Custodia policial en casos de violencia de género 

Presas de su seguridad

Si el agresor incumplió medidas cautelares, o si la Policía todavía no dio con él, o porque no hay tobillera para colocarle: son múltiples los motivos por los que las víctimas de violencia pueden requerir custodia policial. En Montevideo cerca de cincuenta mujeres comen, duermen y van a trabajar vigiladas por un policía, una protección que puede salvar vidas, pero que demostró no ser infalible. A raíz de la muerte de un policía y de la mujer que custodiaba, a manos de la ex pareja de ésta, el sindicato policial reclamó aspectos tan básicos como que los policías tengan una foto y los antecedentes de los agresores antes de ejercer la custodia. El Ministerio del Interior presentó la semana pasada un protocolo para mejorar la seguridad de los custodias y sus custodiadas. 

Karen Parentelli 

Brecha, 23-3-2018 https://brecha.com.uy/

Los problemas de Graciela comenzaron ante la insistencia de su ex pareja, que no entendía que la relación había terminado. Juan se empecinaba en pedir más oportunidades, inventaba excusas para verse, para hablar, buscaba formas de cruzarse por “casualidad” en la calle. Para él todo había sido un malentendido, no había pasado nada malo y el amor tenía que seguir. La relación duró tres años y medio, en los que pasó de todo. “Él era muy violento con su hijo menor, y en general. Siempre había cosas rotas en su casa, cuando le preguntaba qué había pasado nunca me contestaba”, cuenta Graciela. Las empleadas domésticas lo odiaban, Juan inspiraba miedo. Un día llegaron a presenciar cómo con un cuchillo de cocina apuñaló la heladera y la dejó inutilizable. Una de sus empleadas llegó a denunciarlo ante la Policía, pero el caso quedó en nada.

A Graciela las señales le llegaron de a poco: “Era muy controlador, la relación era muy tóxica. Yo traté de terminar antes, pero no pude”. Cuando finalmente el vínculo se cortó, Juan empezó a perseguirla. La seguía de su casa al trabajo. Se estacionaba en la puerta del canal donde Graciela trabajaba maquillando. Era común que fuera en el auto al mismo ritmo que ella caminaba, bajara la ventana y le dijera que la llevaba a donde fuera. También aparecía en los barrios de sus amistades, o en la esquina de la casa de su padre. Todo un año estuvo pasando esto. “Era una locura, cuando me cruzaba en la calle me hablaba de forma amable y educada. Ni mis compañeras se podían dar cuenta de la situación que estaba pasando.”

La primera denuncia llegó después de un año de acoso. Ya había bloqueado su número en Antel y también en Whatsapp. Graciela estaba trabajando como actriz en una obra de teatro y Juan fue al preestreno, al estreno y a todas las funciones que siguieron. Cuando la obra terminaba la esperaba en la puerta, la felicitaba, le decía que había estado “excelente”. El último día que la obra estuvo en cartel este hombre compró diez lugares y se sentó en el asiento del medio para ver desde ahí la obra. Esta situación fue la que detonó la primera denuncia. La justicia dispuso en ese momento una orden de restricción de acercamiento de tres cuadras.

Con las medidas de restricción vigentes Juan igual la seguía. Se mostraba más cuando estaban por llegar fechas especiales, cumpleaños de algún familiar o cualquier otro evento social. La primera vez que lo detuvieron y lo condujeron a la comisaría fue el día anterior al cumpleaños de la hija de Graciela. “Estábamos buscando recetas de cocina para hacer algo casero para el cumple, miro por la ventana y lo veo estacionar frente a casa.” Al instante llama al 911; la Policía llega rápidamente. Juan intenta escapar, pero le atraviesan el patrullero delante de su auto. Luego de este hecho la justicia dispuso que Graciela tuviera custodia policial las 24 horas del día.

Actualmente son 45 las mujeres que en Montevideo están siendo protegidas con custodia, según cifras del Ministerio del Interior. Esto implica que casi 300 policías cada día se dediquen a esta tarea. Cada mujer tiene designados dos custodios por turno, y cada turno es de entre seis u ocho horas. A estos oficiales que trabajan de manera fija hay que agregarle los que acuden a la zona de la casa de la víctima cuando ocurre un problema. Y a éstos se suman otros funcionarios que trabajan cuando las víctimas tienen que ser trasladadas de un lugar a otro.

