Karel Kovanda

A l’encontre,27-8-2018

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Traducción de Faustino Eguberri – Viento Sur

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Publicamos a continuación la segunda parte del análisis realizado (ver primera parte: https://correspondenciadeprensa.com/2018/09/15/memoria-1968-los-consejos-obreros-checoslovacos-1968-1969/) por Karel Kovanda sobre la emergencia, desarrollo y extinción de los Consejos obreros (en el sentido de Consejo de producción) -inicialmente calificados como Consejos de empresa. Este análisis fue publicado, en inglés, en la revista Telos (Washington University), nº 28, verano de 1976.

Iniciamos la edición (que se prolongará) de los dosieres consagrados a la situación en Checoslovaquia a lo largo de los años 1960 calificando a ese proceso como “revolución interrumpida”. Hay quien puede percibir en el término “interrupción” una referencia reducida a la intervención de las fuerzas armadas del Pacto de Varsovia en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968. Sería una lectura mal fundada. El auge post-agosto 1968 del movimiento de los consejos -que entonces era muy jóven- revela la amplitud y la profundidad de un movimiento social que va a prolongarse hasta más allá del primer semestre de 1969. Remite ciertamente a una resistencia masiva a la invasión. Pero se inscribe en una interacción perceptible desde 1966-1967 entre, de una parte, una crisis socioeconómica que se perfila bajo la forma inicial de una gestión económica deficiente y, de otra parte, el agrietamiento de las estructuras del partido-sindicato-Estado que facilita múltiples iniciativas.

Sin embargo, la fórmula “revolución interrumpida” no implica, a contrario, que ese proceso habría llegado -sin la “intervención” del Pacto de Varsovia- a un socialismo democrático que jamás existió históricamente. Parafraseando a Karel Kosik (del que publicaremos la traducción de una de sus contribuciones de la primavera de 1968): en la historia nada es absolutamente necesario y nada es absolutamente accidental. Lo que tienden a demostrar los desenlaces de los diferentes enfrentamientos sociales y políticos (incluso insurreccionales) contra los llamados regímenes burocráticos (socialismo de Estado u otras calificaciones). Igualmente, la poca consistencia tanto política como organizativa de las corrientes radicales salidas de estos enfrentamientos es un indicador de sus atolladeros. Ahora bien, se les suponía capaces de poder captar y cultivar los elementos más vigorosos de un proceso de transformación sociopolítica en profundidad que Joseph y Vladimir Fisera resumían así: “organizar una nueva economía y una nueva política alrededor de la autogestión”.

Ciertamente, este proceso fue derrotado por una contrarrevolución. Pero esto no elimina el hecho de que llevara en su interior una amplia praxis social que habría podido irrigar una fracción (aunque fuera relativamente restringida) de quienes constituían su ala más dinámica. No fue así. Es lo que se deduce de los años que siguieron. De ello no se deriva que haya que subestimar, ni mucho menos, la importancia y el papel de la Carta 1977, que actuaba en otro contexto y en un terreno sociopolítico diferente.

A partir de ahí, dichos procesos (“revolución-contrarrevolución”, “reformas-contrarreformas”) en tales formaciones sociales (Hungría, Polonia, Checoslovaquia, por dar ejemplos) necesitan un examen ajustado de lo que se ha revelado históricamente una vía sin salida: la de una revolución política, por retomar una formulación propia, entre otras, a la corriente trotskysta.

Entre las contribuciones en francés sobre el tema abordado aquí por Karel Kovanda, es posible referirse, entre otras, en lo que se refiere a las contribuciones de autores checoslovacos, a los números 9-10 de septiembre-diciembre de 1969 y 11—12 de marzo-junio de 1970 de la revista Autogestion, así como a la revista L’Homme et la Société octobre-diciembre de 1969: D. Slejska, “Le modèle d’autogestion et ses conditions en Tchécoslovaquie après janvier 1968”. La revue de l’Est, vol. 2, 1971 contiene el amplio artículo de Joseph Fisera et Vladimir Fisera, “Cogestion des entreprises et économie socialiste. L’expérience tchécoslovaque, 1967-1970” y el de Joseph Jebavy, “Les conseils d’entreprise en Tchécoslovaquie à la lumière d’une enquête récente”.

Dichos textos habían marcado con su huella política la percepción de quienes, a lo largo de esos años, contemplaban una posible perspectiva socialista y democrática salida de múltiples combates contra los poderes burocráticos, represivos y autoritarios que ciertamente tenían diferencias entre sí, tanto en la forma como en el tiempo (Charles-André Udry).

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El documento del SKRO (Comisión Estatal para la Gestión y la Organización) exponía las grandes líneas de numerosos temas que trataban sobre los consejos que reaparecerán en todos los documentos tecnocráticos de 1968. Presentaba varias alternativas de cara a debates ulteriores. En lo que concierne al poder de los consejos, se adelantaban tres posiciones: el modelo simbólico, el débil y el fuerte.

  • El modelo simbólico habría atribuido a las direcciones de empresa poderes prácticamente ilimitados y mantenido lazos estrechos entre la dirección y la burocracia de Estado; esos mismos lazos que los reformadores económicos deseaban romper. En este modelo, los consejos ocupaban un lugar tan secundario, que se volvían insignificantes, independientemente de su composición. Este modelo reunía pocos defensores, incluso entre los autores del documento del SKRO, pero volvió con fuerza extraordinaria un año más tarde, en el desenlace final de los consejos.

  • El modelo débil, por su parte, atribuía a los consejos el poder de nombrar y de dimitir al director de la empresa así como potencialmente a otros miembros de las direcciones; de decidir sobre el reparto de las ganancias (para nuevas inversiones, la remuneración de las y los trabajadores, etc.); de aprobar un balance contable anual así como supervisar a la dirección. En este modelo, los consejos tenían una cierta importancia, aunque permaneciera limitada. La nominación de los miembros de las direcciones fue una cuestión candente en 1968. Sin embargo, no hubiera sido posible más que una vez en un lapso de varios años. El reparto de las ganancias se discutiría una vez al año. Pero, incluso en ese caso, el consejo seguiría muy probablemente las recomendaciones de las direcciones, debido a que no ejercería mas que un débil control sobre otras decisiones.

 

  • En lo que se refiere al modelo fuerte, el consejo gozaría del conjunto de los poderes del modelo precedente, a los que se añadirían los siguientes: la determinación de las políticas a largo plazo en lo que se refiere a las finanzas, las compraventas, la tecnología, el personal y la producción así como un control sobre la aplicación de estas políticas; una decisión sobre los cambios organizativos importantes de la empresa, como la desinversión o la fusión de la empresa, las reestructuraciones organizativas, etc.; la asignación de las inversiones de capitales en nuevas construcciones y el establecimiento de límites al crédito; la aprobación de los contratos comerciales de alto riesgo o también la determinación de cambios del campo de actividad de la empresa. Se trataba efectivamente de derechos sustanciales. La aplicación de éstos habría significado una garantía de los intereses del conjunto de la población trabajadora, en particular si la composición de los consejos favorecía igualmente a las y los trabajadores.

¿“Consejos de gestores” o “consejos de trabajadores”?

En lo que se refiere a la composición de los consejos, la idea más popular entre las y los autores del SKRO se hizo conocida con el nombre de “concepto de los dos tercios”. Sobre esta base, las y los trabajadores elegirían un tercio de los miembros del consejo. Otro tercio estaría compuesto de expertos externos, provenientes de institutos de investigación, universidades, etc., mientras que el último representaría al “creador” de la empresa, es decir, la burocracia estatal.

