Argentina

El Frente Izquierda y los Trabajadores se prepara para las elecciones

La venganza de Trotsky

Disciplina, ascetismo, constancia y trabajo parecen ser los ingredientes con los cuales el trotskismo argentino amasó casi un millón de votos en las últimas elecciones presidenciales de 2015. Y en 2017, con el macrismo en el poder, espera aumentar ese caudal. Por aquello de cuanto peor, mejor.

Fabián Kovacic, desde Buenos Aires

Brecha, 4-8-2017 http://brecha.com.uy/

Lejos de México donde terminó sus días asesinado por la larga mano de Iósif Stalin y más lejos aún de la revolución rusa donde supo comandar con mano firme al ejército bolchevique, Lev Davidovich Bronstein tiene voz y voto en Argentina. Es que se trata del único país latinoamericano donde crece el trotskismo, tanto dentro del movimiento sindicalista como sobre un terreno electoral burgués. La mayor fuerza política trotskista del país, el Frente Izquierda y los Trabajadores (Fit), tiene sus principales bastiones en Salta, Mendoza, Neuquén y Buenos Aires, provincias especialmente sacudidas por el ajuste neoliberal de los años noventa y donde se explotan los pozos petroleros de la estatal Ypf, cuya privatización por el menemismo generó tal de­sempleo que convirtió a pueblos enteros en imágenes fantasmagóricas.

Optimismo

Con cuatro diputados nacionales y legisladores provinciales en Salta, Neuquén, Córdoba, Santiago del Estero, Buenos Aires, Mendoza y la ciudad de Buenos Aires, el Fit se prepara para las elecciones legislativas de octubre con el optimismo que le da el 3,1 por ciento de intención de votos en la provincia de Buenos Aires, según las principales encuestadoras. El 13 de agosto próximo, en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso), superaría así fácilmente el 1,5 por ciento de los votos del padrón electoral, necesario para poder presentarse luego a las legislativas.

El Fit es la alianza conformada por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (Pts) e Izquierda Socialista (IS). Todos reivindican la figura y el pensamiento de Nahuel Moreno, el teórico (fallecido en 1987) más importante del trotskismo argentino y con proyección latinoamericana. Fundado en 2011 con motivo de las elecciones de ese año, el Fit no paró de crecer en votos y actividad gremial. Ese año su fórmula presidencial, integrada por Jorge Altamira y Christian Castillo, alcanzó el sexto puesto –con 500 mil votos (el 2,3 por ciento del padrón)– detrás de Cristina Fernández (Frente para la Victoria), el socialista Hermes Binner (Frente Amplio Progresista), Ricardo Alfonsín (Ucr), Alberto Rodríguez Saa (PJ) y Eduardo Duhalde (PJ) y por delante de Elisa Carrió. En las parlamentarias de 2013 el Fit consiguió tres diputados nacionales (por Buenos Aires, Salta y Mendoza) y en el 2015 una más por Buenos Aires.

Jorge Altamira es el referente indiscutido del trotskismo en los medios y para el gran público, lo ha sido desde las elecciones de 1989. Economista de la Universidad de Buenos Aires, es un hábil polemista que ha enfrentado en numerosos debates a otros candidatos, sin embargo, nunca llegó a ser electo por el voto. En las Paso de 2015 compitió en la interna del Fit contra el joven Nicolás Del Caño (Pts) quien le arrebató la posibilidad de convertirse en el candidato presidencial por cuarta vez.

Pero no es el Fit la única fuerza que se reivindica heredera de León Trotsky. Bajo el nombre de Izquierda al Frente por el Socialismo, se unieron el Movimiento Socialistas de los Trabajadores (Mst) y el Nuevo Mas. Ambos son parte de las esquirlas que dejó el estallido del trotskismo argentino a comienzos del gobierno de Carlos Menem en los años noventa, con el auge del neoliberalismo y la caída del Muro de Berlín como colofón.

Historia de divisiones

La conformación del Fit en 2011 parece representar un punto de inflexión a partir del cual los seguidores de Trotsky lograron revertir con cierta eficacia la escasez de votos. La historia del trotskismo argentino desde la vuelta de la democracia en 1983, por tomar una fecha arbitraria, tiene puntos de contacto con el resto de las fuerzas de izquierda locales: la división permanente.

En la elección de 1983 se presentaron dos fuerzas trotskistas: el Movimiento al Socialismo –con la formula integrada por Luis Zamora y Silvia Díaz– y el Partido Obrero, con el metalúrgico Gregorio Flores y la militante de derechos humanos, Catalina Guagnini. Fueron las únicas propuestas electorales que incluyeron a una mujer en la fórmula presidencial. Entre las dos alcanzaron apenas medio por ciento de los votos, poco más de 70 mil sufragios.

