La sucesión presidencial dentro del juego del poder. Por un hilo de esperanza.

Guilherme Costa Delgado *

Correio da Cidadania, 12-10-2018

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Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa 14-10-2018

Es preciso dejar claro desde luego que el resultado de la primera vuelta de las elecciones generales para el Congreso, anticipó un cuadro de mayor fragmentación partidaria en la Cámara de Diputados y en el Senado, imponiendo una carga todavía más elevada a la gobernabilidad en términos del presidencialismo de coalición.

Por otro lado, la onda de la primera vuelta de la sucesión presidencial, apunta hacia un candidato notoriamente sin compromiso con la democracia, el orden constitucional y hasta incluso una convivencia civilizada. Las causas de todo eso todavía claman por explicación, pero no son objeto de este artículo.

Es en ese contexto electoral que se mueven los protagonistas del poder en la llamada economía política dominante, con su trípode: sistema financiero, economía del agronegocio y medios corporativos, que apuestan ganar de cualquier forma, obviamente bajo obsequiosas acciones y omisiones del Poder Judicial servil.

Para tal, se desenvuelven dos estrategia complementarias: 1) de apoyo tácito u ostensivo al candidato de la extrema derecha; 2) por la presión tácita u ostensiva para que el candidato del campo democrático -Fernando Haddad- se distancie de compromisos democráticos y de izquierda, o de cualquier veleidad en torno a un gobierno de cambios significativos, para beneficiar el juego de privilegios del referido trípode a costas del interés público.

La onda del “nuevo fascismo”, que al revés del antiguo nada tiene de nacionalista, deja un resquicio de incertidumbre a los dueños del poder, posiblemente por las lecciones de la historia. De ahí el motivo de una cierta duda en el campo conservador a su completa adhesión al candidato de la extrema derecha, incluso estando él próximo de la conquista electoral. Por esta razón, lanzan guiñadas al campo democrático, desde que previamente sea cooptado.

Pero no nos ilusionemos, la elección presidencial actual no nos dejaría iguales a las elecciones anteriores, cualesquieras que sean sus resultados. En caso de victoria de la extrema derecha, vale la advertencia de Dante a las puertas del infierno: “Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”.

La victoria del campo democrático, por su vez, para sustentarse, precisa romper con los límites de la economía política de los dueños del poder. Precisa obviamente cambiar significativamente los rumbos y romper con los grilletes que nos aprisionan a las oligarquías y llevan a su juego cartas marcadas.

El precio de la omisión, conciliación, coalición, o el nombre que se quiera dar al inmovilismo, en el enfrentamiento a los privilegios de la riqueza y del poder pre-establecidos, serían fatales a los intereses populares y nacionales.

Por todo eso que aquí se coloca, no podemos jugar con las esperanzas legítimas a orillas del caos.

Los profetas de la tradición bíblica son profetas de la esperanza, que no se hartan de denunciar a los ídolos e idolatrías de toda especie, incluso cuando esos ídolos están o van hacia el poder.

Los verdaderos profetas del siglo 21 no pueden abandonar la esperanza, desanimarse ante los desatinos de la bestia y tampoco ceder a la tentación de los ídolos, cuando la esperanza se expresa por una tenue estela de luz.

El día siguiente de la elección presidencial de la segunda vuelta nos aguarda. Y en cualquiera de las circunstancias, tenemos que prepararnos para la nueva tarea histórica de construcción de la esperanza, cuyo adversario mayor probablemente ni sea la bestia con su número electoral conocido, sino la idolatría al capital y al dinero, expresada aquí, entre nosotros, por el trípode desregulado: sistema financiero, economía del agronegocio y medios corporativos.

* Guilherme Costa Delgado Doctor en economía por la UNICAMP (Universidad Estadual de Campinas) y consultor de la Comisión Brasilera de Justicia y Paz.