Una divergencia de puntos de vista importante versaba sobre la cuestión de saber si la dirección de la empresa debía tener puesto ex officio [es decir como consecuencia de la función ejercida] en el seno del consejo, lo que borraría sustancialmente la distinción entre el legislativo y el ejecutivo de la empresa. El concepto de los dos tercios era, desde cierto punto de vista, análogo al sistema alemán de la Mitbestimmung  [antes de la revisión de la ley en 1976, por tanto de 1951 -Red A l´Encontre] o de los comités de trabajadores polacos que, en 1958, vieron anulado su papel en relación al de los consejos anteriores [En noviembre de 1956, en Polonia, como consecuencia del desarrollo espontáneo de los consejos obreros, post-1956, clásicamente un decreto gubernamental los reconoció ciertamente con derechos limitados al plano local. El objetivo del partido (POUP) era obstaculizar una estructura que tomara dimensión nacional. En 1957, se contaba la existencia de 1936 consejos obreros. El contraataque de la cúspide se efectuaría así: en abril de 1958 una denominada Conferencia de los Consejos de Gestión, en la que los cargos de los sindicatos y del POUP dominaban ampliamente; los consejos se convirtieron en un órgano que captaba el descontento y servía a la dirección del Partido-Estado de barómetro y de válvula de seguridad –Redacción A l´Encontre].

El documento del SKRO no era decididamente favorable a la atribución de un papel preponderante a los trabajadores en las tomas de decisión. Una influencia de los trabajadores sobre las direcciones habría representado un sistema de participación obrera funcionando bien. Esto habría representado, sin duda, una mejora respecto a prácticas anteriores, pero ciertamente no suficientes para responder a la atmósfera que reinaba en 1968, que reivindicaba un cierto grado de autogestión.

Mientras que el documento del SKRO puede ser considerado como una declaración tecnocrática importante, no existe equivalente, bajo la forma de una plataforma tan completa, de las posiciones democráticas radicales. El documento del SKRO, en particular su “concepto de los dos tercios”, fue objeto de una protesta vigorosa tanto por parte de miembros de la intelligentsia como de fracciones de las y los trabajadores. A partir de la primavera de 1968, esta protesta incluía la amenaza de huelga así como paros ocasionales. La autogestión era el denominador común de toda esta actividad [de protesta].

Las y los periodistas, animadores de prensa y quienes ejercían una actividad en el terreno de las ciencias sociales fueron los partidarios más elocuentes de la autogestión. El diario sindical, Práce, lanzó una cruzada a favor de esta idea, exigiendo para las y los trabajadores poderes más amplios. La cuestión que abrió el debate se presentaba sin equívoco, bajo esta forma: ¿“consejos obreros o consejos de gestores”? 1/ (La numeración de las notas se refiere a esta segunda parte del artículo. La de primera parte en https://vientosur.info/spip.php?article14165 tiene su propia numeración ndt).

Posteriormente, los artículos que defendían la autogestión se sucedieron uno tras otro, acompañados de otros que se oponían a esta idea en términos que las y los trabajadores encontraron sin duda muy indigestos. Entre los principales abogados de la autogestión figuraban Pavel Ernst, un joven economista proveniente del Instituto Económico de Ota Sik, y Dragoslav Slejska, el sociólogo del mundo industrial. En otros lugares, Karel Kosík discutió sobre la posición de los trabajadores en el seno de la sociedad en una serie de ensayos con el título de “Nuestra presente crisis” 2/. Para él, el establecimiento de consejos obreros representaba una condición indispensable en la reconstitución  3/ de la clase trabajadora como fuerza política por entero.

La misma idea fue inscrita en un contexto político aún más amplio por Robert Kalivoda, un historiador de primera línea, que insistía en la necesidad de conjugar formas de democracia indirecta, que el país estaba a punto de restablecer, con formas de democracia directa que “serían gradualmente transformadas en autogestión socialista” 4/. Los consejos obreros serían una de las formas tomadas por la democracia directa. Kalivoda fue uno de los primeros en ligar modalidades democráticas generales del país con sus implicaciones políticas sobre la forma en que las reformas económicas eran puestas en práctica.

Ivan Sviták deploró que sus colegas intelectuales descuidaran -en sus discursos públicos- lo que representaban los derechos cívicos para las y los trabajadores  5/. A sus ojos, los derechos más importantes debían comprender el derecho a la huelga, el derecho a un sindicalismo fuerte así como el derecho de los colectivos de trabajadores y trabajadoras a elegir las direcciones de las empresas.

En abril de 1968, el semanario Reportér, uno de los periódicos más influyentes y mejores del país, publicó una “Carta abierta a los trabajadores checoslovacos” 6/. El espíritu de la carta consistía en un llamamiento a la constitución de un movimiento de trabajadores que fuera hacia la autogestión. Un cambio de personalidades en la cúspide del Partido Comunista era algo bueno, pero no era suficiente para garantizar los progresos del movimiento de democratización.

De quedarse ahí, tendría por único resultado la emergencia de una “nueva oligarquía burocrática”, aunque fuera pluripartidista. Sin acciones obreras concretas, proseguía la carta, incluso la nueva libertad de prensa no conduciría más que a ser un “simple adorno para un nuevo, “más esclarecido”, sistema burocrático”. Los órganos obreros de autogestión deben ser rápidamente elegidos, a fin de “administrar lo que pertenece legítimamente a los trabajadores”.

Del arroyo al río naciente

En este estadio, conviene revisar cual era realmente la situación de las y los trabajadores. Hasta entonces, las reformas económicas les habían dado muy poco poder. En realidad habían contenido el peligro de una gestión empresarial desinhibida que estaba aún más exacerbada por la ausencia de garantías sindicales. Las y los trabajadores hicieron demasiado a menudo la experiencia de decisiones de las direcciones de empresa dirigidas directamente en su contra; incluso cuando se producía la introducción de las reformas económicas.

A veces se endurecían las normas de producción sin que las y los obreros pudieran alegaran nada  7/. La explotación de las mujeres era particularmente dura, aunque este problema finalmente fue atenuado  8/. Y, por supuesto, existía la cuestión no despreciable del cierre de empresas o de ciertas producciones no rentables. De lejos, se trataba de un problema no solo económico, sino también político, social y humano. Sin embargo fue insuficientemente tratado, provocando así amargura, angustia e inseguridad  9/.

Antes de la introducción de las reformas, el sistema de dirección económica era inadecuado, obsoleto y provocaba despilfarro. El obrero o la obrera sabía sin embargo cual era su lugar. Él o ella había logrado llegar a final de mes y a mediados de los años 1960 comenzaba quizás a gozar de las comodidades no esenciales más sencillas. Las reformas económicas [discutidas desde 1963 y de forma acentuada desde 1965] habrían significado una mejora de conjunto de las condiciones de existencia.

Sin embargo, a comienzos de 1968, no habían sido introducidas de forma consistente. Después de años de discusiones y después de más de un año de aplicación a escala nacional, los efectos positivos de las reformas sobre la vida de las personas ordinarias eran insignificantes. Al contrario, los precios de venta al detalle habían subido ligeramente, pero de forma perceptible, igual que el grado general de inseguridad en términos de empleo. Por tanto no es sorprendente que las y los trabajadores adoptaran una actitud escéptica de atentismo hacia las reformas  10/.

