México

¿Usando a Trotsky para justificar a Morena?

Edgard Sánchez *

El crecimiento de las últimas semanas de los apoyos más disímbolos a López Obrador (AMLO) y a Morena, su partido, ha sido noticia muy comentada. Los partidarios de Morena que son menos críticos se entusiasman, al igual que su líder, con lo que consideran la garantía del éxito de Morena y sobre todo de su candidato presidencial en los comicios de 2018. Otros, incómodos con la llegada –a veces a la primera línea de la campaña de AMLO- de oportunistas, arribistas y sobre todo representativos del régimen neoliberal hoy en profunda crisis, buscan afanosamente argumentos –incluso pretendidamente de izquierda- para justificar y defender lo que está ocurriendo ante las críticas externas pero seguramente también ante su propia conciencia.

Hay seguramente una incomodidad si no es que molestia interna en Morena con la llegada de muchos de los que anteriormente AMLO calificaba como parte de “la mafia del poder”. En un reciente artículo, Luis Hernández Navarro hace una divertida referencia al “crecimiento” de Morena como una nueva Arca de Noé. Ante la crisis del régimen, acelerada ahora con la llegada de Trump al gobierno de EU, el barco neoliberal construido por priístas y panistas en las tres últimas décadas se hunde en medio de la confusión de sus pilotos que no saben ya qué hacer. El barco neoliberal se hunde y las ratas con el olfato que les caracteriza, empiezan rápidamente a brincar para salvarse. Morena, el Arca de Noé de AMLO parece querer reunir ejemplares de todas las especies del barco que se hunde.  Priístas y empresarios de la Mafia del Poder, ex perredistas temerosos de quedar fuera del presupuesto y oportunistas de toda laya, e influyentes elementos del “ancien regime”.

La sorpresa en la defensa del curso que están tomando las cosas es el argumento del conocido y joven historiador Pedro Salmerón convertido en comprometido militante de Morena. Viene en ayuda de Morena ante el desprestigio creciente y seguramente las dudas de algunos miembros de ese partido sobre lo que está ocurriendo, buscando ejemplos históricos en una perspectiva de izquierda, incluso socialista, para justificarlo.

Nos referimos al artículo de Salmerón titulado “De alianzas, pactos y esas cosas” (La Jornada el 21 de marzo). Lo sorprendente del artículo de Salmerón es que pretende utilizar a Trotsky y la experiencia del partido bolchevique después de Octubre de 1917 para concluir que “la izquierda sólo ha llegado al poder construyendo amplísimas alianzas”. Pero el ejemplo central que utiliza a propósito de Trotsky en realidad no aplica para justificar las “amplísimas alianzas” de Morena o de AMLO.

Salmerón recuerda que ante la ofensiva contrarrevolucionaria de 15 ejércitos de potencias imperialistas para invadir la Unión Soviética y derrocar al poder soviético, se le encargó a Trotsky formar un nuevo ejército, el Ejército Rojo. Prácticamente de la nada Trotsky tuvo que constituir el Ejército Rojo en una carrera contra el tiempo y además, finalmente, derrotar a las fuerzas imperialistas intervencionistas. Construir prácticamente “de la nada” un ejército, nos recuerda Salmerón, obligó a Trotsky a recurrir a oficiales y militares del antiguo régimen para contar con los conocimientos y capacidades técnicas necesarias para el funcionamiento de las nuevas fuerzas armadas. Nos ofrece así un ejemplo histórico y supuestamente contundente de cómo los bolcheviques utilizaron a oficiales del antiguo régimen para sus propósitos. Pero ¿es eso ejemplo de una gran alianza para llegar al poder? Obviamente que no.

De todos modos para acabar de convencer a los dudosos, Salmerón agrega más argumentos de autoridad sobre la supuesta alianza con oficiales del antiguo régimen, al recordar que cuando los “comunistas de izquierda” criticaron el planteamiento de Trotsky de utilizar, ni más ni menos que en el Ejército Rojo, a antiguos oficiales del zarismo, el propio Lenin defendió el plan de Trotsky. Así, Lenin habría defendido la originalidad con que podía construirse el “comunismo con los ladrillos del derrumbado edificio del antiguo régimen”.

El ejemplo de Trotsky y el Ejército Rojo no es válido para justificar lo que Salmerón quiere justificar sobre las “amplísimas alianzas” de Morena para llegar al poder.

En primer lugar porque la tarea encomendada a Trotsky ocurrió después del triunfo de la Revolución de Octubre. Se trataba precisamente de formar un ejército para defender a la revolución y al poder soviético. Cuando Trotsky trae antiguos oficiales del zarismo para organizar el Ejército rojo no está haciendo una alianza para tomar el poder. Los bolcheviques tienen ya el poder. El Ejército Rojo –el nombre no es casual- es porque ellos tienen el poder. La participación de esos oficiales no es una alianza electoral para tomar el poder. Ellos están subordinados al poder soviético. Previamente han sido derrotados y vienen a colaborar con el nuevo poder.

