Burbuja y reacción

Pentecostales y neopentecostales se multiplicaron silenciosamente durante las últimas décadas y avanzaron a gritos sobre religiones tan arraigadas como la católica y sobre tradiciones tan laicas como la de la política. Los evangélicos más conservadores son quienes tienen mayor incidencia y cantidad de seguidores en Uruguay. A imagen y semejanza de lo que ocurre en América Latina, salen ahora a las calles para que el Parlamento retroceda y para que propios y ajenos luchen en contra la agenda de los nuevos derechos.

Betania Núñez

Brecha, 9-11-2018

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Correspondencia de Prensa, 9-11-2018

El evangélico uruguayo más destacado del siglo XX, el pastor Emilio Castro, escribía en el semanario Marcha, fue uno de los fundadores del Frente Amplio, resistió la dictadura, fue empujado al exilio. En lo que va del siglo XXI, el evangélico más renombrado en Uruguay, el apóstol Jorge Márquez, es dueño de medios de comunicación, logró una banca en el Parlamento para su iglesia gracias al Partido Nacional, se opone al aborto legal, el matrimonio igualitario y la ley integral trans.

La comparación –del investigador especialista en religiones Nicolás Iglesias– sirve para graficar “el cambio de paradigma. ¿Cómo puede ser que en las primeras dos décadas del siglo XXI el evangélico más relevante tenga signos políticos e ideológicos tan distintos a los del pastor más importante de las últimas décadas del siglo XX?”.

Castro, un uruguayo con mundo que volvió para retomar su rol de pastor metodista, fue el único latinoamericano en llegar a un puesto en la cúpula del Consejo Mundial de Iglesias, del que fue secretario general. Desde allí luchó contra el apartheid, apoyó la reconciliación en Sudáfrica, construyó una amistad con Nelson Mandela. En un homenaje que se le hizo, hace menos de un mes, el historiador y politólogo Gerardo Caetano planteó que la de este pastor fue “una vida que es casi una epopeya”, “un hombre de Dios que nos devuelve el espejo de la mejor versión de Uruguay”.(1)

Márquez, un argentino con look brasileño, ve la influencia del demonio en lo que llama “ideología de género” –un concepto que recorre todo el continente– y profesa que los nuevos modelos de familia provocarán el despoblamiento de las naciones. Por su estética y ética fue rechazado primero, envidiado más tarde y por último aliado –aunque no sin algunos desmarques de tanto en tanto– de propios y ajenos. Amigo de católicos y judíos, Márquez reivindica el Estado de Israel y se ha reunido con figuras como Biniamin Netaniahu.

La distancia entre Emilio Castro y Jorge Márquez –que más que estar en las antípodas es las antípodas– sirve no sólo para mirar hacia atrás; sirve, también, para hacer justicia: no todos los evangélicos, los de ayer y los de hoy, piensan igual.

Neo y más allá

Primera aclaración: la Iglesia Universal del Reino de Dios, más conocida como Pare de Sufrir, se asemeja a una iglesia neopentecostal, pero no es reconocida como tal en Uruguay. Muchos evangélicos, y no menos cientistas sociales, dicen de plano que es una “multinacional de la fe”.

Surgió en Brasil, donde sí se la reconoce como iglesia evangélica, y su presencia en 200 países ha ubicado al poder político y económico de su “dueño” o “creador”, Edir Macedo, por los cielos. Dentro y fuera de los templos, el énfasis es mediático y prima el show y la espectacularización. Macedo es dueño de la segunda cadena de televisión más grande de Brasil, Record TV, que se destaca por su producción de telenovelas y series bíblicas interpretadas por actores de renombre internacional.

Mientras tanto, los templos funcionan como una franquicia: “Comprás la marca y abrís la sucursal. Es lucro puro y duro, todo está mediado por el dinero, y está organizado por targets; cada día hay una reunión según el problema que la persona va buscando solucionar”, resume Iglesias, quien recuerda que hace poco, mientras presentaba en Minas su documental Fe en la resistencia, le entregaron un volante donde marcar su padecimiento con un tick: “Vas a la iglesia según los casilleros que completaste. Un día hay una reunión por salud, otro día por amor, otro día por empleo”.

Victoria Sotelo, magíster en sociología y especialista en el tema, cuenta que durante el culto uruguayo se celebra una subasta invertida, en la que se comienza solicitando una suma disparatada: “¿Quién tiene la fe para ofrendar 10 mil pesos?”, se pregunta, y acto seguido alguien se levanta –no se sabe si fiel o contratado– y pone el dinero en una bolsa. Luego se baja la cifra a 5 mil pesos, y se acercan tres o cuatro y depositan. Más tarde se piden 3 mil, y se arriman diez, y siguen aportando. La cifra baja hasta que todos tuvieron oportunidad de depositar. La promesa es que, cuanto más dinero ofrenden, más los proveerá el señor, lo que genera una “relación económica con Dios” –plantea Sotelo–, al que se le paga para obtener un beneficio.

“Todo ello alimenta conductas irreflexivas en los fieles y suscita una actitud pasiva de éstos frente a los acontecimientos que los aquejan”, sentencia Sotelo en su libro Religiones de ricos y de pobres, producto de su tesis de maestría que fue publicado en 2012. Y prosigue: “No se encuentra en los testimonios de los fieles neopentecostales una preocupación por transformar la sociedad, sino que más bien el énfasis está en difundir el mensaje religioso y en ‘salvar’ a los individuos aislados a través de su conversión”.