Las reformas no merecían menos. Su tímida puesta en marcha no era tanto por culpa de los reformadores como de las presiones políticas con las que debían contemporizar. Las y los trabajadores conocían las reformas por la experiencia que hacían de ellas en su puesto de trabajo. Apenas sabían -y no era posible decírselo- que lo que vivían no era mas que la versión mutilada y bastarda del programa original [de reformas].

Esta actitud atentista comenzó a cambiar en la primavera de 1968. En particular en Praga, los trabajadores y trabajadoras comenzaron a poder evaluar el conjunto de los efectos de los cambios en la dirección del Partido, un poco más tarde que las y los intelectuales mejor informados pero con la misma claridad.

Es todo un símbolo que la verdadera naturaleza de esos cambios fuera hecha explícita por el único verdadero amigo de las y los trabajadores en la dirección del PCT, Josef Smrkovsky, en un texto publicado en enero de 1968 en Práce  11/. Era el comienzo de la aparición de un arroyuelo de noticias que se convirtió pronto en un río. Sin embargo, el arroyuelo por si mismo ya conseguía remover las fábricas. [Josef Smrkovsky jugó un papel importante en la resistencia contra la ocupación nazi en Praga; fue condenado a cadena perpetua en 1951, conjuntamente con el proceso Slansky; liberado en 1955, fue rehabilitado en 1963; fue uno de los dirigentes más populares del PCC en 1968. El 9 de febrero de 1968, en otro artículo-programa, publicado en Rudé Pravó, el diario del PCC, escribía: “Ahora bebemos clarificar las relaciones entre el partido y los órganos del Estado, entre los órganos del Estado y las empresas, entre los órganos administrativos del Estado y la esfera económica, y entre el aparato y los órganos elegidos. Si todas estas relaciones no son delimitadas de forma precisa y si no se establece correctamente su esfera en términos de derechos así como la responsabilidad de los órganos de tomas de decisión particulares, no será posible mejorar la calidad de la gestión o poner en marcha la exigencia de que todos y todas seamos responsables de nuestras acciones, de nuestro trabajo y de nuestras decisiones. El público debe saber no solo quien decide, sino también quién asume la entera responsabilidad de esas instancias según su nivel. Red. A l´Encontre].

Por tanto, las trabajadoras y trabajadores intentaron recuperar inmediatamente el terreno perdido en beneficio de la burocracia en el curso de los años precedentes así como democratizar el movimiento obrero, cuya cúpula, el Consejo Central de los Sindicatos (URO) era uno de los órganos más conservadores del país. En el curso de las primeras semanas de 1968, el URO recibió alrededor de 1.600 resoluciones de secciones locales del ROH [sindicato] sobre la cuestión de los derechos perdidos por las y los trabajadores, la estructura interna no democrática del ROH así como sobre las reticencias del URO para apoyar a Dubcek.

Desde marzo, las y los obreros se convirtieron en una fuerza política independiente [La explosión de las críticas se expresó de forma directa en la sesión plenaria del URO, los días 21 y 22 de marzo de 1968, Red A l´Encontre]. Se movilizaban no solo en favor de la nueva dirección nacional [del PCC] y a favor de la intelligentsia del país, sino que plantearon igualmente los jalones de reivindicaciones que tenían como objetivo ejercer un control sobre su entorno inmediato: las fábricas.

A través de reuniones de masas, de paros en el puesto de trabajo y de algunas huelgas, atrajeron la atención sobre las cuestiones concretas referidas al control de las empresas. En acciones ejemplares que suscitaban un interés nacional extraordinario, las y los trabajadores de Písek, en Bohemia del Sur, hicieron huelga a propósito de la fusión y de la cesión de empresas (lo que tenía un impacto directo y profundo sobre las ganancias de la empresa y por tanto sobre los salarios). Los mineros de Dubrava en Ostrava, en Moravia del Norte, obligaron a dimitir al director  12/. En aquellos momentos, esas cuestiones seguían siendo hasta prerrogativas de la burocracia económica central, pero las y los demócratas radicales mantuvieron que las y los trabajadores deberían disponer de un control sobre estos últimos a través de los consejos.

En realidad, la existencia, el papel y el lugar de los consejos también eran debatidos. A finales del mes de abril, estaban en marcha preparativos para constituir algunos en varios lugares. En ese momento, el Programa de Acción del Partido Comunista [el Comité Central del PCC lo adoptó el 5 de abril de 1968] asumía los consejos sin especificar, no obstante, su naturaleza. El documento del SKRO proporcionaba a las y los tecnócratas propuestas concretas para la organización de los consejos en las fábricas: en particular las de CKD [Ceskomoravska-Kolben-Danek, empresa creada como consecuencia de una fusión en 1927, nacionalizada en 1945; era el mayor complejo industrial de Praga] y a las de Skoda en Pilsen (otro gigante de la industria pesada de maquinaria, cuyas diversas filiales se consagraban a la producción de armas, de medios de transporte colectivos, de coches, etc.).

Primera evolución de Ota Sik frente al atasco de sus reformas

El proceso preparatorio demandaba tiempo. Las primeras etapas abrían una nueva vía y los esfuerzos para constituir consejos eran examinados de cerca tanto por sus enemigos como por sus amigos. Sin embargo, no reinaba el típico sentimiento de urgencia de los procesos similares que se desarrollaron en Polonia y Hungría 12 años antes. Era más bien un sentimiento de responsabilidad histórica el que dominaba, que requería un planteamiento metódico y una gran prudencia.

Las propuestas para el consejo de CKD, uno de los primeros  13/, le atribuían poco más o menos los mismos poderes que los que estaban esbozados en la versión fuerte del documento del SKRO. Estaban fuertemente opuestas al “concepto de los tres tercios” y llamaban a que el conjunto de trabajadores y trabajadoras de la empresa eligieran al consejo.

Las propuestas de las y los trabajadores de las fábricas CKD llegaban bastante más lejos promoviendo aspectos autogestionarios propios de la idea de los consejos. Preveía un papel importante para la asamblea de la plantilla (un punto que ni siquiera se mencionaba en el documento del SKRO) y contemplaba órganos de autogestión en las fábricas particulares de la empresa. Otras medidas limitaban el mandato de miembro del consejo a tres años y prohibían una reelección inmediata a fin de evitar la emergencia de una casta de “miembros profesionales de los consejos”. La proposición de las fábricas CKD llevaba la marca manifiesta de la experiencia yugoslava, en particular en lo que se refería a su conciencia de los peligros que el consejo se convirtiera en un órgano extraño a los trabajadores de los talleres. Uno de sus principales defensores era un joven técnico, Rudolf Slansky hijo, cuyo padre fue una de las víctimas más conocidas de las purgas de los años 1950.

El proyecto de las fábricas Skoda de Pilsen  14/ atribuía igualmente importantes poderes al consejo. Una fracción importante del consejo debía ser elegida por las y los empleados, aunque en otros aspectos, a diferencia de la propuesta CKD, apenas se preocupaba de la implicación directa de la plantilla en la autogestión. La principal característica en Skoda era la de la enunciación minuciosa de la separación de poderes: la estricta distinción entre el consejo y la gestión ejecutiva cotidiana.

