En el campo cultural, el racismo es notorio en Brasil. Expertos y artistas analizan la situación y las cifras a días de que el candidato de derecha, Jair Bolsonaro, ganara las elecciones.  El 51% de la población es negra, pero una investigación demostró que de 303 obras publicadas entre 2005 y 2014, el 97,5% es de autoría blanca.

Soledad Domínguez, desde Río de Janeiro

Revista Ñ, 16-11-2018

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Correspondencia de Prensa, 21-11-2018

Hablar en Brasil de artistas, guionistas, académicos y escritores negros es abrir –en cada conversación– una herida que parece no estar cerrada: la escasez de presencia de personas negras en la literatura y otros espacios de la cultura. La situación, histórica, cobra nueva gravedad ante el nuevo presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, que fue capaz de declarar cosas como: “Los afrodescendientes no sirven ni para procrear”.

Para unos, el negro no es un excluido solo por su color de piel, sino por una conjugación de factores entre educación, cultura y condiciones sociales y económicas. Para otros, más allá de estas condiciones, el principal motivo continúa siendo el resquicio racista de la herencia del Brasil colonial que todavía no se pudo superar. “La memoria de 300 años de esclavitud no se borra fácilmente. Aquellas senzalas donde vivían los esclavos, alejados de las casas grandes de las haciendas durante el período imperial, hoy se perpetuan en las favelas como lugares de exclusión”, dice Eduardo de Assis Duarte, profesor de Letras de la Universidad Federal de Minas Gerais que investiga las obras literarias más antiguas de afrodescendientes de nuestro continente.

El poderío de los blancos

Brasil comenzó a ponerle números a esas diferencias raciales. Tal vez para darle visibilidad a un nudo enquistado en la garganta de esta sociedad. El mercado cinematográfico es uno de los que le puso foco a este tema. La Agencia Nacional de Cine (ANCINE) difundió una estadística de acuerdo a la cual de 142 largometrajes lanzados en 2016, el 75,4% estuvo dirigido por hombres blancos, el 19,7% por mujeres blancas y el 2,1% por directores negros. Unos se manifiestan excluidos en cualquier circunstancia y otros niegan tal racismo, por eso la implementación de acciones afirmativas para saldar las desigualdades demoró tanto. Un ejemplo es la ley de cuotas universitarias (sancionada en 2012) que establece un porcentaje de vacantes en universidades públicas para jóvenes de familias pobres. Ese cupo se combina con variables de origen de raza negra e indígena de los estudiantes.

“La escasa presencia tiene que ver con la formación. Algunos dicen que no se encuentran negros capacitados. Pero si ese es el argumento, con los altos costos de los cursos de cine, TV y producción cinematográfica: ¿cómo un negro tendrá acceso?”, opina Mariana Jaspe, cineasta y guionista negra seleccionada a fines de abril de este año para trabajar en la adaptación de una novela para televisión. Para su nuevo proyecto de filme, planea apostar todo para hacer lo mejor posible desde el punto de vista técnico. “Sino, la reacción inmediata es asociarnos a lo ‘simple’ y ‘precario’”.

En el mundo de las letras, Regina Dalcastagne, profesora de la Universidad de Brasilia, coordinó una investigación donde demostró que de 303 obras publicadas entre 2005 y 2014, el 97,5% es de autoría blanca y el 2,5% de autoría negra. Y los personajes, se dividen en un 79,9% de blancos y un 6,3% de negros, los cuales en su mayoría aparecen en las novelas reforzando estereotipos racistas (bandidos, delincuentes, etc..). “Eso es consecuencia de la discriminación estructural brasileña donde el 51% de la población es negra, según el censo nacional de 2010”, concluye.

Lo cierto es que hace más de 30 años, muchos escritores negros producen y publican por cuenta propia, en pequeñas editoras o se organizan de forma cooperativa, publicando y compartiendo gastos. Es el ejemplo de la serie Cadernos Negros que surgió en 1978 por inquietud de un grupo de autores negros que buscaban el reconocimiento de su producción literaria en el mercado. Fue allí donde Conceição Evaristo –la escritora negra de origen humilde que ganó el Premio de Literatura Jabuti en 2015; ver recuadro– publicó sus primeros cuentos y poemas. Sus personajes afrobrasileños son descriptos en su vulnerabilidad y pluralidad, en su esencia de condición humana y entorno de pobreza y violencia urbana.

En esa misma década nació la editorial Pallas, con una propuesta de publicaciones afro-brasileñas. Fue la que editó y publicó el libro de cuentos Olhos D´Água ganador de aquel premio.

