El acuerdo Tsipras-Eurogrupo sobre la deuda griega es una corbata con nudo de horca

Antonis Davanellos *

 A l´encontre, 29-6-2018, http://alencontre.org/

Traducción Sotiris Siamandouras del griego al francés

Sin Permiso, 4-7-2018, http://www.sinpermiso.info/

Traducción de G Buster

Alexis Tsipras prometió a sus colegas cambiar de estilo y ponerse una corbata cuando se resolviese el problema de la deuda y la economía griega superase las bárbaras políticas de los memorandos aplicados bajo la supervisión de la troika de acreedores.

En efecto, en la presentación pública en Zappeion [el monumento situado en el Jardín Nacional de Atenas, en el centro de la capital griega] el acuerdo de la última reunión del Eurogrupo en Luxemburgo [finalizada la noche del 21 a 22 junio 2018], el primer ministro griego… ¡se puso una corbata! Fue un intento de poner de relieve el “mensaje” del gobierno de SYRIZA-ANEL de que la política desde 2015 – una política de ampliación y profundización del rigor de los memorandos iniciada en 2010 – sería, de hecho, de alguna manera una historia de éxito, que finalmente ha conseguido sacar al país de los odiados memorandos.

Este intento de poner en marcha una política de comunicación convincente está condenado al fracaso, ya que está muy lejos de la realidad. Detrás de la demagogia del supuesto “fin de los memorandos” se oculta la verdad del compromiso que obliga a seguir la política de los memorandos durante un período de tiempo impensable, de hecho toda una época histórica.

El acuerdo del Eurogrupo no colmó las expectativas del equipo de Tsipras. La “propuesta francesa” (un Macron no demasiado “radical”) – vincular el pago de la deuda al crecimiento del PIB, recurriendo a “mecanismos” destinadas a reducir las cuotas de pago de acuerdo con el progreso de la situación económica – fue abandonado tácitamente.

En la práctica, la decisión podría resumirse como la “extensión” de la madurez de solo un tercio de la deuda (un préstamo de 96 mil millones de euros del FEEF en el segundo memorándum) y la creación de una reserva efectiva (colchón de efectivo, cash buffer) que debería permitir a los futuros gobiernos cumplir con sus obligaciones de pago, si la aclamada vuelta de Grecia a los mercados financieros se frustra en última instancia.

La decisión se basa en los requisitos de los acreedores y la UE.

Por un lado, les permite declarar que”ningún país europeo se encuentra bajo un memorándum”, es decir, tratar de reforzar la imagen de cohesión del Espacio Económico Europeo, dado el pausible agravamiento del conflicto abierto por la política proteccionista y de guerra comercial iniciada por Trump.

Por otro lado, protege sus intereses de forma efectiva y durante un largo período de tiempo.

La creación de la reserva de efectivo, que se considera necesaria, se basa en el supuesto de que Tsipras-Tsakalotos planean salir rápidamente a los mercados financieros que es simplemente una sobreestimación muy exagerada.

Sólo unas semanas después del episodio de la crisis italiana, la tasa de interés de la deuda griega a diez años alcanzó el 4,84% (aproximadamente el mismo nivel que antes de la quiebra que abrió el camino al primera memorándum de 2010 a 2011). Tras la declaración del Eurogrupo, se moderó ligeramente al 4.14%, es decir, a un nivel aún prohibitivo.

El “período de gracia” – sin pago de intereses y principal – de 10 años (hasta 2032 y no 2022) de 96 mil millones de la deuda del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) – que no es un regalo, ya que amplia una década el cobro  de intereses rentables para los acreedores – debe facilitar el reembolso de la deuda restante, e implica también un nuevo jalón en la crisis de la deuda griega: en 2032 (en lugar de 2022, con la supervisión que implica).

En palabras de un periódico del sistema, To Vima [Tribuna], que atribuye la estimación a “expertos” anónimos: “El acuerdo es inteligente. Los alemanes no han cedido casi nada a Grecia, simplemente lo estrictamente necesario para sacar al país de la zona de peligro a medio plazo. Vamos a necesitar un nuevo acuerdo en 2032, si no hay una recuperación económica rápida.”

A cambio, el gobierno de Tsipras “cedió”  lo siguiente:

  1. El compromiso de que todas las leyes firmadas bajo los memorandos, reformas y contra-reformas a lo largo del período de ocho años de la crisis, permanecerán en vigor sin ninguna modificación, ni siquiera secundaria, incluso después del supuesto fin de la memorandos. Lo que Tsipras califica como ‘salida de los memorandos’ es en realidad la transformación de las contrareformas neoliberales contenidas en los memorandos 1, 2 y 3 en medidas de carácter permanente ¡durante décadas!
  2. El compromiso de adoptar medidas adicionales de extremo rigor: la reducción de las pensiones, ya iniciada en 2019; el aumento de los impuestos pagados principalmente por las clases trabajadoras; la supresión del límite máximo de ingresos no gravables en el año 2020; el aumento del impuesto a la propiedad [ENFIA] con valores objetivos de “ajuste” de los bienes raíces; la demolición de la protección social, incluso la más rudimentaria, mediante la reducción de las prestaciones de la seguridad social en 2018; y, además, un programa de privatización galopante que incluye no sólo la empresa estatal de electricidad (DEI), sino también el sistema de distribución de agua en Atenas y Salónica y de todos los terrenos públicos cuyo valor sea amortizable en el mercado inmobiliario.
  3. El compromiso de reforzar la política económica y social en el futuro en el margen extremadamente estrecho previsto en el acuerdo sobre el superávit primario (antes del pago de intereses de la deuda), que continuará sin descanso empujando al abismo de la barbarie neoliberal a la sociedad griega. Según el acuerdo, Grecia tendrá un superávit de 3,5% del producto interno bruto hasta el año 2022 y luego de un 2,2% promedio durante 37 años más, es decir ¡hasta 2060!

