“Creían que la juventud se chupaba el dedo”

 Dolly Mora Ubago se presenta como “activista feminista y participante del movimiento Pueblo Autoconvocado”. Esta militante de 26 años es una de las líderes de los miles de jóvenes que han tomado las calles en Nicaragua. Con el fin de relatarnos con precisión el proceso nacido en este abril nicaragüense, interrumpe por momentos la conversación con Brecha para consultar a sus compañeros acerca de algún dato. De paso les comenta, con risas, que un medio de izquierda, al fin, va a contar sus luchas. “Por fin la izquierda nos está viendo”, dice.

 Alejandro Ferrari

Brecha, 27-4-2018, https://brecha.com.uy/

—¿Cómo surgió este movimiento de jóvenes?

—El contexto próximo fue la quema de más de 2 mil hectáreas de la reserva mundial de biósfera Indio Maíz, a comienzos de abril. Varios chavalos y chavalas se fueron autoconvocando porque el gobierno no daba respuesta a la situación que estaba ocurriendo en Indio Maíz. Se estaba quemando e iban cinco días y el gobierno no hacía nada. Al gobierno no le gustó esa protesta y comenzó a haber represión, por entonces de la misma Juventud Sandinista, que es un movimiento juvenil organizado del gobierno. Chavalos fueron mandados a reprimir a otros que protestaban. Y por esos días el gobierno aprobó una reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (Inss). Esto potenció la protesta, porque con esta reforma la población se iba a ver afectada, la clase trabajadora y pensionada iba a ser la más perjudicada.

—¿Qué ocurrió desde entonces?

—El jueves pasado, 19 de abril, la gente se reunió, la mayoría jóvenes, en la calle Camino de Oriente (en Managua) y comenzó una represión fuerte del gobierno.

Al día siguiente comenzaron los brotes en las universidades. Los chavalos universitarios de la Universidad Centroamericana (Uca), de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (Unan), de la Universidad Nacional Agraria (Una), de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) empezaron a sostener sus planteamientos sobre esa reforma, sobre que el gobierno no da respuesta a las demandas de la gente, y un montón de otras demandas que se comenzaron a articular.

Empezaron las protestas en todas partes del país, y los estudiantes a resguardar sus universidades. Cayeron la Unan, la Uca, pero el bastión se ha sostenido en la Upoli –además de la protesta social en la calle–, porque la Upoli ha tenido el respaldo de los barrios aledaños, que han hecho trincheras para que cuando los antimotines atacaban a los estudiantes y a los jóvenes de los barrios no pudieran llegar a la universidad. Por eso la universidad no ha caído.

Mientras, Daniel Ortega convocó a un diálogo para evaluar la reforma, pero sólo con los empresarios, dejando por fuera a los trabajadores. La población dijo que no se sentía representada.

Luego el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) convocó a una marcha para este lunes, pero la gente, el pueblo, los movimientos sociales se opusieron, y en lugar de marchar hacia donde era la convocatoria original marcharon hacia la Upoli, ya un símbolo de resistencia de los estudiantes de todas las universidades pero, además, de la lucha del pueblo.

—¿Cuál es la situación actualmente?

—La Upoli sigue en pie de lucha. Los barrios siguen resistiendo. No ha habido represión policial en los últimos días porque ahora el gobierno tiene un discurso de paz y de diálogo, lo que no quiere decir que en cualquier momento pueda aplicarla. Pero los chavalos dicen que no quieren hablar con el gobierno mientras no haya garantías de restitución de derechos, y hay un llamado muy fuerte, de toda la sociedad, a que el régimen renuncie.

La renuncia de este gobierno no es negociable. Y es lo que la gente está sosteniendo.

Había treinta estudiantes fallecidos, y Daniel Ortega ni los nombró en su discurso.

La gente está mucho más indignada y hay protestas en todos los departamentos del país. En este nodo colectivo los estudiantes y los jóvenes derriban y queman los “árboles de la vida”,(1) como forma de abatir simbólicamente el poder y la represión de este gobierno.

La propuesta de los estudiantes y de la sociedad es un diálogo integrador y multisectorial. No pueden estar incluidos sólo el Estado y el Cosep, y mucho menos el Estado, la Iglesia y la empresa privada. Ese es un diálogo tripartito que la gente no está aceptando.

—¿Qué estrategias de comunicación sostienen al movimiento?

—La convocatoria y la articulación se han dado fundamentalmente gracias a las redes sociales. La gente se autoconvoca y sale. Gente que nunca había salido a las calles, porque había una apatía política frente a lo que estaba sucediendo en el país. El contexto de Nicaragua es más heavy, porque el gobierno es el dueño de casi todos los medios de comunicación, de todos los canales, de todas las radios. Acá las redes sociales son nuestro mayor recurso de comunicación, desde trasmitir por Facebook Live las agresiones, hasta grupos de Whatsapp en los que se convoca y comparten noticias. Y la gente llega.

—¿Qué impronta política tienen estos movimientos?

—Hay un montón de movimientos: Movimiento de Autoconvocados, Pueblo Autoconvocado, Jóvenes 19 de Abril… No hay ningún partido político que nos represente, la gente no se siente representada. Una de las consignas de los chavalos y las chavalas cuando van a las calles es esa. La gente no se siente representada por la clase política actual de este país. Ningún partido de oposición es respuesta para nada. Es un colapso. La clase política ya no representa los intereses del pueblo. Ni de la clase obrera, ni de las mujeres, ni de nadie. Ni a los universitarios.

—¿Quiénes integran este movimiento articulado?

—La mayoría son una generación posrevolucionaria. Una generación que es catalogada como de jóvenes apáticos a la política. Y estamos dando una lección. No era una cuestión de apatía. Tuvo que acontecer algo que despertara, como el caso de Indio Maíz, que tiene que ver con la política, porque por ahí pasa el canal interoceánico que este gobierno vende y que está diciendo que va a construir. Tiene que ver con un proyecto político que vende al país. Una ley de soberanía que vendió el país a los capitales chinos. Se les da concesión sobre tierras indígenas, sobre reservas. La gente ya despertó. Y son demandas que tienen mucho tiempo. Es el despertar de la generación posrevolución y millennial, porque hay un montón de chavalos que nacieron desde el año 2000 hasta ahora. Y este gobierno tuvo un discurso muy de la juventud. Creía que la juventud se chupaba el dedo.

Es un gobierno que se dice de izquierda y que ha traicionado a la revolución, a la clase obrera. Son dueños de empresas y se han aliado con el capital, y lo más grave es que han traicionado la memoria histórica, se la han metido –con perdón de la expresión– en el culo.

—¿Cuál es el futuro de este movimiento? ¿Se plantean constituirse como un grupo político?

—De eso, casualmente, estábamos hablando recién. El reto es articular todas las demandas. Por ejemplo, una de las más claras para todo el mundo es que en este país tiene que haber un referéndum. Y después del referéndum, una constituyente.

Un cambio real tiene que ser estructural, si no, no hay nada. El pueblo está sosteniendo y no queremos aflojar.

Nota

1) Enormes estructuras metálicas en forma de árbol que comenzaron a ser colocadas por el gobierno en 2013, en homenaje a la revolución sandinista y a un costo de 25 mil dólares cada una. Sólo en Managua existían, hasta ahora, 180.