Uruguay

El cierre del Programa Aulas Comunitarias

Organismos vivos

El desmantelamiento del programa arruinó el festejo de su décimo cumpleaños. En su lugar, Secundaria arriesga una alternativa llamada Propuesta 2016 para que esos jóvenes salgan de los programas externos gestionados por Ong y vuelvan a una especie de aula comunitaria pero dentro del liceo. Los técnicos que trabajan en el territorio, y hasta algunas autoridades de la educación, advierten el riesgo de perder en el camino a esos chiquilines, en el afán de incluirlos a prepo dentro del mismo liceo que antes los expulsó.

Tania Ferreira

Brecha, 13-10-2017  http://brecha.com.uy/

“Adolescentes con una historia de frustraciones y que tienen muy poca confianza en su vínculo con el aprendizaje.” Esos son –según se lee en sus fundamentos– los alumnos que alberga el Programa Aulas Comunitarias (Pac) desde 2007. Cogestionado por el Consejo de Educación Secundaria (Ces), el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y organizaciones de la sociedad civil de cada territorio, el Pac atiende a adolescentes de entre 13 y 17 años que terminaron la escuela pero abandonaron –o nunca asistieron– el liceo o la Utu.

En sus inicios el Pac contó con 12 aulas, y en su momento de mayor esplendor llegó a las 26; en su punto más alto (2015) atendió un máximo de 2.168 adolescentes. Desde ese mismo año las autoridades del Ces decidieron activar un proceso de cierre, y aunque no hay una fecha exacta de finalización (véase recuadro “Cero diálogo”), hoy quedan sólo 16 aulas.

La idea con Propuesta 2016 –el plan que está supliendo en simultáneo al Pac desde el año pasado– es que sean los liceos los que ofrezcan propuestas capaces de atraer y retener ese tipo de estudiantes. La principal diferencia entre el Pac y la nueva alternativa es exactamente esa integración de los estudiantes al centro educativo, dijo a Brecha Margarita Romero, directora de Planeamiento y Evaluación Educativa del Ces, “que el adolescente se integre al liceo desde el inicio del ciclo, y a los efectos de que se contemple el proceso de los estudiantes, el ingreso se realiza en primer año”.

Romero agregó que la nueva propuesta pedagógica contempla una fuerte evaluación del proceso de cada joven, para acompañarlo y apoyarlo a que logre el perfil de egreso que cada colectivo docente elaboró. Para ello cuenta con un sistema de apoyaturas que ayudan a los estudiantes que quedan con asignaturas pendientes a que puedan “superar las dificultades y seguir avanzando”.

“Fue una respuesta correcta en un momento histórico determinado, pero no debe eternizarse”, dijo hace un tiempo Celsa Puente sobre el cierre del Pac.(1) Luego agregó: “La sociedad no puede seguir aceptando (que haya jóvenes que) estén fuera del liceo en un dispositivo distinto”, pasados “tantos años” no se puede permitir “que los más vulnerados queden encapsulados en un dispositivo ajeno al liceo y después pretender que ingresen al liceo con el mismo plan que el resto”.(2)

Territorios y cápsulas

“Me preocupa que el barrio quede sin el servicio”, se lamenta Claudia, educadora social del Aula número 4, de Paso de la Arena. Y sigue: “es la pérdida de más de diez años de trabajo en un laboratorio pedagógico con las familias, con el barrio. Es una pena que se pierda todo eso, cosas interesantes que quedarían en puntos suspensivos”. Se refiere al enclave territorial de las organizaciones que gestionan las aulas comunitarias, y a las distintas modalidades de trabajo ensayadas con los jóvenes –parecidas a las de la educación formal, algunas veces, y otras más alternativas– que les permitieron a los docentes y técnicos acercarse con éxito a “ese tipo de chiquilines, los que egresan de la escuela especial, los que pasaron por maestras comunitarias, que ni ellos ni la familia sienten que están listos para afrontar el liceo”.

Para Alejandra Scafati, coordinadora general del Pac, que las organizaciones sean las que gestionen las aulas comunitarias en los distintos territorios tiene una riqueza incomparable, ya que los técnicos (educadores sociales y profesores) que allí trabajan “tienen otra cultura que no tienen los docentes que trabajan en los centros educativos, son docentes que aprenden a mirar a los ojos a una realidad que no se ve normalmente, recorren barrios, van a las casas de los chiquilines,¿dónde has sabido que alguien haga eso en los liceos? En ninguno”.

