Sin tabú

Con Hugo Córdova, reverendo, académico y teólogo queer

“Soy puto, ¿y qué?”

Solapadas bajo la condena católica romana, en otras iglesias y religiones existen miradas más progresistas sobre la diversidad sexual, plantea Hugo Córdova Quero. “Hay una ideología que por siglos se anquilosó dentro de las prácticas, los discursos y las interpretaciones de los textos sagrados”, pero “no tienen que ser verdades eternas”, sostiene este religioso, que padeció en carne propia la discriminación de diferentes iglesias y propone a las teologías queer como forma de construir otro relato.

Betania Núñez

Brecha, 18-8-2017 http://brecha.com.uy/

Sin abandonar el tono de misa, se dejaron los eufemismos de lado y se habló de “putos”, “tortas”, “trans”, se habló en el nombre de Dios y sin condena. El lunes, en el Solís, en medio de un encuentro sobre diversidad sexual y religiosa se desterraron los tabúes y las palabras tomaron nuevos significados, que dan cuerpo a interpretaciones alternativas de los textos sagrados y reconcilian a Dios con la diversidad sexual, con base en el contexto histórico actual de la humanidad y la geografía, la cultura, la etnia de las personas.(1)

“Yo no creo en la Iglesia, creo en Dios, un dios que me acepta tal cual soy. El hecho de que me haya costado 32 años y cinco iglesias ser ordenado demuestra que mi fe persiste, mientras que mi afiliación a una institución ha cambiado muchas veces”, cuenta sobre el final Hugo Córdova Quero, argentino, reverendo de la Iglesia Católica Antigua, doctor en estudios interdisciplinarios en migración, etnicidad y religión, y magíster en teología sistemática y teorías críticas.

Córdova Quero es gay, aunque todavía busca una palabra que lo represente mejor. Da clases en la universidad Graduate Theological Union en Berkeley, Estados Unidos, en una facultad unitaria universalista a la que asisten estudiantes con diferentes creencias: “Dentro de los unitarios universalistas hay budistas, musulmanes, cristianos y ateos, y todos van a la misma iglesia” explica. En el último curso que dio sobre estudiosqueer desde una perspectiva multirreligiosa afirmó que “todas las religiones o espiritualidades que vimos estaban representadas al menos por un estudiante en la clase, y la mayoría de mis estudiantes son personas de la diversidad sexual. Son cada vez más los que estudian para ser líderes, activistas o académicos religiosos”.

Ni bien arranca la entrevista con Brecha resume: “Pasé buena parte de mi intervención explicando que la Iglesia Católica Romana es una institución entre muchas, pero la gente seguía hablando de la religión como si fueran todas iguales. Tenemos que empezar a deconstruir eso, me parece que la única opción es descolonizar esa mentalidad”.

—¿Es una asociación que hacemos los uruguayos o está instalada en el mundo?

—Es una asociación que se hace en América Latina y corresponde a un tiempo pasado. Así, le damos un poder a la Iglesia Católica Romana que ya no tiene, un poder del que después nos quejamos pero del que somos partícipes. Cuando la empezamos a bajar de su pedestal y la ponemos en el mismo nivel que otras iglesias, su poder empieza a ser visible tal cual es, no como ese poder imaginario que nosotros le adjudicamos.

—¿Imaginario?

—No hay ninguna duda de que la Iglesia Católica Romana va a seguir incidiendo en la sociedad; ahora, que sea la única iglesia que incide, eso sí es imaginario, porque hay otras que también lo hacen, quizá no a nivel público porque los medios de comunicación no las visibilizan, pero sí en la vida cotidiana de la gente. Cuando le asignamos todo ese poder a la Iglesia Católica Romana estamos construyendo un imaginario que no se condice con la realidad, y la incidencia de otras iglesias se vuelve una historia desconocida.

—¿Eso no da cuenta de su poder?

—Es un poder simbólico, pero en la materialidad de la vida de las personas no sé si es tan así. Desde la Iglesia Católica Romana, el señor (Jorge) Bergoglio (ahora papa Francisco) se alió en Argentina con algunos grupos evangélicos fundamentalistas para ir contra la ley de matrimonio igualitario. Aunque presionaron con la excomunión a los diputados que suscribían a sus iglesias, igual muchos votaron a favor de la ley. Si todavía tuviera un poder material más tangible, habrían votado en contra.

