Brasil

Escándalo político

En busca de un nuevo Temer

Michel Temer hoy sufre la traición –y una cada vez más probable pérdida de su mandato– orquestada por quienes lo apoyaron. Los grandes partidos intentan llegar a un acuerdo para elegir a un sustituto del presidente –en unas probables elecciones indirectas– que mantenga el perfil económico neoliberal. La simbiosis total entre los poderes públicos y privados en la política brasileña ha quedado al descubierto.

Agnese Marra, desde San Pablo

Brecha, 25-5-2017

http://brecha.com.uy/

La famosa frase de Marx “la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como farsa” se podría aplicar al milímetro para entender la novela en que se ha convertido la política brasileña de los últimos dos años. El presidente Michel Temer (del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, Pmdb) sufre hoy en carne propia lo que él mismo hizo con su antecesora Dilma Rousseff: la traición y una cada vez más probable pérdida de su mandato, orquestadas por quienes lo apoyaron.

Michel Temer llegó a la presidencia de Brasil el 12 de mayo de 2016 cuando el Senado apartó temporalmente a Rousseff para analizar el proceso de impeachment que se sentenció definitivamente el 31 de agosto. El vicepresidente que funcionaba como aliado de los gobiernos petistas desde que Lula conquistó el Ejecutivo abandonó a Dilma para ocupar su lugar. En enero el propio Temer reconoció que el proceso de destitución de la ex mandataria había sido “orquestado” por el ex líder de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (también del Pmdb), como una “venganza” contra dos parlamentarios del PT que habían votado en su contra.

Las interpretaciones que hizo Temer del impeachment pasaron desapercibidas, pero hoy es interesante ver cómo Eduardo Cunha, su compañero de intrigas contra Dilma, que lleva preso seis meses por desvío de dinero y corrupción, podría hacer (esta vez de forma involuntaria) que Temer también perdiera su mandato.

Al borde

Las conversaciones que grabaron los hermanos Batista (dueños del conglomerado cárnico Jbs) con el presidente brasileño, en las que Temer autorizaría la compra del silencio de Eduardo Cunha, y donde no se inmuta cuando el empresario le habla de comprar a jueces del Supremo Tribunal Federal (Stf) y a fiscales, han dejado al jefe del Ejecutivo brasileño al borde del precipicio.

Antes de que saliera a la luz esta noticia-bomba, el gobierno de Temer tampoco gozaba de muy buena salud. En sus 12 meses de mandato, diversos escándalos relacionados con Petrobras provocaron la dimisión de seis asesores personales del presidente, ocho ministros, y la investigación en el Stf de otros nueve. La corrupción perseguía a Temer como el avión de Con la muerte en los talones a Cary Grant sobre los secos campos de algodón yanquis.

Con apenas una aprobación popular del 8 por ciento, el líder brasileño estaba cercado de acusaciones, aunque ninguna de ellas se refería a delitos que habría cometido antes de su mandato, por lo que se protegía con la inmunidad presidencial que otorga la Constitución brasileña. Temer cerraba su primer año sin el beneplácito de las calles pero con todo el apoyo del Congreso.

Las grabaciones de los Batista patearon el tablero. Esas conversaciones tuvieron lugar hace apenas dos meses y su contenido se refiere a delitos que habrían sido cometidos durante el mandato presidencial. Por ello el Stf decidió investigar formalmente al presidente bajo las acusaciones de organización criminal, corrupción pasiva y obstrucción de la justicia. Y también por ello diversos partidos de oposición enviaron ocho solicitudes de impeachment a la Cámara de Diputados, lo que deja a Temer sin apoyo en las calles y con un Legislativo que amenaza con abandonar el barco.

Los lobbies preocupados

A lo largo de la semana los medios brasileños analizaron cada detalle de las conversaciones para adivinar las posibilidades reales de una destitución del mandatario. La Policía Federal adelantó que sus peritos tardarán al menos un mes en evaluar la calidad de las grabaciones, y a partir de entonces se sabrá si el Stf sigue adelante con la denuncia.

Las posibilidades de que un impeachment prospere son altas, pero para ello el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, debería aceptar algunas de las peticiones presentadas en su despacho. Por ahora no parece tener intención de hacerlo. La salida de Temer mediante una condena del Stf o por un juicio político podría llevar varios meses, y todos los actores tienen en cuenta el escenario de las elecciones generales que se celebrarían en octubre de 2018.

La presión de los comicios del año que viene hace que tanto las elites brasileñas como los lobbies del Congreso (que son más o menos lo mismo) no estén tan preocupados por el futuro de Temer y sí por el de la reforma laboral y la del sistema de pensiones, que el jefe del Ejecutivo prometió como condición a cambio de que lo apoyaran para llegar al poder y quitar de en medio a Rousseff.