Pare de Sufrir es el mayor exponente en el territorio nacional de esta tesis que se ha llamado “teología de la prosperidad”, una tendencia que caracteriza a las iglesias neopentecostales y ofrece una solución inmediata a los problemas o un incremento “mágico” de la capacidad de consumo, luego de que el resto de los mecanismos de ascenso social “vendidos” a las poblaciones más castigadas han fracasado. La idea que la sustenta cuadra con el motor que mueve al mundo: “no sé lo que quiero, pero lo quiero ya”, diría Luca Prodan, aunque no dé con el público. Nicolás Iglesias sostiene que es característica de las iglesias neopentecostales, pero “hay ciertos trasvases: la teología de la prosperidad desbordó a estos grupos, es una moda, y ha influido a los evangélicos en general, sobre todo a los pentecostales clásicos y a los fundamentalistas, pero también a toda la espiritualidad, incluso al catolicismo”.

Las iglesias neopentecostales –un término aplicado desde fuera para comprender el giro que dieron respecto a las pentecostales– comparten con sus antecesoras los cultos en los que se habla en lenguas, se celebran rituales emotivos con cantos y exorcismos, se convoca la influencia del espíritu santo. En cambio, se diferencian por salir al mundo, antes considerado sucio, ajeno, satánico, y por desarrollar formas más modernas de comunicación, para las cuales los medios y las redes sociales son cruciales. Así, son más ruidosos y visibles, lo que los vuelve en apariencia más numerosos, aunque en realidad los fieles pentecostales clásicos les ganen en ese aspecto: según datos de diferentes estudios cruzados por Iglesias, los pentecostales son un 6 por ciento de la población uruguaya, mientras que los neopentecostales representan al 2 por ciento.

De hecho, la iglesia evangélica con más adeptos en Uruguay, sin duda en América Latina y posiblemente en el mundo, es Asambleas de Dios, de corte pentecostal. Publicados en su página web, con nombre y dirección, da cuenta de tener 160 templos, 33 en Montevideo y el resto en el Interior, y un abanico importante de institutos educativos, desde educación inicial hasta universitaria. Es la comunidad más importante del Consejo de Representatividad de Evangélicos de Uruguay (Creu), que a su vez reúne a 60 organizaciones y a 700 templos y lugares de reunión.

Otra diferencia que inauguraron los neopentecostales es que adhieren al apostolado y son fuertemente jerárquicos, motivo por el que no están incluidos en el Creu: “La autoridad termina en el apóstol, y de ahí en adelante, Dios”, dice este investigador, quien asegura que en Uruguay hay alrededor de cien apóstoles, diez de ellos con comunidades “nada despreciables” en cantidad de fieles. Uno de ellos es el apóstol Márquez.

Células que se multiplican

“Hola, me estoy preparando porque hoy tenemos una charla especial, una lección de doctrina. ¿Has oído algo acerca del don de discernimiento de espíritus? (…) El discernimiento te permite diferenciar entre la obra de los demonios y Dios. ¿Verdad que los demonios tienen la habilidad de hacerte creer que Dios te está hablando y son ellos, mentirosos? A las siete y media de la tarde te espero en Misión Vida”, dice Márquez en un video publicado en las redes sociales de su iglesia, que demuestra una aceitada producción audiovisual.

Si bien en Uruguay comenzó su obra en los noventa, Márquez fue muy resistido en sus inicios, cuando ya generaba actividades “muy modernas, como bailes para jóvenes con música cristiana, que bailaban en un templo lleno de luces de colores”, relata Iglesias, quien, criado como protestante, tuvo oportunidad de conocer el fenómeno desde su adolescencia. Misión Vida creció primero gracias a pastores y líderes desencantados de otras iglesias evangélicas, pero después de 2002, con la crisis económica, lo hizo a través de la acción social. Así afianzó la organización Esalcu, que administra los hogares Beraca. Hoy tiene 32 comedores y 60 comunidades, que ocupan lo que algunos investigadores consideran los “huecos” del Estado, donde se alberga a personas con problemas de adicción, en situación de calle o víctimas de violencia doméstica y explotación sexual. Iglesias plantea que así “crece, también, su capacidad productiva, de generar una rentabilidad: cada hogar es una empresa funcionando”. (2)

“Lo que ha hecho Márquez es montar una cristiandad, un sistema integral: colegio, iglesia, medio de comunicación, empresa. Vos te ennoviás y te casás, formás tus vínculos y amistades en esa comunidad. Vas a los campamentos y los congresos y votás a su partido político. Márquez propone un paquete, y ese es su gran diferencial: ni Pare de Sufrir lo tiene, que pone mayor énfasis en la política y en los medios de comunicación”, considera Iglesias.

Otra base de crecimiento son las “células”, como les llamaban antes, o los “grupos de amigos”, como les dicen ahora, que forman parte de la estructura jerárquica y descentralizada de Misión Vida: debajo del apóstol se encuentran los pastores regionales, luego los “líderes” barriales, encargados de coordinar reuniones semanales en casas de familia cedidas por los anfitriones, es decir, fieles que ponen su vivienda a disposición para evangelizar a los vecinos.