El mentor de Luis Zamora en esa elección fue Nahuel Moreno, fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores (Prt) junto al santiagueño Roberto Mario Santucho, el mismo que se convertiría en el referente del Ejército Revolucionario del Pueblo (Erp) hasta caer asesinado el 19 de julio de 1976. La posterior ruptura entre Moreno y Santucho sumado al golpe de 1976, llevó al primero al exilio donde se convirtió en una figura de peso entre los trotskistas latinoamericanos. De vuelta al país, Moreno reorganizó a las huestes locales de Trotsky en torno del Movimiento al Socialismo (Mas), que en 1983 presentó a Zamora como candidato presidencial.

El Partido Obrero a su vez, fue fundado en vísperas de la apertura democrática de 1983, pero su raíz era la agrupación Palabra Obrera nacida en 1965. La muerte de Nahuel Moreno en 1987 exacerbó las diferencias tanto entre el PO y el Mas como en las internas de estos grupos ya históricamente permeables a la escisión, y el Mas terminó dividido. Zamora se quedó con la porción más vigorosa del partido, aquella que en los años previos acumuló militancia con base en las luchas callejeras por el juicio a los militares de la dictadura y la democratización de los sindicatos.

En las siguientes elecciones presidenciales, en 1989, el Partido Obrero –con Jorge Altamira y Gregorio Flores en su fórmula– sumó apenas 46 mil votos, mientras que la alianza Izquierda Unida (IU) –con la dupla de Néstor Vicente y Luis Zamora– recibió 410 mil votos. Zamora se reservó el primer lugar en la lista de diputados nacionales y pudo convertirse en el primer diputado trotskista del país.

La alianza IU era algo más bien curioso dentro de la política argentina. Un trotskista como Zamora se unía a un demócrata cristiano como Vicente, ambos bendecidos por los fondos económicos del Partido Comunista. También fue la primera fuerza política en dejar que la ciudadanía dirima la designación de sus candidatos en elecciones abiertas, un antecedente de las actuales primarias (que hoy son obligatorias para todos los partidos). Vicente ganó y fue el candidato presidencial, y Zamora se quedó con la primera candidatura a diputado nacional.

Una de las fracciones que salieron del Mas organizó en 1988 el Partido de Trabajadores por el Socialismo (Pts), que debutó electoralmente en 1993 en los comicios legislativos de la ciudad de Buenos Aires con poco menos de 10 mil votos. Entre tanto, el PO aparecía como la agrupación que mejor lograba manejar las sucesivas rupturas de sus compañeros de ruta ideológica; sin sobresalir en votos, mantenía unidas a sus bases que empezaban a disputar espacios de conducción en las comisiones sindicales de las fábricas de los principales centros urbanos del país.

Años del menemismo

El crecimiento de una corriente de la izquierda que históricamente aparecía en un segundo plano en las luchas sociales latinoamericanas, puede entenderse en la Argentina solamente si se la vincula con las luchas sociales de la década del 90. El PO creó, como herramienta de acompañamiento para las luchas callejeras y los piquetes, al Polo Obrero. En él se nuclean trabajadores y desocupados, vecinos de barrios suburbanos golpeados por la crisis y militantes sociales. El Polo Obrero compartió y compitió en las manifestaciones callejeras con otras expresiones nacidas al calor de los piquetes, como los Movimientos de Trabajadores Desocupados (Mtd) y agrupaciones ligadas al peronismo y al cristianismo de base como Barrios de Pie. Junto con esa actividad de presencia callejera cotidiana, el PO y el Pts incrementaron su activismo sindical. Lograron, por ejemplo, crear el sindicato de los trabajadores del subterráneo y arrebatárselo a la histórica conducción peronista de la Unión Tranviarios Automotor (Uta) ligada a la Cgt.

Aunque el trotskismo se encontraba dividido durante los años noventa, acompañaba así a los focos de lucha abiertos en cada empresa quebrada por las políticas liberales de Carlos Menem, que Luis Zamora denunciaba desde su banca de diputado, como hizo con la visita de George Bush padre a Argentina.

El crecimiento de los conflictos en el país a partir de los noventa hizo aumentar la participación sindical del Pts y el PO, al tiempo que engrosaron los votos del Fit. Las encuestas sobre intención de voto en la provincia de Buenos Aires ubican en quinto lugar al Fit (con su 3,1 por ciento). Paralelamente la Izquierda al Frente cuenta con el 2,4 por ciento de la intención de voto. Juntas estas dos fuerzas herederas de León Trotsky suman un manojo de apoyo nada despreciable (más de 5 por ciento en la provincia) para una ideología que sin prensa ni medios comerciales viene trepando lentamente y ya tiene voz propia en el parlamento.