La política oficial del gobierno hacia los consejos era ambigua. Aunque el Partido Comunista asumiera formalmente la idea y fuera ampliamente discutida en el país, y aunque la cuestión de los consejos se volvió rápidamente una de las más importantes del movimiento obrero, la posición del gobierno nacional era tecnocrática. Dirigido por Oldrich Cernik [primer ministro del 8 de abril de 1968 al 28 de enero de 1970], el gobierno frenó todo lo que pudo el desarrollo de los consejos. La única excepción en el seno del gobierno era la de Ota Sik, nombrado primer ministro adjunto responsable de la introducción de las reformas económicas en abril de 1968. La evolución de sus ideas sobre los consejos a lo largo de la primavera es crucial para comprender cómo varias personas inclinadas por soluciones tecnocráticas vieron las potencialidades obreras.

En sus escritos anteriores, Sik no se había pronunciado con fuerza a favor de la atribución a las y los trabajadores de un grado significativo de control, aunque se dio cuenta de que éstos deberían tomar en mayor o menor medida parte en las decisiones  15/. Sin embargo, a medida que las reformas eran aplicadas y que estaba personalmente implicado en su introducción, comenzó a darse cuenta de los problemas políticos prácticos a los que debía hacer frente. La cuestión de la configuración ideal de los poderes en el futuro, en el interior igual que en el exterior de las empresas, las estructuras objetivo de las reformas económicas, por decirlo así, era una cosa. Otra totalmente diferente era la cuestión inmediata; Sik se daba cuenta de ello, de la exclusión rápida de direcciones y funcionariado ministeriales incompetentes. Estos últimos representaban sin duda el mayor obstáculo a la puesta en marcha de las reformas y era algo muy improbable que se fueran por su propia voluntad. El empujón necesario debía venir de otra parte.

Esa era una de las razones por las que la idea de un consejo que dispusiera de una amplia representación de trabajadores y trabajadoras y con importantes responsabilidades en la contratación y el despido de los escalones superiores de las empresas se volvía atractiva, incluso para gente que era, por otra parte, poco inclinada a apoyar una alternativa autogestionaria democrática radical. Independientemente de sus otros defectos, un consejo controlado por las y los trabajadores dispondría del poder de expulsar a cargos incompetentes. Con esto en la cabeza, la reflexión de Sik evolucionó progresivamente durante la primavera de 1968, en particular tras su nombramiento en el seno del gobierno, en el que se convirtió probablemente en uno de los pocos miembros realmente interesados en la puesta en pie de los consejos y que no cerraba los ojos ante las trabas puestas por sus colegas.

“La cuestión más controvertida de la primavera de 1968”

En el curso de los meses de abril y mayo la presión para que se tomaran medidas decisivas en lo referido a los consejos subía. El 19 de mayo, Josef Smrkovsky llamaba en el Rudé Právo a “establecer rápidamente órganos democráticos en las fábricas”. El día siguiente, Sik esbozó un proyecto detallado de las tareas inmediatas para una sana política económica. En este contexto, planteó propuestas que eran hasta entonces las más detalladas sobre la estructura y el funcionamiento de los consejos  16/.

Sik reconocía que existían ideas según las cuales “la mayoría de los miembros de los consejos debían ser nombrados por los órganos centrales” (lo que tenía la preferencia de los burócratas) al mismo tiempo que había “ciertas tendencias a una estimulación del capitalismo” (es decir el concepto de los gestores). Sin embargo, debía tomarse una vía diferente. Sik propuso el término de consejos obreros para los órganos que estaban por encima de las direcciones de empresa. Un término se quedó.

Los poderes que Sik contemplaba para los consejos no eran imponentes, pero justo un poco más desarrollados que los previstos por el modelo débil del documento del SKRO. El punto importante, sin embargo, residía en el papel decisivo que los trabajadores y trabajadoras jugaban en ellos, en la elección de los consejos así como el poder del consejo sobre las decisiones de los miembros de las : la cuestión más controvertida de la primavera de 1968.

En menos de dos o tres meses, la posición de Sik sobre los consejos había cambiado considerablemente. Al comienzo, sostenía el “concepto de los dos tercios”, implicando una representación mínima de las y los trabajadores. Llamaba ahora a que los consejos fueran en una mayoría decisiva elegidos en las empresas. Inicialmente no contemplaba que los consejos dispusieran mas que de un poder simbólico, y ahora proponía poderes, ciertamente limitados, pero reales. Más importante aún: logró forzar la mano del gobierno. Dos semanas después de haber difundido sus propuestas, el gobierno las aprobó sin gran cambio de las líneas directrices para el establecimiento de consejos obreros  17/. Las fábricas tenían ya la luz verde que esperaban.

La evolución de los puntos de vista de Sik se hizo en un contexto de presiones de la actividad práctica, como reacción a sus esfuerzos para llevar las reformas económicas a la realidad. Esta evolución ilustra un fenómeno bastante más amplio: la erosión de las posiciones liberales y tecnocráticas en el curso de la primavera de Praga. A medida que pasaban los meses, los defensores de sus posiciones se dirigieron bien hacia la democracia radical o bien volvieron a la burocracia: un proceso que fue formidablemente acelerado por la invasión.

En sí, la invasión tuvo un efecto directo mínimo sobre los consejos. Cualesquiera que fuesen los motivos de la invasión, la puesta en pie de los consejos (que comenzaba apenas) no era uno de ellos. Los numerosos ataques de la prensa soviética contra la evolución de la situación en Checoslovaquia no mencionaron una sola vez los consejos. La invasión fue regularmente caracterizada como un brillante éxito militar pero un asombroso fracaso político: en otros términos, que de forma sorprendente muy poco cambió en la vida política del país en su estela inmediata.

Por supuesto, las libertades políticas fueron un poco roídas, pero numerosos procesos fundamentales prosiguieron sin ser afectados, incluso en lo que concierne a las reformas económicas (y los consejos).

Si la Primavera de Praga continuó durante el otoño de 1968 sin modificación sustancial, apareció una conciencia nueva de sus límites. Las tropas estaban en el país y la Unión Soviética iba finalmente a aportar una resolución al impasse político.

Las viejas fuerzas burocráticas que estaban prácticamente derrotadas antes de la invasión, recibieron un estímulo y un apoyo directos. Los meses que siguieron fueron un período de enfrentamiento directo entre esas fuerzas burocráticas y las masas populares que se situaron al lado de las y los demócratas radicales.

Los consejos tras la invasión

La lucha no se daba ya entre conservadores y diferentes tipos de progresistas: se trataba ya de una lucha más clara entre la revolución y la contrarrevolución. El espacio para una vía intermedia, para algunas reformas al margen de un movimiento revolucionario se reducía rápidamente. Tras la invasión [en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968], las y los reformadores tecnócratas y liberales eran anacrónicos. Quedaron atrapados entre dos sillas: intentando enfrentarse a las presiones de las fuerzas burocráticas y de la Unión Soviética a la vez que intentaban poner en marcha las reformas, aislándose del apoyo popular, democrático radical, esencial para su defensa. La primavera de Praga no podía proseguir durante el otoño mas que en la medida en que la participación popular masiva se mantuviera.