Andrea, de Piedras Blancas, aclara que los líderes como ella se encargan de que “la iglesia llegue al barrio, de coordinar una reunión que tiene que ser de una hora”, para no robarle mucho tiempo a la gente, y de arrimar cada vez a más vecinos para que los grupos crezcan. Cuando una célula alcanza los 20 miembros se divide en dos, algo que en Misión Vida se denomina “multiplicación”. Los domingos, cuenta Andrea, “sacamos un ómnibus entre todos los líderes de la zona para ir al templo central”.

Gabriel, líder de Goes, describe que “cuando lográs buena onda con la persona, te contactás por teléfono. Para alguien que nunca fue a una iglesia, es más práctico ir a una casa de familia. La gente va porque tiene problemas, en general familiares, económicos, de adicciones. Siempre se los invita a la iglesia”. Relata, además, que su esposa fue la que empezó a ir a Misión Vida: “Yo no estaba ni ahí, pero un día fui de casualidad y me encontré con una persona del barrio. Pensé que la gente que iba era de otro tipo, empezamos a hablar, me invitaron a un grupo y me empezó a gustar el trato con la gente, la ayuda que daban. Tenía un problema en casa: yo era, no muy violento, pero no me sabía controlar. La iglesia me ayudó a ver las cosas de otra manera”.

Luis, de la Curva de Maroñas, cuenta que hace ocho años que es líder, y que se acercó a la iglesia por un problema familiar. “Mi esposa se fue con mis hijos” y “busqué a Dios. Un amigo me predicó y me abrió la puerta”. Los líderes como Luis plantean que su trabajo consiste en “compartir una palabra” y derivar a las comunidades Beraca a las personas que necesitan rehabilitarse: “Si uno no busca su parte espiritual, está muerto”, aclara.

Claudia, que es líder y trabaja con adolescentes de la Utu de Propios, es muy reticente a hablar con periodistas, pero explica que los líderes se especializan: “Nos enfocamos en un grupo específico para llegar a todo el espectro. Algunos trabajan con mayores, otros en una casa de familia, yo con adolescentes”. Katherin, una joven del Cerro, lo hace con sus pares, a los que sale a “predicar”, o coordina talleres. El último fue sobre el noviazgo y participaron 50 jóvenes y líderes de otros barrios; allí “se enseñó sobre el cuidado del proceso de una amistad”.

También hay células universitarias en las facultades de Medicina, Ciencias Económicas, Derecho y Psicología, en Magisterio y en el Ipa. Jéssica, que hasta hace un tiempo iba a trabajar con el grupo de Ciencias Económicas, no es estudiante de esa facultad, pero se juntaba con ellos en un salón o el patio para “charlar sobre nuestra fe, igual que como cuando te tomás unos mates con unos amigos. Me enfocaba en saber cómo se sentían y en decirles que estaba a las órdenes. Van porque no les está yendo bien en la carrera, no saben qué hacer con sus vidas, es un grupo contenedor para las personas”. Esta líder, que siempre trabajó con jóvenes en el marco de la iglesia, llegó a Misión Vida cuando era adolescente a través del Campamento Beraca, un encuentro de jóvenes que se realiza todos los veranos.

Hoy, según los datos publicados en su página web, Misión Vida tiene un templo central y 21 anexos en 12 departamentos de Uruguay y en Argentina, Brasil, Chile y Haití, además de casi 350 células que trabajan en barrios de 17 departamentos del país.

De un lado a otro

Tanto en Uruguay como en toda Latinoamérica, los fieles perdidos por las iglesias evangélicas más “progresistas” fueron ganados, y con creces, por las pentecostales y neopentecostales. Con sus diferencias, estas dos corrientes comparten cierta tendencia conservadora y fundamentalista, además de una agenda en contra de los “nuevos derechos”.

Si se amplía la mirada, en los últimos años también se dio una importante migración de la Iglesia Católica hacia las evangélicas. Según el último informe (de 2014) sobre religión en América Latina del Pew Research Center, mientras que un 84 por ciento de los latinoamericanos afirma haber sido criado como católico, un 69 por ciento lo sigue siendo. (3) Del otro lado, sólo uno de cada diez latinoamericanos fue criado como evangélico, pero uno de cada cinco lo es ahora.

Las razones para abandonar la Iglesia Católica, según registra el informe, son, en orden de importancia, la búsqueda de una conexión personal con Dios, el estilo del culto de la nueva iglesia, el mayor énfasis en la moralidad, el hallazgo de una iglesia que ayuda más a sus miembros, el acercamiento que hubo de parte de la nueva iglesia, los problemas personales, la búsqueda de una prosperidad económica y el casamiento con alguien que no era católico.

Según datos difundidos este año por el cardenal Daniel Sturla a partir de una encuesta encargada a Equipos Consultores, 38 por ciento de los montevideanos se identifica como católico, mientras que en 1995 lo hacía un 57 por ciento. Esas cifras, cruzadas con el dato de que a menor nivel socioeconómico menor cantidad de católicos, llevaron al cardenal a advertirles a los sacerdotes, según publicó Búsqueda, que corren el riesgo de convertirse en “una iglesia de la costa”.