Estas dos reformas que estaban a punto de ser aprobadas suponen un enorme retroceso para los derechos de los trabajadores y una gran ventaja para las grandes empresas. En un alarde de intentar aparentar normalidad, el Senado pretendió este martes continuar con la votación de las enmiendas a la reforma laboral, pero los partidos de oposición boicotearon el intento y advirtieron que hasta que no se solucione la actual crisis política no se seguirá adelante con esas reformas. Esta semana el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, mandó un mensaje a los mercados y aseguró que las nuevas normativas laborales y las relacionadas con las jubilaciones se implementarían aunque su votación se atrasara algunas semanas.

¿Jaque al Rey?

Los partidos aliados, con el Psdb a la cabeza, evalúan hasta dónde Michel Temer –con la crisis de legitimidad que sufre en estos momentos– podría ser quien saque adelante las reformas de la discordia. El mandatario brasileño se niega a renunciar, pero en Brasilia un grupo importante de aliados intenta convencerlo de que se marche y así poder convocar a elecciones indirectas, con lo cual el Congreso sería el encargado de elegir a un sustituto de confianza para los mercados.

Fuentes parlamentarias en Brasilia confirman a Brecha que los partidos socios de Temer “están muy divididos”. Hay un grupo de legisladores que prefiere que Temer renuncie ya, pero otro gran grupo esperaría una salida más limpia a través de la sentencia del Tribunal Superior Electoral (Tse). El próximo 6 de junio el Tse va a juzgar a Temer por el supuesto uso de dinero negro en la campaña electoral de 2014 de la fórmula Rousseff-Temer. “Muchos parlamentarios esperan esa condena, porque de ese modo nadie traicionaría al presidente, que al fin y al cabo pertenece al partido que más escaños tiene en las cámaras”, advierten las fuentes de Brasilia. Pero Temer no lo va a poner fácil, y ya advirtió que si lo condenaran en el Tse presentaría un recurso ante el Stf que le daría más tiempo en el cargo hasta la sentencia definitiva.

Lo único claro en Brasilia es que todos los grandes partidos (incluido el PT) intentan llegar a un gran acuerdo para elegir a alguien que sea del gusto de todos en unas probables elecciones indirectas. Nombres como el de Henrique Meirelles (actual ministro de Hacienda y ex asesor de Jbs), el ex presidente Fernando Henrique Cardoso (que funcionaría como un gran conciliador) o el ex ministro de Defensa en el gobierno de Rousseff, Nelson Jobim, están sobre la mesa. (1) Todos ellos serían firmes defensores de esas reformas tan impopulares y estarían dispuestos a hacer el trabajo sucio antes de las elecciones de 2018.

Democracia subastada

Independientemente de que el mandatario caiga o no, el terremoto político que estalló en Brasilia la semana pasada confirmó la simbiosis total entre los poderes públicos y los privados, y reveló la fuerza que tienen las grandes corporaciones a la hora de marcar las tendencias de la política brasileña.

Si las delaciones premiadas (entrega de pruebas a cambio de una reducción de la pena, para condenados por corrupción) de ejecutivos de la constructora Odebrecht –hasta el momento la empresa más investigada por los escándalos de Petrobras– se definían como “las del fin del mundo”, las que surgieron tras horas de entrevistas con Joesley Batista (uno de los dueños de Jbs) y con el director del conglomerado, Ricardo Saud, superan el universo y más allá.

A lo largo de la semana los grandes medios publicaron con cuentagotas el contenido de las declaraciones delatoras de los dueños de la mayor productora de carnes del mundo (investigada por corrupción y con cinco procesos abiertos en el marco de la Operación Lava Jato), que también tiene entre sus subsidiarias marcas de ropa, e incluso gasoductos en Bolivia.

En sus declaraciones ante la Procuraduría General de la República, Joesley Batista no sólo demuestra una impúdica frivolidad a la hora de hablar de millones de dólares en negro destinados a una u otra campaña (todos los grandes partidos se beneficiaron), lo que más sorprende de sus declaraciones es la manifiesta capilaridad de un sistema donde la corrupción es la norma, y el soborno el principal instrumento de gobernabilidad.

Sólo hay que ver los números que presentó Ricardo Saud cuando reconoció que la empresa había gastado 200 millones de dólares en sobornar a 1.829 candidatos que pertenecían a 28 partidos diferentes a cambio de “ayudas” en el sector público. La compra de votos aparece como el modus operandi para conseguir diversos objetivos. Como ejemplos, Batista reconoció que les pagó a cinco diputados para que votaran en contra del impeachment de Dilma Rousseff: “Me pedían un millón y medio de dólares cada uno, al final pagamos 900 mil por cabeza”, decía el emperador de la carne. Más dinero se gastó en conseguir que Eduardo Cunha se convirtiera en presidente de la Cámara: “Un total de 6 millones invertimos para que ganara Eduardo”. Incluso ya en la cárcel el ex diputado continuó recibiendo su “cuota”, a la que en Jbs se referían de una manera especial: “Dar alpiste a los pajaritos”, era la frase en clave para mantener su silencio.

