Oscar-René Vargas *

 Managua, 22 de julio de 2018

Nicaragua vive su peor crisis en 40 años, que comenzó con una protesta estudiantil contra una reforma a la seguridad social, la cual fue derogada después, y que se extendió por todo el país tras la violenta represión policial y parapolicial. Desde el 18 de abril, organismos defensores de derechos humanos reportan casi 400 muertos, la mayoría civiles, alrededor de 2500 heridos, decenas de presos políticos y centenares de desaparecidos.

Mientras la persecución, las detenciones arbitrarias y los muertos se multiplican, el gobierno Ortega organizó un acto en homenaje a la revolución de 1979 traicionada por él mismo. Ortega denunció que es víctima de una “conspiración armada y financiada por fuerzas internas y externas” —que no mencionó quienes eran— que intentan derrocarlo del poder, en el que se mantiene desde enero de 2007.

Daniel Ortega, en el discurso del 19 de julio, cargó contra los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), a quienes tildó de “golpistas”, desafió a la Organización de Estados Americanos (OEA) y llamó a sus seguidores a no “bajar la guardia” y mantener activos “mecanismos de autodefensa” para evitar un golpe de estado, en medio de la grave crisis que vive el país desde el 18 de abril 2018.

Esas “fuerzas internas y externas”, sostuvo, cuentan con la “complicidad” de los obispos nicaragüenses, que actúan como mediadores y testigos de un diálogo nacional. La CEN propuso a Ortega, el 7 de junio 2018, adelantar los comicios generales de noviembre de 2021 al 31 de marzo de 2019, sin que él pueda presentarse a la reelección, para superar la crisis. Ortega descalificó a los obispos como mediadores del diálogo porque, a su juicio, “tomaron partido”, están comprometidos con los “golpistas” y promueven el levantamiento de “sectas satánicas, golpistas y asesinas”.

Durante su discurso, Ortega desafió a la OEA, cuyo Consejo Permanente aprobó el miércoles 17 de julio en una sesión extraordinaria una resolución que le pide elecciones anticipadas. “Las decisiones de Nicaragua no se toman en Washington (sede de la OEA), se toman en Managua”, remarcó.

La resolución fue aprobada con el voto a favor de 21 de los 34 miembros activos de la OEA, mientras que tres (Nicaragua, Venezuela y San Vicente -Las Granadinas) votaron en contra y se registraron siete abstenciones (El Salvador, Grenada, Haití, Trinidad-Tobago, Barbados, Belice y Surinam) y tres ausencias (Bolivia, Dominica y San Cristobal-Nieves).

¿Es lógico el discurso de Ortega el 19 de julio? La verdad es que es más comprensible que lógico. Si bien es cierto que el gobierno Ortega-Murillo es un gobierno corrupto, represivo, protector y promotor de los paramilitares, el discurso de Ortega nos indica que el camino escogido por la pareja presidencial es la línea más dura para resolver la crisis: la vía armada y paramilitar. Es decir, la pinochetización de la gestión gubernamental: intimidar y matar para doblegar la protesta social.

El llamado de Ortega a conformar “comités de auto-defensa” en barrios y ciudades en todo el país tiene como objetivo buscar la legitimidad de los paramilitares que han estado operando junto con la Policía en la represión contra la población, con la anuencia pasiva del Ejército pese a que la Constitución Política prohíbe la existencia de grupos irregulares.

El discurso de Ortega demuestra que al interior del partido de gobierno ha ganado la tendencia más infame, los que quieren la represión indiscriminada, el inmovilismo político, los que promueven la lógica de conservar el poder cueste lo que cueste, los que piensan que pueden reestablecer el “status quo” previo al 18 de abril de 2018.

El partido de gobierno es un partido desmoralizado por causar centenares de muertos, miles de heridos, presos políticos y desaparecidos. Es un partido vinculado a la corrupción de sus principales cuadros políticos; es en ese contexto que el discurso que Ortega ha pronunciado fue un discurso derechista, conservador y justificador de la represión por los paramilitares. Los paramilitares de Ortega son como las “caravanas de la muerte” que creó Pinochet a raíz del golpe de 1973.

El discurso de Ortega señala que lucha a cuchillo contra la población continuará. Algunos pudieron pensar que en el día después, el gobierno Ortega-Murillo iban a moderarse. Pero no es verdad. La pinochetización del gobierno va en serio. Ortega-Murillo adoptan esa estrategia porque saben que para rearticular su base social van a necesitar mucho tiempo. También no saben si lo van a lograr hacerlo. Mientras tanto, quieren descabezar las protestas vía la represión selectiva.

El gobierno Ortega-Murillo ha cruzado la frontera que separa un gobierno que se equivoca de otro despreciable que ha perdido todo, hasta los principios. Por eso, lo razonable es que los poderes fácticos (económicos, iglesia, etcétera) apuesten por evitar tal pinochetización del gobierno; para lograrlo es necesario que apoyen la unidad de todos los sectores sociales que protestan contra el gobierno Ortega-Murillo y presionen en ese sentido.

El gobierno ha demostrado que ha mentido más que hablado. Mintieron diciendo que era un gobierno de las mayorías y resultaron ser minoritarios, mintieron sobre su ideología diciendo que eran socialismo y resultaron neoliberales pinochetistas; mintieron sobre la democracia y quieren construir una dictadura. Igual que mintieron sobre la corrupción, sobre el seguro social, sobre la defensa de la igualdad social y de género.

El discurso de Ortega nos obliga a todos a estar alertas. Ortega ha dado un paso de gigante en la dirección de pinochetismo autoritario y asesino. Los diferentes sectores del movimiento social no pueden dejarse amedrentar por las amenazas lanzadas por Ortega-Murillo. El movimiento social tiene que definir con claridad su apuesta por una Nicaragua moderna. El movimiento social tiene la obligación de pararle los pies a ese proceso de pinochetización de la política del gobierno Ortega-Murillo.

* Sociólogo y economista. Fue cofundador del FSLN en los años 1960, publicó 55 libros como historiador y analista político. Artículo enviado por el autor.

Nota: Foto de Carlos Herrera en la que se ve una camioneta cargada con paramilitares en una calle de Monimbó (confidencial.com.ni)