Al igual que sucedió con François Hollande, la Presidencia de Emmanuel Macron alinea su política en Oriente Medio con los intereses de Riad. Una elección inmoral -la venta de armas utilizadas en la sucia guerra de Yemen- e irresponsable, acentúa una dependencia energética y geopolítica desastrosa.

 Thomas Cantaloube y Edwy Plenel

 Mediapart, 19-9-2018, edición en español *

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Desde hace un año y medio, se recibe regularmente en el Palacio del Elíseo a dirigentes de ONG humanitarias y de defensa de los derechos humanos para hablar de la tragedia provocada por la guerra en Yemen o para quejarse de las abundantes ventas de armas francesas a las dictaduras, en particular a los países del Golfo Pérsico y Egipto. Una y otra vez son muy bien recibidos por los asesores, que escuchan atentamente sus puntos de vista e incluso parecen « aprobar [sus] mensajes de alerta y [sus] recomendaciones », según un integrante de estas organizaciones que ha participado en varias de dichas reuniones.

Sin embargo, invariablemente, en los días y las semanas siguientes, estos emisarios constatan que no se les ha escuchado y, sobre todo, que no se les ha tenido en cuenta. Como si se hubiesen dirigido a personas sordas. Hay un punto geográfico de fricción que reaparece regularmente: Arabia Saudí. La monarquía teocrática absoluta parece intocable.

Puede bombardear a civiles en Yemen de forma indiscriminada; puede encarcelar indefinidamente a activistas de la democracia y de los derechos de la mujer y ejecutar a un número creciente  de condenados; puede practicar un islam de lo más riguroso, que no tiene nada que envidiar a las teorías de Daesh; puede empobrecer a su población mientras sus élites se hartan de comprar yates y castillos en el extranjero; puede secuestrar al jefe de gobierno de un país amigo, Líbano; puede hacer todo eso que Francia nunca levanta la voz. Y lo que es peor, halaga a Riad o le extiende la alfombra roja a la menor oportunidad. ¿Qué no haría París para ganarse a Arabia Saudí? Aparentemente todo.

El fenómeno no es del todo nuevo, pero viene cobrando cada vez más importancia en los últimos años, primero con François Hollande en la presidencia y luego con Emmanuel Macron -Nicolas Sarkozy, prefería Catar-. El reciente nombramiento de un fiel macronista, Sylvain Fort, al frente de la comunicación en el Elíseo puede aumentar aún más esta inclinación hacia los saudíes: la agencia que él mismo fundó, Steele & Holt, se encargó, tras aceptar su cargo en el Elíseo y dejar dicha empresa, de asegurar la comunicación del Reino y del príncipe heredero en Francia con el objetivo de mejorar su imagen y, según el diario  3Le Monde 3, de acompañar la firma de un acuerdo de colaboración con la Ópera de París.

Armas, petróleo e Irán; esta es la tríada que dicta la relación de Francia con el reino wahabí y le lleva a hacer la vista gorda ante una de las autocracias más regresivas y mortales del planeta.

Con François Hollande, su leal Jean-Yves le Drian fue a la vez ministro de Defensa y ministro de Armamento. Con su gabinete, el antiguo barón socialista de Lorient, feudo de la Dirección de Construcción Naval (ahora Grupo Naval), era conocido como el más acérrimo promotor de la venta de armas francesas a países que deseaban equiparse con misiles, aviones y tanques. Fue el primero en conseguir vender el avión Rafale de Dassault

Tras incorporarse a las filas de Macron, en mayo de 2017, se instaló, junto a su círculo íntimo, en el ministerio de Asuntos Exteriores, y según las confidencias de varias personas próximas al gobierno, « sigue vigilando la venta de armamento y continúa siendo uno de los interlocutores privilegiados de nuestros principales clientes ». Por lo tanto, la diplomacia francesa no es la del respeto de los derechos humanos, como se proclama a menudo, sino la de los intereses de la industria armamentística. Sabiendo que a Riad no le faltan los cortesanos en este campo, sobre todo en Estados Unidos, París se esfuerza por hacer todo lo que está en su mano para mantener la mejor relación posible. No se culpa a Arabia Saudí de las muertes evitables de civiles en Yemen, aunque se puedan emplear armas francesas para este fin, como no ha descartado Florence Parly, ministra de Defensa. El silencio es la consigna cuando las defensoras de los derechos de las mujeres han sido encarceladas arbitrariamente 3 durante más de 100 días, a diferencia de lo que ocurre en Canadá (leer el artículo de Mediapart en francés).

Y cuando la ONU trata con dificultar de arrojar algo de luz sobre el destino de la población en Yemen con la ayuda de un grupo de expertos de Naciones Unidas, París pone la zancadilla a los procedimiento en la maquinaria de la organización para luego guardar silencio cuando su presidente evoca en voz alta la posibilidad de que Arabia Saudí sea culpable de crímenes de guerra (leer el siguiente artículo en francés: Face aux possibles crimes de guerre de la coalition, Paris se tait – Frente a los posibles crímenes de guerra de la coalición, París se calla).

Del mismo modo, cuando Emmanuel Macron se jacta de haber permitido la liberación de Rafik Hariri en noviembre de 2017 durante una escala en Riad, « fue después de haber luchado duramente durante varias horas con el príncipe Mohamed bin Salman, tan irrespetuoso con Francia, cuando el presidente tuvo que recordarle que hablaba con una potencia del Consejo de Seguridad », contaba hace unos meses un diplomático al que se le informó de este intercambio.

Frente a este servilismo, no es de extrañar que las ONG y los defensores de los derechos humanos sientan que están predicando en el desierto: pueden hablar con asesores y miembros del ejecutivo bien intencionados, pero sus palabras son barridas sin vacilar por los adultos al frente: Macron, Jean-Yves Le Drian, empresarios, partidarios de la (verdadera) politik empresarial.