El propio Salmerón ofrece la clave del asunto y descarta su argumento a favor de las “grandes alianzas” cuando explica que Trotsky “admitió un importante número de oficiales zaristas que estarían subordinados al mando bolchevique y fiscalizados por comisarios políticos”. Es decir, no hay alianza. Los oficiales están subordinados al poder soviético y fiscalizados por los comisarios políticos. Salmerón insiste en llamarle alianza (como si fuera el Arca de Noé de AMLO) y se pregunta cuál fue la clave del éxito de esta “alianza”. Responde, siguiendo a Deutscher: “la educación política, la creación de los comisarios bolcheviques que supervisaban a los oficiales y el hecho de que el proyecto y la conducción estratégica estaban en manos de Lenin y Trotsky y del comité central bolchevique”. O sea no era alianza para llegar al poder que es la “lección” de la historia que quiere forzar Salmerón. Era el poder soviético usando a residuos del antiguo régimen para defender a la Revolución.

Si se quisiera estudiar la historia para ubicar el temas de las “amplísimas alianzas” en el camino del poder, el ejemplo de Lenin, Trotsky y el partido bolchevique es opuesto a lo que Salmerón quiere demostrar. Como sabe Salmerón, la Revolución de febrero de 1917 derribó al zarismo y se constituyó un Gobierno Provisional que encabezaría Kerensky. Regresando de Suiza, donde estaba exilado, Lenin defendió en el partido bolchevique las “tesis de Abril” que planteaban romper con el Gobierno provisional y su “amplísima alianza” que incluía además de mencheviques a fuerzas del antiguo régimen. Al regresar del exilio, Trotsky se unió al partido bolchevique para de inmediato apoyar la línea de Lenin, coincidente con su concepto de “revolución permanente”, y poder ganar la orientación que finalmente enarbolaron los bolcheviques de “todo el poder a los soviets”. La insurrección de Octubre representó la caída del Gobierno Provisional, la “amplísima alianza” que incluía fuerzas del antiguo régimen encabezado y sostenido por Kerensky y mencheviques.

En vez de esa amplísima alianza que llamaban a sostener los mecheviques y antes de la llegada de Lenin a Rusia, también los “viejos bolcheviques”, Lenin y Trotsky se pronunciaron por el poder paralelo de los sóviets y en todo caso la alianza obrero-campesina, bajo la dirección del partido bolchevique. En el fondo de esta concepción está una idea básica, que es lo opuesto a la “amplísima alianza” por la que aboga Salmerón: la independencia de clase. Lenin y Trotsky y el partido bolchevique no sirven como ejemplo de construir “amplísimas alianzas” como propone Salmerón precisamente porque lo que defienden es la independencia de clase con respecto a todas las fuerzas burguesas. Muy diferente a lo que propone Morena como proyecto estratégico de un partido tan amplio que incluye al mismo tiempo a empresarios y trabajadores y que considera que antiguos integrantes de la Mafia en el poder pueden ser perdonados por AMLO “si se arrepienten” y reconvertidos milagrosamente. Hasta el grado de encargarles a ellos la elaboración del programa de gobierno para el 2018. Porque según AMLO hay empresarios que son ricos por el producto de su trabajo y no por robo.

Pero el ejemplo de Salmerón sobre los bolcheviques tampoco se aplica a Morena por otra razón que incluso la hace injusta para el propio Morena. Morena no es un partido bolchevique, es decir un partido obrero, socialista y revolucionario. No le puedes pedir peras al olmo. AMLO tampoco tiene nada que ver con Lenin o Trotsky. Su proyecto es diferente si no es que antagónico, pues por definición no es anticapitalista. Decimos que el ejemplo de los bolcheviques no aplica para la “amplísima alianza” tipo Arca de Noé, porque es opuesta a la independencia de clase con respecto a la burguesía. Pero la crítica puede sonar injusta, pues AMLO y Morena son lo opuesto a la independencia de clase con respecto a la burguesía. Para AMLO y sus seguidores electoralistas es al revés, su interés es la amplísima alianza no importa con quien y si es con la burguesía mejor y si es con representantes del antiguo régimen, mejor.

El problema no es en sí la “amplísima alianza”, sino quién es hegemónico en tal alianza, a qué proyecto se subordina.Si se quieren hacer paralelismos históricos el asunto es definir qué corriente es hegemónica en la “amplísima alianza”. La alianza alrededor de Morena no es como la participación de oficiales del zarismo bajo la fiscalización bolchevique en el Ejército Rojo, sino en el Gobierno provisional entre mencheviques y fuerzas del antiguo régimen bajo la conducción del caudillo Kerensky.

