugares que ocupa el levantamiento.

De ahí, las izquierdas deberían inventar localmente sus propias rotondas para reunir sus fuerzas y participar en el movimiento actual respetando su autonomía. Tienen mucho por aprender del movimiento de los chalecos amarillos, movimiento que recuerda a los partidos de izquierda su pérdida de base popular y su aislamiento en un confort institucional y mucho para aportar acompañando su inventiva democrática y su radicalidad social.

Si hay golpes que recibir frente a un movimiento que no se deja recuperar dócilmente, éstos pesan poco frente al riesgo de gangrena que pueden llegar a causar la desesperanza y el resentimiento. ¿Por qué no imaginar que a las banderas azul blanco y rojo -cuyo símbolo puede ser tanto un regreso bienvenido de la memoria republicana como un repliegue desgraciado sobre el terreno de la identidad- se unan otros colores tricolores, una unión de chalecos amarillos, verdes y rojos?

En todo caso, es deseable que así sea pues entre urgencia climática, retroceso democrático e injusticia social, el tiempo corre tanto en Francia como en el resto del mundo. ¿Frente al espectáculo de las derrotas, de las impotencias y de las rivalidades que actualmente caracterizan a las izquierdas debilitadas y divididas, cómo no sentir que éstas no han sabido sopesar la gravedad de la época? Como si, mientras que la humanidad estuviera encerrada en una pieza cuyas paredes se acercan entre sí a gran velocidad, las izquierdas se pelearan por el reparto de los muebles. Siendo que la catástrofe cuyos contornos conocemos de antemano (poderes autoritarios al servicio de grupos e intereses económicos socialmente minoritarios, capaces de arrastrar a sus pueblos hacia guerras identitarias y destruyendo de paso todo vida en el planeta) puede ser evitada únicamente gracias a las movilizaciones de la sociedad, populares y unitarias.

Los chalecos amarillos son la oportunidad que se abre a las izquierdas. En “Le sens des affaires” (Calman-Lévy, 2014) (4), un libro sobre los casos de corrupción que desacreditan la confianza en la democracia, Fabrice Arfi había sacado a luz la elocuencia de Víctor Hugo en julio de 1847, en sus “Cosas vistas”, ante el espectáculo de libertinaje de lujo exhibido frente al pueblo parisino: “Cuando la muchedumbre mira a los ricos con esos ojos, no son pensamientos los que hay en su cerebro, son hechos”. Unos meses después, en febrero de 1848, un levantamiento popular derrocaba a la monarquía abriendo paso a la Segunda República…

El hecho creador, imprevisible e imparable. Sí, acontecimientos cuyo desarrollo, nunca escrito de antemano, depende siempre de la acción o de la parálisis de aquellas y de aquellos que los convocan. Por eso, la responsabilidad de las izquierdas es hoy inmensa.

* Eddy Plenel (1952), comenzó su actividad periodística en Rouge (1976-1978), semanario de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), prosiguió en Le Matin de París, y sobre todo en Le Monde donde trabajó durante veinticinco años (1980-2005). Co-fundador y presidente de Mediapart luego de su creación en 2008. Autor de una treintena de obras.

Notas

1.https://www.lemonde.fr/societe/article/2018/12/15/sur-les-ronds-points-les-gilets-jaunes-a-la-croisee-des-chemins_5397928_3224.html

2.Declaración de Gilles Le Gendre, dirigente de La République en Marche, movimiento del presidente Macron. https://www.nouvelobs.com/politique/20181217.OBS7228/gilles-le-gendre-notre-erreur-est-d-avoir-probablement-ete-trop-intelligents-trop-subtils.html

3.Ver “Classes laborieuses et classes dangereuses”, Louis Chevalier. https://www.lisez.com/livre-de-poche/classes-laborieuses-et-classes-dangereuses/9782262027148

4.https://calmann-levy.fr/livre/le-sens-des-affaires-9782702155424