Las posiciones liberales y tecnocráticas se desgastaban en esa medida. La gente favorable a una vía intermedia se inclinaba cada vez más bien hacia una posición burocrática, bien hacia una democrática radical. La nueva situación iluminaba el conjunto de la primavera de Praga con una luz nueva y penetrante, mostrando que había sido siempre una lucha entre la burocracia y las masas. Quienes creían en simples reformas para el pueblo, como una opción permanente y estable, quedaron presos de sus ilusiones. Tras la invasión, debían elegir: era una u otra. No había otra opción.

Un número no despreciable de dirigentes de la primavera de Praga se dio cuenta de ello bastante rápidamente. Hubo quienes comenzaron a moderar sus críticas a la invasión con la esperanza de que serían aceptados por las fuerzas burocráticas. Entre quienes lo hicieron hubo quien lo logró y formó parte del régimen de post-Dubcek. Hubo quien no lo logró: aunque estuvieran tentadas, las fuerzas burocráticas no estaban dispuestas a aceptarles. Para otra gente, la invasión representó una experiencia desgarradora que les llevó a ligar irrevocablemente su suerte a la posición radical democrática. Esto les llevó a revisar su posición sobre los consejos.Checoslovaquia3

Tras la invasión, los consejos permanecieron como un elemento en la jerarquía administrativa de las empresas; sin embargo ahora eran bastante más importantes en sus papeles de garantes de la democracia industrial. Tras la invasión, se hizo esencial salvaguardar cada forma de democracia que había podido desarrollarse en el curso de la primavera de Praga. La vía del pluralismo político estaba ya cerrada. Por consiguiente, la transformación de las fábricas en bastiones de la democracia económica -vía consejos- se convirtió en la principal prioridad. A partir de entonces, incluso antiguas personas liberales y tecnócratas que se sumaron a las demócratas radicales se daban cuenta de la importancia política de los consejos.

La firme defensa de los consejos por las personas demócratas radicales fue contrarrestada por la indiferencia y la negligencia de quienes tendían en dirección de los burócratas. Entre estos últimos, el conjunto del gobierno checoslovaco, que perdió algunos de sus miembros, entre ellos Ota Sik, tras la invasión. En septiembre, el primer ministro Oldrich Cernik declaró que la puesta en marcha de las reformas económicas continuaría, pero insistió con una prudencia exagerada que “todas las medidas, como la reorganización de las empresas, su integración, la puesta en pie de forma experimental de los consejos, deben ser cuidadosamente examinadas. Estas experiencias deben, en particular, ser enteramente evaluadas y sus principios generales deben ser mejor clarificados” 18/.

La súbita insistencia de Cerník sobre la naturaleza experimental de los consejos era descorazonadora, y su demanda de una completa evaluación, engañosa. Las discusiones ulteriores sobre los consejos subrayaron claramente el hecho de que su mandato era para varios años; en particular, porque sus objetivos a largo plazo no permitían, en un cierto tiempo, una evaluación de conjunto de este aspecto de sus tareas [Los estatutos -en lo esencial provisionales- preveían la duración del mandato de los miembros elegidos por 4 años, reelegibles. Red A l´Encontre]. Evidentemente no era posible evaluar un puñado de consejos tras solo algunos meses de existencia. Su número era en efecto débil: en septiembre de 1968, solo 19 consejos funcionaban efectivamente.

Los verdaderos motivos del ataque contra la acción de los consejos se encontraban en otra parte. El número limitado de los consejos hacía de ellos un fenómeno insignificante, con tal de que no se crearan otros rápidamente. En comparación con los 19 consejos existentes en septiembre, el 1 de octubre comenzaron a funcionar otros 143 y estaba previsto que otros 117 fueran creados antes del nuevo año de 1969  19/. La inquietud de las nuevas fuerzas burocráticas en vía de cristalización tenía que ver más con el futuro que con las prácticas pasadas.

Los consejos: los debates sobre su estatus y funcionamiento

La indiferencia y la negligencia del gobierno se transformaron progresivamente en tentativas activas para frenar la constitución de nuevos consejos. A finales de octubre [24 octubre], el gobierno decidió “que no era apropiado proseguir esta experiencia” 20/. Se trataba ahí de la tentativa más determinada de librarse de los consejos, cuyo número crecía rápidamente. [El 31 de mayo de 1969, el gobierno, en una declaración, atrasaba a una fecha indeterminada la adopción de la “ley sobre las empresas socialistas”. Ver más adelante. -Red A l´Encontre].

La decisión fue interpretada como un retroceso respecto a uno de los principios de base de las reformas económicas así como del Programa de Acción del PCC. Como reacción, los sindicatos inundaron al URO y al gobierno con resoluciones de protesta. Sus disposiciones fueron fielmente reflejadas en Práce, el diario sindical, así como en el resto de la prensa democrática radical. La presión obligó a Cerník a dar marcha atrás y a declarar que todo el asunto no era mas que un “malentendido” 21/. La posición del gobierno estaba siendo sin embargo ignorada ampliamente. Tras un pico en la creación de nuevos consejos en septiembre, la ola fue menor en octubre y noviembre, lo que reflejaba la ambivalencia del gobierno.

En diciembre, no obstante, hubo un nuevo pico: ese mes se creó un mayor número de consejos que durante los dos precedentes. La lucha descarnada sobre los consejos era una característica del conjunto de la política postinvasión.

Según las mejores estimaciones disponibles  22/, en enero de 1969 de estaban activos 120 consejos. El departamento de sociología industrial del Instituto Checo de Tecnología de Praga, que estaba bajo la responsabilidad de Milos Bárta [que había publicado un estudio titulado “Los Consejos obreros como movimiento social” en la revista del Comité Central del PCC-VIII, 1968, Nová Mysl -El nuevo espíritu -Red. A l´Encontre], reunió información sobre 95 de ellos. De esta muestra, 69 estaban activos en la industria manufacturera (38 en el sector de máquinas, 14 en la industria de consumo, 7 en la producción de productos alimentarios, 6 en la industria química y 2 en la energía y las minas), 11 en la construcción, 6 en los pequeños establecimientos controlados localmente, 4 en la agricultura y 1 en los transportes. Comités preparatorios existían en al menos 61 empresas suplementarias  23/. Otros consejos se formaron a lo largo de la primavera de 1969 y, a finales de junio, se informaba de la existencia de 300 consejos y de 150 comités preparatorios  24/.

En enero de 1969, los consejos representaban a más de 800.000 personas, es decir, más de la sexta parte de la fuerza de trabajo exceptuando la agricultura. Su prestigio aumentaba por el hecho de que había consejos en el seno de algunas de las empresas más grandes y prestigiosas: en Skoda en Pilsen, en las fábricas metalúrgicas NHKG en Ostrava, en Moravia del Norte, en Slovnaft Bratislava, en las fábricas químicas VChZ en Pardubice, en Bohemia del Este, en la AZNP de Mladá Boleslav, en Bohemia central, fabricante de automóviles, en la CZM en Strakonice, en Bohemia del Sur, produciendo motos, etc.

Sin embargo, incluso en su punto más alto, en enero de 1969, los consejos estaban aún en pañales. Los más antiguos solo existían desde hacía apenas seis meses. Una imagen general de los consejos trata inevitablemente de forma más detallada sobre las etapas que llevan a su constitución, la elección y la composición de estos últimos mientras que las informaciones que tratan sobre sus actividades concretas son desiguales.

