Últimos datos del INE aseguran que el desempleo aumentó en el primer trimestre

La economía crece pero no impacta en el mercado laboral como se esperaba. Según información de esta semana, la tasa de desempleo consolidó su deterioro en el primer trimestre del año y las causas son variadas: robotización, inmigración, caída de la inversión extranjera y problemas de rentabilidad de algunos sectores con intensa contratación de mano de obra.

Daniel Erosa

 Brecha, 11-5-2018, https://brecha.com.uy/

El dato del desempleo siempre es relevante, pero mucho más cuando se avecina un escenario de negociación colectiva. El sector empresarial lo utiliza como arma arrojadiza contra los reclamos de aumentos salariales, trazando una ecuación lineal que sostiene que los incrementos terminan siempre en pérdida de puestos de trabajo. Y los trabajadores –aunque obviamente se muestran preocupados– relativizan la ecuación y sostienen que se trata de una simplificación que no explica la realidad de todos los sectores. Pero lo cierto es que, según los datos que dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística (Ine) esta semana, la tasa de desempleo del primer trimestre del año consolidó su deterioro y se ubicó en 8,8 por ciento en todo el país. Se trata de un valor superior en 1,3 puntos porcentuales al calculado para el trimestre octubre-diciembre de 2017, y 0,3 puntos porcentuales mayor respecto a igual período de 2017. Si bien puede decirse que en marzo el desempleo bajó –porque se ubicó en el 8,5 por ciento, un valor inferior al de febrero (9,3 por ciento) y también con respecto al mismo mes pero de 2017 (9,0 por ciento), la lectura de largo plazo permite apreciar un deterioro constante que arrancó en 2014. Según datos aportados a Brecha por el Instituto Cuesta Duarte, hay unos 50 mil trabajadores menos: la industria manufacturera perdió 16.500 puestos de trabajo, el sector rural 13 mil, la construcción 11 mil y el comercio 9 mil.

Para Hugo Bai, economista del mencionado instituto, “efectivamente hay un deterioro en el empleo y eso es preocupante porque la economía pasó la primera etapa de desaceleración y aun creciendo se perdieron puestos de trabajo. Era previsible que no se pudieran mantener los niveles récord de empleo y desempleo que se habían alcanzado entre 2011 y 2014, pero era esperable que entre 2016 y 2017 el mercado de trabajo fuera repuntando. Eso no ocurrió. Tampoco hubo un deterioro adicional, el deterioro se concentró en 2015 y luego fue un escenario de estabilidad con leve deterioro”.

Bai explica que no sólo creció la tasa de desempleo, también cayó la tasa de actividad, y eso puede esconder un mayor número de desocupados, porque hay trabajadores que no son considerados como tales porque ya no están buscando trabajo.

Si se compara este primer trimestre con el del año anterior, la caída se concentra en la industria manufacturera y en el sector rural. Si lo miramos más a largo plazo, lo que ha venido ocurriendo desde el año 2014 es una caída del empleo generalizada, salvo en algún sector de servicios como la enseñanza y la salud.

Deterioro multicausal

Pero si la economía crece, ¿por qué también crece el desempleo? Enseguida del acto del Primero de Mayo, en entrevista con Radio Uruguay, el viceministro de Trabajo, Nelson Loustaunau, dijo entre otras cosas que para hacer una evaluación verdadera de la situación del desempleo había que tomar en cuenta algunos vectores que no se estaban analizando con la profundidad debida. Que había que considerar variables como la reciente llegada de inmigrantes, los fenómenos de robotización e incorporación de tecnología que permite ahorrar mano de obra y la caída de la inversión extranjera.

Si bien existen algunos trabajos de investigación que tocan tangencialmente algunos de estos temas, no abundan los estudios específicos sobre cómo está impactando la presencia cada vez más notoria de cubanos, dominicanos o venezolanos en el mercado laboral; o cuál es la incidencia de la incorporación de automatismos que sustituyen mano de obra.

Bai dijo a Brecha que es interesante incorporar esas dimensiones en el análisis, y aseguró que los trabajadores le encomendaron al Cuesta Duarte una investigación al respecto. “Nosotros partimos de la base de que este deterioro es multicausal. Tienen que estar operando varias cosas para que en una economía que se recupera y muestra tasas de crecimiento interesantes no se logre que eso repercuta en el mercado de trabajo. Hay que mirar cuáles son los sectores que están liderando el crecimiento económico y ahí se percibe que no son sectores particularmente intensivos en la contratación de mano de obra (comunicaciones y transporte). Los que sí la generan son en este momento los menos dinámicos. La relación entre producto y empleo no es la que uno esperaría. Hay crecimiento económico, pero igual cae el empleo o por lo menos no crece como se podría esperar que creciera.”

