Entrevista a Kholoud Helmi, una de las fundadoras de Enab Baladi

Mujeres revolucionarias: creadoras de nuevos medios *

Flores en Daraya, 10-2-2018     https://floresendaraya.wordpress.com/

Kholoud Helmi nació en Darayya en 1984. Es una de las fundadoras de Enab Baladi, un importante periódico independiente establecido después del comienzo de la revolución de 2011 para proporcionar una plataforma para las voces que desafían el brutal régimen de Bashar al-Assad. Helmi actualmente estudia para obtener un máster en Medios Audiovisuales en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, donde participa activamente en la SOAS Syria Society. Esta entrevista se basa en la conferencia de Kholoud en la que habló sobre el papel de las mujeres en la insurrección.

-¿Puedes contarnos sobre ti y tu trabajo durante la revolución?

Mi nombre es Kholoud. Soy activista y periodista. Comencé mi activismo al comienzo de la revolución siria en 2011. A fines de ese mismo año, un grupo de amigos y yo nos dimos cuenta de que no había cobertura mediática de la situación sobre el terreno en Siria. Vengo de Daraya, una ciudad a unos 20 minutos en coche al sudoeste de Damasco. Desde muy temprano, fuimos parte de la revolución, salimos a las calles y participamos en la primera manifestación a gran escala el 15 de marzo de 2011. Poco después, en abril de 2011 comenzaron a aparecer los puestos de control del gobierno y el régimen comenzó a sitiar mi ciudad. Había barreras que regulaban nuestras entradas y salidas.

Del mismo modo, no había organizaciones de medios internacionales en Siria que informaran sobre lo que estaba sucediendo, [pues estaban] vedados por el régimen, y los medios estatales solo transmitían el punto de vista del régimen, por lo que tomamos la decisión de iniciar nuestra propia plataforma con el fin de proporcionar una perspectiva opositora. Éramos testigos presenciales de lo que estaba sucediendo, tanto testigos  como actores en el terreno. Recordando el final de 2011 cuando lo decidimos, fue la decisión más insensata que pudimos haber tomado, pero ciertamente la correcta.

En ese momento, el peligro en el que estábamos  -rodeados por el régimen y las fuerzas de seguridad del gobierno – significaba que mi familia no podía saber que estaba trabajando como periodista. Solo muy pocas personas lo sabían y, como no podíamos vernos en persona debido a las restricciones en nuestros movimientos y el peligro que suponía reunirnos, teníamos que usar Skype. Lo usamos para planear nuestras acciones, organizar el diseño del periódico y discutir qué noticias cubrir.

-¿Qué temas te pareció importante discutir al principio?

Para mí fue crucial centrarme en ser una mujer activa en la revolución. De los 25 cofundadores del periódico, alrededor del 75% eran mujeres. Elegimos formar parte del periódico, ya que habíamos estado presentes en cada momento desde el comienzo de la revolución. Estábamos tomando las calles y organizando manifestaciones. No solo estábamos presenciando, sino participando en todo lo que estaba sucediendo.

Las mujeres en concreto fueron muy importantes para el movimiento de resistencia porque hasta 2012 pudimos pasar sin restricciones los puntos de control, los agentes del régimen no registraban a las mujeres. Nuestros colegas masculinos no podían cruzar los puestos de control, por lo que la mayoría tuvo que andar durante tres horas para llegar a Damasco, caminando por las zonas rurales para evitar los puestos de control y no ser cacheados y detenidos de forma predeterminada.

Por lo tanto, como mujeres, teníamos mayor libertad de movimiento que nuestros colegas masculinos y así pudimos asumir la misión de ir a otros pueblos y ciudades para documentar las masacres, la represión brutal de las manifestaciones y otros sucesos de la revolución.

-¿Cómo se produjo la revista?

Desde la primera edición, imprimimos físicamente todo nuestro material y comenzamos a distribuir copias en las calles, no solo a nuestros amigos y conocidos, sino al pueblo sirio en general. Solía ​​cruzar puntos de control con un centenar de copias en mi bolso. Sabía muy bien que podría haber terminado desaparecida, en la cárcel o incluso muerta si hubieran abierto mi bolso. Las fuerzas de seguridad me pararon varias veces y supe que estaba entre la vida y la muerte. Tuvimos que ser tan valientes, fingiendo que no hacíamos nada inusual, que éramos personas comunes y corrientes siguiendo nuestra vida cotidiana tratando de cruzar la calle. Cuando pienso en esos momentos, incluso ahora mi corazón late más rápido. Todavía recuerdo haber pretendido que solo llevaba ‘artículos femeninos’ para que no me registraran.

También me pararon en puestos de control móviles, inspecciones que aparecían aleatoriamente sin previo aviso y sin forma de planificarlos. Una vez revisaron mi bolso, pero se detuvieron justo antes de mirar dentro de la bolsa de plástico donde llevaba 15 copias de nuestro periódico. Tuve que arriesgar mi vida muchas veces para hacer circular nuestra revista, Enab Baladi.

