Entrevista a Margarita López Maya, historiadora y socióloga

Gabriel Brito, redactor

Correio da Cidadania, 19-6-2018, http://www.correiocidadania.com.br/

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

Ve­ne­zuela acaba de pasar por elecciones presidenciales que religieron, el pasado 20 de mayo, a Ni­colás Ma­duro. Tanto la oposición como la llamada comunidad internacional, no reconocen los resultados. Además, el país están en una gravísima crisis socio-económica y PDVSA casi quebrada. Se le suma el cerco de las sanciones impuestas por Estados Unidos y países de Europa. Un cuadro desolador con pocas perspectivas de salida. Para conocer mejor la situación, conversamos con Mar­ga­rita López Maya, his­to­ri­a­dora y so­ció­loga de la Uni­ver­si­dad Cen­tral de Ve­ne­zuela, autora de varios libros sobre el proceso político de su país y referencia de opinión en diversos medios impresos y portales online.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cómo ana­liza los re­sul­tados electorales, cuando compareció a las urnas cerca del 48% del padrón y Maduro se reeligió con 68% de los sufragios válidos o 25% del electorado apto para votar?

Mar­ga­rita López Maya: La elección fue totalmente viciada, desde el principio. Fraudulentas desde el origen, convocadas por un organismo que no existe en la Constitución, ilegítimo, electo de forma antidemocrática. Hubo quienes votaron dos veces…Fue todo tan cargado de irregularidades, ilegalidades y arbitrariedades, que los resultados deben ser visto como lo que son: fraudulentos.

Dentro de eso, fue un evento, además, convocado antes de la hora correcta, a fines de diciembre. La Comisión Nacional Electoral (CNE) decidió colocarlas en abril, después cambió para mayo, pues convenía a Maduro controlar ese tiempo. Todo estuvo armado para que Maduro ganase. Y no hubo sorpresa: Maduro ganó.

Maduro precisa legitimarse, por cuenta de la crisis interna del país y del aislamiento internacional, y apostó en una maquinaria electoral. Yo diría que no cumplió su objetivo. Que iba a ganar ya se sabía, con una mayoría que nunca podremos chequear, porque la CNE controla todo el proceso y está al servicio del régimen. Pero, dos aspectos escaparon a lo esperado:

1) Las personas no fueron a votar. Lo más destacable de este proceso electoral, es que no se puede ocultar la desolación de las personas, no adhirieron. Oficialmente, la abstención fue del 51%, extraoficialmente se habla en 60%. No podemos saber porque no existió un monitoreo independiente. Los números son imprecisos.

Lo cierto es que ha sido la primera vez de la historia electoral venezolana, donde la mayoría no fue a votar. La media de participación histórica en el período democrático, por la Constitución de 1961, donde el voto era obligatorio, rondaba cerca de 80%. Por la última Constitución, donde el voto no era obligatorio, andaba por vuelta de 70% o 75%.

Más de la mitad de las personas no fue a votar y eso es muy relevante. El gobierno no lo consiguió esconder, a lo máximo amainar.

2) Los candidatos opositores, antes de divulgados los resultados, rechazaron públicamente el proceso y lo catalogaron de ilegítimo e ilegal; la oposición que participó no reconoce los resultados.

Por tanto, fueron dos grandes elementos que echaron leña en la hoguera. Elecciones fuera de los padrones internacionales de la democracia y una campaña tallada a los intereses del gobierno, con la intención de arrastrar opositores al proceso y conferirle legitimidad.

Son momentos de inflexión en la crisis venezolana, un paso más en el debilitamiento de Maduro.

-Cor­reio da Ci­da­dania: Además de las maniobras políticas, ¿se pueden apuntar fraudes directos en el día de la elección, como alegan sectores opositores y parte de los países que no reconocen los resultados?

Mar­ga­rita López Maya: Son vicios de origen, de procedimiento y legalidad. El sistema de votación es automatizado. De modo que las máquinas tiene un software al cual solo accede la CNE. Y el órgano está en manos de una autoridad que funciona a servicio del gobierno. Hasta el año pasado, las máquinas funcionaban con una empresa llamada Smartic, que ya había anunciado públicamente fraudes y manipulación. Al comienzo del año, ella salió de Venezuela, pues decía no poder asegurar el proceso.

