Uruguay

Encuesta encargada por MGAP (Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca) revela visión negativa del sector agropecuario.

Sin atajos bucólicos

Los uruguayos tienen una percepción profundamente negativa del sector agropecuario, que se sustenta en los procesos de concentración y extranjerización de la tierra, en las injusticias sociales y en las prácticas productivas que intensifican la contaminación y el mal uso de agroquímicos.

Samuel Blixen

Brecha, 29-10-2017  http://brecha.com.uy/

El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, tiene en su despacho, como insumo para la toma de decisiones, un informe solicitado a la consultora Equipos sobre la opinión de los uruguayos acerca de las problemáticas agropecuarias. El documento incorpora, por un lado, una encuesta clásica de opinión, y por otro un trabajo tipo taller orientado a detectar la “percepción” de los ciudadanos de la capital y de Tacuarembó acerca de las políticas hacia el sector, y de sus protagonistas.

El ministro no tiene forma de sustraerse a dos conclusiones: una, que la percepción-opinión de los uruguayos sobre el agro es profundamente negativa, casi devastadora; y dos, que la percepción, en la mayoría de los casos, coincide con los estudios técnicos y científicos. Esa percepción aparentemente es resultado del flujo de información, análisis, opiniones y comentarios que circula en la sociedad.

El trabajo apunta a “obtener información relevante de la población uruguaya para la toma de decisiones del Mgap y la institucionalidad agropecuaria con relación a la comunicación estratégica del sector, para promover nuevos diálogos y generar conocimiento, valoración y la integración del campo con la ciudad”.

Mal visto

A efectos de detectar la percepción, la consultora instrumentó un mecanismo de sesiones de grupo (de entre siete y diez participantes, por lo menos dos de ellos con estudios terciarios inconclusos), aplicando técnicas de “reflexión y asociaciones espontáneas, ejercicios proyectivos y creativos”. El método, que incluyó palabras “disparadoras” e imágenes, sintetizó los resultados en dos grandes columnas: percepciones positivas y negativas. Las positivas, en particular de los participantes de Montevideo, incorporaron generalizaciones de tipo bucólico (campo = verde, paz, silencio, descanso), en tanto que los grupos de Tacuarembó exhibieron asociaciones más realistas (campo = trabajadores sacrificados, campo pelado, subaprovechado).

A partir de un “ejercicio proyectivo de triangulación”, se profundizó en las percepciones. Las respuestas espontáneas incluyeron un solo factor positivo: motor económico, que coincide con los estudios macroeconómicos: según cifras de Uruguay XXI, el sector agropecuario y las cadenas agroindustriales tienen una participación clave en la economía. El sector agroindustrial explicó aproximadamente el 12,4 por ciento del Pbi uruguayo en 2016. Dicha participación se repartió en partes iguales entre el sector primario (agricultura, ganadería y silvicultura) y las industrias relacionadas con el agro, con 6,2 por ciento cada uno. Los encuestados identificaron al turismo y los servicios como las principales poleas productivas, pero “en ningún momento los participantes identificaron (específicamente) al sector agropecuario, o a un subsector del mismo, como sectores potenciales para el crecimiento y desarrollo del país y/o sus ciudades”.

La percepción negativa incluye conceptos como latifundio, aislamiento, siembras dañinas, trabajadores explotados, contaminación. “De manera generalizada existe la percepción de que el sector agropecuario se encuentra históricamente en (manos) de unas cuantas familias, (las) mismas que se han visto beneficiadas por la explotación de la tierra y la producción ganadera.” La percepción negativa sobre la propiedad de la tierra y su extranjerización tiene su correlato en los estudios técnicos de los docentes de la Udelar Gabriel Oyhantçabal, Pablo Areosa e Ignacio Narbondo, según los cuales “27 conglomerados empresariales acaparan en Uruguay 1.641.000 hectáreas, un 10 por ciento de la superficie productiva. De esta forma este grupo de empresas trasnacionales controla prácticamente la misma superficie que los 21.645 establecimientos que había registrados como agricultores familiares y que en 2013 acumulaban 1.690.000 hectáreas”.