La territorialidad incluye estar en el espacio, pero sobre todo saber quién lo habita, resumió la representante de Secundaria en la Unidad Coordinadora del Pac, contradiciendo a la institución que representa. Y siguió: “Ahora, a diferencia de 2005, tenemos liceos en Casavalle, en el Borro. Pero si en esos liceos se reconstruyó la misma lógica institucional educativa del sigo XX tenés un problema, porque esa lógica no lee el barrio, lee sólo la institución en sí misma. Pusiste un liceo, no pusiste una institución en el Borro. Ahí está la diferencia”. Según Scafati, la Ong permite tener una plasticidad y una lógica de vinculación con la familia y con los muchachos que están dadas por la identidad con el lugar. Se construyen comunidades humanas dentro de las aulas comunitarias, “son como organismos vivos, por eso son tan difíciles de desarmar. Laten”.

“Secundaria no logra ver que los chiquilines no quieren ir y sus familias no quieren mandar a sus hijos al liceo. Lo ven como un espacio peligroso y que no sirve para nada en el futuro. La idea de que si vas al liceo no vas a tener mejores trabajos hoy se ha extendido, y efectivamente es un poco así en la realidad”, opinó Eduardo Musto, director de Instituto del Hombre, institución que gestiona las aulas comunitarias 4 (Paso de la Arena) y 9 (Delta del Tigre). “Secundaria cree que seguimos viviendo en la década del 60, cuando teníamos tan internalizado estudiar que no se nos ocurría no ir al liceo. Ahora algunos jóvenes no quieren ir y las familias tampoco lo ven como una necesidad”, resumió.

Según Musto, las grandes preocupaciones son dos: qué va a pasar con todos los chiquilines que este año asisten a las aulas que permanecieron abiertas, y“qué va pasar con los muchachos cuando la rigidez de los liceos haga que sean expulsados, fracasen y que se queden realmente sin ninguna propuesta educativa formal o informal”. La otra preocupación es laboral: el equipo no sabe si va a trabajar o no en aulas comunitarias el año que viene, y la incertidumbre se vuelve difícil para los profesionales.

Claudia, la educadora del Aula 4, coincide con su coordinador: “Según la gente del barrio en general, y lo que hablamos con los chiquilines cuando llegan a las entrevistas, lo primero que dicen es ‘al liceo no’”. En realidad, explica la educadora social, la gente muchas veces ve las situaciones de violencia que trasmiten algunos medios de comunicación, o que el liceo es muy difícil (los estudiantes destacados como “genios” que llegan a la Nasa ocupan las portadas de los medios) y algo inalcanzable según su trayectoria educativa. “Se construye así un mito de que el liceo no es para ellos, y eso hay que problematizarlo y trabajarlo todos los días”, preferentemente en un espacio fuera de ese liceo que tanto temen, explicó Claudia.

Para Paula, trabajadora social del Aula 5 (gestionada por Gurises Unidos en Malvín Norte), a los liceos les falta muchísima apertura a la comunidad. “Esto del enrejarse, el no permitir el ingreso…, nuestros chiquilines son muchas veces los que ‘hacen puerta’ en el liceo del barrio. La respuesta del liceo es el 222, el encerrarse.” “Creo que el gran error de la Propuesta 2016 es no tomar la participación de la sociedad civil”, opina la técnica. Según ella es necesario abrirles las puertas a la comunidad, a las redes del barrio; las aulas tienen un enclave territorial de vínculo sistemático con los padres, con los centros y nodos educativos de la zona, y “es eso justamente lo que le falta bastante al liceo para que los chicos lo sientan más parte de su comunidad, y no algo tan ajeno”, resumió la trabajadora social.

Volveré si me muestras que has cambiado

Lo cierto es que la experiencia del Pac ha mostrado que los chiquilines, luego de pasar por Aulas Comunitarias, se insertan más en la escuela técnica que en los liceos. El 60 por ciento de los egresados de este programa prefirió a la Utu como siguiente opción. Eso, sumado a algunas cifras de aprobación de cursos no del todo alentadoras (la mitad de los chicos aprueba los cursos, la otra mitad pierde o abandona, véase recuadro), le han dado a Secundaria esa sensación de fracaso general del Pac y por este motivo decidió su cierre.