Está todo bajo control, de modo que se sabía perfectamente si un fraude más estricto era o no necesario. Y no tenemos como saber si se hizo o no. Si se sabe que la no participación popular fue la menor de todas, como se hizo a través del método del quick­pools: se queda parado delante de un centro de votación y observa cuantas personas entran a votar, independientemente del voto. Quien hizo eso afirmó que el número era claramente menor.

De todos modos, no considero ese aspecto tan relevante. El proceso era tan viciado que se podían asegurar los objetivos sin forzar la barra. Y los candidatos opositores no tenían condición ni estructura partidaria para cubrir todos los centros y mesas electorales. En muchos casos, no había testimonios de todos los lados. Puede ser que se vea en la máquina el resultado correcto, pero en el momento debido alguien podría moverla a su voluntad. Hasta porque el registro electoral no está depurado de acuerdo con la cantidad de personas que salieron del país recientemente.

Lo que se dice en todo el país, es que el proceso fue tan viciado que la mayoría no fue a votar, inclusive sectores chavistas. Hubo mesas que quedaron abiertas hasta las ocho de la noche, cuando deberían cerrase a las seis, con el fin de sumar más votos.

En fin, un fraude. Y el gobierno se permitió todo, el uso de la máquina pública, desde el dinero, hasta los medios, para promover el proceso a su gusto.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cómo queda Ve­ne­zuela ante el no reconocimiento del resultado por una parte expresiva de la llamada comunidad internacional?

Mar­ga­rita López Maya: La presión sobre el gobierno Maduro es muy grande, elemento muy importante de la coyuntura. Eso se combina con la presión internacional que prácticamente acorrala el país, porque las sanciones impuestas por algunos gobiernos significan, entre otras cosas, que será difícil conseguir financiamiento para las enormes deudas y necesidades.

El último juicio que la Co­noco-Phi­lips ganó en los Estados Unidos hizo que los barcos venezolanos se refugiaran en la costa, por miedo a la confiscación. Lo que quiere decir que la producción petrolera venezolana está amenazada de disminuir todavía más.

La negativa internacional de reconocer a Maduro hace que los problemas se acumulen, con prisión de varios militares, pues hay descontento también en los cuarteles. Por haber custodiado locales de votación, los propios militares vieron la dinámica electoral y que en ciertos lugares nadie fue a votar. Aumentó el descontento interno.

Así, Maduro se sustenta con el aumento de la represión hasta de los militares. Son semanas muy difíciles, vamos a ver si sobrevive….

-Cor­reio da Ci­da­dania: En ese sentido, ¿cree en la posibilidad de que Maduro pueda gobernar el país por seis años más, es un tiempo de mandato relativamente largo?

Mar­ga­rita López Maya: El gobierno no va a durar mucho tiempo, a no ser que se en algo completamente nuevo. No creo en eso. Con la sanciones, el juicio de la Conoco-Phillips, más sanciones, es muy difícil gobernar. La PDVSA está casi quebrada, no consigue dinero. Los chinos hacen presión para que Maduro negocie y no le dan dinero fresco. Los rusos no tienen ese poder económico para ayudar. No hay mucho apoyo externo. Maduro, por ejemplo, no puede obtener crédito del FMI o en los bancos, pues tiene sanciones. Él y sus ministros, su vice, no pueden conseguir nada. La situación es atroz, hay hiperinflación, creo difícil que mantenga por todo el tiempo de mandato.

Pienso que hasta diciembre, cuando termina el actual período presidencial, puede haber algún desenlace, sea pro reacomodación, sea por una guiñada de los militares, colocándose directamente ellos mismos en el poder. O todavía por la presión internacional y una nueva elección, realmente democrática y dentro de los padrones internacionalmente reconocidos.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cómo han sido los tra­bajos de la Asamblea Constituyente recientemente electa?