Un último negocio

Pero la Jbs tiene un futuro más halagüeño que el de Temer y el de la propia Odebrecht. Sus dueños ofrecieron a la Procuraduría General de la República las pruebas necesarias para demostrar que la Operación Lava Jato era más actual que nunca, y que la corrupción seguía campeando a sus anchas, desde el Congreso hasta la puerta de la presidencia. A cambio fueron liberados.

Las grabaciones de las conversaciones con el presidente Temer y con su principal aliado, el ex senador Aécio Neves, junto con pruebas materiales y las horas de entrevista pactadas como delaciones premiadas, les han evitado la cárcel. El propio fiscal general, Rodrigo Janot, les indicó que antes de que se dieran a conocer las declaraciones se marcharan a Estados Unidos y no dieran información de su paradero ni siquiera a sus familiares. Pero los hermanos Batista, antes de dejar Brasil, y conscientes de la repercusión que la noticia iba a causar en el mercado financiero, decidieron hacer un último negocio.

El día antes de darse a conocer la existencia de las grabaciones compraron 750 millones de dólares, y al día siguiente –con el desplome del real contra el dólar– ganaron 150 millones más. Esa operación, más los 300 millones que habían conseguido con la venta de acciones de su empresa un mes antes de publicar la noticia (ahora su precio ha bajado estrepitosamente) les alcanzó (y sobró) para pagar la multa impuesta por la Procuraduría General de la República, que asciende a 250 millones de dólares. Poca cosa para el imperio de la carne.

“Corporocracia”

Como ya se vio con Odebrecht, y ahora con Jbs, las corporaciones y los intereses privados hace tiempo que se adueñaron de la democracia brasileña. Son ellos los que dan el poder y los que lo quitan. En este sentido, la socióloga Esther Solano, profesora de la Unifesp, de San Pablo, destaca el concepto de “corporocracia” (la captura del poder político por parte de las grandes corporaciones) como una de las claves que dejan a la vista la Operación Lava Jato y el goteo de delaciones conocidas en los últimos días.

“En Brasil todos los partidos, entre ellos el PT, han enriquecido muchísimo a las corporaciones, por eso dentro de la izquierda también hay mucho antipetismo.” Según la socióloga, esta también sería una de las causas de por qué en las últimas manifestaciones del pasado domingo la izquierda de clase media no salió a la calle a pedir la renuncia de Temer ni las elecciones directas: “El domingo sólo se vio a los sindicatos y a los movimientos cercanos al PT, pero buena parte de la izquierda no quiere que la identifiquen con estos movimientos, justamente por ser críticos con las relaciones de intimidad entre estas multinacionales y el petismo. Una cosa es que entre en ese juego la derecha, y otra que el único gran partido que representa a la izquierda comulgue con esto y esté metido de lleno en la corrupción, al igual que sus adversarios”, señala Solano a Brecha.

Para la socióloga el único resultado positivo que podría tener este nuevo escándalo al que se enfrenta Brasil sería que “se acabara de una vez” con la financiación privada de las campañas electorales: “Si no conseguimos eso, las estructuras serán las mismas, todo quedará igual, sólo cambiarán los protagonistas”.

Para avanzar con la propuesta de ley de financiación pública de las campañas electorales también se necesitará el apoyo de la gente en la calle, más allá de los actores clásicos representados por los sindicatos. La propuesta de elecciones directas que impulsó la izquierda la semana pasada cuando se supo que Temer podría perder su mandato parece desinflarse.

Este miércoles llegaron a Brasilia decenas de autobuses con sindicalistas y representantes del Frente Brasil Popular (movimiento social afín al PT) para pedir la salida de Temer y las “directas ya”, pero en las grandes ciudades la consigna no termina de cuajar.

El Congreso parece que vuelve a tomar la delantera, y son los partidos de oposición y algunos aliados del mandatario los que más presionan por la salida del presidente y por la llegada urgente de una nueva figura que mantenga el perfil económico neoliberal, pero que esté limpia de la marea de corrupción en que se ha convertido la política brasileña.

Nota de Correspondencia de Prensa

1) El diario Folha de San Pablo confirma en su edición de hoy (25 de mayo) que los ex-presidentes Fernando Henrique Cardoso, Lula y José Sarney, lideran las conversaciones en busca de un consenso para la formación de un gobierno post-Temer: http://www1.folha.uol.com.br/poder/2017/05/1887166-fhc-lula-e-sarney-articulam-o-pos-temer.shtml