Trabajadores y propietarios rurales

Sobre los trabajadores explotados, el trabajo de Equipos concluye: “Existe la percepción de que pese a las reformas laborales para los trabajadores rurales en Uruguay, que trajeron múltiples beneficios, en la práctica y en la vida cotidiana las cosas son muy distintas, ya que sigue existiendo la explotación hacia los trabajadores del campo, ya que trabajan más horas de las estipuladas, tienen que seguir trabajando luego de jubilados, reciben salarios muy bajos y no existe la posibilidad de movilidad social”. El panorama de las condiciones de trabajo en el medio rural está debidamente documentado en la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Diputados, donde se acumulan las denuncias de trabajadores arroceros, de los montes de eucaliptos y de los cítricos. El caso más reciente (aunque posterior al estudio) es la denuncia de un peón de estancia brutalmente agredido por un capataz por reclamar el pago de horas extra (véase páginas 33-34).

En especial para los montevideanos, el tema de la contaminación genera “molestia y enojo”. “La contaminación –dice el documento– es un tema recurrente que se asocia al sector agropecuario, ya que se tiene la idea de que hay un uso indiscriminado de agroquímicos y demás sustancias que en pro de la producción agropecuaria y de la ganancia económica han contaminado las tierras y sobre todo los ríos y el agua de Uruguay.” La percepción es coincidente con una investigación de las facultades de Agronomía y de Ciencias que confirma que “la elevada tasa de erosión de suelos (en Canelones) que acompañó ese desarrollo agrícola se debió a que el mismo estuvo basado en laboreo agresivo sin medidas efectivas de conservación de suelos”. El estudio denunciaba la concentración excesiva de fosfatos en la cuenca del río San Lucía y “una sobrefertilización fosfatada que no está basada en recomendaciones agronómicas científicas, y también a la aplicación de P (fósforo) en superficie, para simplificar las operaciones de siembra y fertilización con las máquinas de siembra directa”.

El trabajo en grupos organizado por Equipos Consultores reveló la percepción generalizada de que “la siembra extensiva de soja, sin controles aparentes, independientemente de que trae beneficios a nivel macroeconómico, acarrea daños al ambiente, por la falta de control, por extenderse aceleradamente y por dañar las tierras uruguayas”. Pero en Tacuarembó los participantes “mencionaron que el cultivo de eucaliptos es altamente dañino para el suelo, dado el desgaste de la tierra, el exceso de uso de agua y la forestación de campos antes ganaderos”.

El estudio incorpora en el rubro “Prejuicios” la opinión de los participantes sobre los grandes productores o dueños de campos (“la clase dominante viene del campo; los productores son todos ricos”) y sobre las gremiales patronales: “A nivel perceptual, tienden a asociarlas y relacionarlas con los grandes productores y/o dueños. Lo que los lleva a la idea de que las gremiales protegen y velan por los intereses de los grandes productores-dueños, no por los de los trabajadores rurales-peones”.

Un capítulo especial agrupa las reacciones de los participantes ante algunas frases propuestas por el ministerio: sobre la tecnología de las caravanas del ganado con chips de información, sobre la apertura de nuevos mercados, sobre la protección y control del ambiente, sobre el aumento de las exportaciones. Se pretendía determinar su relevancia o irrelevancia; pero apareció una tercera categoría: “las mentiras”. Se descalificaron algunas afirmaciones sobre planificación en el uso de la tierra, sobre la protección de los montes naturales y la regulación del uso de agroquímicos. Respecto de los controles también existe una correlación entre percepción y conclusiones técnicas: un informe realizado por la consultora Estudio Ingeniería Ambiental, para la Unidad Reguladora de los Servicios de Energía y Agua (Ursea), señala “demoras del Mgap para cumplir con algunas de las medidas del plan de acción para la protección del Santa Lucía y su cuenca”.

Techos

En el capítulo “Oportunidades en el agro” los montevideanos no visualizan perspectivas de crecimiento personal y no consideran atractivo el trabajo en el sector. En especial, “los jóvenes uruguayos en la actualidad no presentan interés alguno por el campo, ni a nivel laboral ni como estilo de vida ni como fuente de oportunidades; perciben que sus intereses se centran en los ámbitos urbanos por todos los servicios, posibilidades, estilos de vida y acceso a la tecnología que aquéllos les proporcionan”.

El informe se completa con una encuesta realizada en junio pasado con entrevistas a 703 personas en 176 puntos distribuidos en zonas urbanas de más de 10 mil habitantes. Los principales registros indican que los jóvenes de hasta 29 años otorgan escasa o nula importancia al agro; que quienes le dan mayor importancia relativa son los votantes del Partido Nacional, y que los jóvenes no le asignan al sector agropecuario importancia como oportunidad de desarrollo personal.