—La presencia de evangelistas en el Parlamento uruguayo hizo que se visibilizaran otras iglesias, pero también vino a reforzar el discurso conservador que, como has planteado, tendemos a asociar con la religión.

—El tema de los evangélicos en la política ha tenido resultados nefastos. En las democracias el poder es del pueblo, no de Dios. Si desde determinada religión se intenta imponer la ley de un dios, se va contra la democracia para instalar una teocracia. Esto es peligroso, y esto tiene que debatirse.

—Durante el encuentro, se improvisó un debate con Lucy Garrido, feminista uruguaya e integrante de Cotidiano Mujer, que planteaba que “la Iglesia no está separada del patriarcado, y a las mujeres nos ha ido muy mal en todas las religiones”.

—Primero, ¿qué mujeres? Segundo, ¿qué religiones? La Iglesia Católica Romana en América Latina impuso perspectivas muy nocivas no sólo para las mujeres sino también para los varones. Si entramos en la lógica de poder de que una victimización es más importante que la otra, estamos en problemas. Hay, yo lo reconozco, un heteropatriarcado, pero quiero que se diga que afectó a las mujeres y también a muchos varones. Cuando escucho que las mujeres fueron las únicas víctimas, escucho heteropatriarcado, escucho un dogma, porque hay una invisibilización de todo lo demás. Mi proceso dentro de las iglesias no fueron unas vacaciones por el Caribe, yo también soy una víctima, y si se dice que sólo las mujeres lo fueron, quedo invisibilizado.

—Contabas que pasaste por cinco iglesias para poder ordenarte. ¿Qué iglesias eran?

—Básicamente iglesias protestantes. Algunas decían que eran progresistas, pero no lograron serlo. Muchas iglesias dicen que son abiertas, pero cuando planteás abiertamente una situación como la de ser gay, aparecen las limitaciones.

—¿Desde cuándo pertenecés a la Iglesia Católica Antigua?

—Desde hace cuatro años.

—¿Y ya estabas casado?

—Sí, y para mi iglesia no es un problema, de hecho mi obispo es gay. Ellos valoraban mucho lo que he hecho como docente, y tomamos la decisión conjunta de que era importante ordenarme.

—En el artículo “Sexualizando la Trinidad” formulás una pregunta, que ahora te traslado: “¿Por qué es tan difícil ver en dios otro género u otra experiencia de la sexualidad más allá del heterosexismo?”.

—Es muy difícil porque hemos internalizado que es la única manera de ver a Dios. El heterosexismo cercenó todo lo que no entraba dentro de sus cánones, y para mí este problema es ideológico, hay una ideología que por siglos se anquilosó dentro de las prácticas, los discursos y las interpretaciones de los textos sagrados de muchas iglesias cristianas, y tenemos que deconstruirlo.

—¿Cómo se construyó la relación cuerpo-sexualidad en el cristianismo?

—Tenemos una contradicción, porque en la creencia básica del cristianismo está el cuerpo. Si nosotros creemos que el dios al que veneramos y adoramos se hizo plenamente ser humano en el cuerpo de Jesús, no podemos dejar a los cuerpos de lado. En cambio, si adscribimos a la filosofía griega, como lo hizo el cristianismo primitivo a través de la separación entre cuerpo y alma, consideramos a los cuerpos como la prisión del alma y terminamos en la renuncia sexual. Pero el dogma cristiano básico es que el cuerpo de Jesús fue el lugar donde la divinidad se unió al universo entero. Si Dios se encarnó en el cuerpo de Jesús también se encarnó en su sexualidad, si Jesús tenía pene, el pene de Jesús fue parte de la encarnación. Fueron siglos de luchas políticas las que lograron que el cuerpo fuera malo, y que algunas sexualidades fueran permitidas y otras no. Hemos sido nosotros los que hicimos tarjetas de membresía para ver quién entraba o no en esa encarnación, que ha sido a piacere, pero desde el dogma básico cristiano no hay posibilidad de decir que algún cuerpo, alguna sexualidad, algún deseo son negativos. Fue mucho más diversa esa creencia básica que lo que después hicimos con ella.

