Entrevista con Antonio Navarro Wolff, senador y ex comandante guerrillero del M-19

 El difícil retorno de las FARC a la vida política

 María Laura Avignolo

 Revista Ñ, 3-5-2018, https://www.clarin.com/

El gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC, la guerrilla más vieja de América Latina, hicieron la paz. Los ex guerrilleros participaron en la elección parlamentaria y fracasaron. Los rechazó el mismo pueblo que ellos intentaban representar. Sólo consiguieron el 0.33% de los votos. Una dura lección del siglo XXI para estos hijos de la Guerra Fría y la Revolución Cubana en América Latina. El ganador fue su gran enemigo, el partido del Centro Democrático, fundado por el ex presidente Álvaro Uribe, un feroz crítico del acuerdo de paz. Consiguió el 15,81% de los votos.

El senador Antonio Navarro Wolff puede hablar de paz porque hizo la guerra. Formó parte de la guerrilla colombiana del M19, desde 1974 a 1990, cuando negoció y firmó la paz con el gobierno y los militares colombianos, como su segundo comandante. Fue él quien coordinó las negociaciones de paz con el presidente Belisario Betancour, que no prosperaron. Luego iba a conseguir la paz con el gobierno de Virgilio Barco. Candidato presidencial, mejor alcalde de Colombia, diputado, senador, próximo candidato a la alcaldía de Bogotá, y actual senador es el más preciso analista de la integración de las FARC al mundo de la paz. Así explicó sus razones y los desafíos que enfrenta la organización guerrillera a Ñ.

–¿Por qué fracasaron las FARC en las elecciones legislativas colombianas? ¿No hubo autocrítica?

–La verdad es que las FARC no necesitaban votos en las elecciones legislativas. Por la negociación tienen derecho a cinco bancas en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes. Pero, evidentemente, aspiraban a más. Hubo un gran rechazo a las FARC como partido político. Pero esto es una transición, que va a durar ocho años. Ellos tienen derecho a esas diez bancas en el Congreso durante ese periodo.

–¿Qué deberían hacer las FARC para ser aceptadas por el pueblo que ellos dicen representar y por el que pelearon durante tantos años?

–Deben demostrar que tienen palabra y la van a cumplir. Para el M19 fue muy importante cuando, en 1990, después de haber hecho el acuerdo de paz, el cartel de Medellín mató a nuestro jefe, a nuestro líder, a Carlos Pizarro, quien era además candidato presidencial. Nosotros, pese a semejante agresión, mantuvimos nuestra palabra. Eso hizo que mantuviéramos el 28% de los votos en la asamblea de la nacional constituyente, en 1990. Creo que para las FARC es fundamental que demuestren que su voluntad de paz es una voluntad real y a largo plazo.

–Esa sensación de impunidad que tiene la gente en Colombia frente a ellos, ¿es la que les hace perder la credibilidad frente al electorado o no?

–La sensación de impunidad –que sí existe– tiene que ver con la historia. Ellos demoraron demasiado en entender que tenían que hacer un acuerdo de paz, que era necesario desarmarse, que la lucha armada no tenía presente ni futuro. Si ellos hubieran negociado en el año 1998 o 2000, otra hubiera sido la situación. Tardaron demasiado en entender la realidad. Esa es parte de la factura que les está pasando la opinión pública.

–¿Es importante el arrepentimiento en una organización guerrillera? ¿El pedir perdón?

–Evidentemente, es muy importante pedir perdón. Este es un tema de mayoría. Pero no de todos los colombianos. Porque hay un sector, un 40% de los colombianos, que valoran de manera importante y que en un momento determinado, podrían apoyar a las FARC. Si cumplen con el acuerdo de paz y si, con más claridad , presentan cuál es su programa político. Entonces, antes de dar opiniones definitivas. entendamos que esto es una transición, que está apenas empezando.

–¿Los colombianos creen que los miembros de las FARC deben ir presos o que, al menos, algunos de sus jefes deben asumir la responsabilidad de lo que hicieron e ir a un juicio?

