Uruguay

Un mapeo de los principales actores en el conflicto del agro

A desenredar

Las reiteradas movilizaciones en varias rutas nacionales sacaron de sus sillas playeras a los integrantes del gobierno. Los diversos reclamos fueron ganando forma, y también cierto orden. Aunque aún no se sabe hasta dónde llegará ni en qué se transformará este grupo de autoconvocados, lo que sí se sabe es que logró capitalizar un malestar que hace rato aqueja al agro. Las gremiales rurales se mantienen lo suficientemente cerca como para robustecerse, y los trabajadores sindicalizados miran con desconfianza los movimientos de este grupo de independientes.

Mariana Cianelli

Brecha, 19-1-2018 https://brecha.com.uy/

Lograr una mayor competitividad, bajar los costos de producción de cada sector, reducir los impuestos a la tierra son algunos de los reclamos que hace rato vienen pregonando las grandes gremiales rurales. Ahora, estas demandas encontraron eco en un malestar generalizado que vienen arrastrando productores pequeños y medianos, camioneros y comerciantes que salieron a manifestarse en las últimas semanas en las rutas nacionales.

Lo que asomaba como una convocatoria pequeña de productores agropecuarios en Paysandú terminó con una seguidilla de movilizaciones en al menos diez departamentos. Algunos se movilizaron a pie, otros en camiones, autos, tractores, e incluso en avionetas fumigadoras. La diversidad de los “autoconvocados”, y los reclamos tan disímiles, muestran a un movimiento heterogéneo, pero con un objetivo común: que el gobierno les dé una respuesta rápida. Lo que se dice –y quién lo dice– puede dar algunas pistas de las distintas capas del conflicto y de las inspiraciones ideológicas de los discursos.

Los de siempre

El lunes, luego de más de una hora de reunión en la residencia de Suárez, llegó el momento de hablar con la prensa. El presidente, Tabaré Vázquez, propuso a las distintas gremiales salir juntos a dar un mensaje de unidad. La respuesta fue negativa: nadie iba a salir pegadito a nadie en la foto. El presidente de la Asociación Rural (Aru), Pablo Zerbino, explicó a Brecha que si bien aceptaron ir a la reunión convocada de apuro por el gobierno, no sentían que estuvieran representando al resto del sector agropecuario que se manifiesta en las rutas, ni querían llevarse el crédito de un movimiento que surgió “espontáneamente”.

Aunque insisten en que no son los “protagonistas” del conflicto en el interior del país, repiten que éste cuenta con todo su apoyo. Las movilizaciones, señala Zerbino, tienen una explicación clara: “no se ha atendido al sector agropecuario, más bien se lo ha desatendido”. Según el dirigente gremial, la falta de consideración gubernamental frente a las necesidades del agro propició un reguero de pólvora que terminó por explotar. La idea de que el “agro se cansó” quedó de relieve con cada una de las convocatorias departamentales, ilustró en diálogo con Brecha el vicepresidente de la Federación Rural, Miguel Sanguinetti.

Las gremiales le han presentado al gobierno números, gráficas y tendencias que muestran una paulatina pérdida de rentabilidad de los distintos sectores. En particular, Zerbino sostiene que los sectores arrocero y tambero son los que se encuentran con mayores problemas. Más de 500 tamberos, explica, tuvieron que vender sus campos por no poder soportar la relación costo-beneficio. Los problemas en el agro, argumenta Sanguinetti, hace tiempo que están a la vista: son varias las empresas rurales que han desaparecido, los costos de la luz eléctrica y el gasoil son muy altos, el atraso cambiario perjudica al productor que debe pagar en pesos todo lo relacionado con la parte impositiva y laboral. También apuntó contra los impuestos fijos a la tierra que, considera, son “nefastos”, y enumeró: el impuesto al patrimonio, la contribución inmobiliaria y los aportes patronales al Bps, que se pagan por hectárea.