Incluso los economistas que siempre han apoyado los memorandos advierten que ningún otro país en la historia de la economía ha sido capaz de generar excedentes de esta magnitud durante un periodo de tiempo tan largo.

Sin embargo, a Tsipras no le preocupa, aunque los últimos ocho años de la experiencia griega muestra que estos excedentes son pagados con la sangre de los trabajadores y las clases más pobres. A los acreedores tampoco les preocupa, ya que el acuerdo del Eurogrupo establece un mecanismo estricto de control para garantizar los excedentes: auditorías trimestrales, informes de cumplimiento, mecanismos que implican la adopción de medidas cuando los objetivos presupuestarios adicionales no se cumplan. Parece un cuarto memorando … después del final del tercero.

Como hemos señalado antes, la aplicación “normal” del acuerdo supone una evolución más o menos rápida de la economía griega a un estado de crecimiento perpetuo. Si es necesario, el acuerdo contempla medidas de acción drástica sucesivas de los acreedores, por primera vez en 2022 y luego, probablemente aún más dramáticamente, en 2032.

Además, Christine Lagarde (FMI) y Mario Draghi, del BCE, indicaron que el acuerdo se considera viable a medio plazo, hasta 2032 (todavía hay un período durante el cual Grecia podrá continuar siendo explotada) pero la deuda griega aún no es sostenible a largo plazo.

Sin embargo, es más probable que el problema se plantee antes, ya que el acuerdo no tiene en cuenta el pronóstico sobre el crecimiento de la economía griega y no facilita uno.

El compromiso de generar excedentes correspondientes al 3,5% del PIB significa que no se incrementará la inversión pública (el instrumento tradicional de “crecimiento” del capitalismo griego).

Por contra, que se reducirá aún más. En respuesta, el estado mayor de Tsipras promete un aumento de la inversión privada y subraya que no ahorrará esfuerzos para atraerla. Pero a pesar de la destrucción de los salarios y de los derechos de los trabajadores, la inversión de los capitalistas griegos permanece a un nivel del 30% (¡!) inferior en comparación con antes de la crisis. N. Christodoulakis, ministro socialdemócrata en el gobierno de Konstantinos Simitis (primer ministro del PASOK 1996-2004), señala una “falta de inversiones por un total acumulado de 100 mil millones en Grecia. Propone reducir el superávit primario del 1,5% del PIB para que el resto de los recursos fiscales puedan dedicarse  a “la inversión en la producción”, lo que podría apoyar las posibilidades de crecimiento económico. Alexis Tsipras aprenderá rápidamente la razón de la posición histórica de la izquierda de que el único acuerdo político viable sobre la deuda es repudiarla y condonarla.

Desde la perspectiva de los trabajadores y las clases populares, el acuerdo con los acreedores de SYRIZA y la troika es una grave amenaza. El reconocimiento de las inversiones privadas (nacionales e internacionales) como única esperanza para el progreso social conduce a la absoluta sujeción a los apetitos del capital. Los salarios, las pensiones, el gasto social, la legislación laboral, la protección del medio ambiente, los espacios públicos, los derechos sociales en el sentido más amplio, estarán bajo presión y más cuestionados. Los “sacrificios” necesarios serán de una enorme barbarie y el resultado seguirá siendo incierto, incluso en comparación con el primer memorando (que preveía el fin de la crisis en … ¡2012!).

Frente a esta política, la única respuesta consistente es la organización y la reactivación de luchas amplias para cuestionarlo.

Contra esta política, Nueva Democracia (Kyriakos Mitsotakis) y la extrema derecha (Amanecer Dorado), que han tratado de construir un movimiento de masas nacionalista sobre el tema de Macedonia, muestran ahora un comportamiento bastante más sumiso. Condenan los “tiros errados” de Tsipras, tratan de rentabilizar la insatisfacción popular ante las medidas previstas. Pero cuidadosamente dejan fuera del alcance de su crítica el núcleo de la política prevista en el acuerdo.

Para la derecha, la voz del capital sigue siendo “la voz de Dios.”

En estas nuevas circunstancias, el peso de la resistencia y del cambio recae de nuevo en la izquierda alternativa.

* Antonis Davanellos  periodista, sindicalista y miembro de Izquierda Obrera Internacionalista (DEA), organización que rompió con Syriza tras la firma del tercer memorándum para constituir la coalición Unidad Popular (LAE).