La religión judía es de ricos, las afro y evangélicas de pobres, y la católica “alberga fieles de todas las capas sociales, tanto de los estratos bajos como medios y altos”, sostiene Victoria Sotelo en su investigación Religiones de ricos y de pobres. Mientras que el total de adherentes evangélicos en Uruguay es de 10,5 por ciento, los mayores porcentajes se concentran en Rivera (30,9 por ciento) y Artigas (20,5 por ciento), debido al “fenómeno pentecostal proveniente de Brasil” y a que son “los dos departamentos más castigados desde el punto de vista socioeconómico”, plantea la investigadora. En la capital ocurre algo similar: el promedio de evangélicos en Montevideo es de 9,2 por ciento, pero en Villa García, Manga, Toledo Chico, Casavalle, Punta de Rieles, Bella Italia, Casabó y Pajas Blancas oscila entre el 15 y el 12,5 por ciento.

El Pew Research Center da cuenta además de que los evangélicos, aunque representan un porcentaje menor de la población que los católicos, son más practicantes: “En casi todos los países encuestados, los protestantes dicen que van a la iglesia con más frecuencia y que oran más a menudo que los católicos”, a la vez que es más habitual que “lean las sagradas escrituras fuera de los servicios religiosos, que tomen la Biblia literalmente y que crean que durante sus vidas Jesús volverá”.

Un movimiento divino

El ómnibus va por 18 de Julio. Una mujer trans le pide al chofer que le avise en la iglesia. El conductor despotrica: “Eso no es una iglesia”. El hombre piensa que la mujer asiste a Pare de Sufrir. Ella le aclara que sólo la tiene como referencia de dónde se debe bajar.

—Misión Vida o Pare de Sufrir, ¿dejarían entrar a una mujer trans? –le pregunto a Iglesias.

—La dejarían ir a dos o tres cultos y después le dirían que tiene que sanar. Rápidamente le intentarían sacar el demonio, la intentarían exorcizar.

En el campamento Beraca, en enero de este año, Márquez pensó, paradójicamente, que era lógico intentar combatir los derechos logrados por colectivos feministas y Lgbti con el hashtag #MisDerechos. Lo pensó, y lo dijo: automáticamente, 2 mil jóvenes lo twitearon. Hubo quienes pensaron –con cierta razón– que alguien, con la finalidad de magnificar una oposición a las políticas de género, había apelado a un software que generó cuentas falsas desde las que se emitían los twits. Pero no eran bots, eran jóvenes cristianos.

Meses después, durante la discusión parlamentaria de la ley integral trans, un folleto de descarga circuló y se imprimió en las iglesias: las casi 40 mil firmas –que llevó Ana Laura Benavides, abogada de Esalcu– se juntaron, en parte, en la casa de Dios. (4)

¿Cuándo se hace visible que lo religioso está presente? Cuando toca lo que para el uruguayo es sagrado: el fútbol y la política, plantea Miguel Pastorino, profesor de filosofía y ciencias de la religión en la Universidad Católica: “Es entendible que cuando las comunidades religiosas entran en debates que son de interés público, la gente se desayune de que existen”.

Comparar, en cifras, la moral de católicos y evangélicos puede dar una pauta. Según la investigación del Pew Research Center, el 49 por ciento de los católicos uruguayos considera moralmente reprobable el aborto, mientras que en los evangélicos ese porcentaje aumenta al 68 por ciento. Sobre el lugar que le dan católicos y evangélicos a las personas trans nada dice esta investigación, pero no es muy difícil de inferir si se tiene en cuenta que, con respecto a la homosexualidad, el 34 por ciento de los católicos la juzga como incorrecta, mientras que así lo hace un 63 por ciento de los evangélicos.

Si se intenta trasladar lo que expresan estos números a la hora de interpretar lo que sucede en el cuarto oscuro, Pastorino plantea que estos movimientos evangélicos no votan tanto por derecha o por izquierda, sino según su moral: votan, por ejemplo, en contra del que está a favor del aborto: “Es verdad que hay una mayor exposición pública de la manifestación religiosa y que hay cambios en la forma de vivir la laicidad. El catolicismo en Uruguay siempre fue mucho más para adentro, pero en los últimos años empezaron a aparecer las balconeras. El pentecostalismo particularmente pegó un giro: en la primera mitad del siglo era apolítico, poco más y no iban a votar. Pero en los últimos años entendieron que si quieren un mundo más cristiano, no pueden pasarse encerrados, tienen que entrar en la política y cambiarla desde dentro. Eso está en el discurso de los nuevos evangélicos”.

Al igual que Iglesias, Pastorino aclara que algunos grupos religiosos no veían la política partidaria “con la bandera de la iglesia, y eso es lo nuevo”. Con el neopentecostalismo “lo que pasa es que cuando el pastor elige un candidato, se entiende que fue Dios quien lo eligió”. Si ese pastor tiene una comunidad de 3 mil, 5 mil o 10 mil fieles, en teoría esas personas irán en bloque a votar al elegido de Dios.

Según Sotelo, que alude a uno de los padres de la sociología, Max Weber, “todas las cosmovisiones religiosas están detrás de las formas de producción y en lo que sucede en las urnas”.

La tradición batllista y la laicidad –que continúan marcando la idiosincrasia uruguaya, al menos en apariencia– permitieron que pasara inadvertida esta “revolución oculta”, dice la investigadora, y recién ahora que hay tres legisladores evangélicos y un sector político afín a estos –Esperanza Nacional– aprontándose para las próximas elecciones, “el uruguayo la empieza a notar. No sabemos cuántos van a votar a ese sector, pero nos podemos llevar una sorpresa”.