Las indicaciones sobre las etapas preparatorias documentan hasta qué punto el movimiento obrero se identificaba con la idea de los consejos. Había algunas reticencias e incertidumbres, en particular como consecuencia de la invasión, y el ROH fue el motor principal en la constitución de los consejos, en no menos del 86% de los casos. Las tareas del comité preparatorio comprendían habitualmente la redacción de un estatuto del consejo así como reglas y procedimientos de elección -todo esto, en la medida de lo posible, en discusión permanente con el colectivo entero de las y los trabajadores.

El estatuto del consejo esbozaba la extensión de sus poderes. Una revisión de los estatutos disponibles revela que todos los consejos incluían el derecho a decidir sobre dos cuestiones fundamentales: la del personal de dirección y su remuneración; las cuestiones estatutarias de la empresa: su fusión con otras empresas, la subdivisión de la empresa, etc. En la medida en que los consejos se discutía por primera vez, la atención prestada a estas cuestiones figuraba en primera fila, tanto de los teóricos como de las y los trabajadores, como muestran los casos de las minas de Dukla y de la fábrica de Písek.

Más allá de esta base común, igual que para toda cuestión concerniente a los consejos, las variaciones eran considerables. Ciertos estatutos limitaban la autoridad del consejo a solo esas dos dimensiones. Otras cuestiones clave de la administración de la empresa debían ser discutidas y evaluadas por el consejo, pero la decisión final correspondía a la dirección. (Se trataba ahí del modelo limitado de los consejos, siguiendo estrechamente las líneas directrices emitidas por el gobierno en junio de 1968). Otros estatutos atribuían al propio consejo la decisión en última instancia en cuestiones esenciales de la gestión de la empresa (se trataba ahí del modelo fuerte de los consejos, siguiendo el ejemplo de las fábricas Skoda en Pilsen).

Las elecciones se prepararon en todas partes con mucho cuidado y atención. Las disposiciones concretas variaban, como la que intentaba saber si las y los trabajadores elegirían en bloque a los miembros del consejo o si habría demarcaciones electorales, o una combinación de los dos, si habría elecciones a dos vueltas, etc. Todas las elecciones, sin embargo, se celebraron por voto secreto. Había que estar empleado desde hacía un cierto período (entre tres meses y un año) para poder votar, una medida que intentaba asegurar una cierta familiaridad con los problemas de la empresa. Había que estar empleado desde hace más tiempo, hasta cinco o siete años, para poder ser elegido al consejo. Esta disposición provocó controversias: si bien esta medida excluía a los candidatos cuyos conocimientos de la empresa eran escasos, era desventajosa para las y los jóvenes.

Las y los candidatos podían ser nominados por los diversos órganos de empresa, en particular la sección del ROH y la célula del PCT. Sin embargo, se trataba con el mayor cuidado que las y los candidatos provinieran de los talleres y que fueran designados por los propios equipos de trabajadores y trabajadoras. Cuando fueron interrogados sobre este tema, el 97% de las y los presidentes de los consejos estaban convencidos de que en su empresa, esta posibilidad había sido muy elevada o incluso ilimitada.

En lo que se refiere a la composición de los consejos, las y los empleados de la empresa podían elegir entre dos tercios y cuatro quintos de los escaños  25/. Solo excepcionalmente todos los miembros del consejo eran elegidos por los empleados de la empresa, pero eran minoritarios solo en un caso. Por tanto, el concepto de los tres tercios fue resueltamente rechazado en la práctica.

Una minoría de los miembros de los consejos eran reclutados en el exterior: representando a los ministerios, a los bancos o aportando la apreciación independiente de universidades o institutos de investigación. Algunos estatutos permitían al director de la empresa ser elegido al consejo, o hacían de él un miembro ex officio (resultante de su función). Sin embargo, ahí se trataba de una excepción, lo que subrayaba el rechazo general de los conceptos tecnocráticos que se habían revelado bastante populares en las discusiones anteriores de los expertos miembros del SKRO.

Sobre las y los electos en los consejos

¿Qué tipo de personas eran elegidas? El número de mujeres representantes era desolador por su escasez: apenas ocupaban el 4% de los escaños. En lo que concierne a la edad, alrededor del 70% de todos los miembros de los consejos pertenecía a la fracción de los 35-49 años, considerada la más favorable para ocupar una función dirigente. Un poco más de la mitad eran miembros del PCC.

La composición profesional de los miembros de los consejos era sin embargo sorprendente. El 70% del total provenía de los equipos técnicos o de la dirección intermedia. En revancha, los cuellos azules (trabajadores y trabajadoras manuales) ocupaban un poco menos de un cuarto de todos los escaños. El equilibrio se inclinaba a favor del equipo administrativo. Solo excepcionalmente los cuellos azules eran mayoritarios  26/. En consecuencia, la formación de los miembros de los consejos de trabajadores era como media superior a la de los directores de las empresas: el 29% disponía de una educación superior, mientras que en 1966 este porcentaje era del 20% entre los directores.

La composición de los consejos es instructiva desde más de un punto de vista. No existe ninguna duda sobre que la selección de los candidatos y las elecciones al consejo fueron abiertas y libres; sus resultados hay que tomarlos al pie de la letra. Las y los empleados tenían el sentimiento de que sus intereses como copropietarios y como empresarios estarían mejor servidos eligiendo a personas altamente cualificadas: cuellos blancos. La distinción entre empleados en tanto que copropietarios y empleados en tanto que empleados es importante: cuando los intereses de estos últimos estaban en juego -en la elección de los responsables del ROH (sindicato)- las y los trabajadores votaban por personas de su especie. La disponibilidad de los trabajadores a estar representados por la intelligensia técnica proporciona una indicación suplementaria sobre la forma en que la brecha entre las dos capas (en el caso de que hubiera existido tal brecha) se había reabsorbido a lo largo del año 1968.

Frecuentemente, las personas provenientes de los equipos técnicos que fueron elegidas tenían un pasado de enfrentamiento con las direcciones burocráticas  27/. En fin, esta configuración electoral indica la importante estima en la que las y los trabajadores colocaban a la educación y la competencia profesional. Las y los defensores de la autogestión afirmaron a menudo que había una diferencia fundamental entre la calidad de la clase trabajadora en Checoslovaquia y en los demás países en los que consejos de trabajadores habían sido introducidos, en particular Yugoslavia; una diferencia basada en la larga tradición industrial del país así como en los estándares culturales y educativos más elevados de las y los trabajadores checoslovacos. Estas diferencias, que incluyen la alta consideración de la educación, se tradujeron en las preferencias concedidas a las y los candidatos a los consejos.

Los efectos, buenos o malos, de la presencia de los cuellos blancos en los consejos solo habrían podido ser evaluados por la experiencia. La ventaja de consejos altamente cualificados era manifiesta, en particular en un contexto en el que los principales problemas que debían afrontar los consejos eran guiar con éxito a las empresas en la entrada de las condiciones del mercado.

Sin embargo, ciertos observadores eran conscientes de los peligros potenciales representados por la representación distorsionada de los consejos.

Por ejemplo, Dragoslav Sleska pensaba que tras un período inicial de consolidación del sistema de autogestión, las diferencias persistentes entre los cuellos azules y los equipos técnicos saldrían a la superficie y representarían un problema. “Los miembros del consejo salido de la intelligentsia técnica no apreciarán siempre la percepción de esta contradicción por las y los trabajadores, quienes, a su vez, no comprenderán siempre el planteamiento del personal técnico”. Slejska esperaba “tentativas de manipulación de los órganos de autogestión hacia una dirección tecnocrática”, o incluso en dirección a la burocracia  28/.