La gran medida para revertir la situación por la cual está pasando el agro, dice el vicepresidente de la Federación Rural, es que el gobierno baje los costos de la producción “sea como sea”. Zerbino dice que no es quién para desarrollar los lineamientos del gobierno, de todos modos arriesga una forma de paliar la situación: reducir el peso del Estado. El presidente de la Aru se refirió a los casos de Ancap, Pluna y el Fondes, así como al aumento de funcionarios públicos en la administración. Para él, estos son ejemplos de “despilfarro”. El lunes, en una entrevista con Radio Uruguay, Zerbino deslizó la idea de eliminar las políticas sociales: “La bonanza se terminó. Deshacer las políticas sociales, que son las que nos están complicando, en alguna medida, es difícil. Y entendemos que el ministro Aguerre no ha podido estar acorde a lo que necesitamos”. Aunque luego, en conversación con Brecha, buscó matizarlo de alguna manera diciendo que “no está en contra de las políticas sociales”, repitió casi de manera idéntica el postulado enunciado en la emisora: “Yo simplemente lo que digo es que cuando vino la bonanza fue muy fácil poder repartir, ¿verdad? Hoy, esa bonanza se terminó, entonces hay que recapitular y ajustarla de forma que quede encuadrada dentro de las posibilidades”.

Pero dentro de las gremiales hay quienes afirman que “la parte macroeconómica es complicada”, comienza diciendo uno de los directivos de las Cooperativas Agrarias Federadas, Juan Daniel Vago, quien admite que a las gremiales les hace falta “un poco de autocrítica”. Y continúa: “El mercado es crudo, es cruel, no contempla a nadie. En cambio, si lo hacemos de forma ordenada y madura, podemos hacerlo mucho menos doloroso. Si todos cedemos un poquito en todos los eslabones, podemos lograr una salida que reactive un poco las cadenas agroindustriales y de productores”.

A los ojos de Vago, las gremiales se “durmieron un poco” en los reclamos, “porque Tabaré Aguerre (renunciante Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca) nos recibía, nos escuchaba, pero no resolvía nada. Quizás nos dejamos estar un poco, por seguirle la agenda al ministro, que era de nuestra confianza, mientras el agro se iba deteriorando”. Según él, el movimiento de productores autoconvocados se generó porque algunas de sus demandas no encontraron sustento en los gremios ni respuesta en el gobierno. De todas formas, si bien entiende que el movimiento es genuino y válido, considera que está totalmente atomizado con diferentes reclamos y “va a haber que aterrizarlo y traducirlo en algo realizable”. El camino a seguir, entiende, es dialogar entre todos los actores.

La Federación Rural, en cambio, prefirió no habilitar por el momento el canal de diálogo con el gobierno. Luego de considerarlo en su consejo directivo, decidieron no asistir a la reunión con las gremiales convocada por el presidente (la votación fue 24 a 13). “No había negociación de nada, ni íbamos a ir con alguna propuesta concreta, ni el presidente nos iba a ofrecer nada”, explicó Sanguinetti. Su interpretación es que Vázquez los invitó rápidamente para “enfriar” el movimiento de los productores independientes, que crece, y que parece tener cada vez más fuerza.

Los autoconvocados

El reclamo sigue por otro carril, el de los autoconvocados, cuyas demandas, por el momento, las gremiales ven con buenos ojos. El origen, explicó uno de sus voceros, el ingeniero agrónomo sanducero Marcelo Nogué, se remonta a hace casi dos años, cuando un grupo de productores de su departamento inició intercambios sobre diversas problemáticas del agro. Luego de trascender públicamente que el gobierno no iba a atender a las gremiales inmediatamente, el grupo pautó reunirse el lunes 8 de enero. Audios de Whatsapp comenzaron a circular y la convocatoria se extendió más allá de los límites de Paysandú. En un principio, algunos productores propusieron cortar rutas, pero rápidamente esa opción se diluyó. La organización de los autoconvocados fue adquiriendo forma –definieron coordinadores y voceros–, se comunicaron con los representantes de los departamentos y comenzaron a sistematizar sus reclamos.

