Brasil

Los desafíos de la resistencia

Esquerda Online, editorial, 7-7-2017 http://esquerdaonline.com.br/

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

El día 30 de junio, ocurrieron movilizaciones en aproximadamente 106 ciudades. En algunas capitales, como Fortaleza y Brasilia, la paralización se acercó a un huelga general. En tanto, el hecho es que no hubo una huelga general nacional. Tal hecho significa una inflexión negativa, una vez que desde el 8 de marzo la resistencia de los trabajadores venía creciendo y fortaleciéndose.

Muchos se preguntan: ¿por qué ocurrió? Hay una aparente paradoja. Desde el 17 de mayo, el gobierno Temer atraviesa una crisis brutal. ¿Si el enemigo está más débil, por qué esta crisis no potenció la unidad entre las centrales sindicales y el ánimo popular para las movilizaciones? ¿Por qué las banderas del Fuera Temer y de las Directas Ya, a pesar de ser apoyadas por la amplia mayoría de la población, no movilizaron a las amplias masas trabajadoras?

En este editorial, buscaremos reflexionar sobre estas cuestiones. El análisis marxista busca siempre encarar la realidad de frente: no trabajamos con lo deseable, sino con los datos de la realidad. Ampliar, o torcer nuestras fuerzas sólo ayuda a los enemigos de clase. Explicaciones unilaterales no sirven para comprender la realidad actual.

El papel de las centrales sindicales

La dirección de las centrales sindicales políticas mayoritarias entre los trabajadores fueron un factor negativo muy importante. En primer lugar, demoraron en marcar la fecha de la próxima huelga general.

El tiempo en la política no es un factor secundario, pasaron más de dos meses. El ánimo de la clase con el éxito del día 28 de abril no fue aprovechado. La marcha a Brasilia, aunque hay sido importante, por la propia naturaleza del acto, fue una acción de vanguardia, esto es, no envolvió a las grandes masas trabajadoras, como ocurrió en la huelga general de abril.

Además del atraso, el propio día 30 de junio no fue preparado como el 28 de abril. Ya en las últimas reuniones de previas, tanto Fuerza Sindical, como la UGT se posicionaron contra la huelga general. Exigieron que la consigna del 30 fuese: “Vamos parar a Brasil”. Esta fue la misma consigna del 28 de abril, pero tuvo un contenido totalmente diferente, esta vez fue una salida para mantener formalmente la unidad, pero en la práctica no hacer la huelga.

Aunque Fuerza Sindical y la UGT (Unión General de los Trabajadores) sean las principales responsables por el retroceso de la huelga, es preciso no olvidar que la CUT y la CTB (Central de los Trabajadores y Trabajadoras de Brasil) tuvieron, también, una gran parte de responsabilidad. La CUT (Central Única de los Trabajadores) es la mayor central sindical del país, por su tamaño y fuerza. Si hubiese tenido una postura firme y decidida desde el inicio, podría haber mudado el desfecho de este proceso. Además de no haber denunciado las maniobras de Fuerza Sindical y de la UGT, tampoco movilizó con fuerza total a su propia base social. Hasta en el ABC paulista, corazón de la CUT y del PT, no hubo paralización en las fábricas y montadoras, apenas hubo un acto local.

La verdad es que la CSP-Conlutas (Central Sindical y Popular) y la Intersindical fueron las únicas voces disonantes en la reunión de las centrales. La clase dio sus primeros en importantes pasos en la resistencia. Era preciso, por tanto, que las direcciones de los sindicatos y de las centrales hubiesen mantenido un calendario unificado coherente y firme, que inspirase confianza. Eso no ocurrió. Quien ganó con eso fue el gobierno y la clase dominante.

Los límites de la reorganización, el desempleo y el miedo de la represión

El papel negativo de las direcciones fue importante y decisivo, pero no fue el único factor que contó para desmovilizar. Es preciso intentar entender mejor lo que pasa en los lugares de trabajo, hasta para explicar porque fue tan fácil desmontar la huelga.

La clase trabajadora mide la correlación de fuerzas todo el tiempo, así en cada rama, en cada campaña salarial, y también en una huelga general. La vida está más difícil con la crisis, son millones de desempleados, el miedo pesa. También pesa el asedio y la represión en el local de trabajo, que aumentaron muchísimo de Norte a Sur del país entre los trabajadores del sector público y privado.

En metro de San Pablo, por ejemplo, entre el día 28 de abril y el día 30 de junio, estuvo la negociación salarial. El mundo sindical cambió, después de años negociando pequeños aumentos, ganancias parciales, la propuesta de la patronal ahora es negociar los cortes y las pérdidas. El gobierno de San Pablo llegó a proponer un corte radical en el plan de salud. El acuerdo fue cerrado en el marco defensivo y no de la conquista.

Todavía no surgió una vanguardia en los lugares de trabajo con fuerza para pasar por encima de los aparatos burocráticos. La vieja burocracia no se siente amenazada de perder el control del proceso, hasta aquí. Pocos sindicatos cambiaron su dirección a lo largo de las últimas décadas. El peso del conservadorismo y de la burocracia pesan.