Mande cuidar

Son variadas las razones por las que una mujer puede llegar a convivir con un policía las 24 horas del día. “Muchas veces es porque se está a la espera de una tobillera (para el agresor), ya que no hay disponibles. También puede ser porque el juez lo determina hasta que llegue la fecha de la audiencia judicial. Otra de las razones puede ser que el denunciado siga requerido, es decir, que la Policía no lo haya encontrado aún”, dice July Zabaleta, directora de la división Políticas de Género del Ministerio del Interior. También se puede implantar una custodia porque el hombre denunciado está incumpliendo las medidas cautelares, como acercarse más de los metros permitidos o comunicarse con la víctima por teléfono.

A diferencia de lo que pasa con el sistema de tobilleras, “para disponer una custodia policial no hubo ni hay hasta la fecha ningún protocolo ni formato. Eso es algo que dispone el juez en cada caso, cuando realmente se evidencia que hay un riesgo de vida de la víctima”, explica la jueza letrada de Familia de 22o Turno, Alicia Vega. Basada en su experiencia al frente de un juzgado de familia especializado, Vega dice que por lo general se dispone custodia cuando no hay “dispositivos electrónicos” disponibles. Vega dictaminó tres custodias en el año y medio que estuvo al frente de un juzgado especializado. “Por lo general son casos de 24 o 48 horas, mientras que se espera la tobillera, o entretanto la policía está buscando a la persona denunciada”. De las 45 mujeres que la semana pasada tenían custodia en Montevideo, sólo cinco estaban a la espera de la colocación de la tobillera u otras situaciones relacionadas con estos dispositivos, las restantes estaban con custodia por alguno de los motivos antes mencionados.

Para ingresar en el sistema de tobilleras hay un protocolo. Para poder finalmente establecer la medida, el juez del caso debe investigar distintos indicadores, como los antecedentes penales de las dos personas implicadas, el hecho que en sí mismo se denuncia, comprobar si hay lesiones y de qué tipo, hacer pericias psicológicas, y ahí evaluar si es necesaria o no la implementación de este mecanismo. “Es todo muy caso a caso, no se coloca una tobillera así nomás, ni tampoco se dispone custodia sólo escuchando el relato de las personas. Los jueces tomamos decisiones en base a pruebas”, dice Vega.

Los escenarios son muchos. No siempre que un juez dispone la utilización de una tobillera y no hay se impone una custodia. “Puede haber soluciones intermedias. Hay mujeres que se van unos días de su casa, tienen esa posibilidad, van a lo de amigos o parientes. También se puede dar el ingreso a hogares”, dice Zabaleta. Ninguno de estos panoramas es fácil: “a veces no pensamos que la persona no se puede ir de la casa, porque cuando vuelve no sólo le robaron todo lo que tenía adentro, sino que no tiene ni la casa”.

Una mujer puede rechazar la custodia, es decir, negarse a que un policía, o dos, le sigan los pasos durante todo el día. Hace unas semanas el sindicato policial denunció un caso que se dio en Montevideo, en el que la víctima no quería tener custodia. “Para nosotros es una contradicción, denuncia violencia doméstica, se está haciendo uso de la fuerza policial para protegerla y la señora se ve con el victimario”, relata Roberto Cardozo, vicepresidente del Sindicato Único de Policías del Uruguay. Este caso salió a la luz cuando el policía que cuidaba a la mujer desde fuera de la casa pudo determinar que el hombre denunciado ingresaba por la puerta trasera del domicilio y se instalaba en el dormitorio de la mujer.

A todo lugar

Una novia camina a paso lento levantando la cola de su vestido blanco, mientras que posa para las primeras fotos de su casamiento. Típico del mes de marzo. La madrina, el fotógrafo, la maquilladora y un patrullero de la Policía la acompañan. Las imágenes parecen sacadas de una película, pero fueron escenas que se vieron en Montevideo. Graciela es maquilladora profesional y cuando un juez dispuso que debía tener custodia, la Policía la acompañaba a todos sus trabajos. “Estaba muy mal, no sólo se afectó mi salud, mis ingresos se redujeron a la mitad”, relata . Al principio no le decía a sus clientas y llegaba a un hotel a maquillar en patrullero, pero con el tiempo no lo pudo tolerar, y tuvo que derivar los trabajos a colegas.