Uno de los que estuvieron presentes desde el inicio fue el productor sanducero Federico Holzmann, quien explicó a Brecha que los autoconvocados recogieron problemáticas que hace más de dos años las grandes gremiales venían llevando a la Torre Ejecutiva: “Fijate que cuando el gobierno te dice que no te puede atender, te está diciendo que sos el último orejón del tarro. Nosotros entendimos que teníamos que hacer una movilización dándole apoyo a la institucionalidad”. Según él, el objetivo inicial fue darles –“desde abajo”– la fuerza que las gremiales perdieron con el gobierno.

Hay puntos en común con las gremiales, explicó Holzmann, sobre todo los que tienen que ver con los costos de producción, los impuestos a la tierra, los precios de los combustibles y la energía: “Los costos nos abarcan a todos por igual, seas del rubro que seas, tengas una hectárea o 5 mil”. Nogué precisó que el “piso del costo” con que arranca cualquier emprendimiento es muy alto, y es algo presente en todas las actividades; los transportistas, las empresas dedicadas a la industria y los comerciantes sufren lo mismo, agregó. Holzmann dice que no tiene sentido que no se los tome en cuenta desde el gobierno. “Se dice que Upm va a invertir 1.600 millones, el agro invirtió 4.200 millones en un año. ¿Por qué no se nos da a nosotros beneficios si invertimos tres veces más de lo que va a hacer Upm? ¿Somos tan insignificantes?”, se preguntó. “Nosotros no tendremos formas jurídicas, pero sí sabemos lo que queremos. Creo que ha quedado en evidencia que esto es un grito desesperado del país, y el presidente debería atendernos”, concluyó. Según el productor agropecuario, hasta el momento no se han tomado medidas porque es un “gobierno anti campo y anti privados”.

Aunque hay aspectos en el discurso de algunos de los autoconvocados que parecen haber incorporado planteos que pertenecen a las gremiales rurales, existen también productores que identifican otros problemas, y otras posibles soluciones. Guillermo Francchi, productor de Paso de los Toros, hizo un repaso de los momentos por los que pasó el agro, y recordó la aftosa en 2002 y la sequía de 2007. Pero hay algo que, dice, es clarísimo: “Si esta mecha se prendió y agarró fuego tan rápido es porque realmente hay mucha gente que está en una situación problemática. No estamos hablando sólo del sector primario, estamos hablando de transportistas, de prestadores de servicios, de mecánicos”. Es que si bien no están “en el fondo”, como en otras oportunidades supieron estar, la gente se “cansó de que el subibaja continúe y no hayan políticas claras”. El agro no puede seguir en esa “montaña rusa eterna de que si llueve nos va bien, si no, nos va mal, que si suben los precios repuntamos, que si bajan nos fundimos”.

En Progreso, en el departamento de Canelones, cuenta el productor familiar Atilio Quercini que hace más de diez años se podía escuchar de noche el ruido de los tractores trabajando la tierra. Hoy, dice, es muy difícil escucharlo en horas del día por una sencilla razón: hay veces que el productor no tiene dinero para comprar un bidón de gasoil. Él, que se define como ex bodeguero, ahora trabaja la granja familiar, dedicada a la hortifruticultura. Es necesario, planteó, que las intendencias y el Ministerio de Ganadería colaboren con el sector. Hace un par de años, relató, estos organismos tenían maquinaria para trabajar el suelo, limpiar tajamares, arreglar pequeños caminos, y se la prestaban al pequeño granjero, que no tenía para hacer frente a los costos. También cuenta que tuvo que cerrar su bodega familiar porque los requerimientos de habilitación eran casi los mismos que para tener abierto un shopping. “Necesitaba 200 mil pesos para pagar la firma de cinco profesionales: un ingeniero hidráulico, uno civil, un arquitecto, un agrimensor, un electricista, un bombero.” En los últimos diez años, dijo, han cerrado más de un centenar de bodegas familiares. “Algunos dirán que abrieron nuevas, pero muchas son bodegas boutique, viene alguien con plata, algún famoso, y se instala, pero nada tiene que ver con las bodegas familiares”, puntualizó.