Milos Barta, por su parte, veía peligros en el desarrollo de la tecnocracia -en particular en casos en los que el estatuto del consejo no tratara sobre la responsabilidad del consejo ante el conjunto de las y los trabajadores de la empresa (un punto que había sido muy fuertemente subrayado en la proposición de las fábricas CKD de Praga).

Había también quien estimaba que la necesidad para personas expertas de participar en los consejos fue completamente exagerada  29/, y que la preponderancia de personal técnico no era sino una respuesta temporal a la lamentable gestión existente de las empresas. Una vez que esta última mejorara, la atención de los consejos se desplazaría, lo que se traduciría por una modificación de la composición de los consejos, que se parecería entonces más a la composición de los colectivos de trabajo  30/.

 La contrarrevolución

Las actividades de los consejos dependían enormemente de las condiciones locales así como de las relaciones concretas entre el consejo y las direcciones: para un gran número de sus tareas, el consejo debía depender de las informaciones proporcionadas por las direcciones, cuando no de un apoyo activo, al menos en su fase inicial de existencia.

Las actividades concretas tomaron su tiempo para ponerse en marcha. Los consejos esperaban con impaciencia la aprobación de la Ley Socialista de las Empresas que daría una base legal a sus decisiones  31/. En diciembre de 1968, parece que solo 46 de los 140 consejos existentes estaban desarrollando una “actividad práctica” 32/.

Es interesante subrayar lo que los consejos más antiguos consideraban útil, y sin duda en qué actividades estuvieron comprometidos, como revelan las recomendaciones que esos consejos proporcionaban a quienes acababan de ser elegidos. En abril de 1969, su atención estaba centrada en particular en estos aspectos  33/: trabajar para familiarizarse con la situación económica de la empresa así como con su historia reciente; discutir las previsiones de las direcciones sobre el futuro desarrollo de las empresas así como someterles proposiciones alternativas en caso de que fuera necesario; evaluar las ventajas de los lazos organizativos actuales con otras empresas y considerar eventuales alternativas; abordar la cuestión de los acuerdos de producción que la empresa debía concluir con su ministerio de tutela y que debían reemplazar al antiguo plan de producción; delegar representantes a los órganos económicos superiores así como a la Unión de Fabricantes de la industria en cuestión.

El análisis de la situación de la empresa era sin duda la tarea inmediata más importante de cada consejo, conjuntamente a la evaluación sobria del futuro de ésta. El propio acto de examinar la estructura de una dirección revelaba frecuentemente insuficiencias estridentes.

Pavel Ernst, un defensor de primera línea de los consejos, observaba que “frecuentemente, los consejos han descubierto defectos muy importantes en los estándares de la gestión, tales como una coordinación desesperadamente inadecuada entre las diferentes ramas de la empresa, una ausencia de proyección a largo plazo, decisiones caprichosas de inversión de capitales tomadas por la dirección, etc.” 34/. Las decisiones en materia de personal figuraban en primera línea de la lista de los reformadores económicos y es lo primer que fue abordado, por ejemplo, en las fábricas Skoda de Pilsen. En la mayor parte de los casos, sin embargo, los consejos confirmaron a las direcciones en sus funciones. Según un informe, solo seis puestos de director fueron objeto de revocación  35/.

Aquí también, los consejos esperaban la aprobación de la Ley sobre las Empresas Socialistas. Este elemento legislativo clave habría ofrecido una protección legal a su actividad así como legitimidad a su existencia. La Ley fue el tercer documento de importancia en ser emitido por las franjas favorables a las soluciones tecnocráticas en el curso del año 1968 que afectaban a los consejos. El primero era el documento del SKRO mientras que el segundo correspondía a las líneas directrices sobre la creación de los consejos emitidas por el gobierno en junio. Gracias a la influencia de Sik el cursor de las líneas directrices estaba más cercano al espíritu de la autogestión que el documento del SKRO. Esta tendencia, el alejamiento de las soluciones tecnocráticas y el movimiento en dirección a los planteamientos democráticos radicales, progresó aún más con el proyecto de la Ley sobre las Empresas Socialistas, que habría aumentado aún más la representación de las y los empleados en el seno de los consejos así como los poderes de estos últimos  36/.

Aspectos importantes de la Ley fueron criticados por demócratas radicales y, en particular, por consejos ya puestos en pie (que se reunieron en enero de 1969 en Pilsen para una reunión nacional de una importancia considerable). En su conjunto, la ley era sin embargo aceptable para ellos. Estaba previsto que fuera promulgada en marzo de 1969, cuando se encontró con una oposición inesperada.

En enero de 1969, Checoslovaquia se convirtió en una república federal compuesta por dos entidades: las repúblicas de Chequia y Eslovaquia, cada una de ellas con su gobierno. En febrero, el gobierno checo desveló su propia apreciación de los consejos: se reveló más bien alarmante  37/. El gobierno checo propuso la aplicación de los rasgo mas tecnocráticos del documento del SKRO: el concepto de los tres tercios (dando a las y los trabajadores una representación insignificante en el seno de los consejos) así como el modelo simbólico (no dando ningún poder a los consejos), lo nadie había jamás tomado en serio.

Le siguió un debate público extraño. De un lado, el gobierno checo, al que se le sumó el gobierno eslovaco así como una fracción importante de la burocracia económica. Del otro, defendiendo la Ley de las Empresas Socialistas tal como estaba en el proyecto, el movimiento obrero unificado y las y los demócratas radicales. El gobierno federal checoslovaco y la dirección nacional del PCC se mantuvieron al margen. Tras un debate de varias semanas, la oposición del movimiento obrero se mostró determinante y el gobierno checo perdió la partida.

La victoria del movimiento obrero fue formidable. La Ley fue objeto de un debate público sin precedentes. Jamás, en la memoria reciente, un proyecto de Ley fue debatido con tal intensidad.

Solo había un problema que transformó la victoria de las y los demócratas radicales en una victoria pírrica: el problema del tiempo. En el curso de la controversia, la adopción de la ley se retraso inexorablemente. El primer trimestre del año 1969 había pasado y ninguna ley llegaba al Parlamento. Mientras tanto, el país fue atravesado por nuevos acontecimientos. Un conjunto de fuerzas burocráticas, conservadoras y neoestalinistas se hicieron cada vez más activas. Las tensiones en el país aumentaron. Y, en abril, en el momento preciso en que el movimiento obrero acababa de lograr su victoria contra el gobierno checo, la burocracia logró su batalla más importante sobre la gente demócrata radical: Alexander Dubcek fue expulsado de su puesto de primer secretario del PCC.

La ascensión de Gustav Husak como nuevo dirigente del PCC fue conjugada al decisivo intento de absorber la invasión en el plano político, varios meses después de la propia invasión. Había que liquidar todas las conquistas de la primavera de Praga. Para ello se utilizaron varios métodos, en diferentes dominios.

SvobodayHusak
Svoboda y Husak

Las voces demócratas radicales más fervientes en la prensa y en ciertas organizaciones fueron pura y simplemente reducidas al silencio. En otras organizaciones se organizó un golpe interno. Los consejos no fueron los primeros en ser atacados: de hecho, por un tiempo aún, se concedió un apoyo formal a la necesidad de la adopción de la Ley sobre las Empresas Socialistas. Su existencia se prolongó varios meses en un vacío poco confortable. No había ya ninguna verdadera intención de aprobar la ley.

