Fabián Kovacic, desde Buenos Aires

Brecha, 22-6-2018, https://brecha.com.uy/

La crisis del dólar en Argentina no se detiene y su avance empieza a comerse al macrismo. En la última semana el equipo económico del Ejecutivo argentino sufrió muchos cambios. Todo comenzó el pasado jueves 14 cuando, a pedido del presidente, Federico Sturzenneger presentó su renuncia como titular del Banco Central de la República Argentina (Bcra). Fue remplazado por Luis Caputo, quien para eso dejó la cartera de Finanzas. Dos días más tarde fueron remplazados el ministro de Energía, Juan José Aranguren, y el de Producción, Francisco Cabrera, por Dante Sica y Javier Iguacel, respectivamente.

Desconcertado, el gobierno de Mauricio Macri apenas atina a enarbolar la carta de intención con el Fmi para acelerar la implementación del acuerdo que firmó con el Fondo por una línea de crédito, recibir dinero fresco y tratar de remendar los agujeros negros que ha dejado su gestión económica.

El presidente se presentó el domingo en el programa televisivo de Jorge Lanata y ensayó una excusa para explicar la crisis que llevó a su gobierno a reclamar como salvataje la intervención del Fmi: “Veníamos bien, pero pasaron cosas…”. Una respuesta más propia de un estudiante secundario que no estudió la lección que de un presidente a cargo de un país.

Entre enero y junio de este año el dólar se valorizó en un 52 por ciento con respecto al peso argentino: pasó de 18,65 pesos a 28,43 en una escalada imparable, pese a los intentos del Bcra por domar a la moneda estadounidense. “El martes negro”, cuando hubo que subir las tasas al 40 por ciento para generar mayor interés por los bonos llamados Lebacs (de corto plazo), desembocó en el pedido de auxilio al Fmi. Pero esta medida no alcanzó: lo primero que hizo Caputo al tomar el mando del Bcra fue subir la tasa de las Lebacs. El martes la elevó a 47 por ciento con el fin de atraer más inversores y ganar liquidez. Pero el dólar sigue subiendo, algo que para los analistas económicos significa que las inversiones financieras están cobrando más importancia en la economía, en detrimento de la producción.

Y también en ese frente Macri decidió cambios: el cuestionado ministro Aranguren dejó la cartera de Energía y fue remplazado por Iguacel, un joven ingeniero civil, buen alumno del macrismo. Apenas se anunció la designación de Iguacel, los medios revelaron que el nuevo ministro estaba vinculado a la empresa Plus Petrol, a la que le manejaba desde 2014 las cuentas en paraísos fiscales. Desde enero de 2016 Iguacel fue el responsable de la Dirección Nacional de Vialidad. Al día siguiente de llegar a ese cargo ordenó una auditoría sobre las rutas construidas en la provincia de Santa Cruz, y con los escasos resultados del examen se presentó a la justicia para aportar pruebas en las causas contra la ex presidenta Cristina Fernández.

El problema que tiene entre manos Iguacel es el aumento de tarifas de energía, una medida ya pactada por su antecesor Aranguren y que ha generado no sólo malestar en la población sino también reclamos de cámaras empresariales de las pequeñas y medianas empresas. Los establecimientos productivos en todo el país que han cerrado por no poder pagar los gastos de energía eléctrica y gas suman 7.500 desde el inicio del mandato presidencial de Macri, en diciembre de 2015, según datos aportados por Eduardo Fernández, titular de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme)

Iguacel en su primera intervención pública ratificó que el aumento de tarifas va a mantenerse. Desconoció así el proyecto parlamentario –que ya cuenta con media sanción parlamentaria– que propone retrotraer los precios del agua, gas y energía eléctrica a los niveles de enero de 2017. Macri ya anunció que si es aprobado en la Cámara de Diputados, él lo vetará.

Dante Sica, el nuevo ministro de Producción tras la partida de Cabrera, es un consultor que sigue de cerca la evolución de la pequeña y mediana empresa y suele preparar informes vinculando el mundo de las finanzas con la industria. Ocupó la Secretaría de Industria, Comercio y Minería durante la presidencia de Eduardo Duhalde, en 2002, en pleno gobierno de transición crítica tras la caída de Fernando de la Rúa, y también fue funcionario de varios organismos internacionales.