Los ausentes

La dirigente sindical de la Unión Nacional de Asalariados, Trabajadores Rurales y Afines (Unatra) María Flores explicó a Brecha que el reclamo es de los “patrones”, no de quien se “embarra las patas”. Para la dirigente sindical es necesario separar los tantos, y sincerarse: “Una cosa es que reclamen nuestros patrones, los dueños de la tierra, otra es que lo hagan quienes no tienen suelo y trabajan por un sueldo de 16 mil pesos al mes”. Según Flores sólo se está escuchando el reclamo del productor, pero los trabajadores también quieren dar su visión. “¿Los trabajadores estuvieron en la mesa con el presidente? Hay quienes hablan en genérico, pero ¿estamos ahí?”, manifestó.

El miércoles pasado el diario El País informó (aunque horas después de publicada la versión web quedó inaccesible), con base en lo denunciado por el dirigente histórico de la Unión Nacional de Asalariados, Trabajadores Rurales y Afines (Unatra) Dardo Pérez, que algunos productores estaban obligando a los trabajadores a movilizarse en las rutas. El ex dirigente sindical confirmó a Brecha que varios trabajadores le manifestaron que los obligaron a llevar los tractores a las movilizaciones alegando que era parte de la jornada de trabajo. “Es una situación incómoda para los compañeros porque sienten que están participando de algo que no es su lucha”, explicó. Para él es necesario plantear estas cosas, porque “no todos los que van arriba de un tractor” adhieren a esos reclamos. La reivindicación, dice, no es económica sino política.

La dirigente de la Unatra dijo a Brecha que en su sector, el de los tambos, nadie ha obligado a nadie a manifestarse: “Nosotros participamos si queremos, nadie nos tendría que obligar a participar”. También aseguró que si alguien es presionado existen las vías para poder hacer una denuncia formal. Aunque no tiene seguridad sobre el camino que tomarán las movilizaciones de los autoconvocados, Flores arriesga que las aguas están sacudidas, “se está mezclando todo”, y advierte que, a río revuelto, ganancia de pescadores.

Federación Rural

Simpatías partidarias

Aunque, repiten, el movimiento que late en el Interior no puede reducirse a ninguna bandera partidaria, lo cierto es que algunos dirigentes, por fuera de la actividad del agro, han transitado por las filas de algunos partidos políticos, y otros tan sólo se definen como votantes, debido, entre otras cosas, a la influencia de su legado familiar.

El presidente de la Federación Rural, Jorge Riani, figuró en la política partidaria en 2010, cuando se tiró a intendente de Artigas por el sector de Vamos Uruguay, del Partido Colorado. El ingeniero agrónomo es hijo de Ruben Riani, consejero de Estado durante la dictadura, y sobrino de Ariel Riani, perteneciente a la Unión Colorada y Batllista, ex intendente de Artigas y director de Ute (La Diaria, 7-VI-16).

La dinastía política también pautó el devenir de Miguel Sanguinetti Gallinal. El primer vicepresidente de la Federación Rural aclara que cuando ocupa su rol lo hace bajo la investidura de dirigente gremial, pero no reniega de su historia familiar. Nieto de Alberto Gallinal, se define como blanco independiente, tal como, dice, fue su abuelo.

El segundo vicepresidente es el ex diputado del Partido Nacional por el departamento de Flores Ricardo Berois. Fue electo por la lista Unidad Nacional, encabezada por Luis Alberto Lacalle, en 1995, y permaneció en la banca por dos períodos más.

Los pasos a seguir

Durante la mañana del martes pasado se desarrolló en Durazno una jornada de trabajo que reunió a unas 140 personas que integran el movimiento de los autoconvocados. La propuesta fue que los distintos grupos del país y referentes de las gremiales llevaran sus reclamos para plasmarlos en una proclama que se leerá el 23 de enero en la Asociación Rural de Durazno. El representante de la Asociación Rural de San José, César Zunino, informó a Brecha que el 26 de enero se entregará ese documento al presidente de la República. A su vez, se definió que del 31 de enero al 1 de febrero se instalarán, a modo de vigilia, al costado de las rutas para esperar una respuesta del gobierno.