Hacia mitad de los años 80 con el retorno de la democracia brasileña, María Mazzarello, nacida en una familia humilde y negra en Minas Gerais, creó Mazza Ediciones con foco en textos infantiles y didácticos para profesores. “Antes de abrir el sello, estudié edición en Europa. Allí me encontré con autores e ilustradores negros; había espacio para ellos. Algo que no sucedía en Brasil”, cuenta. Cuando María volvió de Francia, apostó a la literatura infantil de nuevas voces y personajes negros. “Crecí con la literatura infantil del escritor Monteiro Lobato nacido en el siglo XIX. Algunas de sus obras como Caçadas de Pedrinho tiene pasajes controvertidos de racismo. De adulta, me di cuenta de los estereotipos de su obra”, recuerda. Y agrega que creció añorando tener cabello lacio, en lugar de sus rizos de mujer negra.

Estas editoras y grupos editoriales, como Quilombhoje Literatura, mencionan lo difícil de cubrir los costos del libro. Otras sostienen que el mercado editorial brasileño sigue siendo elitista. “Se trata a los escritores negros como productores de una literatura segmentada y recurrente de la temática racial”, agrega Vivian Zeni, de Ijumaa Ediciones que lanzó el libro de poesías Negra, Crua, Nua de Mel Duarte.

Esta poeta de 29 años, negra, se sube al escenario envuelta en sus cabellos dreads y brazos tatuados. Recita poesías con cadencias de rap. Son letras comprometidas con la realidad de las mujeres negras de la periferia de San Pablo. Es una mirada joven y urbana que habla de sexualidad, violencia de género y raza. Y se conecta con los textos de Conceição Evaristo desde una performance seductora, donde se unen elementos de una y otra. “Negra, mujer bonita que va a la lucha, con opinión propia y no te asusta cuando, por milésima vez, una persona señala tu pelo riéndose, diciendo que está todo parado, y la ignorancia de esa pobre no le permite ver que como sea (…) porque para mí es imponencia, cabello de negro no es resistente, es resistencia”, recita.

Formas de resistencia

Buscar de dónde viene esta disparidad social y racial nos lleva a la conformación de la sociedad brasileña, a la época de la colonia y a lo que vino después. Desde la Primera República (1889-1930) y hacia fin del siglo XX se pretendía erradicar los trazos físicos de africanidad de toda la población, cuenta Nei Braz Lopes, autor de Enciclopedia Brasileña de la Diáspora Africana (2011). “Fue un proyecto de Estado que implementó una estrategia de “blanqueamiento” a través del mestizaje promulgado por las clases gobernantes”, dice.

Y hoy, esos resquicios se proyectan también en la educación formal. En Brasil, el analfabetismo afecta al 4,2% de los blancos y entre los negros y pardos llega al 10%.

La incertidumbre y el temor frente al nuevo contexto político estuvo presente en todas las entrevistas realizadas a profesores, editores, escritores y guionistas. Las propuestas de Bolsonaro para el área de la cultura no están definidas pero en la educación circulan algunas ideas. Cambiar la base de la currícula escolar sin especificar cual; “abolir ideologías”, sin referirse exactamente a cual. “Por más matemáticas, ciencia y portugués, sin doctrinas”, dice en su plan.

Ecio Salles, uno de los organizadores de la Feria Literaria de las Periferias, remarcó la importancia de las cuotas sociales y raciales en las universidades: “Cuando yo estudiaba no tenía compañeros negros, hoy me alegro cada vez que entro a la facultad y veo a estudiantes negros”, reflexiona y espera que esta política no se suspenda en el nuevo gobierno. Muchos de esta generación también se graduaron en universidades privadas a través del Programa Universidad para Todos (PROUNI).

El Programa Nacional del Libro y Material Didáctico del Ministerio de Educación distribuye en escuelas públicas, obras seleccionadas como Por onde andará a vaca amarela y Rapunzel e o Quinbugo (una niña negra) y otros tres títulos de la obra de Conceição Evaristo. “No sabemos si le dará continuidad o no a este programa. Algo me hace pensar que no sobreviviremos como editorial”, dice Maria de Mazza Ediciones.

El acceso de los más pobres a bienes tuvo algunas consecuencias positivas. El cine penetró en las favelas, se instituyó el 20 de noviembre como el Día de la Conciencia Negra y hubo una valorización estética de las periferias.

“Si antes del año 2002 difícilmente se veían negros en aeropuertos, vernissages, plateas de teatros, me parece que ahora otro ciclo de exclusión está en camino”, dice Nei Braz Lopes, el sambista y escritor negro de 76 años, de fuerte trayectoria en las escuelas de samba Salgueiro y Vila Isabel de Río de Janeiro.