Respecto al cambio tecnológico, este economista opina que se puede discutir cuán relevante resulta esto hoy en la economía uruguaya, “pero sin duda juega un rol que no es menor. En el sector financiero se ve claramente cómo se desplazan puestos de trabajo mediante la incorporación de tecnología. Con estos procesos también se crean puestos nuevos, pero tiene que haber políticas públicas muy claras y muy oportunas para evitar que se generen desfasajes y etapas de transición en las que crece el desempleo”.

Hay alguna pista sobre este tema en un trabajo elaborado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.(1) Allí se sostiene que “el proceso de automatización de la producción es de larga data y sin embargo, hasta ahora, no ha provocado una pérdida neta de empleo. Esto es válido a nivel global y también en Uruguay, donde las últimas décadas muestran los mayores niveles de empleo de la historia. Es que además de la pérdida de algunas ocupaciones, el cambio tecnológico también impulsa la creación de otras nuevas”. Sin embargo, luego de hecha esta salvedad dicen: “También es indispensable notar que a corto plazo los efectos negativos de estas tendencias laborales, si no son adecuadamente conducidos, pueden tener serios impactos sobre grandes contingentes de trabajadores y sus familias, con consecuencias directas en el bienestar, la distribución y la cohesión social”. El desafío, dice el documento, es acompañar esos procesos de cambio “sin generar incrementos sostenidos en los niveles de desempleo, manteniendo y mejorando las condiciones laborales, y expandiendo el bienestar social”.

Como apunte cabe consignar lo que sostiene un estudio de Deloitte según lo publicado este miércoles en el diario El Observador: el 70 por ciento de los empresarios considera instalar este tipo de tecnología para ahorrar la contratación de mano de obra en el corto y mediano plazo.

Respecto al impacto que pueda tener en el mercado laboral esta nueva realidad inmigratoria que hoy se expresa con acento centroamericano, el economista del Cuesta Duarte sostiene: “No tenemos datos concretos de cuánta gente es, ni en qué condiciones se ha insertado en el mercado laboral. Tampoco un estudio puntual de cómo ha influido esa población en el mercado de trabajo. Seguramente está operando como una posible causa. Son, en general, empleos que exigen poca calificación y en condiciones críticas. Pero no todos son así. No son pocos, pero tampoco es un fenómeno masivo que lo explique todo, aunque seguramente influye”.

El mantra de la rentabilidad

Cuando se habla de desocupación, está siempre presente el tema de la rentabilidad de las empresas o de cuánto pesa lo salarial en su viabilidad. Efectivamente, para algunos sectores esa variable es vital. Pero no parece lógico que se generalice. “Hay gente que opina sobre estos temas que se ve tentada a vincular directamente el desempleo con los aumentos de salario y plantean como solución la caída del salario o, al menos, asegurar que no crezcan. A nosotros nos parece que no se puede perder de vista la heterogeneidad de los sectores. No se puede decir que hay una crisis de rentabilidad general y ampararse en eso para negar cualquier aumento de salario”, aseguró Bai. En resumen, para el Cuesta Duarte, negar que los salarios inciden en los costos de las empresas y que hay sectores en los cuales la rentabilidad ha disminuido sería absurdo. Pero decir que ese es el diagnóstico para toda la economía y que el problema del empleo se reduce al salario o que recortando los salarios se logrará recuperar el empleo puede ser demasiado simplificador.

Dice Bai: “Estamos en una coyuntura muy sensible porque entramos en la etapa de la negociación colectiva, pero no podemos esconder la realidad de que el desempleo aumentó”. Al mismo tiempo explica que “el énfasis del Pit-Cnt no ha sido que crezcan todos los salarios, se hace hincapié en que crezcan los salarios más sumergidos. De acuerdo a los datos de 2016, tenemos 500 mil asalariados que ganan menos de 20 mil pesos líquidos por 40 horas semanales. Si bien el desempleo es un problema enorme y hay que evitar por todos los medios que crezca, tampoco podemos negar este otro problema de los salarios sumergidos y el impacto que esto tiene en las condiciones en que vive esa enorme cantidad de hogares”.

Asimismo, desde el Cuesta Duarte aseguran que “ningún sindicato, sabiendo que un aumento de salario va a repercutir directamente en el empleo, va a tomar por ese camino. Hay varios ejemplos de sectores con dificultades que firmaron convenios colectivos por períodos prolongados sin incrementos salariales”. En resumen, dice Bai: “La prioridad es el empleo, tenemos que evitar que se pierdan puestos de trabajo, pero tampoco podemos renunciar a que aumenten los salarios sumergidos de los sectores que pueden aumentar”.

Nota

1) Hacia una Estrategia Nacional de Desarrollo, Uruguay 2050. Volumen II: “Automatización y empleo en Uruguay. Una mirada en perspectiva y en prospectiva”.