Los problemas más grandes se daban cuando se tenía que trasladar, cuando se movía de una zona a otra y se salía de la jurisdicción en la que está la comisaría de su zona. En esos casos tenía que avisar el día anterior sobre todos sus movimientos. Por su trabajo tenía que ir de un barrio a otro, y muchas veces se tuvo que quedar horas en una comisaría a la espera de que la pudieran trasladar. “Tuve que ir limitando mis movimientos. Las víctimas que no tenemos auto somos trasladadas en patrullero, y muchas veces no hay disponibles”, cuenta Graciela. Casi llega a escenarios más críticos: “un día me llamó el comisario y me dijo que me tenía que ir a pasar cuatro horas a la comisaría porque no tenía ningún policía para mandar a mi casa. Por suerte al final se solucionó”.

Al agresor de Graciela no se le colocó tobillera porque en ese momento no había estoc. El Ministerio del Interior está evaluando comprar nuevas, según dijo el propio ministro Eduardo Bonomi el 7 de marzo en una conferencia. Varios policías consultados dicen que más tobilleras sin reforzar el sistema de control y el personal que trabaja con ellas es un sinsentido. La propia directora de la división Políticas de Género del ministerio piensa lo mismo: “El tema es pensar qué tan eficiente se puede ser con lo que tenemos. Cuando se dice ‘más tobilleras’ no se tiene en cuenta que la tecnología va a funcionar de acuerdo al uso que se le dé. Es personal especializado el que está encargado de usarlo, en este momento se está monitoreando a 800 personas, las 24 horas del día”.

Los policías que por casi tres meses cuidaron a Graciela se quedaban dentro de su casa. Esto no es lo más común, en la mayoría de los casos las guardias se hacen desde fuera. El oficial puede pasar parado en la puerta de la casa de la víctima ocho horas. “Mis hijos trataban de estar lo menos posible en casa. Yo me tomaba todo de forma natural, pero el living de mi casa se había convertido en la central de la radio de la Policía. Todo ese tiempo no se escuchó música, no se miraba tele  ni se prendía la radio. Me aprendí de memoria todos los códigos policiales”, cuenta.

Graciela dejó de estar presa en su propia casa por decisión propia. Su acosador se había tranquilizado y ella no podía soportar más estar limitada por la Policía para todo, para ir al supermercado, a la farmacia, a la peluquería o al médico. “No lo he visto más. Pienso que le explicaron bien todo, porque el juez dijo que ante un desacato más ya pasaba a penal.” Este hombre es unos años mayor que ella, es abogado, y tiene antecedentes penales por pegarle a un juez de un caso en el que estaba actuando. Si bien no la sigue, el acoso no terminó. “Él se encargó de buscar venganza, y ahora me está haciendo un juicio civil por daño psicológico y moral. Para él esto es gratis, es un hombre con poder económico, es solamente una forma más de seguir el maltrato.”

Doble homicidio en Salto

Cuando quieren, matan

El día anterior a ser asesinada, Olga recibió un llamado que sentenció su suerte: su ex pareja, un ex militar de 61 años, le dijo por teléfono que la iba a matar “sea como sea y en el lugar que sea”, según consta en el escrito de la Fiscalía. A las seis y media de la mañana del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, el hombre ingresó armado a la casa de Olga, mató a uno de los policías que la cuidaban y luego la asesinó a ella. El otro custodio logró reducir al hombre mediante un disparo en la pierna, y también resultó herido. La jueza de 8o Turno, Lucía Granucci, dictó 150 días de prisión preventiva hasta que llegue el juicio oral.

La pareja mantuvo una relación de dos años y medio. En ese período la mujer sufrió “constantes agresiones verbales y destratos”. Había intentado separarse varias veces, pero el hombre “amenazaba con matarla, al igual que si denunciaba la situación de violencia que vivía”, agrega el informe de la Fiscalía. Olga presentó la denuncia el día anterior a que la mataran, como el hombre no fue encontrado por la Policía y dado el nivel de las amenazas que recibió, la justicia dispuso que se le asignaran dos custodias. Pero estas defensas no fueron suficientes, Olga Costa fue asesinada de un disparo en la cabeza en el dormitorio de su casa. Para July Zabaleta, directora de la división Políticas de Género del Ministerio del Interior, este caso deja en claro que “no podemos tener la idea de que el ofensor no se va a acercar a la víctima porque hay un policía. Yo creo que se tomaron todas las medidas pertinentes del caso. Lo que jugó ahí es que el hombre conocía la casa y pudo ejercer el factor sorpresa”.