Si hubo grupos que salieron de las iglesias, invirtieron en medios de comunicación y se metieron en los parlamentos, ahora también se oponen a la nueva agenda de derechos en el mismo lugar donde por décadas esos derechos fueron defendidos. Y en las calles, con nueva estética y lenguaje, con nuevos medios y militancia, se “aggiornan” para retroceder.

Notas

1) El homenaje, realizado el 15 de octubre, fue organizado por la Iglesia Metodista de Uruguay en el marco de los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

2) Sobre Beraca pueden leerse las notas publicadas en Brecha el 15 y el 29 de junio y el 2 de julio de 2015.

3) El estudio fue elaborado con base en una encuesta realizada en toda América Latina, salvo en Cuba.

4) Véase “Cruzada disfrazada”, en Brecha, 24-VIII-18.

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Un glosario evangélico

Progresistas y conservadores

Luteranos, metodistas, anglicanos, valdenses y reformados –con una matriz moderna, en diálogo con la razón, de corte liberal– llegaron a estas tierras entre mediados y fines del siglo XIX. Estas iglesias, que pertenecen a la corriente del protestantismo histórico, están agrupadas hoy en la Federación de Iglesias Evangélicas de Uruguay.

Los evangélicos fundamentalistas –iglesia armenia, los nazarenos y los bautistas– comenzaron a llegar a principios del siglo XX. Proponen una lectura literal de la Biblia, contrapuesta a la modernidad y a la ciencia, algo que se materializó en una oposición a la teoría de la evolución. Además, pusieron el acento en lo espiritual, en detrimento de lo mundano.

Los pentecostales se instalaron en Uruguay con fuerza recién en los sesenta. En su discurso aparece fuertemente la presencia del espíritu santo y se caracterizan por los rituales emotivos en los que se habla en lenguas y se practican exorcismos.

Tanto fundamentalistas como pentecostales están representados en el Consejo de Representatividad de Evangélicos de Uruguay.

Los neopentecostales o evangélicos carismáticos, visibles desde los años noventa en Uruguay, fueron los primeros en dar un vuelco hacia la política. Están influidos por la teología de la prosperidad y hacen una gran apuesta por los medios de comunicación. Además, tienen una estructura de gobierno apostolar, sumamente jerárquica.

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Un pastor preso que predica en el COMCAR

El poder de la palabra

Dos cosas dice este pastor en el arranque: “Ya me voy en libertad” y “no sé si vos sos cristiana o no… ¿sos cristiana?”. Después dirá: “Me quedan cuatro meses y medio, pero yo voy a seguir viniendo a este lugar”. Se llama Jorge Alfredo San Martín Carrasco, está preso desde 1995 y hace cuatro años que es pastor en el Comcar (actualmente Complejo Penitenciario Santiago Vázquez -Compen). La gente que mira su obra a través de las redes sociales “no se piensa que estoy preso”. Yo tampoco lo creí.

“Muchas iglesias no tienen ministerio carcelario porque no es redituable, no aporta dinero. Y vos sabés que las iglesias buscan dinero. Se olvidan de un versículo de la Biblia que dice ‘estuve preso y me fuiste a visitar’. Son muy pocas las iglesias que vienen, y el que está llevando adelante la batuta soy yo, que puedo entrar a los lugares en los que no entra nadie.”

Como no lo dejaron poner una iglesia, Jorge montó un centro cultural en el Módulo 10 del Comcar. Allí hay una biblioteca, se enseña inglés, allí da sus charlas espirituales. “Y para ahí saco gente del Módulo 8 (que viste lo que es), también del Módulo 11. Yo estoy en el Módulo 9 –soy el pastor del Polo Industrial–, y voy a predicar a todos los módulos de lunes a viernes; sábados y domingos descanso.”

Jorge cree que “la mejor cuenta bancaria es la del reino de los cielos; si vos das algo sin esperar nada a cambio, te vuelve”.  Cuando se le pregunta de dónde obtiene los recursos para su obra, responde: “Un hombre de Bethel Spa vio en Facebook el trabajo que hacía, se contactó conmigo y me dijo que quería girarme un dinero.(1) Yo le dije que lo que precisábamos eran biblias. El pan dulce para las fiestas lo compro yo. Creo que Dios tiene mucho más para darme”.

La iglesia que Jorge integra se llama Ministerio Dios es con Nosotros. “Vinieron a mí hace cuestión de un año y medio”, recuerda, pero Jorge ya trabajaba desde antes por su cuenta, y ya sabe dónde va a poner su propia iglesia cuando salga en libertad. “En mí está el abrir un ministerio, con personería jurídica y un poscarcelario. Las personas salen de acá y no tienen trabajo ni a dónde ir, por eso en mi pensamiento está poner una fábrica de ladrillos y pagarles unos sueldos comunes, no explotarlos, como muchas veces se los explota a los privados de libertad.”

Ahora, cuando Jorge predica, dice que “la sociedad no tiene la culpa, la culpa la tenemos nosotros, nosotros y la crianza. Yo vengo de una familia de mucha plata y sin embargo mi madre y mi padre me dejaron tirado. Mi madre estaba engañando a mi viejo y mi viejo pensó que yo no era hijo de él. Me tuve que criar en la calle con prostitutas, violadores y ladrones”.

