Argentina

Diagnóstico de la economía argentina

El Titanic ya navega

Endeudamiento desaforado, fuga de capitales y fiesta en el sistema financiero son, por ahora, las tres características que definen el programa económico del macrismo desde su llegada al poder a fines de 2015. El aparato productivo sigue en terapia intensiva y las importaciones desreguladas amenazan con liquidarlo. Sin embargo, en el corto plazo no hay riesgo de estallido social, como ocurrió en 2001. Tres economistas explican por qué.

Fabián Kovacic, desde Buenos Aires

Brecha, 6-10-2017 http://brecha.com.uy/

El brusco cambio de rumbo ideológico en la economía argentina ya está mostrando sus resultados en los indicadores económicos que lentamente se comenzarán a sentir también en el bolsillo cotidiano de los ciudadanos de a pie. En los 22 meses de gestión de Mauricio Macri en la Casa Rosada, Argentina acumuló una deuda de 120.000 millones de dólares y salieron del circuito económico nacional hacia el exterior 60.000 millones de dólares, es decir: capitales fugados. El bono a cien años a un interés del 8 por ciento anual anunciado en junio pasado por el ministro de Finanzas, Luis Caputo, implica, para los especialistas, la necesidad de que la economía argentina crezca a ese ritmo para evitar que la brecha entre toma de deuda, déficit fiscal y comercio exterior alcance un nivel insostenible. Como si eso fuera poco, el cambio de matriz ideológica se vio también expresado en el proyecto de presupuesto nacional para el año 2018 enviado al Congreso el 14 de setiembre con las firmas del presidente Macri y su ministro de Economía, Nicolás Dujovne. Éste pide la aprobación de un endeudamiento externo de 46.500 millones de dólares para el año 2018.

Una película conocida

l economista Eduardo Basualdo acaba de publicar Endeudar y fugar. Un análisis de la historia económica argentina de Martínez de Hoz a Macri, (1) en el que, junto a los economistas Mariano Barrera, Leandro Bona, Mariana González, Pablo Manzanelli y Andrés Wainer, analiza los elementos comunes en materia económica de los gobiernos liberales de los últimos 40 años, entre dictaduras y democracia. Los autores encuentran como factor constante de los gobiernos de facto de Jorge Videla y su ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz; los democráticos de Carlos Menem y su ministro Domingo Cavallo, y el actual de Mauricio Macri y los Ceo que se instalaron en la Casa Rosada, la necesidad de endeudar el país para luego sacar ese dinero hacia el exterior. El libro destaca como característica saliente que “la fracción hegemónica del capital está conformada por los bancos trasnacionales y empresas extranjeras no industriales”, algo que, afirman los autores, es un elemento central para entender la lógica de la actual matriz de gobierno.

Opiniones

“La emisión de deuda ronda los 61.000 millones de dólares, y hasta ahora desde la asunción del gobierno el nivel de fuga de divisas llegó, entre ahorros, gastos suntuarios en el exterior y gastos en turismo argentino fuera del país, a otros 60.000 millones. Hay 120.000 millones fuera del país desde diciembre de 2015.” El comentario pertenece a Arnaldo Bocco, ex director del Banco Central y actual responsable del Observatorio de la Deuda, de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet). En diálogo con Brecha señaló que “en buena medida la fuga de capitales se dio desde la asunción de Macri, en diciembre de 2015, por vía del endeudamiento en dólares que ingresan al país y salen camuflados gracias a las operaciones en el sistema financiero”.

Al tomar deuda el gobierno ingresa dinero a las arcas del Estado, que a su vez lo distribuye en el sistema bancario mediante diferentes herramientas, como licitaciones, pagos a proveedores, emisiones de acciones, entrega de fondos a reparticiones del Estado. Y luego esos destinatarios lo remiten fuera del país de múltiples maneras, por ejemplo a través de la emisión de acciones, dineros de ahorro y pagos a proveedores.

Macri y el sector empresarial que lo acompaña en su gestión llegaron al gobierno con decisiones premeditadas en busca del endeudamiento. “Macri y sus economistas ya habían presentado un proyecto, como reclamo al anterior gobierno, que sostenía la necesidad de endeudar al país en por lo menos 50.000 millones de dólares. Es una forma de encarar la economía típica de sectores en los que se mezclan el capital financiero internacional y los inversores, donde se pueden encontrar fondos nacionales cruzados y mezclados con dineros internacionales. Es el modo de trabajar de las empresas financieras”, señaló Bocco. Los fondos buitre son un ejemplo claro; los bancos extranjeros que abren sucursales en Argentina y se mezclan con inversores nacionales son otro, así como el envío al exterior de ganancias de las multinacionales que operan en el país también es un ejemplo de cruce de fondos nacionales y extranjeros en inversión financiera.

Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) señalan un déficit comercial de 1.083 millones de dólares en agosto, el peor en los últimos 18 años, fruto, según los analistas, de la falta de proyecto productivo en la política económica del macrismo. “El déficit comercial y la fuga de divisas son financiados por el gobierno con la emisión de deuda y el ingreso de capitales financieros que llegan atraídos por las altas y redituables tasas de interés sostenidas por el Banco Central”, agregó Bocco.

“El gobierno trabó una alianza con los sectores financieros, especialmente los estadounidenses, al punto que los fondos buitre reclamaban 9.500 millones de dólares de deuda impaga y el gobierno de Macri terminó pagando casi 15.000 millones de dólares. De modo que en ese frente el gobierno tiene aceitados contactos como para sostener este nivel de deuda sin problemas, porque son sus aliados”, recalcó Bocco.

Desde el punto de vista de la recuperación de la industria nacional, las señales son casi nulas. Matías Kulfas, economista y docente de la Universidad de Buenos Aires (Uba), explicó a Brecha que “de cada 100 dólares que ingresan por toma de deuda, sólo ocho van a parar al aparato productivo para su reactivación; el resto es capital financiero que va a sostener el gasto del Estado, por un lado, y vuelve a salir a través del sistema financiero local como fuga de capital. El blanqueo de capitales promocionado en abril por el gobierno sirvió para un ingreso impositivo único pero no para repatriar esos capitales asentados en el exterior. Por otra parte, el propio ministro de Finanzas, Luis Caputo, declaró que los funcionarios tienen derecho a sacar sus dólares al exterior para resguardarlos”.

Según Bocco, “de todos modos, el sector empresario extranjero con intenciones de invertir en el país ya hizo saber al gobierno en diferentes foros internacionales y reuniones informales, aquí en Buenos Aires, que si para mediados de 2018 no hay una reforma laboral que garantice menor nivel impositivo y de gastos, la financiación externa se va a terminar”.

Para el economista Claudio Lozano, ex diputado nacional por el partido Unidad Popular y titular del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ipypp), ligado a la Cta, el endeudamiento argentino va camino de ser grave. “En el corto plazo no hay riesgo de un desastre económico y social como el vivido en diciembre de 2001. Porque el gobierno tiene todavía resto para endeudarse gracias al desendeudamiento que el kirchnerismo llevó adelante. Con ese panorama los acreedores externos están dispuestos a prestar para reiniciar el ciclo que culminó con el desastre de 2001. Pero Macri además mantuvo los planes sociales heredados e incorporó franjas de población a esa red de asistencia, como un nuevo porcentaje de jubilados y familias que antes no accedían a planes sociales. Por lo tanto, estamos ante un modelo de endeudamiento y fuga de divisas pero que por el momento cuenta con una red de contención. A largo plazo la colisión es inevitable si no se reactiva el aparato productivo”, apuntó Lozano.

Para Kulfas “no hay riesgos en lo inmediato precisamente porque el macrismo encontró un país desendeudado y al sistema financiero internacional a la espera de poder prestar. Durante el segundo mandato de Cristina Fernández debió haberse utilizado la herramienta del endeudamiento en cotas responsables. Ahora lo hace el gobierno y tiene tiempo para hacerlo. No veo problemas en el horizonte probablemente hasta fines del mandato de Macri. Pero la toma de deuda a largo plazo con este vértigo conducirá seguramente a una crisis”.

Lozano destacó algunas características centrales del presupuesto nacional de 2018 que está a estudio en el parlamento. “El presupuesto tiene tres características: un nuevo tarifazo en los impuestos, ajuste del gasto público y social en un 15 por ciento, y finalmente el endeudamiento de 46.500 millones de dólares para pagar solamente intereses de deuda. La aprobación de ese presupuesto augura un año difícil y un camino hacia otra crisis”, explicó.

Los sondeos de opinión para las elecciones legislativas del 22 de octubre indican que el oficialismo tendrá un apoyo electoral similar al de las elecciones primarias de agosto. Si esto se confirma, crecería la bancada macrista en la Cámara de Diputados, y podría conseguir los escaños que le faltan allí para consolidar una mayoría propia para los dos años que quedan del mandato presidencial. Luego veremos cómo sigue el Titanic.

Nota

1) Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2017.