“Es en las grandes derrotas que se comprenden los problemas ocultados por ´sucesos´ ilusorios; y donde se abre camino para lo nuevo”

Antonio Martins  – Outras Palavras (1)

Juan Luis Berterretche*

El periodista Antonio Martins quizá sea quien con más precisión evaluó la votación del primer turno electoral, donde Bolsonaro arrasó pasando de 7 diputados de su partido PSL para 51, es decir multiplicó por más de 7 su bancada, agregando además gobernadores, senadores y otros innumerables cargos políticos.

Pero, lamentablemente la dirección del PT, lejos de aprender de sus derrotas volvió a insistir en sus ilusiones equivocadas de orientación política hegemonista remolcando al conjunto de sus “aliados” e impidiendo que “lo nuevo” se abriera camino.

Para realizar un análisis crítico (y provisorio) de la campaña  electoral contra Bolsonaro citaré especialmente lo que Martins menciona con justeza como los tres groseros errores cometidos principalmente por el lulismo con su candidato Fernando Haddad en el primer turno, que volvería a reiterar en la votación contundente del segundo turno cosechando un verdadero descalabro contra un candidato mediocre de poca sagacidad y pobre en contenido político.

Por lo que afirma el periodista, el comprendía que cambiar esa orientación no era algo sencillo, sino que significaba abordar una chance de “reinversión de la izquierda”  algo que por el momento parecía lejano.

  1. El primer gran error fue la previa negación del PT a formar un frente anti-golpe como imposición de un hegemonismo “crudo y pueril”, cuando había una oportunidad excelente en la sociedad brasileña. Hacía meses, cuando el escenario electoral se conformaba, el gobierno de Michel Temer estaba en su máximo desprestigio. “La agenda de retrocesos dejaba claro el sentido de tomada del poder por una coalición conservadora, en 2016”.

Todas las encuestas de opinión destacaban que la mayoría de la opinión pública rechazaba la agenda impuesta por Temer luego del golpe contra Dilma Rousseff: “privatizaciones y contra-reforma del trabajo y tentativa de eliminación del sistema jubilatorio”. Las estadísticas afirmaban que: el Presidente golpista y el Congreso eran apoyados –en ese momento por menos del 10% de la población.

Proponer, entonces un frente anti-golpe “tendría un enorme poder simbólico y movilizador”. “Habría espacio para ampliar la repolitización y transformar la campaña electoral en una oportunidad para convocar a la movilización.”

Eso significaba también para el PT, tener que  compartir la dirección del movimiento y el miedo principal del petismo era perder el protagonismo absoluto impidiendo de todas formas esa iniciativa.

Al mismo tiempo el PT se lanzó directamente a una ofensiva contra Ciro Gomes (PDT), el posible mejor aliado. La peor orientación adoptada en la situación política de ese momento, que casi le permitió a Bolsonaro liquidar la disputa presidencial en el primer turno.

  1. El segundo error grosero está totalmente relacionado al anterior. Para inviabilizar un frente anti-golpe, que habría dado a la disputa electoral un carácter distinto, el PT centró toda su campaña electoral en destacar el “legado de Lula”. Haciendo centro en la exaltación del pasado y no aceptando ninguna crítica a los cuatro gobiernos petistas. De manera de abandonar cualquier posibilidad de privilegiar su orientación en propuestas concretas para el inmediato futuro.

La insistencia en las “conquistas” del PT en sus gobiernos pasados podía cumplir un rol parcial, comparando las mejoras de condiciones de vida en la era Lula, pero este eje de campaña continuó durante un mes.

Recusándose el PT a asumir propuestas concretas con el electorado, reincidiendo en una metodología petista de obtener un “cheque en blanco” de la población, para poder acomodarse a las deformaciones del sistema institucional brasileño.

Eso impidió la propuesta de una Reforma Política, para dejar el camino abierto de negociar la gobernabilidad del presidente en contubernio con las mayorías parlamentarias que resultaran en la elección. De esta acomodación petista es que surgió lo que André Singer (2) denominó en su momento: “reformas fracas” (reformas débiles) o parciales que caracterizaron los programas de gobierno del PT.

Sin propuestas claras de reforma política profunda, el PT se presentó en la elección como un partido más del repudiado sistema electoral brasileño, permitiendo que Bolsonaro vistiera la máscara del anti-sistema. Sin lugar a dudas ese fue el principal argumento electoral de Bolsonaro: colocarse en la posición anti-sistema y denunciar al PT como pilar del sistema. Con innumerables inventos y mentiras y con la ayuda de las debilidades políticas del PT, éste resulto incapaz de colocarse con claridad opuesto a la casta política demostradamente corrupta y definirse sin lugar a dudas en la oposición de un Congreso mayoritariamente de delincuentes.

Jair Bolsonaro cerró su campaña presidencial del primer turno colocándose como el líder anti-sistema.