Jorge cuenta de varias maneras que perdió su juventud –hace poquito compuso una canción que se llama “El joven que perdí”–, y piensa que “si puedo cambiar a un preso, lo voy a cambiar, porque es una familia afuera que se salva de la delincuencia y del homicidio. El preso siente odio por la sociedad, odio por la Policía. Pero si tenés un llamado, el propósito de Dios, la misma palabra te lleva a un cambio. Nadie puede cambiar a nadie a no ser por la presencia del espíritu santo. A mí se me acercó una persona que me habló como yo te estoy hablando ahora. Yo me contagié y hago lo mismo con los gurises. Entro a donde sea, estoy trabajando donde están los travestis, no discrimino a nadie”.

Le pregunto si se enteró de que algunas iglesias evangélicas se opusieron a la ley integral trans.

“Es un tema muy delicado. Yo no juzgo a nadie, porque cada uno es dueño de su vida. La iglesia no los apoya porque bíblicamente no están aceptados. Si vos vas a los versículos bíblicos, en un pasaje David habla del amor que él tiene hacia un hombre, Jonatán, el hijo de Saúl, y dice ‘tu amor me era más dulce que el amor de las mujeres’. Yo no apoyo lo que ellos hacen, pero creo que no tienen la culpa de lo que están viviendo. Y les hablo, los saludo, los beso, porque yo tengo que amar a todo el mundo. Pero quién te dice que un día, yo, hablándote, te pueda cambiar. A mí me cambiaron. Y era duro cambiarme a mí.”

Dice esto y se ríe, pero enseguida vuelve a la seriedad: “En mi caso fue una creación de mi interior hacia afuera, y fue en mi mente”, dice Jorge, que cree que “en la religión hay muchas caras escondidas. Algunos son pastores por dinero o porque se sienten mal. Hay otros que verdaderamente creen que algo sobrenatural los envolvió y los cambió”.

Nota

1) Una de las dueñas de Bethel Spa, Lourdes Rapalín, es también una diputada suplente del Partido Nacional. El nombre de la empresa, a la que definen como católica, significa “casa de Dios”.

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Los evangélicos y su vínculo con la política

Vienen bajando

Aunque a un ritmo menos intenso que en otros países de la región, la presencia de los evangélicos en la vida política de Uruguay está creciendo, fundamentalmente al abrigo del Partido Nacional. Su interés por jugar ese juego es tal que han desarrollado escuelas de formación y espacios de reflexión política. Mientras, la izquierda, a la luz de las consecuencias de su crecimiento en la región, ve con espanto el fenómeno, pero no parece tener capacidad analítica, ni herramientas adecuadas para enfrentarlo.

Daiana García

Brecha, 9-11-2018

Como los panes y los peces que según el relato bíblico multiplicó Jesús, así se multiplican los evangélicos en la región, particularmente su ala conservadora (véase recuadro), y lo hacen poniendo especial interés por participar en la vida política. Es así que han sido claves en el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, y tienen una bancada propia en Uruguay, como en otros de la región, y también en Estados Unidos.

Para el antropólogo Nicolás Guigou, quien investiga el tema hace varios años, uno de los elementos clave para entender la relación de estos espacios religiosos con los ámbitos parlamentarios o ejecutivos de gobierno es que los evangélicos no consideran que haya una línea que separe religión de política, sino que la política es la herramienta para promover su agenda, la agenda del bien, la agenda de Dios.

Bendita tú eres

En Uruguay los evangélicos más conservadores (fundamentalmente neopentecostales) anidan en el Partido Nacional, particularmente cerca de algunos espacios y líderes. El más evidente de esos vínculos es el que sostienen con la senadora Verónica Alonso, católica convertida al judaísmo, quien, sin embargo, sostiene desde hace años una fuerte alianza con grupos evangélicos –de los que se nutre de votos y militancia–, aunque no la hayan privado de varios dolores de cabeza. A fines de 2017, y luego de una puja que llegó a la justicia, la senadora se vio obligada a pagar 30 mil dólares, resultado del diferendo que sostenía con una imprenta a la que se le encargó la impresión de listas de las elecciones de 2014. Mientras Alonso aseguraba que el trabajo había sido encargado por los partidarios de las listas vinculadas a la iglesia Misión Vida, un tribunal señaló que Alonso era la titular del vínculo contractual.

Curiosamente también, la senadora ha buscado desmarcar su nombre de estos espacios religiosos, aunque sin mayor suerte. En enero de 2017, por ejemplo, asistió a la presentación de El libro negro de la nueva izquierda, de Nicolás Márquez y Agustín Laje, en el campamento de Beraca, organizado por Misión Vida. En esa oportunidad el pastor Márquez se despachó con declaraciones tales como que los manuales de sexualidad del gobierno incitan a la pedofilia y que el “lobby gay” busca legalizar el sexo con menores. Alonso tomó distancia inmediata de esas palabras, afirmando que no compartía en absoluto las declaraciones, pero el propio Laje la acusó de “hipócrita” y de “falta de escrúpulos”. “Luego de pedirnos que firmáramos su ejemplar, expresó su preocupación por el avance de la ideología de género y no disimuló su indignación respecto de esta nefasta novedad ideológica”, acusó el autor en aquella oportunidad.