Francia nunca se ha hecho una foto de familia sellando un pacto « petróleo por seguridad » con la monarquía saudí, como lo hizo el encuentro entre Franklin Roosevelt y el rey Ibn Saud en febrero de 1945, pero las relaciones entre los dos países siempre han sido buenas. En 1979, incluso París salvó al reino de la cruel humillación cuando la Meca fue tomada, con el apoyo clandestino de la GIGN.

Francia, es verdad, tiene ideas y no tiene petróleo, pero necesita desesperadamente oro negro. De 1990 a 2012, Rusia fue el principal proveedor de hidrocarburos de París. Pero desde 2013, Arabia Saudí ha pasado al primer plano: en 2015, el último año del que se tienen cifras, Riad suministró el 18,6% del petróleo crudo comprado por Francia. Dadas las tensiones con Moscú, obviamente se ha vuelto muy complicado enfadarse con los saudíes. A diferencia del mercado de armas, en el que el comprador se encuentra en una posición de fuerza, el poder sobre el mercado del petróleo pertenece al vendedor. Por lo tanto, París sale doblemente derrotado frente a Riad.

Además de esta doble sumisión económica, Francia se ha unido a las complicadas alianzas en Oriente Medio del lado de Arabia Saudí contra Irán. Desde entonces, ha quedado fuera de juego en la alianza bélica de Mohamed bin Salman y Benjamin Netanyahu, en un cambio asombroso en el que el enfoque ideológico (y financiero) del peor terrorismo islamista se ha convertido en el aliado más cercano de un Estado israelí comprometido con la extrema derecha y sus ilusiones de apartheid.

Esta elección francesa es puramente política. Se debe al lento ascenso de los neoconservadores franceses al ministerio de Asuntos Exteriores y al Elíseo, que comenzó con Sarkozy, continuó con Hollande y ahora con Macron. Este puñado de altos funcionarios alineados con la posición bushista del « eje del mal » ha ido ganando influencia. Para ellos, Irán es una amenaza mucho mayor para la paz mundial que Arabia Saudí, a pesar de que 15 de los 19 terroristas suicidas del 11 de septiembre de 2001 eran saudíes; a pesar de la propagación del rigorismo wahabí por el resto del mundo, especialmente en Europa; a pesar de la ausencia de cualquier tipo de contrapoder frente a la familia que dirige el Reino.

La atención prestada a la posible adquisición de armas nucleares por parte de Teherán se ha convertido en un obstáculo para cualquier evaluación racional del peligro. Durante los años de negociaciones que condujeron a los acuerdos de Viena sobre la energía nuclear iraní, los negociadores franceses, según han confesado, fueron mucho más duros y recalcitrantes que los diplomáticos estadounidenses.

Irán no es, ciertamente, un dechado de virtudes ni un modelo de respeto de los derechos fundamentales, pero es un país con corrientes de expresión contradictorias, con elecciones, con una población altamente educada dispuesta a romper décadas de aislamiento. Sobre todo, no es un país donde los estados de ánimo de un soberano, o de su hijo, son capaces de poner patas arriba el gobierno de las instituciones de la noche a la mañana, de amenazar a un vecino con la guerra si no se somete a una lista de deseos, o de construir planes de desarrollo que servirán principalmente para enriquecer a los bancos extranjeros. Todo lo cual se lleva a cabo en Arabia Saudí con el liderazgo actual del príncipe heredero Bin Salman.

Esta decisión de cortejar a Riad en lugar de discutir pacíficamente con Teherán y, al hacerlo, alinearse con la posición de los Estados Unidos de Trump, llevó a París a alejarse inmediatamente cuando Washington denunció el acuerdo nuclear en mayo de 2018. Mientras que el ministro de Economía Bruno Le Maire, en un principio (¿gaulliste?) había prometido que Francia no se dejaría dictar por su política comercial, las empresas francesas que habían regresado a Irán (Peugeot, Total, Airbus) rápidamente hicieron las maletas para complacer a Estados Unidos, pero también a Arabia Saudí.

« Pensemos en todas las cosas que el petróleo nos hace aceptar, olvidar y tolerar ». En 2006, hace más de diez años, un político francés de primer nivel expresó en voz alta su enfado contra una situación que llevó a no poner « suficientemente en cuestión a estos reinos, estos emiratos, estos regímenes totalmente corruptos y de ninguna manera democráticos, a los que vendemos armas por las que nuestros presidentes actúan como representantes comerciales, mientras que la condición de la mujer se limita a la llegada de pocas diputadas a las Cámaras de Comercio de Riad o Yeda ».

En un fuerte credo ecológico, instaba a « salir del petróleo lo antes posible », añadiendo que esta revolución es « necesaria desde todos los puntos de vista, no sólo desde el punto de vista medioambiental ». « La dependencia del petróleo », resumió, « no es sólo una cuestión ecológica, ni incluso una cuestión de fuente de suministro. Es un problema político: hasta que no nos hayamos distanciado, hasta que no hayamos construido nuestra independencia, no recuperemos nuestra libertad, seremos débiles, blandos e inescrupulosos ».

Este líder francés hablaba en plata en un libro en el que, además, reclamaba Le Devoir de vérité [El deber de la verdad]. Su nombre es François Hollande y seis años después de estas lúcidas palabras, se convirtió en presidente de la República Francesa, un presidente que será el que más frecuentará, de la V República, a la monarquía absoluta saudí. « Débil, blandos, sin principios… ». Sí, así es.

* Mediapart, versión española: Mariola Moreno, infoLibre 3, socio editorial de Mediapart. Edición Irene Casado Sánchez