Con el politólogo brasileño Pablo Ortellado

 La jugada maestra

 Pablo Ortellado es filósofo, profesor de gestión de políticas públicas en la Universidad de San Pablo y una de las voces más críticas del Partido de los Trabajadores (PT) dentro de la izquierda. Conversó con Brecha sobre lo que llama la “narrativa del golpe”, la estrategia política de Lula y los horizontes de la izquierda.

 Marcelo Aguilar, desde San Pablo

Brecha, 7-9-2018, https://brecha.com.uy/

-¿Cómo analiza la estrategia del PT de mantener la candidatura de Lula hasta las últimas consecuencias?

—El principal determinante de esa estrategia de mantener una candidatura que todo el mundo sabe que será impugnada y que la justicia electoral no va a permitir tiene mucho que ver con la propia iniciativa de Lula de mantener el control sobre el partido. Él está preso, pero tiene un capital político muy elevado, al punto de que a pesar de estar preso lidera todas las encuestas y podría hasta vencer en primera vuelta si fuese candidato. Utiliza esa circunstancia para mantener el control, porque si el partido forja otro líder Lula tendería a quedar en el olvido y sus situación empeoraría. Lula siempre se esmeró en tener al PT bajo su estricto control. Ocurrió cuando eligió personalmente a Dilma para ocupar su lugar. Lo hizo deliberadamente, para que no lo sucediera alguien que pudieses ganar un capital político mayor al suyo.

-¿Hasta qué punto los destinos de los proyectos progresistas o de izquierda están atados al destino del ex presidente?

 Lo están porque Lula se esfuerza en liderar y conducir, y creó procesos políticos que lo colocan en el centro. No hay ninguna duda de que es el principal líder político del país y de la izquierda, y uno de los más hábiles que hemos visto. Cuando salió la sentencia que lo llevó preso creó un gran proceso político en su defensa dentro de la izquierda, una gran movilización, una explicación y un discurso que ligan el impeachment de Dilma y su prisión a un mismo proceso que llamo la “narrativa del  golpe”, según la cual el golpe sería fruto de la incapacidad de las elites políticas brasileñas de aceptar políticas sociales progresistas, y esa incapacidad llevó a derribar a la ex presidenta y atropellar el debido proceso legal para colocarlo en prisión. Al conseguir convencer a la izquierda de esa perspectiva, la colocó en el lugar de la defensa del legado petista, e indirectamente del proyecto lulista. Consiguió, desde una situación de gran vulnerabilidad, recolocarse en el centro de la dinámica política de la izquierda. Fue una jugada maestra, porque obligó a los sectores progresistas a adherir a ese discurso y le exigió posicionarse contra el golpe y contra su apresamiento como una condición casi excluyente para competir -aunque sea periféricamente- en el campo de la izquierda.

-¿Usted no está de acuerdo con la “narrativa del golpe”?

 Definitivamente no. Porque la tesis es falsa. Estoy lejos de creer que se impeachment tenga alguna legitimidad, porque aprovechó una brecha legal existente para tirar a la presidenta por un mero tecnicismo contable. Sin embargo, desde mi punto de vista las condiciones que llevaron a la oposición a poder hacerlo fueron todas responsabilidad del PT. Y esa narrativa del golpe esconde esas responsabilidades que son muchas. En primer lugar, una conducción pésima de la crisis económica. En 2014 comenzamos a entrar en crisis, y la estrategia de combate fue una política de austeridad. Con esto Dilma perdió su base social y quedó con una de las popularidades más bajas en la historia reciente de Brasil. Por otro lado, las acusaciones de corrupción que recibió el PT nunca las respondió. La respuesta fue, básicamente: “Los otros partidos también los hicieron”, y esa respuesta fue considerada insatisfactoria, lo que generó un movimiento de masas pidiendo primero la renuncia y después el impeachment de la presidenta. Además tenía enormes dificultades para lidiar con el Congreso. Perdió el control por pura inhabilidad política. Esa historia es muy diferente de la que presenta el PT, que para mí es totalmente fantasiosa. Cuando se consigue imponer esa versión, los errores desaparecen y todo lo que se ve son políticas sociales virtuosas que enfrentaban la resistencia de sectores conservadores. O sea, transformas los errores en virtudes. Yo creo que esa gran operación se debe al genio político de Lula, que consiguió poner a toda la izquierda a trabajar para él.