Pero para los técnicos que trabajan en el programa el éxito no está dado por sus números sino por cumplir con el objetivo de captar a esos chiquilines y que permanezcan estudiando. El enganche que hacen los chiquilines entre Aulas Comunitarias y la Formación Profesional Básica (Fpb, también de 2007) de Utu ha funcionado mejor que con el liceo, coinciden, porque Utu logró generar un dispositivo de mayor acompañamiento, espacios más chicos –y por lo tanto que generan menos miedos–, y más interesante a la hora de hacer prácticas. Los talleres les gustan mucho a los chiquilines, ya que se apartan bastante de la modalidad de sentarse a escuchar durante horas a los docentes de distintas asignaturas.

“La continuidad entre Aulas Comunitarias y Fpb ha funcionado muy bien, y la de Aulas y Secundaria relativamente, porque cuando los chiquilines llegan el liceo éste sigue siendo el mismo de cuando se fueron. No hay mayores modificaciones. Todos sabemos que la propuesta sigue siendo la misma, y a ellos no les resulta interesante”, coincide Claudia, del Aula 4, de Paso de la Arena. “No hay una revinculación directa con el liceo sino con la Utu. Probablemente por eso Secundaria no lo evalúe como un programa exitoso”, coincide su colega Paula, del Aula 5. “Pero si uno piensa en realidad en el adolescente y en la posibilidad de que siga estudiando, es un programa exitoso que logró sus cometidos. Depende de dónde ponés el foco”, aclara. Y agrega: “Es una responsabilidad de Secundaria, que no lo logró… Aulas Comunitarias arrancó como una experiencia piloto y está bien que cierre, en el sentido de que siempre se pensó desde las organizaciones como una respuesta temporal para el tránsito educativo mientras se generaban transformaciones estructurales en Secundaria”, pero esos cambios nunca llegaron.

Los liceos no están listos para recibir a estos muchachos, advierten los técnicos y docentes de las Ong. Tanto en Aulas Comunitarias como en la Fpb “todo tiene una dimensión mucho más humana, son 60 alumnos, mientras que en el liceo son 600. En un liceo no sos nadie. En un aula comunitaria todo el mundo sabe quién sos”, resume Eduardo Musto. Y da el ejemplo de Paso de la Arena: “En las clases de liceo empiezan 60 gurises, a esta altura del año van quedando unos 20. Un liceo de acá de la zona tiene 11 primeros y tres terceros… ¿Dónde quedaron esos ocho grupos?”, se pregunta.

“Es difícil pensar que esos chiquilines puedan mantener una propuesta dentro del liceo. Los estamos mandando nuevamente a que fracasen” con la Propuesta 2016, teme Musto, y explica: “Teóricamente todos estamos de acuerdo con que tienen que estar dentro del liceo, sin ninguna duda”, piensa, pero “hay que trabajar con ellos desde otro lugar para fortalecer la idea de que la experiencia de estudiar y educarse será gratificante, y no al revés, una experiencia traumática que agregue un nuevo fracaso”.

Para Scafati el análisis que hace Secundaria sobre Aulas puede ser de fracaso porque los chiquilines no llegaron a los liceos. “¿Pero alguien se preguntó que pasó en los liceos? Puede ser que los muchachos de Aulas Comunitarias no entren a los liceos, pero sí entran a los Fpb. Puede ser que no aprueben ese año, pero sí se mantienen dentro del sistema educativo. O puede ser que no hagan ninguna de las dos cosas ese año, pero la experiencia que tenemos es que dos o tres años después ese chiquilín vuelve en algún momento a poner en su horizonte el estudio. Y llega a niveles más altos”, resume Scafati.

Y agrega que para darse cuenta de por qué los chiquilines “prenden” en un lugar y en otros no, lo que hay que mirar son las propuestas pedagógicas y las diferencias en el programa: “¿Por qué nosotros aprendimos algo?, y ¿qué es lo que aprendimos?, son las preguntas que tienen que hacernos. ¿Por qué conseguimos mantener durante diez años centros educativos que todos los años tuvieron inscripciones, ingresos, egresos y chiquilines que continuaron en el sistema educativo? Más que si fue exitoso o un fracaso en los números, esa es la verdadera pregunta”.

Notas

1) Brecha, 11-IX-15.

2) La Diaria, 4-XI-15.

