Mohammed El Qormani

A l´encontre, 17-8-2018 http://alencontre.org/

Traducción de Faustino Eguberri – Viento Sur, https://www.vientosur.info/

El artículo que publicamos a continuación, traducido del árabe, indica tanto el descontento social entre amplias capas de la población de Egipto como las grandes precauciones tomadas por las y los periodistas para escapar a la censura y potenciales medidas represivas. Su lectura debe por tanto ser entendida bajo esos dos ángulos. Este artículo del politólogo liberal Mohammed El Qormani “La ciudadanía egipcia y las reformas: temores legítimos”, desvela que en el seno mismo de fracciones liberales emergen críticas a propósito de la brutal austeridad puesta en marcha por el gobierno del mariscal Abdel Fattah al-Sissi, presidente de la República árabe de Egipto desde el 8 de junio de 2014 y “reelegido” en 2018.

En efecto, las reformas liberales del presidente Sissi, realizadas con firmeza bajo la batuta del FMI, hacen temblar a cada vez más gente. Su brutalidad ha hecho, en unas semanas, que las rentas de mucha gente cayeran a la mitad. En las entrevistas efectuadas en la prensa de lengua árabe sobre la situación cotidiana de la gente que la sociología dominante clasificaría de “clase media superior”, la exigencia del anonimato es generalizada, lo que revela los rasgos dictatoriales del régimen (militar).

La subida del precio del carburante implica un aumento de los transportes en microbús, utilizados por millones de personas, de entre un 20% y un 40% desde finales de 2016. Una empleada del gobierno confía que los dos aumentos sucesivos del precio de los billetes del metro han llevado a un 100% de aumento, lo que amputa, en su opinión, casi un tercio de sus ingresos. Las pocas protestas de las y los usuarios del metro han sido violentamente reprimidas.

Incluso en los barrios más pobres de El Cairo, los precios de un muy modesto apartamento de 2 habitaciones se han disparado, lo que hace su adquisición imposible. La repercusión social es directa: el matrimonio debe ser retrasado por no poder comprar su propia vivienda. La atención sanitaria es inabordable para un sector creciente de la población. Un profesor de una universidad privada en el Gran Cairo confía, a comienzos de julio, a una periodista de MEE: “Estamos cansados, no hemos visto ninguna mejora en los sectores de la educación y la salud. No hemos recibido nada a cambio de las medidas de austeridad” (Redacción de A l´encontre)

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Los últimos cuatro años, precisamente desde que el Presidente Abdel-Fattah al-Sissi tiene las riendas del poder, se han visto reformas en diferentes sectores y expedientes económicos y sociales importantes. A la cabeza de esas reformas, se pueden por supuesto citar las reformas financieras y la política monetaria que han llevado a la liberación de la tasa de cambio del dólar y otras medidas como el cambio de las tasas de interés, la reglamentación de las importaciones y la instauración del IVA. Igualmente, las reformas han significado el levantamiento progresivo de las subvenciones a la energía  1/, lo que ha conducido al aumento de los precios de la electricidad y del carburante y por consiguiente a los de los transportes y del conjunto de bienes y servicios. Estas medidas financieras y económicas, en su conjunto, han hecho pasar la tasa de inflación al 30% el año pasado y a cerca del 40% para los productos alimenticios y provocado crisis pasajeras como consecuencia de la degradación de la tasa de cambio de la libra egipcia en relación al dólar así como de la reglamentación de las importaciones. Entre estas crisis, se puede citar la penuria de ciertos medicamentos, vacunas y productos alimenticios.

Según confesión de las autoridades políticas, la situación que ha resultado de estas medidas ha sido muy dura. Es lo que ha expresado el señor Presidente en diferentes ocasiones declarando que era consciente de los esfuerzos realizados por la ciudadanía  2/ y más en particular la de rentas modestas, para soportar las cargas y las dificultades producidas por las reformas, y que apreciaba dichos esfuerzos. Las reformas no se han limitado al sector financiero y económico; han afectado igualmente a sectores sociales importantes como los seguros, las jubilaciones y la seguridad social y más recientemente la reforma del sistema educativo, reforma que sigue siendo muy controvertida en el momento de escribir estas líneas.

Este artículo no trata sobre los detalles o la perspicacia de las reformas; intenta discernir las razones de la inquietud y de los temores de un gran número de personas en relación a los rápidos y sucesivos cambios que conocemos. Igual que propone algunas ideas para hacer frente a esos temores. En primer lugar, conviene afirmar que las y los ciudadanos tienen derecho a inquietarse y a temer reformas que, como hemos visto precedentemente, tienen que ver con terrenos que afectan a su vida cotidiana y que han tenido repercusiones directas sobre el nivel de los gastos, del consumo y del ahorro y que por consiguiente han tenido un impacto sobre su nivel de vida. También de que, por su naturaleza, las reformas no dan sus frutos más que tras un tiempo relativamente largo, lo que hace que las y los ciudadanos no vean su utilidad. El ser humano es naturalmente hostil a lo que ignora y teme el cambio. Es lo que afirman numerosos estudios en psicología y ciencias sociales. Estando habituado a un cierto modo de vida y tendiendo a tomar decisiones rutinarias sobre sus gastos y su consumo, tiene necesidad de un largo período de adaptación a la nueva situación. Todo cambio repentino de su modo de vida significa un apuro y le incapacita para tomar decisiones. La ciudadanía que ve sus rentas reales disminuir a la mitad o más de un día para otro se encuentra confrontada a una verdadera crisis en la que debe reorganizar sus prioridades y se ve obligada a reducir su consumo de productos de primera necesidad y a veces a agotar los ahorros que había hecho para gastos imprevistos.