Recordemos que Bolsonaro es un continuador de las orientaciones de Michel Temer. Su programa expresa la adhesión más completa al programa de las grandes corporaciones del orden capitalista. Sus vínculos con la casta política y sus métodos odiados son tan profundos que él no se avergüenza de reconocer que se beneficia de dineros públicos recibiendo “auxilio-vivienda” superior a R$ 4 mil (para aquellos que no tienen casa propia) a pesar de poseer su propio inmueble y de alardear que usó dinero de los contribuyentes para ganar adeptos. A este personaje deprimente, se le permitió  que apareciese con el rótulo de “anti-sistema”… Algo que también se explica por el bajo nivel educativo de amplios sectores de la sociedad brasileña.

De los votantes de Bolsonaro, una enorme mayoría son descreídos de las instituciones burguesas, de la posibilidad de que estas aseguren los derechos establecidos en la Constitución, y menos aún que puedan establecer nuevas garantías y conquistas democráticas y sociales.

Son personas resentidas con una élite de mayor nivel cultural que cuida apenas sus propios intereses y no se importa con la degradación general del país. Este inmenso contingente de electores fue que dio la victoria a Trump en Estados Unidos y promovió el Brexit en el Reino Unido.

En Brasil se entregó a un candidato facistoide cuando la izquierda abandonó la chance de encarnar ella misma la oposición al sistema recusándose a ofrecer en el futuro una perspectiva de derechos democráticos e igualdad socio-económica.

El camino para evitar la conquista del aparato del Estado por un personaje peligrosísimo para Brasil  y, seguramente también para América Latina, hubiera sido presentar un conjunto de propuestas concretas y claras que Bolsonaro no pudiera responder por sus compromisos con el poder económico, un ataque directo al programa neoliberal de su candidato:

a) primeros pasos de una Reforma Tributaria con la exención del Impuesto de Renta para salarios por debajo de cinco salarios mínimos y tasación de los lucros y dividendos de las grandes fortunas para imponerles impuestos;

b) la revocación de las entregas del Pre-sal a las petroleras extranjeras;

c) el reinicio de la demarcación de tierras indígenas y quilombolas y criterios serios para el licenciamiento de obras de infraestructura (propuesta original de Marina Silva -ex ambientalista para proteger la naturaleza);

d) revisión de los privilegios desvergonzados que disfrutan parlamentarios y jueces, y anulación a los subsidios a la Salud y Educación Privada;

f) una Reforma Agraria que implique, además de la concesión de fincas a los sin-tierra y la revisión del modelo agrícola con énfasis en el cooperativismo y la agricultura orgánica limitando el uso de agro tóxicos.

Medidas como estas hubieran permitido reparar el segundo error catastrófico de la campaña: el de centrarla en el pasado. Colocando a la defensiva al programa ultra liberal de Bolsonaro.

Para varios países de América sería inconcebible que un partido político disputara la presidencia de la republica sin formular una serie de propuestas a las que se comprometería en el caso de triunfar en la elección. Sin embargo, en Brasil, la despolitización reinante lo autoriza.

La corrección de los dos primeros errores políticos hubiera podido llevar a modificar una orientación en la que el PT insiste: el hegemonismo.

Pero para eso debería haberse comprometido en una composición gubernamental plural. Cuando afirmamos eso no estamos insistiendo en los errores del pasado como fue llamar a Henrique Meirelles -un neoliberal, ex gerente del Boston Bank- como presidente del Banco Central de Brasil (2003-2011) y elevado luego a Ministro de Hacienda por Michel Temer.

Estamos hablando de pluralismo con fuerzas de centro-izquierda o directamente comprometidas con cambios profundos como el PSOL.

Una postura así hubiera creado un conjunto de hechos nuevos en la elección, y sería una ruptura nítida con lo que el petismo significó hasta ahora y abriría un camino para la renovación de la izquierda.

Los resultados son obvios: Fernando Haddad no estuvo a la altura que exigían las circunstancias. Y el PT comprobó que tampoco. De la pésima actual situación no saldremos reincidiendo en los errores.

Las movilizaciones feministas multitudinarias en todo Brasil con la consigna Ele Não -llamando a no votar por Bolsonaro- muestran que existen otros caminos alternativos a los errores reincidentes del petismo.

Además, es en las calles donde Bolsonaro y sus políticos delincuentes deberán enfrentar su derrota.

* Periodista y escritor uruguayo radicado en Santa Catarina, integra la redacción del colectivo Desacato: http://desacato.info/

Notas  

1) Três semanas para interromper um funeral, por Antonio Martins en Outras Palavras: https://outraspalavras.net/brasil/tres-semanas-para-interromper-um-funeral/

2) André Singer fue Secretario de Prensa del Palacio del Planalto (2005-2007) y portavoz de la Presidencia de la República en el primer gobierno Lula (2003-2007). Luego se distanció del “lulismo” cuando publicó “Os Sentidos do Lulismo” – Reforma gradual e pacto conservador: editado por Companhia das Letras, (2012).