–Van a tener un proceso judicial. Se llama Justicia Transicional. Todos los jefes de las FARC van a tener un proceso judicial. Creo que la mayoría siente que con ese proceso judicial es suficiente. Que no pueden ocupar cargos de responsabilidad en el Estado hasta después de ese proceso de la justicia transicional. No es más que ir presos lo que la gente está esperando. Es que vayan a esos tribunales, que allí impugnen las sanciones y que haya reparaciones, tal como se aprobó en el acuerdo. Y así, que marchen presos.

–¿Cómo se juzga en Colombia el hecho de que las FARC fueran una narcoguerrilla y que sigan siendo la guerrilla más rica del mundo? ¿Que no hayan devuelto su cuantioso patrimonio?

–Ahí hay una discusión porque ellos dicen que sí devolvieron todos los bienes que tenían ilegalmente. Estaba la información de unas mil hectáreas, que tenían a través de testaferros. Eso no está totalmente claro pero hay dos versiones. Pero la verdad es que esto es imposible saberlo.

–¿Usted qué les recomienda frente a este caso tan delicado?

–El cumplimiento de todo. Reparación a las víctimas y la devolución de todos los bienes adquiridos ilegalmente. Tienen que cumplir absolutamente su palabra y no volver jamás a la lucha armada. Entre los 7300 y 7400 miembros de las FARC, al momento que se hizo el acuerdo de paz, unos 1200, que constituyen el 20%, volvieron a la actividad armada. Eso es una equivocación absoluta. Lo que la historia de Colombia demuestra, cuando vuelven de esa manera, es que todos terminan siendo objeto de la fuerza del Estado y la mayoría terminan muertos.

–Con respecto a la visión que tienen los colombianos de las FARC y del M19 ¿cuáles son los puntos que los diferencian? ¿Cuál es la diferencia entre la reinserción del M19 y de las FARC a la vida política en Colombia?

–El M19 hizo una operación muy equivocada, la toma del Palacio de Justicia. Generó una opinión pública muy negativa. Pese a eso, al firmar el acuerdo de paz, pudo recuperarse y consiguió un buen resultado en la votación la Asamblea Constituyente. Pero eso se logró porque cumplimos. Además hicimos un acuerdo más simple. Nos desarmamos a cambio de poder participar en política y dimos total garantías de seguridad. En cambio, las FARC hicieron un acuerdo lleno de letras. Lo fundamental en un acuerdo de paz es que tenga el apoyo ciudadano.

–En Brasil y Argentina existe un grave problema de violencia narco, que nace de esta conjunción de los carteles y de la narcoguerrilla. Se ve en las villas de Argentina y también en Brasil. Lo llaman “mexicanización” y otros “colombianización” ¿Cómo se defiende un Estado de ese fenómeno?

–Es muy complejo, en Colombia tuvo mucha fuerza a fines de los 80 y principios de los 90. No es fácil de enfrentar y debe ser una prioridad nacional. Se hizo de todo: desde labores de inteligencia muy bien hechas hasta la justicia sin rostro. Durante diez años, desde 1990 hasta el 2000, hubo jueces que no ponían la cara para no correr el riesgo de quedar sometidos al riesgo de las amenazas de estos grupos narcotraficantes. No es fácil. Mientras siga habiendo tanta demanda de sustancias ilegales como la cocaína, va a haber quien quiera beneficiarse económicamente de estas sustancias. Un ejemplo es el de una organización mafiosa que se llama el Clan del Golfo, que exporta cocaína a muchos países. Parte de los integrantes de este Clan integraron una guerrilla que se desmovilizó en los 90, el EPL, Ejército Popular de Liberación en Colombia. El que fue guerrillero tiene experiencia en estar fuera de la ley y esto puede aplicarlo en organizaciones asociadas al narcotráfico. Yo diría que es un tema complejo al que se debe convertir en un asunto de máxima prioridad y usar la experiencia de quienes han obtenido resultados, como es el caso colombiano.