Onofre Guevara López *

 Confidencial, 7-8-2018, https://confidencial.com.ni/

 

La defensa que Moncadita (1) sigue haciendo de la dictadura Ortega-Murillo y desmintiendo sus crímenes, la hace con el argumento de que la OEA (Organización de Estados Americanos) aprueba resoluciones en su contra, cumpliendo su papel de ministerio de colonia de los Estados Unidos.

Un argumento verdadero, con el inconveniente de que ese discurso “patriótico”, fue muy actual en la Guatemala de 1954, en Cuba a partir de 1959, de la República Dominicana de 1965, del Chile de 1973 y, para seguir en el Sur, le pareció necesario referirse a los gorilatos de Brasil, Argentina, etcétera, porque el motivo urgente que lo impulsó a decirlo ahora: ¡es esconder la responsabilidad de sus patronos en el asesinato de centenares de nicaragüenses!

Se pudiera revisar la historia de otras injerencias no militares en los cuales esa función de la OEA señalada por Moncadita ha sido cierta, y sobran casos que mencionar.  Pero en la Nicaragua de 1978-1979 la función de la OEA fue reconocida como benéfica por el Frente Sandinista, pero, ¿por qué no ahora? ¡Porque los Ortega-Murillo actúan con el Frente que en la actualidad es como el hijo putativo del somocismo!

El falso FSLN de hoy, por su criminalidad contra el pueblo, cual versión “corregida y aumentada” de la criminalidad somocista, perdió el derecho de  hablar de soberanía a los ojos de los pueblos latinoamericanos, así no fuera la OEA la que estuviera tomando las resoluciones solidarias con nuestro pueblo sacrificado.

El historial de la OEA no la discutieron quienes murieron y mueren día por día bajo la metralla orteguista, ni les disminuiría el dolor a sus madres y familiares el ponerse a discutirlo ahora. Tampoco es discutible en el presente quiénes son los causantes en Nicaragua de la violenta desaparición de sus hijos más jóvenes. Y menos razonable es discutir el origen de la solidaridad internacional, que trata de proteger la vida todos los que aquí luchan por la conquista de sus libertades políticas y derechos humanos.

Nada podrá borrarle a la OEA su pasado político como institución, pero la mayoría de los nicaragüenses necesita del apoyo de los países miembros que deseen ofrecérselo, sin condicionamientos ulteriores, aunque no podemos cerrar los ojos ante el hecho de que detrás de esa solidaridad alguien podría esconder sus intereses políticos.

Siendo realistas, esa posibilidad los nicaragüenses son capaces de detectarla y combatirla con el mismo patriotismo con que ahora  luchan en defensa de sus derechos políticos y humanos.  En las  condiciones de criminalidad a las que estamos sometidos, aceptar un gesto de solidaridad es un deber moral incuestionable.

Y si en el caso de que esta solidaridad alguien se atreviera a convertirla en injerencia, el culpable no sería otro que el mismísimo régimen Ortega-Murillo, por ser el responsable de las violaciones de los derechos humanos de los nicaragüenses, porque un país en normalidad y en paz social, un pueblo no tendría motivos para necesitar la solidaridad política internacional.

Porque sobran los motivos para aceptarla, es que Ortega en sus entrevistas televisivas y Moncadita en la OEA, insisten tanto y de forma aviesa, en tratar de convencer a la opinión internacional de que la destrucción de tranques y barricadas, junto al asesinato de quienes los cuidaban, produjo en Nicaragua el “milagro” de volverle “la normalidad y la paz”.

Si solo falta que Daniel Ortega se proclame “El Pacificador de Nicaragua”, así como Anastasio Somoza García, se hizo llamar “El Pacificador de Las Segovias”, por haber asesinado a Sandino, destruidas las cooperativas y asesinado a los campesinos que le acompañaron en su gesta patriótica de expulsar a los invasores norteamericanos.

Ortega-Somoza

Esa hipocresía es condenable desde el ángulo político, humano y geográfico que se mire, porque la persecución, la detención ilegal,  los juicios amañados, los despidos por venganza contra los médicos y enfermeras por el “delito” de haber asistido a los jóvenes moribundos y heridos por policías y paramilitares, son todavía una realidad cotidiana que no se puede ocultar, pese al esfuerzo mentiroso de sus autores.

Por eso, ninguna madre o familiar de las víctimas puede excusar a los autores de esos crímenes y a quienes le apoyan solo porque se autocalifican de “izquierda”, levantan banderas “revolucionarias”, se declaran “antimperialistas” y usen como bandera el ideal socialista. Nada de eso les absuelve de la responsabilidad y complicidad por sus delitos de lesa humanidad.

Esa su condición, nunca la perderán manipulando frases de paz, amor, Dios, ni los nombres de las vírgenes que se les antoje invocar, así lo haga todos los días la maga-señora protectora y protegida del santo tranque de El Carmen.

Con nada pueden detener la victoria popular que en más de tres meses de lucha  y sacrificios de nuestra juventud –a la que no le roza siquiera su epidermis moral los ofensivos calificativos de “terroristas” y “golpistas”— ha despertado la solidaridad mundial, la que a la vez y de hecho, se vuelve en descrédito para los Ortega-Murillo, pese a las ridículas y desesperadas “actuaciones” televisadas.

La victoria total de la insurrección cívica será de los nicaragüenses, y no llegará con pies ajenos, aunque la solidaridad pueda protegerlos de más asesinatos. Pero la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, deberá fortalecer su vocación unitaria, sin ilusiones de un futuro de bienestar inmediato, porque no será fácil restañar las heridas ni la derrota del orteguismo significará dejar de luchar por la reconstitución ética de la vida nacional.

Igualmente, todos sus diversos componentes sociales y políticos deberán ser conscientes de que –conseguida liberación— se tendrán que enfocar en la defensa de sus respectivos y  disímiles intereses económicos, sociales y políticos, pero podrán evitar las contradicciones violentas, si lograran –y se deben pensar—en crear las condiciones democráticas donde se respeten los derechos políticos para todos, y se haga justicia según el riguroso cumplimiento de las normas constitucionales.

El deber de todos, en definitiva, será procurar la no repetición de los vicios de corrupción, tan históricos como actuales, el continuismo electoral, el culto de figuras mediocres con vocaciones dictatoriales. Si esos anti valores se reciclaran, como ha sido hasta hoy, no se le haría honor a la memoria de los centenares de mártires caídos en esta lucha desigual frente a las hordas criminales de la dictadura.

* Onofre Guevara López, exparlamentario del Consejo de Estado y de la Asamblea Nacional por el FSLN (1981-1991); fue responsable de la página editorial de Barricada (1981-1995) y colaborador de El Nuevo Diario (1995-2012). Actualmente es columnista de la publicación Confidencial.

Nota

1) Alude a Denis Moncada Colindres, abogado y general retirado, canciller del régimen Ortega-Murillo desde 2017. (Redacción de Correspondencia de Prensa).