—Sin ir más lejos, ¿cuáles son las iglesias que tienen posturas más progresistas respecto a la diversidad sexual en Uruguay?

—En Uruguay están las iglesias Metodista, la de la Comunidad Metropolitana, la Luterana, la Católica Antigua y la Valdense, que de hecho fue la primera iglesia en Uruguay y Argentina en reconocer, en 1996, el matrimonio de dos personas del mismo sexo, mucho antes de que hubiera siquiera proyectos de matrimonio igualitario en los parlamentos. Es posible que las iglesias cambien. Muchas iglesias que al principio eran condenatorias hicieron un proceso de reparación y pidieron perdón a las personas que habían ignorado y segregado. A mí me gustaría que la Iglesia Católica Romana llegara a ese punto; hay elementos que pueden empezar a modificar ese discurso, lo que pasa es que no hay voluntad política. Hay que arribar a posiciones que sean acordes con los tiempos en los que vivimos. Los cristianos siempre hemos hecho eso, porque si no, hoy seguiríamos apoyando la esclavitud. Hoy nos toca cambiar las posturas sobre la diversidad sexual.

—Más allá del cristianismo, ¿qué posturas hay en otras religiones?

—En cada religión hay diversas posturas. Grupos fundamentalistas hay en todas, excepto en las afrobrasileñas y afrocaribeñas, en muchas religiones paganas y en la mayor parte del budismo. Estas tres religiones son las que más camino han hecho en el reconocimiento de las personas de la diversidad sexual. Hay muchos que no están peleando por un lugar de liderazgo en sus religiones porque ya tienen ese lugar. Esto que nos parece tan increíble en el sur de América es algo que en muchas religiones a lo largo de distintos países ya es una realidad. Y es posible empezar a contrarrestar desde las teologías queer las interpretaciones que hemos naturalizado, no tienen que ser verdades eternas.

—Cómo, cuándo y dónde surgen las teologías queer?

—Las teologías sexuales han existido siempre en el cristianismo. La renuncia sexual de las iglesias primitivas tuvo de fondo una teología sexual, aunque fuera negativa. Pero específicamente en el siglo XX, luego de la medicalización del siglo XIX, apareció la necesidad de decir que no se trataba de una enfermedad, y surgieron los movimientos homófilos. Dentro de las iglesias protestantes y anglicanas se reivindicó que las personas homosexuales eran parte de la iglesia, y aparecieron toda una serie de escritos que se llamaron teologías homosexuales y que tenían un tinte apologético, es decir, de justificación de la presencia de esas personas. Fue un primer paso, y en la década del 60, con el surgimiento del movimiento lésbico-gay, hubo personas dentro de las iglesias que empezaron a decir que no había que justificar la presencia de gays y lesbianas, que siempre habían sido parte. Entonces se comenzó a rastrear la presencia de la diversidad sexual en la historia de la Biblia hebrea y los textos sagrados cristianos.

Más tarde, en los noventa, los teólogos comenzaron a revisar sus teologías a la luz de la teoría queer. Evidentemente los primeros escritos eran anglosajones, pero luego afroamericanos, asiáticos y latinos también pensaron la teología en relación con la teoría queer, y se empezó a diversificar la mirada para abarcar otros aspectos como los raciales, económicos, geográficos, de clase. Otro fenómeno que se empieza a ver a comienzos de los años dos mil es el de los escritos que relacionan las religiones judía, islámica y budista con la teoría queer. Son 70 años que nos han legado una producción muy vasta de reflexión teológica sobre la diversidad sexual, y tenemos que seguir abriendo el espectro; no debemos parar, porque cuando paramos nos dogmatizamos.

—¿Qué aportó la teoría queer a la reflexión sobre la religión?