-¿Cómo impacta en la izquierda esa narrativa?

El problema es que esconder los errores limita el horizonte de transformación social. Esa interpretación en el fondo quiere decir que la situación no da para ir más allá de donde ya llegamos, porque la elite no lo tolera. Entonces vamos a volver, reelegir al presidente Lula y retornar a aquella situación del pasado. Este rebaja las expectativas. Básicamente, al hacer esa operación discursiva el PT no encapsula en un proyecto político que ya realizó, que tiene méritos, pero es muy limitado e incapaz de ofrecer un cambio a la velocidad que la tragedia brasileña exige.

-¿La gestión del gobierno Temer no representa un golpe , sino contra el PT, al menos contra el pueblo brasileño?

 El gobierno Temer fue devastador para los derechos sociales. La narrativa del golpe dice que eso sería la confirmación de que el establishement no toleraba las políticas petistas y precisó sustituirlas por políticas de austeridad. Pero lo que se olvidan de decir es que muchas de las políticas de Temer fueron también anunciadas por Dilma. Al igual que Temer, Rousseff llevó adelante una política de limitación del gasto público y una propuesta de reforma de las jubilaciones bien parecida a la última versión que impulsó Temer. Claro, las políticas de Temer fueron más duras. Pero la diferencia es de grado, y no de calidad.

-Los movimientos sociales de masas creen que no es el momento de que el PT haga autocritica, por todo lo que está en juego en la elección…

La autocrítica hay que hacerla ahora. Porque es cuando deberíamos elegir el proyecto político alternativo. Pero en el PT dicen que no, porque sufrimos un golpe político en el que fuerzas externas cortaron el avance de los programas sociales, y es la hora de unirse en torno de la defensa de esos programas. Sin embargo, es ahora cuando podríamos mirar hacia adelante y pensar en algo más ambicioso, explorar nuevos caminos. Todas esas posibilidades de superación están boicoteadas por el discurso del miedo.

 -¿Qué Lula aparezca como el único candidato con posibilidad real de ganar, dentro de la izquierda, no es también lo que limita a los sectores progresistas?  

 El elevado nivel de votación del PT tiene que ver con sus méritos. Sus gobiernos tuvieron muchos, y las personas recuerdan los tiempos de prosperidad de la era Lula. Eso es lo que explica esta situación. Pero el problema no es que las personas quieran votar en defensa de sus intereses, algo extremadamente lógico. Con ese debate sobre la narrativa del golpe no me refiero al elector común, me refiero a la izquierda que se trabó. Los militantes fueron incapaces de forjar un proyecto político alternativo, y es esa incapacidad la que generó esta pobreza política en el proceso electoral que nos deja amarrados al PT. Todo el mundo gira más o menos alrededor del PT, incluso el Partido Socialismo y Libertad (Psol). La genialidad de Lula fue que incluso desde una posición vulnerable consiguió bloquear ese proceso de innovación.

-¿Cómo interpreta la popularidad de una candidatura de derecha tan radical como la de Jair Bosonaro?

 No es propia de Brasil. Varios países viven un proceso de emergencia con una extrema derecha muy agresiva. De los grandes países de América del Sur, tal vez Brasil sea el primero, pero si Bolsonaro tiene éxito electoral, probablemente veremos procesos similares en el continente. La izquierda está siendo incapaz de ofrecer respuestas, y las inquietudes de la población están siendo vehiculizadas por la derecha, ya sea a través de la religión, el conservadurismo moral o los discursos de mano dura en la seguridad. Bolsonaro representa todo eso, y es un pura sangre: antisistémico, antiderechos humanos, radical virulento. Mucho más radical que Donald Trump. Lo que la izquierda tiene que entender es qué tipo de respuesta están dando ellos que nosotros no damos. No estamos dando confort espiritual y moral al pueblo, no conseguimos resolver esa desesperación, esa inseguridad. No basta con combatir a los grupos de extrema derecha, precisamos construir una alternativa.