Derrotar la ley, una operación en la que la oposición tecnocrática del gobierno checo era responsable en gran medida, consumó la transición de lo que quedaba de las fuerzas tecnocráticas del campo progresista -en el que habían tenido sus primeras experiencias en los años sesenta- hacia el del sector conservador. Conviene subrayar que la Ley sobre las Empresas Socialistas fue una de las raras medidas de la primavera de Praga que al abrigo de las críticas soviéticas. Incluso si la dirección del país post-invasión estaba dispuesta a apaciguar a la URSS de todas las formas posibles, no había ninguna razón externa para asfixiar los consejos.

Sin embargo, la lógica interna de la posición tecnocrática y sus consecuencias políticas hicieron esto inevitable. Sin publicidad, sin medio de comunicación legítimo en su seno y sin poder, los consejos no podían hacer gran cosa en la nueva atmósfera contrarrevolucionaria. En el curso del verano de 1970, el ministerio checo de la industria los prohibió completamente.

Notas

1/  Práce, 2/04/1968

2/  Literáni Listy nº 9 (1968). Uno de los artículos fue traducido al inglés y publicado en el número 13 de la revista Telos (otoño de 1972), p. 30-33 [texto traducido al francés y publicado en alencontre.org]

3/  Rudé právo, 3 mai 1968; Literáni listy n° 11 (1968).

4/  Ivan Sviták, The Czechoslovak Experiment (New York, 1971), p. 68-75. [Publicaremos algunos extractos en alencontre.org (y en vientosur.info)]

5/  Reportér n° 19 (1968). Algunos extractos han sido publicados en Andrew Oxley et al., Czechoslovakia – The Party and the People (New York, 1973), p. 193-196. La carta fue redactada por Karel Bartosek, un renombrado historiador de opiniones influyentes en la nueva izquierda.

6/  Para dos ejemplos, Práce, 25 mayo de 1968 y 4 julio de 1968.

7/  Cf. los conmovedores informes de Edna Kriseová en Reportér n° 1 (1968) y en el número 10 de Literární listy (1968) así como Marie Kubátová en el número 19 de Literární listy (1968). Para un informe sobre el paro entre las mujeres en Ostrava, ver Práce, 23 noviembre 1968.

8/  Cf. Práce, 10 de febrero de 1968, sobre las consecuencias del cierre de una mina cerca de Duchcov, en Bohemia Norte. Una tercera parte de los mineros tuvieron que abandonar la mina, con grandes pérdidas salariales.

9/  Para un buen análisis de estas cuestiones, ver Václav Holesovsky, “Czechoslovak Labor Pains”, East Europe n° 17 (mayo 1968), p. 21-26

10/  Práce, 21 enero 1968

11/  Para los acontecimientos en Pisek, ver Hospodárské noviny, n° 1 ? et 13 (1968) y Rudé právo, 27 marzo 1968. Para los acontecimientos en la mina Dukla, ver Rudé právo, 9 de mayo de 1968. He visto en la prensa nacional y en algunos periódicos locales la mención a alrededor de 30 huelgas, paros y amenazas de huelga.

12/  Fue publicado en francés, acompañado de un informe sobre su historia redactado por Rudolf Slansky hijo, en Autogestión n. 7 (diciembre 1968), p.39-56.

13/  Odbory a spole?nost n° 5-6 (1968), p. 106-110.

14/  Así, en 1963, escribía que “los propios productores no pueden tomar parte en el trabajo de gestión con un grado de conocimientos suficiente, su participación en la gestión está restringida por las horas de trabajo relativamente largas así como por su campo de conocimientos, más bien estrecho”. Cf. Ota Sik, Plan and Market under Socialism (White Plains, New York, 1967), p. 120.

15/  Rudé Právo, 22/05/1968, extractos publicados en Oxley, op.cit. p. 199-201.

16/  Rudé právo, 30/06/1968. Publicados en inglés en New Trends in Czechosloval Economics n° 6 (septiembre 1968), p. 55-57.

17/  Rudé právo, 14/09/1968.

18/  Práce, 22/09/1968.

19/  Rudé právo, 25/10/1968.

20/ Cf. Práce, 12/12/1968.

21/  Salvo indicación contraria, el resumen que sigue está basado en investigaciones expuestas en dos artículos importantes de Miloš Bárta: “Podnikové rady pracujících jako spole?enské hnuti” (Los consejos de empresa de los trabajadores como movimiento social ), publicado en Odbory a spole?nost n° 4 (1969), p. 54-69, y «K pojetí podnikovych rad pracujících» (Sobre el concepto de consejos de empresa de los trabajadores) en Politická ekonomie n° 8 (1969), p. 703-716. El primer artículo fue publicado en francés en el número 9-10 de la revista Autogestion y socialisme (diciembre de 1969), p. 3-36, mientras que el segundo escapó por completo a la atención de las personas que estudian este período, aunque sea igualmente importante.

22/  Práce, 28/01/1696

23/  Estas cifras indican hasta qué punto la constitución de los consejos fue trabada por las incertidumbres que siguieron a la invasión, por la falta de apoyo del gobierno así como por los retrasos tomados por la aprobación de la citada Ley de Empresas Socialistas, una disposición legislativa que habría dado una base legal a los poderes de los consejos. Cf. Rudé právo, 22/07/1970.

24/  Stanislav Plíva, “Poznámky k prozatímním statutum podnikový rad pracujících” (Notas sobre los estatutos provisionales de los consejos de empresa de los trabajadores) en Odbory a spole?nost n° 4 (1969), p. 70-78. Ce document a été publié dans le numéro 11-12 d’Autogestion et socialisme (mars-juin 1970), p. 99-115. Este documento fue publicado en el número 11-12 de Autogestion et socialisme (marzo-junio 1970), p. 99-115. Ese número doble está enteramente consagrado a la autogestión en Checoslovaquia.

25/  Las informaciones sobre la composición de los consejos están corroboradas independientemente por otras investigaciones, cuyos resultados han sido compilados por Joseph Jebavy, “Les conseils d’entreprise en Tchécoslovaquie, à la lumière d’une enquête récente”, Revue de l’Est, n° 2 (1971), p. 63-73.

26/  Dragoslav Slejška, “Sociologické predpoklady podnikové samosprávy” (Las condiciones sociológicas de la autogestión de las empresas) in Odbory a spole?nost n° 4 (1969), p. 25-42.

27/  Ibid., p. 39

28/  Ivan Halada, un dirigente del sindicato metalúrgico en Odborár n° 23 (1968), p. 8.

29/  Rudolf Slánsky hijo, en Reportér n° 5 (1969), suplemento, p. IV-V. [Reporter es la publicación de las y los periodistas]

30/  Práce, 6 de diciembre de 1968.

31/  Cf. Odborár n. 9 (1969)

32/  Práce, 12 décembre 1968.

33/ Jevbacy, “Los consejos de empresa…”, p. 70.

34/  El texto completo del proyecto de ley no fue nunca publicado, pero aspectos importantes de esta última pueden ser reconstruidos a partir de las discusiones a que dio lugar. Un análisis útil en Práce, 12/02/1969.

35/  Práce, 22/02/1969

36/  Práce 12 de febrero 1969.

37/  Práce 22 febrero 1969.