A pesar de las tensiones, la senadora reincidió y presentó su nuevo sector, Esperanza Nacional. Alonso, según informó el semanario Búsqueda, es la única, de las cinco autoridades que componen ese espacio, que no tiene un vínculo directo con la iglesia Misión Vida, dirigida por el pastor Jorge Márquez. El presidente del sector es el diputado Álvaro Dastugue, yerno de Márquez y pastor de Misión Vida; su vicepresidente es Gabriel García, pastor y encargado de uno de los hogares Beraca; como secretaria funge Analía Pereira, miembro de la iglesia y también secretaria personal de Dastugue, y el tesorero es Gabriel Cunha, que vive en uno de los hogares de la comunidad.

Si bien se estima que una de las razones de este vínculo es el apoyo financiero que estos grupos pueden proveer, ya que según explica Guigou el dinero es la llave para entrar a estos espacios de la política, no hay una versión oficial que dé cuenta de las razones de la composición de su sector, siendo que la senadora no es evangélica. Este semanario se comunicó con Alonso para conocer de primera mano las razones de este vínculo, pero la nacionalista expresó que prefería no hacer declaraciones sobre el tema.

Mitosis

El hielo en el Parlamento se rompió en la legislatura anterior, cuando el herrerista y miembro de la Iglesia Evangélica Bautista Gerardo Amarilla asumió su banca en la Cámara de diputados, de la que fue su presidente durante un año. Hoy además de él y Dastugue (el primer pastor evangélico con una banca parlamentaria en Uruguay), en el Legislativo está Benjamín Irazábal, diputado herrerista por Durazno. A esta fila de titulares se le suman dos diputadas suplentes, también nacionalistas: Betiana Britos (Alianza Nacional) y Grisel Pereyra (Esperanza Nacional), más de una decena de ediles (titulares y suplentes) y dos cargos de confianza en las intendencias de Rivera y Cerro Largo.

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Gerardo Amarilla firmando contra el aborto

En total fueron 16 personas las que, al comienzo de la actual legislatura, recibieron la bendición en una ceremonia conjunta, lo que provocó que se comenzara a hablar de una bancada evangélica, aunque ellos mismos niegan su existencia ya que, según dicen, a diferencia de lo que sucede en Brasil, no tienen una agenda propia ni una coordinación específica. Sin embargo, es de conocimiento público que los aúnan ciertas causas, que incluso trascienden fronteras religiosas, lo que los ha llevado a coordinar con el diputado Carlos Iafigliola, quien siendo católico se ha mostrado muy cerca de las posiciones que sustentan estos espacios en temas como la interrupción del embarazo, la “ley trans”, el matrimonio igualitario y la legalización de la venta de cannabis.

Lo cierto es que cuando de evangélicos en política se habla, el Partido Nacional arrasa en número. De los 16 bendecidos sólo dos eran colorados: un diputado suplente (Luis Pintado) y un director de la Intendencia de Rivera (Óscar Farías), y era otro independiente, el entonces director del Inau Fernando Rodríguez, quien en los últimos meses se sumó a la lista del intendente de Salto, el frenteamplista Andrés Lima, un ex católico que se pasó a filas evangélicas hace pocos años, invitado por la actual directora de Desarrollo Social de la Intendencia y que semanas atrás fue bendecido por pastores en su despacho.

Según Nicolás Iglesias, investigador especialista en religiones, el vínculo estrecho entre evangélicos y el Partido Nacional se debe a que éste es el espacio que mejor representa sus ideales. El investigador explica que estas iglesias se proponen tener dominio sobre el mundo secular, pero no desde un partido confesional sino a través de individuos que se destacan en el ámbito político. Al mismo tiempo, para los partidos la alianza con grupos religiosos significa una acumulación electoral importante. Esto explica, según Iglesias, que Alonso haya logrado ser la diputada más votada en Montevideo en las últimas internas, gracias al apoyo e integración de Misión Vida.

Gratuita y obligatoria

De la mano del crecimiento de su presencia en la política han emergido ciertos espacios de reflexión o formación política muy cercanos a algunos de los principales referentes parlamentarios evangélicos.

Uno de esos espacios es Parlamento y Fe, con presencia en varios países de la región. Según explica Iglesias, hay ciertos “paquetes programáticos” que nacen fundamentalmente en las filiales de Estados Unidos o Brasil, y que luego desembarcan en las distintas iglesias de la región. Parlamento y Fe nació en 2010, y según el investigador su objetivo es acercar el evangelio a todos cuantos sea posible, y si no, alinearse en las coincidencias con aquellos con los que comparten ciertos valores, con el objetivo final de lograr incidir en la agenda pública.

Parlamento y Fe tuvo entre sus referentes a Amarilla y como asesor en comunicación a Marcelo Márquez, quien en conversación con Brecha explicó que este espacio ya no está funcionando; también negó que su objetivo se centrara en la incidencia política. Con reuniones semanales, a veces en el despacho del diputado Amarilla, el objetivo era compartir e intercambiar opiniones sobre diversos temas y elaborar un mensaje que luego era difundido: “Se enviaba a cada uno de los legisladores, sin ritual”. Márquez explicó que no se incursionó en la política partidaria, sino que “se sembraban conceptos cristianos”, sin intentar influir. En el espacio eran bienvenidos no sólo los evangélicos, por eso en algunas oportunidades “participaron Iafigliola o el diputado del partido Independiente Daniel Radío”.