En realidad, no estamos pasando por un momento semejante a la década del 70 y 80 en el movimiento sindical brasilero. Ejemplos como los petroleros de Rio de Janeiro, en que la oposición ganó las elecciones, siguen siendo una excepción. Los límites de la reorganización, la represión de la patronal, el asedio en el local de trabajo y el miedo de perder el empleo son los factores que están presentes y componen el actual cuadro nacional.

Además de eso, el gobierno hace una maniobra. Delante de la brutal impopularidad de la Reforma de la Previsión Social, postergó la votación de la PEC 287 (Propuesta de Enmienda Constitucional) y anticipó el proyecto de Reforma Laboral.

A pesar de ser bastante impopular, esta reforma no tiene el mismo rechazo que la Reforma de la Previsión. Además de eso, por no envolver cambios constitucionales, la Reforma Laboral no precisa de mayoría calificada, lo que facilita una aprobación rápida.

La ausencia de una alternativa política

La clase todavía no ve una nueva alternativa política a la izquierda frente a la crisis del país. Lula creció en la últimas encuestas electorales, pero su índice de rechazo es de 46%. Especialmente en el Sudeste y en el Sur hubo una ruptura expresiva con Lula. El cuadro es distinto en otras varias regiones, sobre todo en el Nordeste.

Lula y el PT siguen como la dirección política de la mayoría de la clase trabajadora, pero ya no tienen la misma fuerza. Al mismo tiempo, no hay una alternativa con peso de masas en la izquierda.

Por otro lado, crece una derecha radical:

Bolsonaro (1) tiene 16% en las encuestas para presidente. Son dos los efectos negativos del fortalecimiento de la extrema derecha, uno es el refuerzo del peso de Lula por el miedo a la derecha. Por otro lado, la revelación de que salidas individualistas y autoritarias son obstáculos para la movilización independiente de los trabajadores.

Hasta ahora, la Lava Jato y los escándalos de corrupción no potenciaron movilizaciones progresivas.

Los escándalos de corrupción son parte importante de la crisis nacional. Muchos sectores de la izquierda apostaron que este pudiese de alguna forma ser útil en la lucha contra las reformas, lo que sería legítimo, al final, es realmente el Congreso corrupto y vendido quién está aprobando los ataques contra los trabajadores.

Pero, debe llamarnos la atención que hasta ahora la única clase social que se movilizó contra la corrupción fue la clase media en 2015, y el sentido de su movilización fue reaccionario. Los escándalos del día 17 de mayo comprometiendo directamente al presidente Temer no fueron un impulso de una lucha de masas por el Fuera Temer y las Directas.

Se dieron importantísimos actos de vanguardia, pero esta causa, que es totalmente justa, no ganó las calles con millones de trabajadores. Alertamos diversas veces que la confianza y el apoyo de la mayoría de la clase a la operación Lava Jato no era un factor progresivo, sino al contrario, es un factor negativo que atraviesa la situación política brasilera.

Además de negativo, es potencialmente peligroso el peso popular que jueces, procuradores y hasta incluso la policía federal están ganando. No sirve para los objetivos revolucionarios que haya una crisis profunda con el presidente y con el Congreso, si en el lugar de esas instituciones se fortalece el poder judicial. Este elemento y más un obstáculo para la movilización independiente de los trabajadores.

Los desafíos del futuro

El gran desafío de la izquierda es actuar para que la clase trabajadora sea protagonista en la coyuntura nacional. Sólo así vamos a tener condiciones de resistir y vencer. En tanto los actores principales de la crisis política sean el Congreso Nacional y Temer por un lado, y por otro el STF (Supremo Tribunal Federal), los procuradores y la policía federal, no tendremos salida al impasse actual.

Los grandes bloque burgueses en disputa tienen total acuerdo con las reformas y el ajuste fiscal, este punto los unifica. Por eso, el equipo económico de Temer es defendido por la gran prensa y los capitalistas. Henrique Meireles ha mostrado su voz de mando, apoyado por el mercado financiero. Si Lula y el PT continúan apostando en las negociaciones de cúpula, será un nuevo y gigantesco error. Es hora de jugar todas las fichas en la clase trabajadora. Ella no está derrotada, mostró su potencial en los últimos meses, está ampliamente contra las reformas, pero precisa de la más amplia unidad para dar un paso seguro.

El próximo día 10 de julio habrá movilizaciones contra la Reforma Laboral. Pero para dar un paso firme, será preciso, en primer lugar, retomar el Frente único de todas las organizaciones y movimientos. Vamos a las calles. Será preciso recuperar las luchas para constituir nuevamente confianza y las condiciones para una nueva huelga general, que sigue siendo una necesidad urgente.

Con la clase trabajadora movilizada muchos hechos positivos son posibles. Por el contrario, si la clase no fuera protagonista de la situación política nacional, el escenario será siempre difícil y complejo.

Nota de Correspondencia de Prensa

1) Jair Bolsonaro, militar retirado, dirigente del Partido Progresista (PP) cumple su sexto mandato como diputado.