Mar­ga­rita López Maya: Es tramposa, ilegal, fue constituida desobedeciendo la Constitución. Para convocar una constituyente, es preciso consultar al pueblo, hacer un referendo apenas para eso. El poder constituyente es del pueblo. Maduro no lo consultó, apenas se dio el derecho de convocar a Asamblea, y además impuso normas para la elección de diputados absolutamente por fuera del estado de derecho. Pasó por encima de la Constitución venezolana que es democrática. Cada ciudad tiene derecho a un voto, sólo uno. En estas elecciones, y reiteró que la CNE marcó lo que Maduro quiso, había grupos, sectores sociales y corporativos con derecho a dos votos, como personas que pertenecen a alguna de las “misiones sociales” del gobierno, o que reciben una pensión, alguna federación de campesinos ligada al gobierno. Yo tengo derecho a un voto, un pensionista del Estado, dependiendo a cual sector se liga, puede tener dos.

Fue totalmente fraudulento, como se puede comprender. Dicen que participaron 8 millones de venezolanos, pero las calles estaban vacías. La Asamblea Constituyente (para la cual no hubo participación de la oposición), trató de deslegitimar la Asamblea Nacional. Pero no lo consiguió, y acciona como poder supranacional para legitimar sus decisiones, como anticipar las elecciones presidenciales, en alianza con la CNE, tal como otras medidas que no pasaron por la Asamblea Nacional. Esta tampoco fuente reconocida in­ter­na­ci­o­nal­mente…

Los problemas sólo se acumulan y en alguna hora deben producir las caída del gobierno.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Qué podría hacerse para que el país pudiese mejorar la situación económica, social y política?

Mar­ga­rita López Maya: La salida es fácil: que renuncie Maduro. Después, pueden ser abiertas negociaciones hacia una transición democrática, que recupere el hilo democrático y del estado de derecho. Tenemos una Asamblea Nacional legítima, electa, no en condiciones justas de competencia, pero por lo menos con transparencia.

Esa Asamblea está ahí. Maduro podría renunciar, el presidente de la Asamblea podría asumir como interino y convocar a elecciones. Y, al mismo tiempo, podría comenzar a destituir magistrados del Poder Judicial irregularmente nominados, que actúan como brazo directo de la dictadura de Maduro. Podrían comenzar a remover gente de la CNE electa fraudulentamente el años pasado, por encima de los procesos legales. Y así podríamos recuperar las instituciones democráticas.

Pero, Maduro niega tal camino, incluso con 80% de rechazo popular y 70% de opinión pública favorable a su renuncia. Otra salida sería por la presión internacional, con todos sentados a negociar por elecciones justas y transparentes. Con eso, se debería sacar de la ilegalidad a partidos como Primero Justicia, Voluntad Popular y a la MUD (Mesa de Unidad Democrática), así como rehabilitar los derechos políticos de Le­o­poldo López, An­tonio Le­dezma, Hen­rique Ca­priles Ra­donski.

También deben ser liberados los más de 250 presos políticos. Con toda esa reorganización, y la comprensión de que el gobierno fracasó, porque estamos en una catástrofe que puede costar muchos años de nuestra vida, podríamos comenzar a salir de la crisis.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Qué lectura usted hace del escenario político regional, en tanto que las turbulencias aquí descriptas también se verifican en diversos países?

Mar­ga­rita López Maya: En general, América Latina vive un momento turbulento. Pero la mayoría de los países tienen buenos desempeños económicos, ¿no? La turbulencia es sobre todo política. Y hay mucha preocupación de que la actual deriva del chavismo acá, se exporte a otros países, como México. Colombia también tiene dificultades -compartidas en la frontera entre nuestros países-, pues vivimos padrones autoritarios del siglo 21, que se validan en las urnas, en el voto popular y socaban las democracias construidas con mucho esfuerzo en América Latina. Tenemos ejemplos en Argentina, en Ecuador, que no llegaron a tanto, pero tiene trazos comunes.

Hablo por Venezuela: las propuestas populistas, aquí de izquierda, debilitaron mucho las instituciones, atacaron la libertad de expresión, los contrapesos entre los poderes. Vamos a ver cómo funcionan los procesos electorales previstos para este año. Salvo México, no veo un cuadro tan dantesco y desolador como el venezolano. Aquí, la cúpula militar se tornó un grupo de delincuentes que saquea el Estado y además promueve negocios corruptos.