Tampoco se le escapa a nadie que estas reformas vienen todas de arriba. No consensuadas, son impuestas a la ciudadanía. Así, resultan oscuras y son recibidas con escepticismo cualquiera que sea la confianza de la ciudadanía en su dirección política  3/. Igual que la objetividad nos impone reconocer que la ciudadanía egipcia ha perdido, desde hace decenios, toda confianza en el sistema político e incluso en el proceso político en su conjunto. No se trata aquí de una puesta en cuestión de la credibilidad o de la competencia del régimen  4/ político aún menos de su desconsideración sino de la constatación de una realidad que el régimen actual debe tomar en consideración aunque no es quizás responsable de ella.

No se puede, ciertamente, hacer desaparecer los temores de la ciudadanía con una varita mágica. Éstos permanecerán hasta que comience a notar una mejora real de sus condiciones de vida. Conviene a este propósito dejar de acusar a todas las personas que se hacen preguntas sobre lo bien fundado de las reformas, o que las temen, de ser enemigos del Estado y del régimen pues una tal práctica no puede sino reforzar la desconfianza y las dudas a propósito de los motivos de esas reformas. A este respecto, los responsables del Estado y de los medios tanto públicos como privados que apoyan al régimen tienen un papel importante que jugar: dar prueba de transparencia y de apertura respecto a la opinión pública y exponer en detalle y con pedagogía las medidas que el Estado pretende tomar, para dar a la ciudadanía la ocasión de prepararse con tiempo suficiente para el cambio de su vida.

Otro punto importante: la necesidad de ampliar la base de la participación y de integrar a la ciudadanía en el proceso político para hacer de ella una verdadera socia del proceso de reforma, dispuesta a aceptar su coste. Ahora bien, esto no puede producirse mas que por reformas políticas importantes, por el cambio de los métodos de gestión del Estado y por la autorización a las raras fuerzas políticas y sociales (los partidos, sindicatos, las asociaciones y los órganos de expresión) existentes a jugar un papel principal en la definición de los objetivos y de las prioridades políticas y sociales. Esto podría conducir a la adopción de políticas de consenso que sirvieran a los intereses de un mayor número de categorías del pueblo egipcio, a dar más fuerza y legitimidad a las decisiones del régimen y a reforzar la cohesión social y la estabilidad política. El cierre de cada campo detrás de sus posiciones, las acusaciones recíprocas y la negación del derecho de la ciudadanía a participar, a interrogarse y a estar informada no sirve ni al interés general ni al interés del régimen actual. Esto no hace sino reforzar las divisiones y dar una verdadera ocasión a los enemigos de Egipto para pescar en río revuelto  5/.

* Publicado en el diario Al-Shoroukel 8 de junio de 2018, traducido del árabe al francés por Hany Hanna.

Notas

1/ El paso a un régimen de cambios flexible así como el levantamiento de las subvenciones de la energía están entre las condiciones impuestas por el FMI a Egipto en contrapartido a un préstamo de 12.000 millones de dólares efectuado en noviembre de 2016 (Redacción A l´encontre).

2/ A fin de pasar la barrera de la censura, todo artículo que critique al régimen contiene ya un homenaje, aunque sea discreto, al presidente Sissi (Redacción A l´encontre).

3/ La pérdida de credibilidad del poder político entre la ciudadanos es un asunto tabú. También, el autor de este artículo se siente obligado a precisar que la desconfianza de la ciudadanía respecto a la política del gobierno no implica un descrédito del régimen (Redacción A l´encontre)

4/  Idem.

5/ El principal pretexto utilizado por el régimen del mariscal Sissi para reprimir las libertades públicas y la diversidad política es mantener la unidad del frente interno frente a las potencias extranjeras que desean la destrucción y el desmembramiento de Egipto igual que el de Siria e Irak. Quien critique al régimen es por tanto acusado por éste de hacer el juego de las potencias extranjeras. A falta de poder recusar el argumento del complot contra Egipto sobre el que se apoya el régimen, el autor de este artículo lo vuelve contra los elementos más autoritarios del régimen acusándoles de servir involuntariamente a ese complot. A fin de limitar el alcance de su acusación, incluye a la oposición. A este tipo de acrobacias intelectuales y retóricas los autores de artículos críticos tienen que recurrir diariamente a fin de poder expresarse (Redacción de A l´encontre).