Esquerda Online, editorial, 25-1-2018 https://esquerdaonline.com.br/

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

La condena sin pruebas de Lula por el 8° turno del Tribunal Regional Federal de la 4ª. Región (TRF-4) representa un capítulo lamentable más del golpe parlamentario iniciado con el impeachment de Dilma Rousseff sin delito de responsabilidad comprobado.

Además de negar el recurso de la defensa del ex-presidente y todos sus pedidos, el resultado unánime entre los tres jueces y la ampliación de la pena para 12 años y 1 mes demuestran una terrible unidad del Poder Judicial en torno de la Operación Lava Jato, sus métodos y objetivos reaccionarios.

La sustentación del voto de los tres juzgadores es una confirmación concreta de cómo sectores del Poder Judicial se ubican arriba de la sociedad, practican un discurso abierto en defensa de una meritocracia reaccionaria, por encima de las reglas de la democracia y nutren un gran desprecio por la voluntad popular. En fin, una demostración cabal más de que la Justicia está a servicio de los ricos y poderosos.

La euforia del mercado, con alza record de la bolsa y la caída del valor del dólar, es también una demostración de quien se siente victorioso con la confirmación de la condena del ex-presidente por el TRF-4.

Y no fue sólo el mercado que se sintió más fuerte. Al final de la tarde, luego del cierre del juzgamiento, el Palacio del Planalto inició una ofensiva de agitación en el facebook y otras redes sociales como parte de una etapa más de la Reforma de la Previsión Social. El espíritu del gobierno ahora es “ir para arriba” y conseguir los 308 votos necesarios en la sesión del 19 de febrero.

Todo eso ocurre en un país donde políticos influyentes de la vieja derecha que están acusados en esquemas de corrupción, como Aécio Neves, Geraldo Alckmin y el propio presidente ilegítimo Michel Temer, no sólo siguen el poder sino que tampoco son seriamente investigados y procesados.

El verdadero espectáculo en torno al juzgamiento fue transmitido en directo por los grandes canales de televisión, especialmente la Globo. Lo que vimos en este miércoles fue nada más que la continuación de este mismo golpe, esta vez contra la candidatura de Lula, pero con los mismos actores y los mismos agentes envueltos.

No apoyamos el proyecto político de Lula y de la dirección del PT. Sería muy positivo si la dirección del PT estuviese realmente dispuesta a revisar su política de conciliación con los intereses de los ricos y poderosos. Pero eso no está ocurriendo, ni va a ocurrir. Los líderes del PT, y Lula en primer lugar, siguen defendiendo una política de alianza con sectores de la vieja derecha y del gran empresariado, inclusive sectores que apoyaron el impeachment. Infelizmente, no aprendieron con sus propios errores, al final, para dar un solo ejemplo, quien puso a Temer como vice de Dilma fue la propia dirección petista.

Pero a pesar de las duras críticas que hacemos a la política del PT, no podemos callar en este momento de ofensiva del proyecto conservador. No acordamos con sectores de la izquierda que defienden una eventual condena sin pruebas de Lula o que afirman que la clase trabajadora no se debe preocupar con este proceso.

Erra también la dirección del PT, cuando busca mezclar la campaña contra los ataques a las libertades democráticas y por el derecho de Lula a competir en las elecciones con apoyo político y una eventual candidatura del ex presidente en las elecciones de 2018.

La hora es de una campaña contra los ataques a los derechos sociales y a las libertades democráticas. Sería muy positivo si Lula, la dirección del PT y de la CUT y el Frente Brasil Popular hiciesen una campaña de hecho unitaria “en defensa de la democracia, contra los ataques al pueblo trabajador y por el derecho de Lula de ser candidato”.

Intensificar la lucha contra la eliminación de derechos y los ataques a las libertades democráticas

No es hora de bajar la cabeza y mucho menos la guardia. Evidentemente, es preciso reconocer que el día de ayer representó un paso al frente en la profundización del golpe parlamentario, pero la gran decisión de esa guerra será en las calles y no dentro de los tribunales de la justicia reaccionaria.