Los números del PAC

Según el último monitoreo del Mides,1 en 2016 se inscribieron en el Programa Aulas Comunitarias 1.611 estudiantes: 643 se anotaron en la modalidad A, 296 en la B y 671 en la C. Siguiendo la tendencia de los años anteriores, casi 60 por ciento de los estudiantes fueron varones y la media de edad fue de 14,5 años.

De los participantes de la modalidad A (similar al primer año del ciclo básico pero dentro del aula comunitaria), 54,1 por ciento aprobó el año, 35,5 por ciento reprobó y el restante 10,4 por ciento se desvinculó del programa.

De la modalidad B –una introducción a la vida liceal basada en la lengua oral y escrita, pensamiento lógico-matemático y el desarrollo de hábitos–, el 94 por ciento finalizó el año, mientras que el 6 por ciento restante se desvinculó.

De la modalidad C participan los egresados de las modalidades anteriores, que son acompañados por profesores referentes del Pac cuando ingresan al liceo o la Utu. En cuanto a la institución educativa elegida, la mayoría de los estudiantes (59,8 por ciento) eligieron la Utu y en segundo lugar el liceo (38,1 por ciento). El informe advierte que la matrícula bajó en relación con 2015 debido a la falta de cupos en la Utu, lo que llevó a que muchos estudiantes que querían anotarse allí se tuvieran que inscribir en los liceos.

En cuanto a los niveles de aprobación en 2016, de los 655 estudiantes que cursaron la modalidad C, 54,7 por ciento salvaron el año, mientras que el 18 por ciento repitió y un 27,3 por ciento se desvinculó del curso. La aprobación de esos chicos en la Utu (61,2 por ciento) es “visiblemente superior”, destaca el informe, a la que se da en el liceo (43,7 por ciento).

Nota

1) “Programa Aulas Comunitarias. Informe de resultados 2016”, Mides, agosto de 2017.

¿Una decisión más presupuestal que pedagógica?

“La idea de hacer desaparecer el Pac como un programa externo del Ces me parece razonable, creo que la modalidad de aulas comunitarias o la atención a ese tipo de población específica debe estar dentro del Ces, y la idea de ‘traerlos adentro de secundaria’ no me parece mal”, así comienza el diálogo con Brecha Isabel Jáuregui, consejera del Ces en representación de los docentes. Luego dice: “Estoy de acuerdo con la nueva Propuesta 2016, pero su implementación me genera infinitas dudas”. Entre varios aspectos, la docente tiene dudas sobre el reglamento de evaluación y pasaje de grado (el sistema de apoyaturas y la tendencia a promover a los alumnos con bajas calificaciones siguiendo el conocido “pase social”), el futuro funcionamiento de las duplas y los tríos docentes como modalidad de trabajo, el modelo de aprendizaje basado en la investigación o en proyectos (más acorde con la educación terciaria que con la liceal), también desconfía de que la Propuesta 2016 sea “la respuesta verdadera al derecho a la educación”, es decir, si garantizará el derecho a aprender de todos los estudiantes por igual, y si es una “propuesta válida” para esa población de alta vulnerabilidad social.

Pero la gran duda para la consejera es acerca del carácter pedagógico del nuevo plan: “Tengo una realidad generada, porque el Mides ‘baja’ el dinero para el Pac y tengo que salir a las corridas a crear una política educativa y una fundamentación pedagógica, que vienen después pero deberían estar antes”, denuncia la consejera. “Es una decisión de presupuesto y de realidad: ante esta realidad bajan las aulas, los metemos (a los chiqulines) a los ponchazos a los liceos y después vemos cómo le encontramos el fundamento…”

“Esta propuesta es muy nueva, obvio que puede modificarse con la experiencia, pero no sé cómo haremos esto sin recursos materiales”, dice la consejera, refiriéndose a los recortes presupuestales para la educación en general (“la sociedad en general y la clase pública en particular exigen al sistema educativo público los resultados de Finlandia, pero sin dar las condiciones de Finlandia”). La Propuesta 2016 difícilmente se expanda, según las predicciones de Jáuregui, en gran parte por la imposibilidad de sostener económicamente la logística de grupos pequeños al estilo Aulas Comunitarias, horas docentes y salones adecuados para la iniciativa. Un liceo de Maldonado comenzó con el nuevo plan y cuenta con diez grupos y ocho salones; algunos salones están repartidos al medio, ejemplificó.