El año pasado en Uruguay se realizaron 39 mil denuncias por violencia doméstica. Este año se comenzará a contar las tentativas de femicidio. “No es fácil de determinar, hay que aunar criterios con las distintas instituciones. En algunos casos las carátulas judiciales quedan como ‘lesiones’, y es un hombre que apuñaló a su ex pareja”, dice Zabaleta. Este año van siete femicidios aclarados, otros dos están aún siendo investigados y el MI contabiliza nueve posibles tentativas de femicidio. La tentativa se configura cuando el agresor logra herir de gravedad a la víctima.

Nuevo protocolo policial

Cuando un policía es enviado a cumplir una custodia debe ser informado por sus superiores sobre las condiciones generales en las que trabajará. Es decir, saber cómo es la vivienda, cuál es el barrio, cuál es el objetivo de su labor y de quién se está cuidando a la víctima. En términos generales esto está reglamentado por la ley de procedimiento policial, pero en la diaria “los policías concurren a cumplir el servicio sin saber nada. No saben si el victimario tiene antecedentes penales. No conocen la naturaleza de la denuncia. Solamente se les da el nombre de la mujer, la dirección y se los manda”, cuenta el vicepresidente del Sindicato Único de Policías del Uruguay, Roberto Cardozo.

Otra de las situaciones denunciadas es que los policías no tienen una foto del victimario antes de comenzar la custodia, y entonces la persona puede pasar delante de ellos mil veces sin que la custodia se entere. Para July Zabaleta, directora de la división Políticas de Género del Ministerio del Interior (MI), esto no tendría que pasar, aunque dice que siempre depende de la persona que esté a cargo: “No es que la Policía no cuente con la foto del victimario, quizás el custodia que va no la tiene, pero su superior sí ”.  Zabaleta piensa que no se debería llegar al extremo de que la propia víctima muestre a sus custodias una imagen del hombre denunciado, aunque los hechos muestran que esto ha pasado muchas veces.

El MI acordó con los tres sindicatos policiales –el Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo, el Sindicato Único de Policías del Uruguay y el Sindicato Policial de Maldonado–  un protocolo para que las custodias por casos de violencia doméstica se den dentro de un marco de mayor seguridad.

El nuevo protocolo intentará estudiar cada caso cuidadosamente. Se creará una comisión interinstitucional, integrada por el MI, Mides y Fiscalía General de la Nación, que analizará cada situación para determinar la peligrosidad del victimario. Tras la evaluación se definirá cuántos policías van a cumplir la guardia o si son necesarias otras medidas, como retirar a la víctima de su casa. También se establece que el oficial que cumpla la custodia tendrá que tener información completa sobre el caso, deberá conocer los antecedentes penales de la víctima y del agresor. También tendrá que acceder a una foto del victimario, y el superior tendrá que detallar las condiciones de la casa de la víctima: si tiene más de una entrada, de qué material está construida y cuáles son las características del barrio donde está ubicada. Se acordó además que los policías que acuden a asistir a otros, que fueron atacados o robados al momento de estar haciendo la custodia, puedan utilizar en esos patrullajes escopetas con munición no letal.

El sindicato policial entiende que esta nueva normativa será efectiva y ayudará a proteger tanto a los efectivos como a las víctimas. Sin embargo, refiere Cardozo, este protocolo no hace más que reafirmar lo que ya dice la ley de procedimiento policial: “Ahora vamos a tener que asegurarnos que los mandos medios lo respeten, ese es el gran problema. El ministerio es un caos”. Para el vicepresidente del sindicato ahora queda esperar, y ver qué pasa: “Queremos pensar que las lamentables muertes de nuestro compañero y de la señora víctima de violencia doméstica en Salto no se olviden en unas semanas y todo siga como antes”.