Hay en Salmerón alguna referencia a experiencias latinoamericanas que no me alcanza el tiempo para comentar. Pero la llegada de Lula al gobierno, después de varios intentos en que no alcanzó la votación necesaria, efectivamente es ilustrativa para el curso actual de AMLO. Después de varios intentos frustrados, en la campaña que finalmente triunfó, Lula “suavizó” su programa y antes de tomar posesión mandó señales explícitas de que cumpliría los compromisos de Brasil con los organismos financieros internacionales. Lo novedoso de la campaña de AMLO para el 2018 es la insistencia de enviar mensajes al poder, a la Mafia en el poder y al imperialismo, presentándose como la garantía para una “transición pacífica” a un nuevo régimen encabezado por él mismo que sea, al mismo tiempo, la salvación, la preservación del sistema capitalista en México, amenazado por una nueva rebelión popular. En vez del grito del 2006 que decía “al diablo con sus instituciones” ahora cada vez que el movimiento grita “Fuera Peña”, él llama a “serenarse” a tener paciencia y esperar a julio del 2018 para que en vez de movilizaciones, paros, bloqueos, asistir a las urnas a depositar una papeleta para lograr una transición ordenada, pacífica, organizada por las mismas instituciones que en 2006 y 2012 le organizaron sendos fraudes. Con todos los especímenes que llegan a su nueva Arca de Noé, pretende ofrecer la garantía de que no habrá ruptura, ni “desorden”, que no habrá “revanchas” sino amnistía para los que antes llamaba Mafia. Por eso se opone al movimiento que grita “Fuera Peña”. De inmediato ataja y dice “no quiero un gobierno de escombros” y más bien les propone un “gabinete de transición”, que Peña abra el gabinete a Morena para asegurar la transición (lean nuevamente el discurso de AMLO en junio del año pasado en el zócalo después de Nochixtlán).

Pero si los ejemplos de bolcheviques y revolucionarios no tienen que ver nada con AMLO y Morena, sino que demuestran más bien lo contrario que Salmerón quiere justificar, ¿por qué recurre a esos ejemplos históricos de los cuales quisiera aprender?

El uso de esos ejemplos no son para justificar a AMLO y Morena. A AMLO ni le interesan ni le preocupan. Esos ejemplos, más bien, deberán estar pensados para tranquilizar a intelectuales con pasado y formación izquierdista, incluso marxista, que con dudas y pensamiento crítico se embarcaron en una aventura política que los aleja cada vez más de las “lecciones históricas”  de esa formación y experiencia. Para ellos y no para AMLO, Salmerón les ofrece ejemplos con el principio de autoridad de lo que dijeron o hicieron Lenin y Trotsky para justificar la línea …¡contra la que combatieron Lenin y Trotsky!

Son ellos, los que se consideran socialistas y hasta trotskistas, que están en la contradicción de que están apoyando un partido opuesto a la independencia de clase. Los argumentos electoralistas, pragmáticos, de la posibilidad de un triunfo electoral les hace olvidar esa “lección” e incluso para algunos alimentar la ilusión (que otros  ya tuvieron en el PRD al inicio y que terminaron absorbidos) de que podrán organizar una “corriente socialista” dentro de Morena o la ingenuidad de los que primero quisieron hacerlo en el PRD y ahora hasta critican a Salmerón pero tienen la ilusión de una “Morena socialista”.

Obviamente estos intelectuales con pasado y formación izquierdista deben estar preocupados al ver que al Arca de Noé llegan personeros del antiguo régimen como Romo o Moctezuma a los que se les encarga el programa de gobierno de AMLO. Al mismo tiempo aquellos intelectuales que antes elaboraron y justificaron el proyecto de AMLO están pasando a un perfil más bajo para no sembrar desconfianzas en el poder sobre el propósito de AMLO. López Obrador ya lo hizo en 2012, antes de las votaciones y parece repetirlo ahora. En marzo de 2012, en una reunión con la COPARMEX,  le cuestionaron a AMLO sobre el proyecto de nación contenido en aquel famoso libro elaborado colectivamente y donde, se quejaban esos empresarios, se decía que organismos como el que le recibía en ese momento eran “verdaderos parlamentos de las clases dominantes y verdaderos enemigos de la libertad”. De inmediato, AMLO se deslindó del contenido del “Nuevo Proyecto Alternativo de Nación” diciendo “yo sólo escribí la presentación”; el libro fue escrito por un grupo de intelectuales. Ahora para mayor tranquilidad del sistema encarga a “emisarios del pasado” la elaboración del nuevo programa de gobierno..

Hace unos meses Pedro Salmerón escribió una magnífica carta respondiendo a quien, desde una visión electoralista,  descalificaba la campaña presidencial de Rosario Ibarra postulada por el PRT en 1988 llamándola “testimonial”, al comentarse el anuncio de octubre de una posible candidatura del CNI.

Salmerón le respondió correctamente explicando la importancia política de la campaña del 88 que no podía despacharse con el calificativo de “testimonial” pues nuestra lógica era diferente de la de los partidos institucionales y electoralistas. Al hacerlo, Salmerón recordaba que él mismo había sido militante de base  en la campaña de Rosario cuando fue postulada por segunda vez por el PRT. Aunque era aún más joven, Salmerón podrá recordar que el PRT sostuvo a Rosario Ibarra como su candidata presidencial frente a todas las presiones y argumentos que hablaban a favor de la “amplísima alianza” alrededor de Cárdenas y el llamado a dar un “voto útil”. Tampoco hay que olvidar esa experiencia y lección histórica, como la llama Salmerón, en que él mismo –según recordó en aquella carta- defendió con Rosario Ibarra y el PRT la independencia de clase y la perspectiva sostenida por una “luchadora antisistema postulada por un partido anticapitalista”.

* Militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)