Una pintura marcial del Brasil de hoy

Varios centenares de militares se presentaron en la primera vuelta electoral acompañando la fórmula de Bolsonaro. Casi un ocho por ciento fue elegido para cargos nacionales, estaduales y municipales. Avance en Diputados.

 Gustavo Veiga

Página/12, 15-10-2018

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Correspondencia de Prensa, 16-10-2018

A Jair Bolsonaro siempre le gustó presumir de su temprana vocación militar. Suele contar una anécdota para demostrarlo. A comienzos de los años 70 vivía en El Dorado, un pueblo al sur del Estado de San Pablo en el Valle de Ribeira. Por ahí anduvo Carlos Lamarca, un capitán del ejército que dejó el uniforme y se convirtió en un célebre guerrillero. Perseguido por la dictadura que lo consideraba un traidor, terminó asesinado en 1971. El ahora candidato presidencial recuerda que ayudó a una patrulla a buscar al líder de la Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR). Tenía apenas 16 años y ni siquiera había ingresado a la academia para estudiar la carrera que eligió. Hay quienes no le creen y desmienten lo que dice. Pero él insiste con su versión. Hoy, cuarenta y siete años después de los hechos, el político que mantiene en vilo a medio Brasil es el referente de esos oficiales y soldados que admiraba en su juventud. Varios centenares de uniformados se presentaron en la primera vuelta electoral acompañando por dentro o por fuera al Partido Social Liberal (PSL) del ultraderechista que intenta llegar al Planalto. Casi un ocho por ciento fue elegido para cargos nacionales, estaduales y municipales. Otros esperan al segundo turno para saber si serán gobernadores en Río de Janeiro, Santa Catarina y Rondônia. En cualquier caso las fuerzas armadas son un factor de poder. Y se mimetizaron en el paisaje político como si fueran un partido más.

Bolsonaro llegó hasta el grado de capitán como Lamarca, el militar-guerrillero que murió en combate. El mismo que dice haber contribuido a atrapar, aunque el jefe de la VPR recién sería encontrado en septiembre de 1971 en Bahía. A más de 2000 mil kilómetros de El Dorado, donde se crió el referente del PSL. La vasta geografía brasileña que supera ampliamente esa distancia, ahora quedó superpoblada de militares en cargos electivos. Se presentaron 961 y alrededor de 70 consiguieron entrar a las diferentes legislaturas. No hay otro país de Latinoamérica con semejante registro. Salvo en dictaduras cuando colonizaron todos los poderes del Estado.   Debajo del candidato presidencial está su compañero de fórmula, el general retirado Antonio Hamilton Mourão, un troglodita que en 2014 fue relevado de la jefatura del comando sur por sus declaraciones políticas y amenazó con dar un golpe de Estado el año pasado. El alto oficial al que suele vérselo en los actos del PSL (Partido Social Liberal) con una remera que dice Dios, Patria y Familia preside el club militar de Río de Janeiro. Como Bolsonaro, reivindicó en público a Carlos Bilhante Ustra, el más conocido de los torturadores del régimen militar que gobernó el país entre 1964 y 1985. Lo llamó héroe en su último discurso como general.

Las fuerzas coaligadas que acompañan a la dupla de mano dura tienen otros exponentes con sólidas aspiraciones electorales, pero a nivel estadual. Una de las gobernaciones más importantes del país, la de Río de Janeiro, será disputada en segunda vuelta por el ex infante de marina y ex juez federal Wilson Witzel del Partido Social Cristiano (PSC), por donde antes había pasado Bolsonaro. Según Folha de San Pablo financió su campaña con una cuenta bancaria no declarada. El 41,28 por ciento de votos que sacó fue un batacazo. Incluso duplicó al porcentaje del candidato al que enfrentará en el segundo turno, el ex alcalde de Río, Eduardo Paes, quien obtuvo el 19,52. Witzel amenazó a su rival del DEM (Demócratas) –de derecha– de que lo mandaría a detener durante el debate electoral si le profería alguna injuria.

En Santa Catarina, al sur de Brasil, Bolsonaro arrasó con el 65 por ciento de los votos y favoreció las expectativas electorales de su candidato a gobernador: el coronel de reserva y bombero militar Carlos Moisés da Silva, más conocido como comandante Moisés. A diferencia de Witzel deberá remontar el 29 % que sacó contra Gerlson Merisio, del PSD (Partido Social Democrático), que cosechó el 31 %. Otro uniformado que aspira a ganar la gobernación de Rondônia, al oeste del país, es el coronel retirado Marcos Rocha. Disputará la segunda vuelta con Expedito Júnior del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) y como el comandante Moisés la remará desde atrás: sacó el 23,99 por ciento contra el 31,59 de su rival.

Según un relevamiento electoral, donde se expresó mejor el avance de los candidatos castrenses fue en la Cámara de Diputados. Fueron elegidos veintidós para el próximo período contra los diez que todavía permanecen en la Cámara Baja. Pero la figura más notoria del PSL detrás de Bolsonaro y su hijo Eduardo –el diputado más votado en la historia de Brasil– resultó ser un flamante senador, Sergio Olimpio Gomes, más conocido como el mayor Olimpio. Un policía militar que tiene experiencia parlamentaria ya que fue diputado estadual durante dos mandatos. Salió primero en el estado de San Pablo, el más rico y poblado del país y es uno de los dos senadores que consiguió el PSL.

El sistema electoral brasileño permite que los integrantes de las fuerzas armadas puedan presentarse mientras están en servicio activo, aunque bajo una condición. Como la constitución les prohíbe estar afiliados a un partido político, solo pueden hacerlo durante el período en que sesionan las convenciones de las distintas fuerzas políticas. Si son electos después dejan la carrera militar. Si no es así, pueden regresar a los cuarteles siempre que tengan diez años de antigüedad en su respectiva fuerza. Muchos se afiliaron al PSL en lo que pareció una maniobra inducida por el general Mourão en febrero pasado. El postulante a vicepresidente que acompaña a Bolsonaro confesó a la revista Piauí: “Tendremos muchos candidatos del entorno militar, si no en todos, en un gran número de estados. Aunque presentándose por separado, tendrán unas pautas de acción y un discurso cercano a los intereses de la nación y de los militares. Yo estaré coordinando todo eso”. La fórmula presidencial se rodeó de otros generales retirados nostálgicos de la dictadura que ofician de asesores. Ellos son Sebastiao Roberto Peternelli, Giarao Monteiro, Marco Felício y Paulo Chagas. Este último se hizo conocido por sus ataques a la Comisión Nacional de la Verdad que investigó los crímenes del régimen militar. Cuando el comandante en jefe del ejército Eduardo Villas Boas presionó públicamente para que Lula fuera encarcelado allá por abril, Chagas se despachó por twitter con un mensaje medieval: “¡tengo la espada al lado, la silla equipada, el caballo listo y aguardo sus órdenes!”. Una pintura marcial de los tiempos que vive Brasil.