-¿Cuándo saliste de Siria?

En enero de 2013, mi ciudad natal cayó en manos del régimen. Hasta entonces, había sido asediada constantemente, con mis amigos y mi familia obligados a abandonar sus hogares el anterior mes de noviembre. A pesar de eso, mis amigos y yo seguimos yendo a Daraya por las rutas rurales.

En la segunda semana de enero cuando abandonábamos la ciudad, uno de mis amigos fue capturado por el régimen. Estaba casada y tenía tres hijos. Una semana después, el régimen arrestó a su madre, obligándola a tendernos una trampa. Nos llamó a los amigos de su hija, diciendo que quería vernos y, por supuesto, corrimos hacia ella, había perdido a su hija y queríamos consolarla. Las primeras dos mujeres que llegaron a su casa fueron arrestadas inmediatamente por el régimen. Afortunadamente, un tercer amigo los llamó para preguntarles dónde estaban y les escuchó decir la frase que habíamos acordado si alguna vez nos encontráramos en peligro: Akhlas, khalast,  estoy acabada, todo ha terminado, se acabó. Supimos entonces que nuestras vidas corrían un riesgo demasiado elevado y que teníamos que irnos.

Una semana después, nos llevaron clandestinamente a Beirut, donde comenzamos nuestra nueva vida como parte de la diáspora siria. Primero en el Líbano: Beirut, luego Egipto y finalmente Turquía. Terminé en Turquía donde se reunió el equipo de Enab Baladi. Empezamos a operar nuevamente desde Turquía y continuamos haciéndolo hasta el día de hoy.

-¿Cuál es el papel de Enab Baladi hoy? ¿Puedes describir el recorrido del periódico hasta el día de hoy?

Todavía cubrimos noticias de toda Siria y tenemos reporteros trabajando en todo el país. Solíamos tener reporteros incluso en áreas controladas por el régimen, la mayoría de ellos son mujeres. Incluso tuvimos quien nos informaba desde un área ocupada por ISIS. Nuestra reportera en Damasco hace un tiempo que renunció porque sentía la presión de operar desde allí y ya no podía correr el riesgo. Se sentía como si estuviera constantemente bajo escrutinio y fuera controlada por el régimen. Perdimos muchos amigos en este viaje.

Uno de los cofundadores y el primero en estructurar el periódico tomó la decisión de permanecer en Daraya después de haber sido sitiada por el régimen. Fue el primero en morir, lo perdimos a finales de 2012. Unos meses más tarde, perdimos al editor, alcanzado por un misil. Más tarde perdimos a un tercer amigo, nuestro periodista en Daraya, también por el impacto de un misil. Luego cuatro de nuestros muchachos fueron arrestados por el régimen. Hace tres meses nos enteramos de que Nadi, uno de los cuatro, fue asesinado bajo tortura en un centro de detención del régimen. Mi hermano y uno de los cofundadores del periódico fueron sacados de sus casas en mayo de 2012. Hubo solo una semana, en agosto de 2012, en que no se publicó Enab Baladi, cuando ocurrió la primera masacre cometida por el régimen de Assad en Daraya.

Las fuerzas del régimen allanaron mi ciudad natal, asesinando a más de mil personas en tres días. En aquel momento, algunos de nuestro equipo se habían quedado en Daraya, pero yo había dejado la ciudad durante tres días. Cuando volví, era irreconocible, horrible. Esa semana no pudimos informar de nada. Aún recuerdo el llanto. Estuve escribiendo las noticias de otras masacres cometidas en otros lugares, pero cuando sucedió en mi ciudad natal me sentí demasiado débil para escribir sobre ello.

¿Qué te dio fuerza para continuar?

La semana siguiente tomamos la decisión de continuar. Teníamos que seguir difundiendo el mensaje de que un cambio era necesario, todos deben saber qué está pasando en Siria. Después de siete años, continuamos publicando Enab Baladi. Hemos mantenido la misma estructura, tenemos un editor en jefe, un editor gerente, un equipo completo en funcionamiento. Al principio, nuestra oficina era muy pequeña pero ahora nos mudamos a locales más grandes.

Nuestro equipo ha crecido en número y ahora tenemos reporteros basados ​​en muchas ciudades. También tenemos periodistas de otros países que escriben sobre refugiados sirios y tenemos la suerte de ser considerados como una de las plataformas sirias más prominentes. Hace más de seis años, un grupo de mujeres decidió unirse a las fuerzas de la revolución. Tomamos las calles y tuvimos que luchar para ser respetadas, pero al final hemos demostrado nuestra capacidad y aquí estamos ahora, como fundadores de algo que nunca antes había existido.

*Original publicado en inglés en: SOAS Syria Society |  22 de diciembre de 2017.