Paraguay (Daniel Vittar – Agencias)

Un muerto, numerosos heridos y más de 200 detenidos en protestas contra la reelección presidencial

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El empresario y el sacerdote socialista, seducidos por el poder

Ambos prometían renovar la política tradicional y clientelista

Daniel Vittar

Clarín, 1-4-2017  http://www.clarin.com/

Ambos provienen de cunas significativamente diferentes, se formaron en ambientes opuestos, e inclusive impulsaron políticas marcadamente dispares. Pero a los dos los atraviesa la misma pulsión: la ambición por el poder.

Lo que hicieron Horacio Cartes y Fernando Lugo es defraudar a su gente, y llevar a Paraguay a una nueva crisis política. Tal vez, ese círculo cerrado que se forma cuando las apetencias superan la lucidez les impidió ver que el país está cambiando. Que Latinoamérica está cambiando. Y que la perpetuación en el poder no se acepta tan mansamente.

Cartes es un conservador, neoliberal, que impulsó a mediados de 2012 el juicio político exprés que terminó desalojando a Lugo de la Presidencia. El ex sacerdote, que se reivindica socialista, debería estar en las antípodas del actual mandatario. Sin embargo, a los dos les conviene la enmienda constitucional destinada a habilitar la reelección. Al primero para intentar continuar su mandato, al segundo para encaramarse otra vez al sillón presidencial.

Era más esperable de Cartes, un hombre que conquistó la Presidencia del país en un despliegue fulminante. Para llegar al Palacio de López (Casa de Gobierno) se mostró como un renovador de la política. El empresario exitoso que prometía hacer lo mismo con Paraguay. Decía que su único fin era ayudar al país a salir de la pobreza, situación a la que el Partido Colorado había contribuido durante décadas. Pero nunca habló de cambiar las estructuras que llevaron a la desigualdad. Hace dos años, cuando Paraguay empezó a percibir que había un intento de reelección. Cartes salió a negarlo. “La reelección creo que la instalan más ustedes (los periodistas). No van a encontrar un mínimo de gestión que yo haya hecho o que vaya a hacer” en ese sentido, dijo. Mintió.

Lo de Lugo golpeó más. Su gente, los sectores campesinos que siempre lo apoyaron, la izquierda que confiaba en sus palabras, no esperaban esta maniobra de política mezquina, de manejos oscuros. El cura había llegado para sanar esas heridas. Impulsamos “la alta política, la genuina, no la politiquería, no la política prebendaria a la que están acostumbrados aquí en Paraguay. Eso quisimos romper”, le dijo a Clarín cuando lo destituyeron arbitrariamente.

El ex obispo se dejó llevar por las encuestas. Lo ubicaban arriba, muy arriba. Le daban 52,6 % la preferencia de los votantes para las elecciones de 2018. Una zanahoria muy tentadora.

Pese a las diferencias de formación, Cartes y Lugo tienen un perfil similar. El empresario y el ex cura socialista se dejaron llevar por la ambición de poder. Hasta lo hicieron de una manera grotesca: reunieron a sus legisladores (25) en un local del Frente Guasú, fuera del Congreso, para sacar una enmienda a escondidas.

Siempre está la defensa de llegar al cargo para defender a los desamparados y los pobres. La fábula eterna de la política