Esquerda Online, 31-10-2018

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Traducción de Ernesto Herrera

Correspondencia de Prensa, 1-11-2018

Los militares se tornaron actores principales en la esfera política. El ex capitán del Ejército Jair Bolsonaro y su vice, el ex general Antonio Hamilton Mourão, son los primeros militares desde 1949 electos por medio del voto popular. Ambos son nostálgicos del período militar, de las torturas, y hacen amenazas a la democracia, como la de Mourão, que habló en hacer una nueva Constitución por medio de un consejo de notables, y defendió la tesis de que el gobierno electo diera un auto-golpe. Bolsonaro amenazó con encarcelar a futuros opositores, y poner fin a organizaciones sociales como el MST (Movimiento de los Sin Tierra) y el MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo), y a los “rojos”, que según él serían “las cúpulas del PT y PSOL”.

Los militares nunca se sintieron tan a voluntad desde la redemocratización para interferir en la esfera de funciones que lo les corresponde.

El comandante Eduardo Dias Villas Boas, en abril, un día antes de que el Supremo Tribunal Federal decidiera sobre el procesamiento del ex presidente Lula, presionó a los jueces, diciendo estar atento de la “misión institucional” del Ejército. Meses después el comandante invitó a los candidatos a la Presidencia a participar de sabatinas, algo que no ocurrió en elecciones anteriores.

Por primera vez en 20 años, un militar ocupa el cargo de ministro de la Defensa. Desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso el cargo era ocupado por civiles, para mostrar un respeto a la división de tareas de las instituciones. Pero Michel Temer designó al general Joaquim Silva e Luna ministro de la Defesa, algo entonces impensable. En el gobierno Bolsonaro, la cartera puede estar ligada a la de Justicia.

Es válido apuntar que uno de los principales consultores de Temer es el jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, el general Etchegoyen. Además de eso, el actual gobierno golpista decretó la intervención federal en la Seguridad Pública de Río de Janeiro, y esa área del Estado pasó a ser dirigida por militares, al mando de la Unión.

La tarea de hacer de Río de Janeiro una experiencia de actuación de los militares en la seguridad pública, cabe al general Walter Braga Netto. El resultado de la intervención militar en Río es desastroso, con el número de muertos aumentando semanalmente e infelizmente alcanzando records históricos. En la semana anterior a la segunda vuelta de las elecciones, un grupo denunció que fue víctima de torturas en la Villa Militar, con soldados encapuchados y choque eléctricos.

La presencia de militares también es visible en el Poder Judicial. Por primera vez un presidente del Supremo Tribunal Federal (STF) es asesorado por un general. Dias Toffoli (vicepresidente del STF) incluso afirmó que prefiere llamar el Golpe Militar de 1964 de “movimiento de 64”, y es asesorado por el general Fernando Azevedo e Silva, ex-número dos del Ejército. El general también ayudó en la elaboración del plan de gobierno de Jair Bolsonaro.

Militares en ministerios

Muchas incertidumbres caen sobre el futuro gobierno Bolsonaro, pero de una cosa podemos tener certeza: la presencia de militares en cargos claves.

Entre especulaciones de nombres de los futuros ministros, al menos un general ya tiene asiento garantido. Augusto Heleno, que comandó las tropas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Haití en 2004, es el principal eje entre las Fuerzas Armadas y Bolsonaro, que ya lo destinó al ministerio de Defensa. Fue en Haití que el Ejército brasilero entrenó para actuar en las comunidades de Río de Janeiro, como en la  Maré y ahora, en la intervención contra militar contra negros y negras.

Para el ministerio de Infraestructura (cartera que va a sustituir a la de Transporte), el nombre preferido es el general Oswaldo Ferreira, que comandó el departamento de Ingeniería y Construcción del Ejército. Ferreira, cuando teniente, trabajó en la década de 1970 en la construcción de la ruta BR-163, de Cuiabá a Santarém, que liga el Centro-Oeste con la región Norte, pasando por la selva amazónica. Al comentar sobre la construcción, Ferreira llegó a decir que derribó “todos los árboles que tenía en frente, sin que nadie lo jodiera”.

Para la Educación, la expectativa es que sea nominado el general Aléssio Ribeiro Souto, ex jefe del Centro Tecnológico del Ejército, que ya hizo declaraciones a favor de un cambio en la bibliografía en los centros de estudio, contra las cuotas que benefician a los más pobres y favor de la enseñanza  de la “verdad” sobre la dictadura. El ministerio debe englobar otras carteras como la de Deportes.

Para la cartera de Ciencia, Tecnología y Comunicación, está anotado el teniente-coronel de la Aeronáutica y ex-astronauta Marcos Pontes. Él ya grabó un video anunciando que “sólo falta golpear el martillo” y anticipando sus acciones. Detalle: el nuevo ministro de Ciencia y Tecnología no tiene un artículo científico publicado.

El diputado federal y candidato derrotado al gobierno del Distrito Federal, Alberto Fraga (Demócratas), es el nombre preferido para el cargo en la Secretaría de Gobierno. Fraga es coronel de reserva de la Policía Militar. Fue condenado en primera instancia por haber cobrado coimas en contratos públicos, en el período en que fue secretario de Transporte del Distrito Federal.

El ministerio de Seguridad Pública podrá ser incorporado al de Justicia, pero caso sea mantenido en carteras separadas, también deberá ser asumido por algún militar.

Cuentas con el pasado

La presencia de tantos militares en puestos claves, así como la interferencia de miembros de las Fuerzas Armadas en asuntos que no competen a sus funciones, debe ser vista con precupación. La crisis de las instituciones brasileras hace que antiguos monstruos salgan de las cavernas, y que los militares salgan de los cuarteles.

El Brasil, contrariamente a nuestros países vecinos, como Argentina, Chile y Uruguay, nunca juzgó los crímenes cometidos por los militares. Nosotros no ajustamos la cuenta con nuestro pasado. A pesar del importante paso que fue la Comisión de la Verdad creada durante el gobierno Dilma, los jefes de los crímenes realizados durante los años de plomo nunca fueron a los tribunales. Incluso después de la redemocratización, y ser apartados del Poder, los militares y las Fuerzas Armadas nunca llegaron a reconocer los crímenes de la dictadura, o siquiera “pedir disculpas” al pueblo brasilero. En los cuarteles es posible ver aquellos que exaltan el período de los milicos, y la “Revolución del 64”, así como la “lucha contra el comunismo” hecha hace 50 años por los militares, y que se repite hoy en la lucha contra la “amenaza roja” del petismo y de la izquierda que quiere transformar el Brasil en una Venezuela.

El desfile del batallón del Ejército en Niterói (Río de Janeiro) para conmemorar la victoria de Bolsonaro, muestra el riesgo que corre la democracia. Manifestaciones como ésta, las interferencias de las Fuerzas Armadas en la política nacional, y el crecimiento del papel de los militares en funciones que no les competen, son inaceptables dentro de una frágil democracia. Será preciso estar atentos y fuertes ante cualquier intento que busque ser una amenaza a lo que todavía resta de libertades democráticas.

En algún momento de la historia tendremos la oportunidad de ajustar las cuentas con nuestro pasado, y en esa defensa no podemos vacilar.