La próxima batalla ya está marcada. El gobierno ilegítimo de Temer y su bancada en el Congreso Nacional quieren iniciar en febrero la votación de la Reforma de la Previsión. Quieren seguir la aplicación de su plan de eliminar derechos históricos de los trabajadores y de la mayoría del pueblo. Fue exactamente para eso que dieron el golpe.

Las centrales sindicales, los movimientos sociales combativos y los partidos que defienden los intereses del pueblo trabajador precisan preparar la resistencia a los ataques, que vendrán con mucho más fuerza: su puede comenzar con un día nacional de paralizaciones y movilizaciones, con el objetivo de construir una verdadera Huelga General en el país. La lucha directa de los trabajadores es el único idioma que los enemigos del pueblo entienden. Tenemos que repetir y ampliar lo que hicimos el día 28 de abril del año pasado. Si Lula está realmente preocupado con lo que está ocurriendo con el pueblo brasilero, como afirmó en la manifestación en Porto Alegre en día 23 de enero, debería entonces usar todo su popularidad para colocarse al frente de esa convocatoria.

Pero ni Lula ni el PT parecen haber aprendido la lección: no vamos a derrotar el golpe parlamentario apostando en acuerdos con los golpistas en el Congreso Nacional, insistiendo en una política de alianzas con la vieja derecha y con el gran empresariado, ni tampoco con apelaciones jurídicas a los tribunales de la Lava Jato.

La principal lección que podemos sacar de ayer es que la lucha contra el golpe parlamentario y sus capítulos, la defensa de nuestros derechos y de las libertades democráticas, tendrán que se prioritariamente, y cada vez más, en la calles, organizando movilizaciones, paros y huelgas, para derrotar todos los ataques que están siendo aplicados por el gobierno ilegítimo de Temer y sus aliados.

Es hora de afirmar una nueva alternativa política

Defendemos la máxima unida de acción en las luchas en defensa de los derechos de los trabajadores y de las libertades democráticas. Proponemos la construcción de un amplio y unitario frente único que enfrente el golpe parlamentario y todos sus objetivos reaccionarios. El próximo paso de esta unidad debe ser intensificar nuestra movilización para derrotar la Reforma de la Previsión.

Para construir y fortalecer este amplio movimiento unitario, de la clase trabajadora, de la juventud y del conjunto de los explotados y oprimidos, debemos estar dispuestos a luchas al lado de los que no tenemos acuerdos políticos estratégicos. En primer lugar, deben estar los intereses de la clase trabajadora y de la mayoría del pueblo.

Pero, esa sincera disposición de estar juntos en la lucha no debe confundirse con abrir mano de nuestras diferencias políticas. Por tanto, la defensa del derecho de Lula de competir en las elecciones no significa que estamos dispuestos de apoyar su proyecto político, principalmente de conciliar con los intereses de las grandes empresas y bancos. Para nosotros, ¡lo golpistas no merecen perdón!

Por eso, es preciso que el PSOL defina su candidato, su candidata, a presidente de la República en su Conferencia Electoral marcada para el 10 de marzo. Por haberse consolidado como el mayor partido de oposición de izquierda a los gobiernos petistas, el PSOL tiene la responsabilidad de llamar a la construcción de un frente de izquierda y socialista, una nueva alternativa de independencia de clase. Vemos también como algo muy positivo la posibilidad de afiliación de Guilherme Boulos (NdT: principal referente del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo) al PSOL y la propuesta que él pueda ser uno de los nombres para encabezar la alternativa.

La izquierda socialista precisa encarar esos dos desafíos políticos: estar en la línea del frente de las luchas unitarias en defensa de los derechos de la clase trabajadora y de la mayoría del pueblo; y ser firme en la presentación de una nueva alternativa política de izquierda radical, socialista, que supere el proyecto de conciliación de clases del PT