Parlamento y Fe, dijo también Márquez, mantuvo distancia de la política partidaria debido a las características laicas del Estado uruguayo, pero no niega que la herramienta “se adecua al país” y en otros lugares ha tenido un desempeño más partidario.

Así como los hay de reflexión, también hay ámbitos de formación. La Escuela Cristiana de Ciudadanía es uno de ellos, y tiene entre sus referentes al propio Amarilla, que la definió como un “espacio de capacitación destinado a gente que no esté vinculada a la política”, para “formar a evangélicos como ciudadanos”. La portada de la cuenta de Facebook de esta escuela se ilustra, sin embargo, con la frase “Un espacio de formación dirigido a cristianos que quieran incursionar en la actividad política, o quieran capacitarse para ser mejores ciudadanos”. Y en la descripción de la cuenta expresan que “durante años hemos visto el mundo de la política desde fuera, pero entendemos que es hora de hacer escuchar nuestra voz desde dentro, y desde una perspectiva regida por principios y valores que reflejen lo que creemos”. Aclaran, eso sí, que no se identifican con partido alguno.

La escuela no tiene local fijo y los profesores son honorarios. El primer curso comenzó el año pasado y terminó en junio de este año, el currículo abarcó módulos como gobierno, familia, economía, medios, educación y cultura.

Otro espacio en crecimiento es el Instituto de Capacitación Política, coordinado por Gabriel Cunha, secretario de Dastugue y jefe de campaña de Verónica Alonso en la última elección. Cunha, si bien reconoció en conversación con Brecha que los principales referentes son evangélicos, subrayó que no es un espacio cerrado ni religioso, y mucho menos evangélico. Funciona en formato taller y su objetivo es brindar herramientas en “formación ciudadana” y promover la participación. “Este instituto es para capacitar cristianos en la política”, está dirigido específicamente a cristianos para “sacarlos de la ignorancia”, dijo sin embargo un participante de esos encuentros que decidió abandonar el instituto por entenderlo muy manipulador. “La idea es ‘nos tenemos que informar porque tenemos que combatir todas las cosas que están pasando en el país’”.

Por goleada

Mientras estos ámbitos religiosos crecen y se multiplican, fundamentalmente en los barrios más pobres, la izquierda, perpleja y casi paralizada, no ha tenido la capacidad o la creatividad para darle pelea a este fenómeno. Así lo entienden investigadores como Iglesias y Guigou. Este último explicó el fenómeno de manera muy simple: estas iglesias son “religiones de la emoción”, trabajan y “se sostienen con la afectividad”, son espacios de contención, para personas muy vulneradas, donde además les prometen la redención y la salvación. Ni el Estado uruguayo, ni la izquierda, con su característica racionalidad y frialdad, tienen algo similar que le pueda hacer frente a este fenómeno (“no hay espacios de descarga del sufrimiento”, dice Guigou), y como les genera rechazo, se quedan en la ridiculización, sin tener elementos para comprender el fenómeno. Mientras, estas iglesias “sintonizan con ese dolor”. “Quizás la idea de los obreros al poder podía tener algo de teológico, de redención”, pero hoy la izquierda no tiene mística alguna, no puede pretender enamorar con la exhibición de políticas públicas.

El éxito de estos espacios no se agota en el manejo de las emociones, ya que tienen una forma de trabajo en que la militancia es de 24 horas al día. Están convencidos de su lucha y en ese camino son muy activos. Su objetivo es llegar al poder para contrarrestar el mal y así transformar a la sociedad. Cabe destacar que el mal puede estar encarnado, por ejemplo, en la nueva agenda de derechos. Según explica Guigou, es por eso que tienen una agenda específica para llevar la palabra y la voluntad de Dios a la gente, y en ese sentido trazan estrategias y alianzas y eligen a qué candidatos apoyar.

Para el antropólogo puede que en Uruguay tengan un “techo” más bajo que en otros países, pero considera que sería un error subestimarlos, a la luz de los acontecimientos en la región. Se trata de un verdadero desafío para el sistema político, que maneja otro lenguaje, y que hasta ahora se ha negado a dialogar y a disputar sentido a estos espacios mirándolos a la distancia, ridiculizando su práctica. Mientras, ellos parecen crecer con la mejor levadura.

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La otra cara de los evangélicos

No están todos los que son

La palabra “evangélico” se ha vuelto sinónimo del cine devenido en templo, de manto de la descarga, de pastores hablando en lenguas y de una oposición acérrima a la agenda de derechos. Este estereotipo representa al evangélico conservador, aunque incluso en esa cancha hay mucha fragmentación y las posiciones y prácticas también varían.

Lejos del conservadurismo que encarna esa descripción, existe todo un grupo de iglesias evangélicas que mantienen posiciones alejadas de las neopentecostales. Recientemente la Federación de Iglesias Evangélicas de Uruguay emitió un comunicado en el que aclara que “no se encuentra vinculada ni desea que se la identifique con otras organizaciones, iglesias, movimientos o personas, que, definidas como evangélicos (…) pretenden utilizar dicha denominación para obtener votos o para legitimar partidos o bancadas político partidarias”. “Lamentamos, cuando de forma generalizada e indistinta se difunden por la prensa y las redes en general términos tales como: ‘cristianos’, ‘iglesia’, ‘evangélicos’, sin especificar nombres y denominaciones o características y diferencias que, dentro del amplio espectro que cada palabra comprende, suelen ser muchas y frecuentemente muy contrastantes.”