—La teoría queer busca socavar los cimientos del heteropatriarcado, y toda persona que los socava es parte del movimiento. Hablo de teologías queer, que no es sinónimo de Lgbti (sigla que representa al movimiento de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales), porque las personas heterosexuales que no adhieren al heteropatriarcado también son parte de la diversidad queer. Yo casi no hablo de Lgbti en mis escritos, en su lugar uso queer, no porque me guste la palabra anglosajona, no es un proceso de colonización mental mío, pero es la que por ahora me convence más. Dentro de las teologías queer, en América Latina tenemos que empezar a desarrollar teologías tortas y mariconas. De hecho, en México ya existe la teología joto (equivalente al “puto” rioplatense).

—¿Querés decir que se debería seguir la idea de loqueer, que transforma el término despectivo en reivindicación?

—La teología queer es decir: “Soy puto, ¿y qué?”. Y creo que nos hemos apresurado en tomar los términos Lgbti, porque estas categorías, sumamente válidas, están originadas en el idioma inglés y en el contexto anglosajón. La universalización de estas categorías invisibiliza otras que son propias de muchas personas de la diversidad, que se reconocen a sí mismas en relación con los epítetos negativos que la sociedad les ha impuesto. Para mí puto no es gay, la palabra “puto” tiene una historia, un contexto y una arqueología particular.

—¿Te representa más “puto” que “gay”?

—A veces uso gay para hablar un lenguaje común, pero no me representa. Si tuviera que elegir una palabra un poco más representativa dentro de la academia usaría la palabra queer, pero tampoco me hace sentir del todo conforme. Yo estoy en la búsqueda de esa palabra que realmente me represente. En China existen las teologías tóngzhì, una palabra que viene del Partido Comunista y traduciríamos como “camarada”. A partir de los noventa, tanto en Taiwán como en Hong Kong, los grupos de la diversidad sexual adoptaron el término como una manera de nombrarse a sí mismos. Entonces empezaron a desarrollarse teologías tóngzhì o nǚtóngzhì (el femenino de tóngzhì). Me parece una palabra de resistencia brillante, y yo quisiera que las teologías en América Latina se nombraran con el gran léxico que tenemos, para que encarnaran el respeto por todos los que han tenido que padecer la violencia de esas etiquetas, y en medio de ese padecimiento empezaron a decir: “¿Y qué?”.

Nota

1) El encuentro “Sin tabú: diversidad sexual y religiosa” fue organizado por el Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública, Los Dioses Están Locos y la Secretaría de la Diversidad de la Intendencia de Montevideo. El lunes, luego de la exposición de Córdova Quero, hablaron el sacerdote Juan Algorta, la integrante de la comunidad judía Alexandra Lizbona, el reverendo Fernando Frontan y la mae Sandra de Oxala, además de la feminista Lucy Garrido, de Cotidiano Mujer, desde la sociedad civil.


Sobre la manifestación en contra de la guía de educación sexual

La castración detrás

—En Montevideo, el viernes pasado hubo una manifestación en contra de una guía de educación sexual que elaboró Primaria. ¿Por qué creés que siempre que se debate el tema hay quienes ponen el grito en el cielo?

—Lo sexual, en lo religioso, siempre viene con una cuota de peligrosidad, pero no por ser sexual, sino por las dinámicas de poder. Cualquier cosa que se acerque a lo sexual enciende todas las luces rojas, y eso habla más del miedo de las personas y de la impotencia que sienten por perder el control que de la pertinencia o no del discurso de lo sexual, representado en este caso por la guía de educación sexual.

—¿El control que los padres intentan ejercer sobre sus hijos respecto a lo sexual?

—Si mi hijo aprende que hay algo más allá de lo que yo le digo, es peligroso, porque puede tomar decisiones que yo no apruebo. Hay una cuota de paternalismo muy grande ahí, y cuando existe esta sobreprotección por el miedo de perder el control, ¿le hago un bien a mi hijo? Muchas personas de la diversidad sexual vienen de familias muy castradoras desde lo religioso, han sido expulsadas de sus familias, de sus iglesias y comunidades, y han tenido que hacer procesos muy importantes para sanarse de todas esas heridas impuestas por la represión. Me hacen mucho ruido esas manifestaciones por todo lo que esos chicos van a sufrir, porque veo mucha castración detrás.